domingo, 22 de febrero de 2015

Prefiero la pena a la nada


Vi un reportaje sobre el rescate de Iñaki Ochoa.
La palma Iñaki. Edema cerebral y pulmonar a 7000 metros de altura. Fue en 2008 pero yo lo vi el otro día, así que fue el otro día, y volverá a ser exactamente el día en que alguien lo vea.
Iñaki con edema a pocos metros de la cima del Annapurna, palmándola.
No quisiera hacer una oda al montañero que se juega la vida y el dolor de su familia por el capricho de coronar una cima, de tocar mare en la punta de una montaña pero es exactamente lo que voy a hacer.
Iñaki delirando mientras el compañero rumano que no ha querido abandonarle sufre a su lado. La familia en España, mordiéndose el alma. La naturaleza como el único enemigo de altura, el único enemigo a la altura de los grandes hombres. Un sherpa (¡¡¡Iñaki es mi amigo, no mi cliente!!!) que, sin preguntar, lo empeña todo para contratar un helicóptero e ir a su rescate. Un ruso (no recuerdo si era ruso) al que llaman a las 3 de la mañana y dice voy, sin el equipo adecuado (soy militar, estoy acostumbrado), voy. Los mejores montañeros del mundo que dicen ¿Iñaki? vamos. El amor en estado puro que emprende el camino de regreso, el mismo camino que un día partió de Iñaki (cursi pero tal que así).
El helicóptero que no puede aterrizar cerca. El ruso que afronta la montaña a dentelladas, sin el equipo adecuado, cargando una botella de oxígeno para su amigo. El ruso, que una vez allí, comprende que ya es tarde para Iñaki, que sólo puede salvar al rumano, muy debilitado por tantos días sin oxígeno. La familia de Iñaki que dice que se salve el rumano. El rumano que dice que ni de coña, que él no abandona a Iñaki. El rumano que, muy débil, acepta bajar pero en solitario, si el ruso se queda con Iñaki hasta que los rescaten.
Iñaki, que muere tras haber aguantado mucho más de lo previsible en estos casos, por el aliento colectivo de toda esa gente que lo quiere y que en alta montaña se conserva más tiempo.
Una madre que dice: yo no tuve un hijo para que fuera abogado sino para que viviera como quisiera.
Y una cobardía que se encoge al verlo, y una certeza que crece: la de que hay muchas formas de morir pero están todas en esta vida. 

 En el desayuno, se lo conté a F. Hablamos también de los relativistas morales, que según él no mantienen postura alguna porque el relativismo moral no es una doctrina en sí sino una estrategia para esconder la mediocridad: desacreditar toda creencia, toda proposición de verdad para ocultar el vacío, la falta de talento, la cobardía de alguna manera. Donde yo veía incoherencia, él solo veía vacuidad de contenido, mediocridad y ocultación (y recordé la frase de Faulkner, una oda soterrada a la vida, que cerraba un artículo que hoy me mandó R.: “Prefiero la pena a la nada”.)

En el fondo, dice F., uno es mediocre porque lo elige, renuncia porque de alguna manera lo elige, elige la debilidad. ¿Y cómo hace uno para vivir con esa elección? ¿Bebe? se me ocurre.  A veces incluso escribe poemas, provoca él. O novelitas, digo yo. Y nos reímos.

 
 

4 comentarios:

Nefer Munguia dijo...

Como dicen en la película del avispón verde: "yo no le tendría miedo a morir, yo le tendría miedo a no saber vivir" y cada quien según sus ideas vive como le gusta y a veces hasta eligen como quieren morir

Saludos!!

Buen post, seguiré visitando tu blog

:)

Anónimo dijo...

Lo que quieras menos el voluntarismo (primo de la autoayuda) de F. en el 2015

NáN dijo...

"No quisiera hacer una ... pero es exactamente lo que voy a hacer"

Ya solo por esta frase, merece la pena haber llegado aquí (tarde, pero llegado).

Y por leer la frase de la madre.

Y porque a tanta gente le dé por hacer lo que cree que debe hacer, sin pensar ni en orígenes, causas ni consecuencias.

Bárbara dijo...

Eso de no saber vivir da mucho miedo, deberían enseñarlo, aunque fuera por correspondencia. Saludos, Nefer.

Pues no me parece mal ese voluntarismo,anónimo.

¿Tarde tú, Nán? eso es absurdo, todo sucede donde tú estás.