viernes, 11 de diciembre de 2015

Alien nación
















Al final va a resultar que ser español no es un premio de consolación, la muñeca chochona de la feria sino un oso gigante y esponjoso.
Al final va a resultar que nuestro complejo hispano, esa pusilanimidad patrocinada por Franco durante casi 40 años, lleva camino de convertirse hoy en una ventaja, sobre todo si alzamos la vista, no ya hacia el lejano Trump y sus delirantes gags, sino hacia la vecina Francia, por la que tantas veces hemos suspirado, y que ahora mismo bombardea Siria mientras se tiñe de lepenianismo.
Ante esto, la deriva política en España produce cierto orgullo aunque solo sea por contraste, sobre todo entre los que crecimos con una selección de fútbol que lo más que hacía era el ridículo internacional, y lo más patriótico que aspirábamos a sentir como españoles consistía en una mezcla de vergüenza, resignación y cariño.

Nuestra política emergente goza hoy de un nivel más elevado que el de muchos países europeos y por supuesto que el que venimos sufriendo en nuestras españolas carnes desde hace una década. Ha logrado sustituir los eufemismos por palabras precisas, no tomar al electorado por un menor o un demente, no estar alienada en definitiva.
Y no se trata sólo de las formas, nadie negará que es más fácil vender un Iphone que un quitarañazos mágico o un alargador de pene, para los que hace falta sin duda un mayor esfuerzo de marketing, una estrategia publicitaria mucho más agresiva, mucha más alienación en definitiva. 

La semana pasada, Rajoy, con esa manía suya tan entrañable de resumir los defectos de su partido en un solo acto irónico, llevó al absurdo esa alienación con su no asistencia al debate.
El candidato de Podemos en Almería, con ese gracejo andaluz, lo contaba muy bien: por una parte el presidente decía estar demasiado ocupado para asistir al debate, por otra iba a ver el debate por la tele, en Doñana, con su familia. Y es que, se quejaba con ironía Bravo: ¿a quién se le ocurre programar las dos cosas a la vez, celebrar el debate el mismo día que se emite el debate?, ¿estamos locos o qué?

Esa necesidad de verse mientras se actúa es una característica de los alienados, desde las guapas y los guapos que viven en los ojos de los demás, hasta los que se forran privadamente en actos de servicio público, desde los que son pobres pero votan como ricos, hasta los que sí asisten a debates pero salen de su cuerpo para ver mejor el producto que venden.
Afortunadamente, parece que por fin se va imponiendo la idea de que no es posible vivir fuera de uno mismo, que los aliens NO lograrán invadir la tierra, que la ciencia ficción es algo pasado de moda, al menos en política.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Diccionario para manejarse en campaña


populista: insulto blando y soso pero de retrogusto abyecto. Versión revisada de aquel “comunista” de la américa de los 50, que hacía cerrar bocas de golpe, abrir ojos como platos y evocar informes monstruos.

populismo: dícese de aquello que hacen los que buscan atraer al pueblo, hablándole como a un infante, para manipularlo a su antojo y en beneficio de una élite.
También pirueta por la que estos mismos acusan de populismo a aquellos que sí quieren dirigirse al pueblo con la oscura intención de dirigirse al pueblo y proponerle mejoras para efectivamente mejorar sus condiciones.

demagogia: palabra que ha quedado en desuso por el abuso en década anteriores.

centro: donde no está él, donde no están los otros. Donde estaría yo, tú, nosotros, en un algodonoso y chupiguay condicional.
Algo así como la versión moderna de la Atlántida de Platón, que algunos aseguran existió de verdad.

centristas: los que aseguran que existió de verdad.

estadística: técnica para hacer que la realidad nunca estropee una buena noticia

macarthismo: término aplicado genéricamente a aquellas situaciones en las que un gobierno persigue a los oponentes políticos utilizando burdos y a menudo hilarantes métodos coactivos como criminalizar el alquiler de un chalet en vacaciones, acusar de apoyo al terrorismo por no abrir cada intervención pública con Condeno a ETA ,o convertir en delito que no te guste el fútbol.

eslogan: tweet que busca ser viral

bipartidismo: oligopolio político. Mercado en el que un número pequeño de partidos compiten ofreciendo un mismo producto o servicio, lo que afecta al equilibrio y al normal funcionamiento del sistema.
En el oligopolio, los partidos que forman parte de él se reparten entre ellos la demanda existente, por eso son reticentes a la libre entrada de nuevos competidores. En la mayoría de economías modernas, las autoridades persiguen estas acciones de manipulación.

presupuestos presentados a la Unión Europea: instrumento de campaña que figura en el punto 3. Deben ser tomados como deseos de buena voluntad, más como una declaración de Naciones Unidas que como documentos con carácter vinculante.

debate televisivo pactado: concurso de “a ver quien la tiene más larga” de los equipos de marketing de los partidos.

sábado, 10 de octubre de 2015

Newton murió virgen















El otro día me sucedió algo curioso: hace tiempo escribí un relato sobre la gravedad, o sobre la ausencia de gravedad más bien, una mujer en crisis que de pronto empieza a notar cómo su lechuga levita cuando la va a cortar, y luego los cereales, y la pasta de dientes, hasta que acaba instalándose en el techo... el relato hablaba en el fondo de la crisis económica y de la crisis de pareja y estaba intercalado con datos sobre Newton y la ley de la gravedad, datos reales y otros inventados: como que Newton murió virgen.
Pues bien, ayer viendo un capítulo de la fantástica serie de combustión lenta Masters of sex, el doctor Masters comentó de pasada que Newton murió virgen. ¡Resulta que era verdad!, ¡que yo había inventado la realidad!

Hace tiempo que soy mayor y he dejado de creer a pies juntillas en eso que llaman realidad, o al menos en esa demarcación unidimensional, en esa localización precisa, plana y comúnmente asumida en el mapa colectivo, ya sea a través de los medios, de los prejuicios, de los taxidermistas de ciervos o de los analistas bursátiles. Creo más bien en lo que afirmaba Banville: hasta que no escribo, la realidad no se convierte en algo real.
He pasado años transitando entre las fronteras de la realidad y la ficción, cruzándolas a veces con la espalda mojada, sorteando alambradas y guardas armados, a veces como una turista de pro, maldiciendo las delirantes medidas de seguridad, tanto de ida a la literatura como de vuelta a la vida y viceversa, como si fueran lugares distintos, si fuera de verdad posible viajar (ahora sospecho que no hacía falta que llegara Cortázar para diluir esas fronteras, que ya la madre de todas las novelas modernas, Don Quijote, exploraba las relaciones entre realidad y ficción, dinamitándolas). 

Pero no hace mucho que soy feliz, que no necesito ya formas desesperadas de ficción, que
la realidad se aparece como un estado vital amable, misterioso pero real, como la resolución sin espino de una profunda contradicción, como un tiempo de consciencia en el que coinciden lo que sucede dentro y lo que sucede fuera. 

El otro día se me ocurrió que mi tiempo nada puede contra EL tiempo, será humillado, arrasado por ese rodillo colosal, y ese es el drama de la existencia, sin embargo mi amor sí es EL amor y ahí reside la grandeza de la existencia y, por qué no, su modesta realidad.

lunes, 13 de julio de 2015

Profundos versus superficiales




















Yo creo que ya va siendo hora de superar esa clasificación  izquierda/derecha surgida de la revolución francesa, esa simpleza de banco de parlamento que nos ha servido durante los últimos siglos para distinguir de un solo vistazo la ideología del que teníamos enfrente pero que hoy ha quedado un tanto desfasada. 
Y no es que no siga existiendo el capitalismo y el comunismo, y todas esas formas intermedias del ismo, sigue pudiéndose intervenir en mayor o menor medida en la redistribución de la riqueza,  sigue habiendo aprovechados y aprovechables, los que dan y los que toman, pero ha dejado de tener sentido hablar de derecha y de izquierda en un mundo que ha superado la bidimensionalidad política y ha entrado de lleno en la tercera dimensión. ¿No deberíamos hablar entonces de superficial y  profundo, de discursos políticos para cerebros de menos de ocho años o lobotomizados por la telebasura (fuera, fuera de toda decisión política, fuera de cualquier capacidad de control sobre sus vidas) y discursos con contenido inteligente para personas razonables (dentro, dentro de la posibilidad de entender y de elegir)? ¿no debería ser esa la forma de clasificar las ideologías?
Esta necesidad de superar la izquierda y la derecha no se debe al hecho de que los poderes financieros hayan devorado al resto de poderes, con los gobiernos de los estados como guarnición, no, la superficialidad o la profundidad son en sí mismas una ideología política.
El referéndum griego lo ha puesto de relieve, el resultado más importante arrojado por la consulta no es que la gente haya demostrado que es más coherente ser de izquierdas cuando eres pobre sino que ha entendido la pregunta, que es capaz de tomar una decisión compleja ante una situación compleja. Que no se han quedado dando vueltas en la superficie como mierda flotando en el mar, en el remolino de los  falsos silogismos: si no pagas a los acreedores, vendrá el coco y te comerá, si votas NO, serás expulsado del reino de las hadas, también conocido como la eurozona. Que los gobernantes han pensado que el pueblo era lo suficientemente adulto como para entender el matiz, eso tan escurridizo como una lombriz.
Tras años de propinarle pataditas al nivel político deslizándolo ladera abajo, de discursos que harían sonrojar al mismísimo Forrest Gump, parece que por fin una parte de la opinión publica (esa entelequia real) ha dejado de ser un Benjamin Button empeñado en seguir rejuveneciendo año tras año y una parte de los políticos actúa en consecuencia. 
Y es que, al fin y al cabo, ¿qué es la muerte sino una falta absoluta de profundidad?



domingo, 17 de mayo de 2015

La humanidad, esa anécdota

John Doe


En la historia de la vida, la humanidad es una anécdota, una nota a pie de página, un single de Duran Duran, unas declaraciones de Pedro Sánchez.  
Vi una entrevista fascinante a uno de los directores de Atapuerca.
La vida en la tierra data de hace aproximadamente unos 3500 millones de años -hablemos sin miedo de millones de años, en relación a miles de años, todo es comparable que no relativo, barajemos magnitudes que nos superan, tampoco yo tengo ni tendré nunca un millón de euros en el banco- hace 450 millones de años que aparecieron las plantas, 35 millones de años los primates, 6 millones los homínidos, esos primates expulsados de la selva a la sabana que se irguieron orgullosos,  y solo – SÓLO- 30.000 míseros años desde que el hombre, tal y como lo conocemos hoy, anda por aquí, 30.000 míseros añitos desde lo del homo sapiens y su capacidad abstracta para hacer arte figurativo. A partir del homo sapiens no se ha producido ninguna evolución fisiológica importante (a excepción de Melendi).
Y es precisamente esa conciencia de insignificancia, de anécdota dentro de la arrolladora manifestación de poderío que demuestra la vida lo que dota a la existencia particular, a cualquier existencia, de un carácter accesorio y grandioso a la vez.
El mero hecho de estar vivo y ser parte de la cadena evolutiva, en este caso en forma de mujer, caucásica, de estatura media y sobacos peludos (qué más da la forma) es algo alucinante en si mismo, más allá de las microdesgracias personales o los minidramas cotidianos. Algo absolutamente maravilloso.
Haber evolucionado desde una bacteria a un cerebro complejo, dotado de una conciencia gracias a la cual poder comprender que daremos paso a otras formas de vida aún más complejas dentro de unos miles o millones de años, (o días, dependiendo de las elecciones) resulta excitante, trepidante, fascinante.
Y sólo puede una amar con pasión la ciencia, la genética, la antropología y a todos aquellos que trabajan por explicarnos la vida, que nos enseñan todo lo que genéticamente sabemos aunque lo hayamos olvidado, que practican en definitiva el arte de comprender la vida, porque qué es sino arte eso que hace la ciencia,  y gritar: ¡viva el empirismo y la madre que lo parió!
Solo puede una renegar con pasión de la religión, del oscurantismo, del miedo a saber, del desprecio a la vida en definitiva.
A cambio, es efímero todo esto, sí. Pero mientras.

miércoles, 29 de abril de 2015

Y esa necesidad de hacer filosofía barata cuando llega el calor y antes de que acudan las moscas
















Alicia Savage





Y esa necesidad de hacer filosofía barata cuando llega el calor y antes de que acudan las moscas…

El presente va desde que yo nací hasta que yo me muera.
Todo lo anterior es pasado. El futuro, lo que va después.
El tiempo es la conciencia de que existe un dentro y un fuera. Eso otro que no es yo.
Matemáticamente: yo menos yo igual tiempo. (yo-yo=T)

Creo en el eterno retorno los viernes, los lunes vuelve a ser eso que nunca se fue.

Mi fe asusta montañas.

¡Si una revolución no es más que una vuelta sobre su propio eje! El mundo, ese lp que gira a tres revoluciones por siglo.

La duda me sigue pareciendo la única cápsula efectiva contra la locura.
Un  lugar intermedio justo después del útero, antes del más allá de la carne. El presente en definitiva. Sinónimo de vida por tanto. Necesito una cerveza, que esté muy fría, en conclusión.

miércoles, 25 de marzo de 2015

La vida que pudre





















No existe lo perfecto, por más que exista lo imperfecto, ¿O acaso existe lo pepinable? Este es un razonamiento impepinable, perfectamente impepinable.
Juarroz dijo algo hermoso acerca de la perfección:

Quizá debamos aprender que lo imperfecto
es otra forma de la perfección:
la forma que la perfección asume
para poder ser amada.

Yo diría más, no es la forma que la perfección asume para poder ser amada sino la única forma que es capaz de adoptar la perfección (claro que qué es un poeta sino alguien que se empeña en encontrar belleza en las leyes físicas, por terribles que sean, en buscarle una justificación estética a eso tan devastador que es el paso el tiempo).
La perfección no puede ser, simplemente, no puede existir porque la vida pudre, el contacto con el aire corrompe, desde el minuto uno, son cosas de la materialización, de la física, o de algún dios, culpa mía no es.
Por eso el paso del tiempo sigue siendo uno de los grandes temas literarios, sino el único, y de él se deriva esa textura de anguila de la perfección, la escurridiza incapacidad de dar forma perfecta a esa idea perfecta que tenemos en la cabeza, ya sea una obra de arte o un sistema de gobierno. (Esto lo digo porque estoy harta de aquellos que critican sin excepción a los partidos políticos, a TODOS  los partidos políticos, porque la única opción ideológica perfecta es la que existe dentro de su cabeza, ninguna que actúe en el escenario real (vaya contradicción) de la vida política. Quisiera que por ley, toda crítica expresada en voz alta viniera con una sugerencia de mejora, con una alternativa real, imperfecta pero real).
Pero a lo que iba, que no existe la perfección, no te empeñes en buscarla.
Yo antes me creía muy lista porque pensaba que existía a ratos, en una especie de alternancia con la imperfección, ahora juegas tú y yo me quedo en el banquillo, luego cambiamos, de la misma manera que una virtud en sus horas bajas se transformaba en defecto, o que uno se eleva los metros que es capaz de cavar, exactamente esos metros, ni un centímetro más ni uno menos.
Ahora, que ya me sé muy tonta, creo en la simultaneidad, en que todo sucede al mismo tiempo,  y el defecto es a la vez virtud, no antes ni después, sino a la vez, y se puede volar a dos metros bajo tierra, y se puede excavar el aire, y se puede encontrar belleza y fealdad en una misma cosa, al mismo tiempo, por más que haya cosas que no serán ni bellas ni feas jamás.
Kant, que era mucho más listo y a ratos incomprensible, no cerró la escala en lo perfecto sino que habló de lo sublime, definiéndolo como lo que es absolutamente grande, sólo comparable a sí mismo. Lo sublime, que provoca un sentimiento agridulce, un cortocircuito entre la belleza que esperábamos y la que nos encontramos en la realidad, que sin duda nos supera. Lo sublime como algo placentero y doloroso a la vez. Simultáneamente. Sin necesidad de buscar un contrario. Por sí mismo.

Como esta bendita, imperfecta vida que pudre. 

miércoles, 18 de marzo de 2015

todo crece menos el dolor














Mi cerebro es el enemigo
bombardea con tópicos
oscuridades, miedos

mi cerebro es amigo
taladra la luz hasta el hueso
comparte el último pitillo

te preguntas si existe algo fuera de las trincheras
¿hay vida más allá de esta guerra?

a veces una tregua
que crece entre dos batallas
-todo crece menos el dolor- dijiste
el vello de tu pecho
que se escurre entre mis dedos
un intersticio
por donde se cuela el sentido

y luchas
con uñas, con dientes
con caricias
por seguir aquí

un día más.

jueves, 12 de marzo de 2015

¿Pero cuándo las palabras se nos convirtieron en literatura?

















¿Pero cuándo las palabras se nos convirtieron en literatura?
Creo que odio la literatura. Odio leer algo y tener que juzgarlo literariamente, aunque sea en voz baja, compararlo agraviativamente con otros libros, con otros escritores, buscarle un acomodo en la historia de la literatura.
Odio intentar hacer algo literario cuando escribo, aunque sea el ridículo,- ridículo literario-, odio que mi máxima referencia sea otro libro y no eso que está ahí fuera y que uno trata de explicar en vano, ¿la vida? no, hombre no, palabra hueca y altisonante, algo mucho más allá, o más acá, o más abajo, o más arriba, eso que existe cuando yo no existo. (Gracias Rimbaud, por escribirlo todo antes de conocer la literatura, o a Chukri por pasar de ser analfabeto a escribir libros).
Odio a los académicos que hacen de la literatura una pasta diaria con la que recubren sus despachos, sus ordenadores, sus salas de conferencias, odio a los que edifican verdades literarias como iglesias encima de las palabras, como si la literatura fuera a salvarnos.
¿Pero cuándo las palabras se nos convirtieron en literatura?
Quisiera leer con inocencia, el libro y yo a solas, y no con toda la comunidad literaria esperando tras la puerta, escribir con implacable inocencia, las palabras y yo a solas, y no con todos esos escritores prestigiosos, inteligentes de verdad, agazapados entre los renglones, pidiendo en negrita ser emulados.
No es que quiera posicionarme a favor de una cultura popular frente a una cultura elitista, es que NO quiero posicionarme. No quiero opinar sobre literatura, no quiero chulear en las reuniones, no quiero salir de los libros, no quiero pensar en literatura, porque no estoy capacitada, no soy estable, no soy fiable, tan sólo dona mobile, odiadora e inmadura. Y porque no me interesa ser más que una bestia que disfruta, que ama a los personajes y acaso a las personas que los sustentan (a determinada altura del recorrido, la admiración se convierte en amor) o que odia, que es lo que en verdad se me da bien.

Últimamente además, empiezo a dudar de que los libros se compongan de palabras, de gramática, de sintaxis, sospecho que todo eso no es más que el material en que se deshace lo que existe cuando yo no los leo, eso que existe cuando los cierro.

 

jueves, 5 de marzo de 2015

Volar

Di Donato




















Volar no es una cuestión de alas
ni de nacer especie destinada
a ser tumulto en el cielo
volar es una cuestión de voluntad
un aleteo desesperado
cuando ya el mundo se detuvo
y el amor caía despacio
hacia los hombres
hacia las urbes

viernes, 27 de febrero de 2015

No recuerdo

nobuyoshi

















No recuerdo haber sido educada de pequeña para ser nada de mayor. No recuerdo que nadie depositara sus expectativas en mi futuro, eso era para otros niños. No recuerdo que nadie me preguntara: ¿y tú qué quieres ser de mayor? Siempre fui mayor desde que recuerdo. No recuerdo jugar a separar el presente del futuro. Sí recuerdo jugar a unir el cine y el futuro, ver películas en blanco y negro para después convertirme en la protagonista al cerrar los ojos en la cama. Como una forma vertical, blandita, de sobrevivir.
No recuerdo haber asistido al fracaso de una generación en mis carnes, a la decepción democrática o al desplome de la utopía a través de mi memoria de niña de los 70. No pasó por mí lo social, o no lo recuerdo.
Sólo se esperaba de mí que sobreviviera. Sin molestar a nadie.
Y hoy que soy niña, me pregunto qué seré de mayor, si lograré superar las expectativas de los que me rodean.
Ya no soy la prota de la peli pero tengo una frase estelar que ensayo cada noche, cuando cierro los ojos, pedazo de frase. 

domingo, 22 de febrero de 2015

Prefiero la pena a la nada


Vi un reportaje sobre el rescate de Iñaki Ochoa.
La palma Iñaki. Edema cerebral y pulmonar a 7000 metros de altura. Fue en 2008 pero yo lo vi el otro día, así que fue el otro día, y volverá a ser exactamente el día en que alguien lo vea.
Iñaki con edema a pocos metros de la cima del Annapurna, palmándola.
No quisiera hacer una oda al montañero que se juega la vida y el dolor de su familia por el capricho de coronar una cima, de tocar mare en la punta de una montaña pero es exactamente lo que voy a hacer.
Iñaki delirando mientras el compañero rumano que no ha querido abandonarle sufre a su lado. La familia en España, mordiéndose el alma. La naturaleza como el único enemigo de altura, el único enemigo a la altura de los grandes hombres. Un sherpa (¡¡¡Iñaki es mi amigo, no mi cliente!!!) que, sin preguntar, lo empeña todo para contratar un helicóptero e ir a su rescate. Un ruso (no recuerdo si era ruso) al que llaman a las 3 de la mañana y dice voy, sin el equipo adecuado (soy militar, estoy acostumbrado), voy. Los mejores montañeros del mundo que dicen ¿Iñaki? vamos. El amor en estado puro que emprende el camino de regreso, el mismo camino que un día partió de Iñaki (cursi pero tal que así).
El helicóptero que no puede aterrizar cerca. El ruso que afronta la montaña a dentelladas, sin el equipo adecuado, cargando una botella de oxígeno para su amigo. El ruso, que una vez allí, comprende que ya es tarde para Iñaki, que sólo puede salvar al rumano, muy debilitado por tantos días sin oxígeno. La familia de Iñaki que dice que se salve el rumano. El rumano que dice que ni de coña, que él no abandona a Iñaki. El rumano que, muy débil, acepta bajar pero en solitario, si el ruso se queda con Iñaki hasta que los rescaten.
Iñaki, que muere tras haber aguantado mucho más de lo previsible en estos casos, por el aliento colectivo de toda esa gente que lo quiere y que en alta montaña se conserva más tiempo.
Una madre que dice: yo no tuve un hijo para que fuera abogado sino para que viviera como quisiera.
Y una cobardía que se encoge al verlo, y una certeza que crece: la de que hay muchas formas de morir pero están todas en esta vida. 

 En el desayuno, se lo conté a F. Hablamos también de los relativistas morales, que según él no mantienen postura alguna porque el relativismo moral no es una doctrina en sí sino una estrategia para esconder la mediocridad: desacreditar toda creencia, toda proposición de verdad para ocultar el vacío, la falta de talento, la cobardía de alguna manera. Donde yo veía incoherencia, él solo veía vacuidad de contenido, mediocridad y ocultación (y recordé la frase de Faulkner, una oda soterrada a la vida, que cerraba un artículo que hoy me mandó R.: “Prefiero la pena a la nada”.)

En el fondo, dice F., uno es mediocre porque lo elige, renuncia porque de alguna manera lo elige, elige la debilidad. ¿Y cómo hace uno para vivir con esa elección? ¿Bebe? se me ocurre.  A veces incluso escribe poemas, provoca él. O novelitas, digo yo. Y nos reímos.

 
 

viernes, 6 de febrero de 2015

Sarita















Si pudiera recordar cada hora vivida desde que estoy aquí
sería ese monstruo que te mira desde todos los ojos
si pudiera tener amarrados uno tras otro los días y sus noches
fabricaría furtivamente una bomba de fragmentación
a punto de reeditar el big bang
si pudiera resolver la suma exacta de los días
hallar un número físico, real, humano…
pero el otro día estuve veinte minutos intentando recordar
si Sara Montiel estaba viva o muerta
y no fui capaz.

lunes, 26 de enero de 2015

jueves, 15 de enero de 2015

Las sobras





















No creo que se escriba por vanidad, más creo en la escritura como venganza, como leyenda en la pared de la celda, incluso como misión alucinada para salvar el mundo.  
Pero me pregunto si el hecho de querer publicar puede desentenderse por completo de la vanidad, si es una pieza clave sobre la que se asienta el ego (leí en la red que el habitat del escritor es el egosistema:) o responde al puro afán de compartir.
Me han rechazado, editorialmente hablando. Y he pensado en no mandar nunca más nada a ningún sitio, privar al mundo de mi visionario discurso y mi fascinante estilo, tras jurar por dios que nunca volveré a pasar hambre mientras el flamígero atardecer a mi espalda concentra toda la intensidad vital del violeta y el naranja que presienten la amarga fugacidad ante la inminencia de la noche.
También he pensado es sólo una opinión, voy a emborracharme.
También he pensado en retomar la novela y sacudirla violentamente hasta hacerla publicable, corregirla, so vaga.
También he pensado en no escribir más. Medio segundo. En dejar de escribir mierda y empezar a escribir en serio. A leer en serio. Algo más de media hora.
También he pensado en Proust con asma y en esa idea del mundo respirando enorme en su cabeza. También he pensado en la gruesa capa de polvo cubriendo el desorden de la habitación de Satie cuando lo encontraron muerto.
Pienso demasiado.
Por eso escribo. Ese demasiado es mi obra, eso que excede a mi mente es mi obra, eso que le sobra para tener un funcionamiento normal, saludable, aconsejable, es mi obra. El rebañado de mi cabeza. Por eso cuando el rechazo, cuando a ellos (plural demoníaco) también les sobran mis sobras, hay algo que se desestabiliza en mi egosistema, ahogado por los excedentes.

En fin, con propensión al drama pero sensata en el fondo, entiendo que son muchas más las obras rechazadas que las publicadas, que para que se dé la luz debe existir la sombra a su alrededor. Y a veces hay que ser sombra y practicar la generosidad de las tinieblas (¡como si la luz fuera un derecho y no un milagro!).

Pero lo que aún no he conseguido controlar tras el rechazo es la sacudida de los cimientos mismos de la razón de escribir, hasta la gran pregunta en la azotea: ¿Seguiría escribiendo si no me leyera nadie en esta vida?
Pues no ves que sí, presidiaria rencorosa venida en misión clave del planeta de Raticulín. ¿No ves que sí? deja de dar la tabarra.

Qué mas da el resto, lo importante son las sobras. Las obras.

lunes, 12 de enero de 2015

A ratos inmortal


















A ratos soy inmortal, como Bowie cuando dice can you hear…

en ese hear se vuelve inmortal

entre la paz negra del universo y la ingrávida soledad


me gusta beber con gente a ratos inmortal

capaz de trascender la barra, el gin tonic o la absenta

aunque no el traspiés a la salida del baño

aunque no la resaca

los perros a ratos inmortales en ese gesto tristísimo

de tumbarse a mis pies

el brillo de labios inmortal que se sabe mancha

en el cuello de una camisa extraña


soy lo suficientemente estúpida como para creer en esa clase de inmortalidad

para creer que los que fueron inmortales a ratos, cuando vivos

serán mortales a ratos, una vez muertos


mientras, besémonos póstumamente, bebámonos la eternidad

muramos en cada barra.

viernes, 9 de enero de 2015

Yo también tengo mucho miedo del amor





















Que no duela el dolor, y el tiempo quede suspendido en el tiempo, como un donut light. 
Que sequen bien las letras, sin rastro de fluidos, y tu hígado críe polluelos de colores.
Que conserves el billete de autobús, y te comas las miguitas del camino de aquel niño. 
Que te comas al niño, y repitas el patrón, patrón, patrón. 
Que conserves el billete de autobús, y aun así teclees Xyz8a cuando la máquina te pida: demuestre que no es un robot.


Pues no basta el recuerdo cuando aún queda tiempo, esto lo dijo Cernuda. 

miércoles, 7 de enero de 2015

Día D





















Día 3 sin fumar. Me gusta escribir diarios que nadie sabe dónde empezaron ni dónde acabarán. Diarios de un día, punto. Diarios abiertos en canal. No hace falta mucho más para saber exactamente en qué consiste todo esto, el sentido exacto de la vida. O la falta exacta de sentido. A mi teclado se le ha hundido la d y me hace sevillana. Me escribe sentio e la via, o falta e sentio, se ríe de mí y de mis esgracias, el muy cabrón. He de corregirlo con seriedad, enderezarle la ironía, apretar bien la d para que deje la huella que de ella se espera.
Dia 3 sin fumar. Dia D. Hacen tanta compañía las adicciones. Me gusta además cómo introducen los cigarrillos el tema de la muerte de forma cotidiana, entre las abuelas que salen de la iglesia, entre los padres que salen del trabajo, entre los noctámbulos que salen del sueño, el humo traspasando nuestro más tupido tabú. (Y al poner cigarrillo me estoy acordando de un escritor, no recuerdo cuál -estoy sin nicotina-,  al que le preguntaron cuál creía él que era el problema de nuestra literatura, y respondía sin dudarlo que el cigarrillo, que escribíamos cigarrillo cuando ya nadie dice cigarrillo. Parece una tontería pero ahí se resume nuestro drama: ese desfase entre lo que se escribe y lo que se dice, ese cigarrillo que sin querer se nos vuelve puro al ser escrito).  
Día 3 sin fumar. ¿A qué me voy a dedicar ahora si no es a matarme? ¿Dónde voy a ir sin cigarros o cigarrillos? Al fin y al cabo, era la opción fácil, me digo, seguir la moda, aprovechar la corriente río abajo que nos lleva a todos al mismo mar, me digo, la inercia.
Resistirse, ¿qué es resistirse, cuando sabes que la corriente siempre vencerá?

Absurdo, exacta y precisamente absurdo, como esta via, vida, miera, mierda. 

sábado, 3 de enero de 2015

La literatura, entre los delitos comunes

Hay luchas aún vigentes, siempre vigentes, luchas que se trasvisten a lo largo de los siglos, destino del héroe versus presente humano, Dios con mayúscula fentre al yo en minúsculas y cursiva, y cursando, apocalipsis extraterrestre versus buenismo terrenal, luchas aplicables a la literatura, aquí y ahora, como las esquirlas de esa batalla reciente entre realismo costumbrista y modernismo tan vigente hoy, renovada pero vigente.
En estos tiempos de pacifismo de postín, no está mal entender la lucha como algo natural, la oposición como un antídoto contra el vértigo existencial, la simultaneidad de dos formas enfrentadas en el mismo tiempo y espacio, como una forma de seguir creando. Acaso la única. La lucha como síntoma de equilibrio, que no triunfe ningún bando, que ninguno sea derrotado, que sólo a través de esa pelea ideológica sobreviva la vida, la literaria incluida. Que me des una tregua, joder.
Nada es absoluto salvo las palabras, que nacieron relativas (esto es una estupidez, pero quería colarlo).

El caso es que todo esto viene porque he recibido gracias a la generosidad a distancia de J. un libro fascinante sobre esa lucha literaria viva. Las palabras de la tribu, de Umbral, un libro que tiene diez años pero que está de rabiosa actualidad, que diría una presentadora recién lobotomizada, sólo porque me acaba de llegar, a mí, y lo estoy leyendo, yo, ahora .

En él, Umbral hace un repaso genial a la literatura del s.XX, empieza escenificando esa lucha entre la prosa de almacén de Galdós o de Azorín frente a la modernidad de Rubén Darío o Valle Inclán.

“Todo el estilismo, todo el preciosismo de Azorín no son sino un mantenido esfuerzo por ocultar al chufero valenciano” (toma ya)
“La lucha entre el modernismo y el 98 contra Galdós es mucho más que una lucha estética. Galdós sólo pretende retratar el mundo, los novísimos transformarlo, renovarlo, transverbarlo mediante la poesía. (…) Galdós cuando se pone estilista dice que Tristana tenía una boquirrita... y es cuando arrojamos el libro. O dice que los garbanzos son pequeños proyectiles vegetales. Es el que compara siempre a los chicos saliendo del colegio con una bandada de gorriones y a la bandada de gorriones con chicos saliendo del colegio. Y ahí se acaban sus recursos estilísticos. Tuvo desde muy pronto cara verde de billete de mil pesetas”(me parto y me postro).

Frente a él, el cañón de Rubén Darío presto a disparar “para desacreditar la realidad. (...) Rubén es el que mata a los neoclásicos escayolados y a los últimos románticos de peluche.
(…) Creíamos que nos faltaba otra cosa, la política o el tabaco y lo que nos faltaba era la música perdida tras el aleteo fugaz de Bécquer. (…). La sintaxis del poeta no es sino la matemática de su música”.
“Cuando Valle inclán cambia de estética y empieza a ser un gran escritor es cuando comienza a escribir con la mano que le falta, a trabajar su obra con el brazo que no tiene, y entonces le sale un modernismo zurdo que es ya el esperpento.

No tiene desperdicio el texto, de verdad, le chupa uno hasta la carne de entre los tendones.
Esa lucha necesaria se hace palmaria (de palmar) en el tema de las influencias, de esos hilos subterráneos que conectan de alguna forma a los bandos en guerra, y a las propias facciones contrapuestas dentro de un mismo bando. Aunque hoy muertos, seamos capaces de amarlos a todos...

“Sobre el bastidor modernista, Valle borda sus primeros galaicos y sentimentales, lo que le enseña a escribir. Ortega le aconseja prematuramente que se deje de “bernardinas”. Las “bernardinas” y los palotes le son necesarios a todo escritor para ir encontrando su propia caligrafía. Sólo robando de otros se aprende a escribir, y por eso la literatura está entre los delitos comunes. El estilo es una cosa de juzgado de guardia. A la burguesía y a los críticos burgueses siempre les han ofendido los estilistas como cosa personal y los denuncian en la comisaría. Críticos como Clarín necesitan novelistas como Galdós y los crean. La prosa burguesa es la mala prosa. Valle fue un escándalo estético antes de ser un escándalo político. (…) Ya se ha dicho ante que prefiero el robo a la influencia. El robo y el asesinato. La literatura se erige sobre un crimen o no es verdad.

Seguimos con la lectura. Seguimos con los crímenes, seguimos con la lucha. Seguiremos informando.