miércoles, 21 de octubre de 2015

Diccionario para manejarse en campaña


populista: insulto blando y soso pero de retrogusto abyecto. Versión revisada de aquel “comunista” de la américa de los 50, que hacía cerrar bocas de golpe, abrir ojos como platos y evocar informes monstruos.

populismo: dícese de aquello que hacen los que buscan atraer al pueblo, hablándole como a un infante, para manipularlo a su antojo y en beneficio de una élite.
También pirueta por la que estos mismos acusan de populismo a aquellos que sí quieren dirigirse al pueblo con la oscura intención de dirigirse al pueblo y proponerle mejoras para efectivamente mejorar sus condiciones.

demagogia: palabra que ha quedado en desuso por el abuso en década anteriores.

centro: donde no está él, donde no están los otros. Donde estaría yo, tú, nosotros, en un algodonoso y chupiguay condicional.
Algo así como la versión moderna de la Atlántida de Platón, que algunos aseguran existió de verdad.

centristas: los que aseguran que existió de verdad.

estadística: técnica para hacer que la realidad nunca estropee una buena noticia

macarthismo: término aplicado genéricamente a aquellas situaciones en las que un gobierno persigue a los oponentes políticos utilizando burdos y a menudo hilarantes métodos coactivos como criminalizar el alquiler de un chalet en vacaciones, acusar de apoyo al terrorismo por no abrir cada intervención pública con Condeno a ETA ,o convertir en delito que no te guste el fútbol.

eslogan: tweet que busca ser viral

bipartidismo: oligopolio político. Mercado en el que un número pequeño de partidos compiten ofreciendo un mismo producto o servicio, lo que afecta al equilibrio y al normal funcionamiento del sistema.
En el oligopolio, los partidos que forman parte de él se reparten entre ellos la demanda existente, por eso son reticentes a la libre entrada de nuevos competidores. En la mayoría de economías modernas, las autoridades persiguen estas acciones de manipulación.

presupuestos presentados a la Unión Europea: instrumento de campaña que figura en el punto 3. Deben ser tomados como deseos de buena voluntad, más como una declaración de Naciones Unidas que como documentos con carácter vinculante.

debate televisivo pactado: concurso de “a ver quien la tiene más larga” de los equipos de marketing de los partidos.

sábado, 10 de octubre de 2015

Newton murió virgen















El otro día me sucedió algo curioso: hace tiempo escribí un relato sobre la gravedad, o sobre la ausencia de gravedad más bien, una mujer en crisis que de pronto empieza a notar cómo su lechuga levita cuando la va a cortar, y luego los cereales, y la pasta de dientes, hasta que acaba instalándose en el techo... el relato hablaba en el fondo de la crisis económica y de la crisis de pareja y estaba intercalado con datos sobre Newton y la ley de la gravedad, datos reales y otros inventados: como que Newton murió virgen.
Pues bien, ayer viendo un capítulo de la fantástica serie de combustión lenta Masters of sex, el doctor Masters comentó de pasada que Newton murió virgen. ¡Resulta que era verdad!, ¡que yo había inventado la realidad!

Hace tiempo que soy mayor y he dejado de creer a pies juntillas en eso que llaman realidad, o al menos en esa demarcación unidimensional, en esa localización precisa, plana y comúnmente asumida en el mapa colectivo, ya sea a través de los medios, de los prejuicios, de los taxidermistas de ciervos o de los analistas bursátiles. Creo más bien en lo que afirmaba Banville: hasta que no escribo, la realidad no se convierte en algo real.
He pasado años transitando entre las fronteras de la realidad y la ficción, cruzándolas a veces con la espalda mojada, sorteando alambradas y guardas armados, a veces como una turista de pro, maldiciendo las delirantes medidas de seguridad, tanto de ida a la literatura como de vuelta a la vida y viceversa, como si fueran lugares distintos, si fuera de verdad posible viajar (ahora sospecho que no hacía falta que llegara Cortázar para diluir esas fronteras, que ya la madre de todas las novelas modernas, Don Quijote, exploraba las relaciones entre realidad y ficción, dinamitándolas). 

Pero no hace mucho que soy feliz, que no necesito ya formas desesperadas de ficción, que
la realidad se aparece como un estado vital amable, misterioso pero real, como la resolución sin espino de una profunda contradicción, como un tiempo de consciencia en el que coinciden lo que sucede dentro y lo que sucede fuera. 

El otro día se me ocurrió que mi tiempo nada puede contra EL tiempo, será humillado, arrasado por ese rodillo colosal, y ese es el drama de la existencia, sin embargo mi amor sí es EL amor y ahí reside la grandeza de la existencia y, por qué no, su modesta realidad.