lunes, 13 de julio de 2015

Profundos versus superficiales




















Yo creo que ya va siendo hora de superar esa clasificación  izquierda/derecha surgida de la revolución francesa, esa simpleza de banco de parlamento que nos ha servido durante los últimos siglos para distinguir de un solo vistazo la ideología del que teníamos enfrente pero que hoy ha quedado un tanto desfasada. 
Y no es que no siga existiendo el capitalismo y el comunismo, y todas esas formas intermedias del ismo, sigue pudiéndose intervenir en mayor o menor medida en la redistribución de la riqueza,  sigue habiendo aprovechados y aprovechables, los que dan y los que toman, pero ha dejado de tener sentido hablar de derecha y de izquierda en un mundo que ha superado la bidimensionalidad política y ha entrado de lleno en la tercera dimensión. ¿No deberíamos hablar entonces de superficial y  profundo, de discursos políticos para cerebros de menos de ocho años o lobotomizados por la telebasura (fuera, fuera de toda decisión política, fuera de cualquier capacidad de control sobre sus vidas) y discursos con contenido inteligente para personas razonables (dentro, dentro de la posibilidad de entender y de elegir)? ¿no debería ser esa la forma de clasificar las ideologías?
Esta necesidad de superar la izquierda y la derecha no se debe al hecho de que los poderes financieros hayan devorado al resto de poderes, con los gobiernos de los estados como guarnición, no, la superficialidad o la profundidad son en sí mismas una ideología política.
El referéndum griego lo ha puesto de relieve, el resultado más importante arrojado por la consulta no es que la gente haya demostrado que es más coherente ser de izquierdas cuando eres pobre sino que ha entendido la pregunta, que es capaz de tomar una decisión compleja ante una situación compleja. Que no se han quedado dando vueltas en la superficie como mierda flotando en el mar, en el remolino de los  falsos silogismos: si no pagas a los acreedores, vendrá el coco y te comerá, si votas NO, serás expulsado del reino de las hadas, también conocido como la eurozona. Que los gobernantes han pensado que el pueblo era lo suficientemente adulto como para entender el matiz, eso tan escurridizo como una lombriz.
Tras años de propinarle pataditas al nivel político deslizándolo ladera abajo, de discursos que harían sonrojar al mismísimo Forrest Gump, parece que por fin una parte de la opinión publica (esa entelequia real) ha dejado de ser un Benjamin Button empeñado en seguir rejuveneciendo año tras año y una parte de los políticos actúa en consecuencia. 
Y es que, al fin y al cabo, ¿qué es la muerte sino una falta absoluta de profundidad?