martes, 22 de noviembre de 2016

Sólo una posibilidad



















Y si la masa no fuera tan tonta, y si la gente así al peso fuera más bien sabia- con una sabiduría incrustada en los genes, licuada con humor cáustico-, y en el fondo pretendiera demostrar una teoría de forma radical: que pongas a quien pongas en el gobierno, nada cambia significativamente. Ya sea un negro, un loco naranja con flequillo, o la mona chita vestida de seda, nada cambia, el mundo sigue igual, la historia no se repite. No es sólo que Hitler travestido no regrese, sino que apenas notamos diferencias entre un gobierno y otro.

¿Tranquilizaría o daría aún más miedo esta posibilidad?

Es solo una hipótesis, claro, estúpida seguramente pero, de suceder, demostraría que el fin de la política, tal y como la hemos entendido hasta ahora, ya está aquí. Significaría admitir que en este mundo globalizado, los gobiernos estatales son definitivamente cosas en desuso, como las máquinas de escribir eléctricas o las cabinas telefónicas, elementos inútiles, obsoletos ante ese gran y libre mercado que se rige por sus propias leyes y que coloca sus productos en todos los rincones del mundo (una megacampaña mundial que hace palidecer al resto).

Visto así, solo nos quedarían dos cosas por hacer: ejercer la política a través del consumo o del no consumo (la movilización social para elegir a qué empresas comprar y a cuáles dejar de compra como la única forma de influir global y localmente) o la creación de un gobierno mundial- yo creo que no tardará-, en cuanto descubramos algún peligro o enemigo exterior, es decir, vida en cualquier planeta de la galaxia. Entonces podremos ser nacionalistas terráqueos.  Y puede que entonces, sí, la historia vuelva a comenzar.

Es sólo una posibilidad.