lunes, 11 de julio de 2016

La política, un problema lingüístico


Lo mío con la política es un problema básicamente lingüístico. No puedo debatir sobre el fondo del discurso de algunos políticos porque tendría que pararme antes a cuestionar el significado de cada término empleado, y unos años después, tal vez empezar a discutir en serio el asunto. 

Me sucede lo mismo que con la trampa-pregunta ¿tú crees en Dios?  Me quedo pillada. Pero… ¿qué cosa es Dios? Su definición nos llevaría una vida entera, su definición es una carrera de filosofía más un máster en existencialismo. Líbreme Dios de acotar a Dios, líbreme Dios de encarcelarlo. 

Del mismo modo, impugnaría toda afirmación política que dé por sentadas definiciones que ellos mismos se han sacado de la manga.
Sufro de incompatibilidad léxica con muchos políticos, y quedo sumida en una perpleja irritación cuando veo que sus delirantes definiciones son asimiladas por otros partidos, por la prensa, por gran parte de la sociedad, por personas inteligentes incluso.

El populismo por ejemplo. Hoy todo es populismo,  En ese saco cabe gente tan dispar  como Nicolás Maduro, Bernie Sanders, Donald Trump, Pablo Iglesias, Marine Le Pen o Nigel Farage. ¿No se nos está yendo de las manos esto del populismo? El otro día en un patio de colegio oí que un niño le decía a otro, devuelve el balón, populista de mierda.  
No importa que algunos a los que se acusa de populistas sean precisamente los que se esfuerzan por elevar intelectualmente el discurso  y desmarcarse de los que tratan al votante como a un deficiente mental. Por lo visto, populismo es cuando el pueblo vota equivocadamente a todo lo que no soy yo.

Radical, según estos improvisados académicos de la lengua, es quien intenta conservar un sistema , una seguridad social, una educación pública, una sanidad universal, unos derechos laborales y no quien pretende hacerlos saltar por los aires, quien se empeña en dinamitar el estado del bienestar  mediante el saqueo y la venta del país a amiguetes.

Y es que el estado del bienestar es ese solecito que te pega en la barriga cuando surcas el mar con tu yate, esa agradable brisa que refresca lo suficiente pero no llega a apagar el puro.

Una persona respetable es quien roba según un estricto código de honor que dicta que si subes tienes la obligación moral de robar a los de abajo, que para eso eres español. Queda así estipulado que las mismas ventosas usadas para trepar hay que hacerlas servir para que los billetes queden adheridos a ellas, dinero público se entiende, aquel que parece del Monopoly cuando se adhiere y de curso legal cuando se despega. 

Y el nacionalismo, ah, el nacionalismo, esa cosa tan fea en los demás, tan peligrosa,  tan delictiva, tan buena en uno. Una definición directamente robada a la mafia.

El trabajo se redefine como un lujo, no importa si las condiciones rozan el esclavismo, no importa si los contratos se han convertido en incunables. Por supuesto, lo que ellos hacen no es trabajo sino dedicación y servicio público a la ciudadanía, algo que aunque no tiene precio, resulta más bien caro.

Nos quieren vender sus definiciones surrealistas, alejadas de todo sentido etimológico y común. Son punkis del lenguaje, al que también quieren destruir, viven al límite lexicológicamente hablando, qué tíos.
Porque saben, como sabe Banville, que el lenguaje crea el mundo, que si algo no se nombra no existe, que dependiendo de cómo se nombre existirá de una determinada manera.
Comprenden, como comprende Banville, que la realidad no es real hasta que no pasa por el tamiz de las palabras.
Después de todo, igual no son tan idiotas.


4 comentarios:

Loam dijo...

Magnifico artículo.

Tal vez, como tú dices, no sean tan idiotas. Pero puede ser que, como en el relato de Kafka (La colonia penitenciaria), acaben siendo víctimas de su propio maquinar (la Rasta).

Microalgo dijo...

Impepinable.

Pero a lo que no puede llevar esto es a la inacción, por supuesto. Cito:

"―Hay dos especies de sabiduría: una insta a la acción, la otra la frena. ¿No crees, insigne Trurl, que la segunda es más honda? Porque sólo el pensamiento de alcance infinito puede prever las remotas consecuencias de una acción emprendida, unas consecuencias que pueden convertir en problemática la acción que las había suscitado. Ergo, la perfección puede consistir en la renuncia a la acción. Y la diferencia entre la sabiduría y la razón estriba en la capacidad de aquélla para descubrir tal diferencia.
―La no-acción es segura, y es lo único bueno que se puede decir de ella. La acción es insegura, y en esto estriba su belleza."
(Stanislaw Lem: Ciberíada).

Albert dijo...

Hola, Bárbara. Soy Albert, el de las cintas y tal, no sé por qué no puedo entrar con mi usuario como antes pero ya vale. Estás muy guapa en esa foto del perfil, creo que nunca te lo había dicho pero nunca es tarde y sobre todo me apetece, hace calor.

Sin ánimo de iniciar una larga discusión, qué coñazo y qué pereza, sí me gustaría dejar mis respuestas para las pregunta que (te) haces. ¿Estamos abusando de esos términos, utilizándolos como arma arrojadiza? No sé a quién se refiere exactamente el plural, de modo que la respuesta más obvia seria “no lo sé”, pero como digo son mis respuestas. Por partes.

Populista: NO. Yo la uso como etiqueta para todas esas personas que señalas y otras tantas en Austria, Holanda, Polonia, Grecia y no sé qué sitios más. Lo hago, obviamente, porque creo que tiene fundamento, este: la razón de ser, la actividad política y el espíritu de todas ellas, por muy distintas que sean sus propuestas, tienen en común que por encima de éstas, muy por encima, sitúan la intención de recoger el descontento y son en consecuencia esencialmente oportunistas y demagógicas. Uso estos dos últimos términos consciente de que podrían aparecer en tu lista porque creo que no se trata del oportunismo y la demagogia a los que estábamos habituados, sino otros de muy distinto cariz, perfectamente articulados y sistematizados en el caso de Podemos, léase a Ernesto Laclau y discípulos. En fin, ni siquiera es sólo mi propia opinión, ellos mismos han hecho bandera del filósofo argentino, han afirmado literalmente que “el populismo de izquierdas es clave para el cambio” (Pablo Iglesias) o reconocido que “hay cierto sustrato común entre Podemos y el Frente Nacional” (Iñigo Errejón).

Radical: SÍ. Es una etiqueta siempre relativa, depende exclusivamente del punto de vista de quien observa o comenta y no tiene por tanto ningún fundamento objetivo.

Nacionalista: NO. No a estas alturas al menos y en nuestro mundo occidental. Ha habido nacionalismos defensivos y por tanto perfectamente legítimos en origen, pero incluso la inmensa mayoría de ellos son en nuestros días tan agresivos, xenófobos y excluyentes como los que desde el principio se basaron únicamente en cuestiones identitarias, conflictos de veinte duros por los que se ha matado y se ha muerto. Y no, por supuesto que para opinar esto no hay que ser necesariamente nacionalista contrario o de otro signo. Yo no lo soy.

Todos los demás términos que resaltas en negrita: SÍ, por supuesto que sí, todos ellos entran de lleno en el capricho (o no, son de verdad listos) lexicográfico del que hablas. Pero en fin, sobre todo insisto en esto: estás muy guapa en la foto. ¿Estamos abusando de la palabra “guapa”? NO en este caso. Perdón por las mayúsculas, saludos.

Cara Mencegah Penyakit Paru Paru dijo...

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