viernes, 11 de diciembre de 2015

Alien nación
















Al final va a resultar que ser español no es un premio de consolación, la muñeca chochona de la feria sino un oso gigante y esponjoso.
Al final va a resultar que nuestro complejo hispano, esa pusilanimidad patrocinada por Franco durante casi 40 años, lleva camino de convertirse hoy en una ventaja, sobre todo si alzamos la vista, no ya hacia el lejano Trump y sus delirantes gags, sino hacia la vecina Francia, por la que tantas veces hemos suspirado, y que ahora mismo bombardea Siria mientras se tiñe de lepenianismo.
Ante esto, la deriva política en España produce cierto orgullo aunque solo sea por contraste, sobre todo entre los que crecimos con una selección de fútbol que lo más que hacía era el ridículo internacional, y lo más patriótico que aspirábamos a sentir como españoles consistía en una mezcla de vergüenza, resignación y cariño.

Nuestra política emergente goza hoy de un nivel más elevado que el de muchos países europeos y por supuesto que el que venimos sufriendo en nuestras españolas carnes desde hace una década. Ha logrado sustituir los eufemismos por palabras precisas, no tomar al electorado por un menor o un demente, no estar alienada en definitiva.
Y no se trata sólo de las formas, nadie negará que es más fácil vender un Iphone que un quitarañazos mágico o un alargador de pene, para los que hace falta sin duda un mayor esfuerzo de marketing, una estrategia publicitaria mucho más agresiva, mucha más alienación en definitiva. 

La semana pasada, Rajoy, con esa manía suya tan entrañable de resumir los defectos de su partido en un solo acto irónico, llevó al absurdo esa alienación con su no asistencia al debate.
El candidato de Podemos en Almería, con ese gracejo andaluz, lo contaba muy bien: por una parte el presidente decía estar demasiado ocupado para asistir al debate, por otra iba a ver el debate por la tele, en Doñana, con su familia. Y es que, se quejaba con ironía Bravo: ¿a quién se le ocurre programar las dos cosas a la vez, celebrar el debate el mismo día que se emite el debate?, ¿estamos locos o qué?

Esa necesidad de verse mientras se actúa es una característica de los alienados, desde las guapas y los guapos que viven en los ojos de los demás, hasta los que se forran privadamente en actos de servicio público, desde los que son pobres pero votan como ricos, hasta los que sí asisten a debates pero salen de su cuerpo para ver mejor el producto que venden.
Afortunadamente, parece que por fin se va imponiendo la idea de que no es posible vivir fuera de uno mismo, que los aliens NO lograrán invadir la tierra, que la ciencia ficción es algo pasado de moda, al menos en política.

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