sábado, 3 de enero de 2015

La literatura, entre los delitos comunes

Hay luchas aún vigentes, siempre vigentes, luchas que se trasvisten a lo largo de los siglos, destino del héroe versus presente humano, Dios con mayúscula fentre al yo en minúsculas y cursiva, y cursando, apocalipsis extraterrestre versus buenismo terrenal, luchas aplicables a la literatura, aquí y ahora, como las esquirlas de esa batalla reciente entre realismo costumbrista y modernismo tan vigente hoy, renovada pero vigente.
En estos tiempos de pacifismo de postín, no está mal entender la lucha como algo natural, la oposición como un antídoto contra el vértigo existencial, la simultaneidad de dos formas enfrentadas en el mismo tiempo y espacio, como una forma de seguir creando. Acaso la única. La lucha como síntoma de equilibrio, que no triunfe ningún bando, que ninguno sea derrotado, que sólo a través de esa pelea ideológica sobreviva la vida, la literaria incluida. Que me des una tregua, joder.
Nada es absoluto salvo las palabras, que nacieron relativas (esto es una estupidez, pero quería colarlo).

El caso es que todo esto viene porque he recibido gracias a la generosidad a distancia de J. un libro fascinante sobre esa lucha literaria viva. Las palabras de la tribu, de Umbral, un libro que tiene diez años pero que está de rabiosa actualidad, que diría una presentadora recién lobotomizada, sólo porque me acaba de llegar, a mí, y lo estoy leyendo, yo, ahora .

En él, Umbral hace un repaso genial a la literatura del s.XX, empieza escenificando esa lucha entre la prosa de almacén de Galdós o de Azorín frente a la modernidad de Rubén Darío o Valle Inclán.

“Todo el estilismo, todo el preciosismo de Azorín no son sino un mantenido esfuerzo por ocultar al chufero valenciano” (toma ya)
“La lucha entre el modernismo y el 98 contra Galdós es mucho más que una lucha estética. Galdós sólo pretende retratar el mundo, los novísimos transformarlo, renovarlo, transverbarlo mediante la poesía. (…) Galdós cuando se pone estilista dice que Tristana tenía una boquirrita... y es cuando arrojamos el libro. O dice que los garbanzos son pequeños proyectiles vegetales. Es el que compara siempre a los chicos saliendo del colegio con una bandada de gorriones y a la bandada de gorriones con chicos saliendo del colegio. Y ahí se acaban sus recursos estilísticos. Tuvo desde muy pronto cara verde de billete de mil pesetas”(me parto y me postro).

Frente a él, el cañón de Rubén Darío presto a disparar “para desacreditar la realidad. (...) Rubén es el que mata a los neoclásicos escayolados y a los últimos románticos de peluche.
(…) Creíamos que nos faltaba otra cosa, la política o el tabaco y lo que nos faltaba era la música perdida tras el aleteo fugaz de Bécquer. (…). La sintaxis del poeta no es sino la matemática de su música”.
“Cuando Valle inclán cambia de estética y empieza a ser un gran escritor es cuando comienza a escribir con la mano que le falta, a trabajar su obra con el brazo que no tiene, y entonces le sale un modernismo zurdo que es ya el esperpento.

No tiene desperdicio el texto, de verdad, le chupa uno hasta la carne de entre los tendones.
Esa lucha necesaria se hace palmaria (de palmar) en el tema de las influencias, de esos hilos subterráneos que conectan de alguna forma a los bandos en guerra, y a las propias facciones contrapuestas dentro de un mismo bando. Aunque hoy muertos, seamos capaces de amarlos a todos...

“Sobre el bastidor modernista, Valle borda sus primeros galaicos y sentimentales, lo que le enseña a escribir. Ortega le aconseja prematuramente que se deje de “bernardinas”. Las “bernardinas” y los palotes le son necesarios a todo escritor para ir encontrando su propia caligrafía. Sólo robando de otros se aprende a escribir, y por eso la literatura está entre los delitos comunes. El estilo es una cosa de juzgado de guardia. A la burguesía y a los críticos burgueses siempre les han ofendido los estilistas como cosa personal y los denuncian en la comisaría. Críticos como Clarín necesitan novelistas como Galdós y los crean. La prosa burguesa es la mala prosa. Valle fue un escándalo estético antes de ser un escándalo político. (…) Ya se ha dicho ante que prefiero el robo a la influencia. El robo y el asesinato. La literatura se erige sobre un crimen o no es verdad.

Seguimos con la lectura. Seguimos con los crímenes, seguimos con la lucha. Seguiremos informando.

3 comentarios:

t minúsculo dijo...

Por alusiones, ya me entiendes.

Sí, yo prefiero a Dios con mayúsculas, es una cuestión de orden y respeto. Hasta Agustín García Calvo EPD en su libro de Dios, lo hacía y eso que se declaraba agnótico.

2. ¿había dicho 1? El caso es que creía que las palabras nacían vírgines (elucubradas por su propio inventor) Y luego va el escritor que las manipula o el lector que las "mal"/"bien" interpreta ...al gusto del consumidor, o del delincuente.

...yo uso Cojoño a veces en negritas y otras en cursivas Sirve para casi todo y cumple la regla de Pareto (o de la paridad para que se me entienda)

Feliz Año Bárbara! uys! perdón por lo de "feliz" :) semehascapau!!!

NáN dijo...

¡Játe, cómo son las conexiones! En un blog muy libre en el que los que comentamos vamos a nuestra bola, anoche puse un comentario de desafío a la autora y los comentaristas porque ella había hablado mal de Iñárritu y bien del Club de la lucha (que solo he visto en la peli). Les desafiaba, porque pienso contrario del cineasta y del libro-peli,, a quitarnos las gafas y salir a la calle a zurrarnos (literal, el desafío). Creo que zurrarse es un grado más alto de la amistad.

Por otra parte, en el bar-librería que tú sabes, tienen unos libritos en el lado izquierdo de la barra y me dio por coger uno, Siglo XX de Umbral, y leer un artículo o dos cada día mientras tomaba el vermú, como tapa, y lo compré al final, pero lo dejé allí para poder hacer lo mismo, pero pintarrajeándolo. Y hablando de cómo me gustaba, me dijeron los libreros que a ellos les había encantado en su tiempo Mortal y rosa (el libro en el que cuenta de mil maneras el año en que se murió su hijo de 5 años). Lo compré, este me lo llevé a casa, lo leí y me encantó.

Y un día, en la clase del Taller de Lara, que nos inventamos tres de los que habíamos hecho el taller de verdad, y ella, porque queríamos seguir viéndonos una vez cada dos semanas, les hablé de Umbral y Lara se levantó y me regaló un ejemplar del libro de Umbral del que hablas, que le habían regalado a ella y ya lo había leído.

Así que todo va coincidiendo, Umbral y las ganas de ser macarras de bar, pero sin bar ni hacernos sangrar la nariz tras cruzar las puertas del Saloon.

Bárbara dijo...

gran comentario, t. Pero me preocupa que digas perdón por lo de feliz, ¿doy esa imagen de ser tan sufridamente postmoderna? Feliz año en cualquier caso, con retraso!

Gustosa me zurraría contigo, Nán, aunque suelo estar bastante de acuerdo contigo, pero ya te buscaría las comas, los matices y las cosquillas, ya. Benditas conexiones. escribir al fin y al cabo es eso, ¿no?