sábado, 10 de octubre de 2015

Newton murió virgen















El otro día me sucedió algo curioso: hace tiempo escribí un relato sobre la gravedad, o sobre la ausencia de gravedad más bien, una mujer en crisis que de pronto empieza a notar cómo su lechuga levita cuando la va a cortar, y luego los cereales, y la pasta de dientes, hasta que acaba instalándose en el techo... el relato hablaba en el fondo de la crisis económica y de la crisis de pareja y estaba intercalado con datos sobre Newton y la ley de la gravedad, datos reales y otros inventados: como que Newton murió virgen.
Pues bien, ayer viendo un capítulo de la fantástica serie de combustión lenta Masters of sex, el doctor Masters comentó de pasada que Newton murió virgen. ¡Resulta que era verdad!, ¡que yo había inventado la realidad!

Hace tiempo que soy mayor y he dejado de creer a pies juntillas en eso que llaman realidad, o al menos en esa demarcación unidimensional, en esa localización precisa, plana y comúnmente asumida en el mapa colectivo, ya sea a través de los medios, de los prejuicios, de los taxidermistas de ciervos o de los analistas bursátiles. Creo más bien en lo que afirmaba Banville: hasta que no escribo, la realidad no se convierte en algo real.
He pasado años transitando entre las fronteras de la realidad y la ficción, cruzándolas a veces con la espalda mojada, sorteando alambradas y guardas armados, a veces como una turista de pro, maldiciendo las delirantes medidas de seguridad, tanto de ida a la literatura como de vuelta a la vida y viceversa, como si fueran lugares distintos, si fuera de verdad posible viajar (ahora sospecho que no hacía falta que llegara Cortázar para diluir esas fronteras, que ya la madre de todas las novelas modernas, Don Quijote, exploraba las relaciones entre realidad y ficción, dinamitándolas). 

Pero no hace mucho que soy feliz, que no necesito ya formas desesperadas de ficción, que
la realidad se aparece como un estado vital amable, misterioso pero real, como la resolución sin espino de una profunda contradicción, como un tiempo de consciencia en el que coinciden lo que sucede dentro y lo que sucede fuera. 

El otro día se me ocurrió que mi tiempo nada puede contra EL tiempo, será humillado, arrasado por ese rodillo colosal, y ese es el drama de la existencia, sin embargo mi amor sí es EL amor y ahí reside la grandeza de la existencia y, por qué no, su modesta realidad.

9 comentarios:

RECOMENZAR dijo...

un aplauso
un gran escrito hecho con pocas palabras
te felicito

Bárbara dijo...

Gracias

NáN dijo...

A mí me pasa casi como a Banville: hasta que no leo, la realidad no se convierte en algo real. Y, claro, cuando escribo eso llega al límite de lo posible: donde la fuerza y el pálpito alcanzan la potencia necesaria. Quizás porque, como escribía hace poco, para mí el mundo ha dejado de ser sexy. La reconstrucción corporativista de la realidad comercial ha llegado a filtrarse en el modo, espectacular, de las vidas privadas, creando una narrativa de la que huyo. Me siento inane... salvo en pequeños núcleos de Resistencia; como mi barrio y varias decenas de personas que lo habitan.

Así que “creo” entenderte muy bien. Mis felicitaciones por haber encontrado EL. Y mi alegría porque vuelvas a aparecer por aquí.

Isabel dijo...

Eso, que me alegra tu felicidad y la mía al leerte.
Besazo.

aP dijo...

Joder Bárbara. Cómo lo clavas :O
Qué bien te leo

Ishtar dijo...

Hola!
Me ha gustado la reflexión de Banville: “hasta que no escribo, la realidad no se convierte en algo real”
Entiendo que lo que no es real no se puede escribir, digo real a verosímil. Es así tanto en lo que concierne a mi vida como al “territorio real” de la imaginación.
Me agrada tu blog, me quedaré por aquí.
Saludos

Me equivoqué de post al insertar el comentario!
Ahora si!!! :)

Francis Black dijo...

A mi me gusta lo de escribir para "fijarse" que dice Marcos Ordóñez y una canción :

https://www.youtube.com/watch?v=Dwuj2KbDntg

Bárbara dijo...

El sueño de niños de que pudiéramos comunicarnos de forma íntima y pública, esa botella con deseos que quién sabe si llegaría a otra orilla se ha convertido en una pesadillla. La otra orilla está llena de capullos y el mar se está llenando de desechos. Pero el mundo sigue siendo sexy, NÁN, sólo hay que soplarle un poco las faldas. Besitos

ISABEL, feliz de que tú sí estés en la otra orilla.

Gracias, Anita.

aunque parezca un oxímoron lo de imaginación real no lo es, ISHTAR. Bienvenido por aquí.

¿no hemos hablado antes de esto, FRANCIS BLACK? o he tenido un déjà vu?

Francis Black dijo...

Si, me alimento de natillas y me repito.