lunes, 29 de septiembre de 2014

Lo importante es la melodía





Repertorio 1.


Mi soledad es un animal de compañía de tamaño mediano. Me mira y parece comprender. Mueve el rabo, se tumba a mi lado a comer moscas, rosas, restos de alas. Gruñe a veces. Le huele el aliento a padre podrido a veces.
Es hermosa mi soledad pero no desea que la posean (hay hombres que no te desean, te codician, le he dicho), sólo un plato fiel al final del día, una caricia en el lomo, cuando los lobos.
Pues claro que espera encontrar a otra soledad mi soledad- le jour où moi aussi- y follar como perros en celo en el fin de la noche.
Pero advierte, no toques su comida, no trates de herirla, porque se convertirá en una bestia salvaje, se comerá tu corazón y se alojará en el hueco que dejó, en silencio.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Decir















A veces se me olvida que el lenguaje sirve para decir, que la escritura sirve para comunicar, algo que parece evidente y no lo es tanto. Como cuando tuve por primera vez en mis manos un móvil de última generación, ¡OSTI, SI HASTA TIENE TELÉFONO!, exclamé excitada. A menudo se me olvida el sentido último del lenguaje, que no es otro que el primero. Algo muy básico. Y me envanezco luciendo prosa, y meneando estilo, me enredo en onanistas cuestiones, en demostrar inteligencia, o ingenio o belleza o incluso bondad, perversiones inconfesables incluso, me pierdo en la deriva de su música, en lugar simplemente de decir, de ir a por una idea y morderla como un perro de presa, de hallar la mejor manera de expresarla. Me quedo con en el dedo metido en el culo en lugar de dirigirlo hacia la luna.

Y no se trata, como creía antes, de la dicotomía entre ESTILO y TRAMA, de esa trampa que parte la literatura en canal, como si la trama fuera el corazón y no el hueso, como si el estilo fuera la piel y no la carne, como si la trama fuera el hueso y no la carne, como si el estilo fuera el hueso y no la piel (ya lo estoy haciendo otra vez). Como si ambas no formaran el cuerpo de la idea, un vehículo para que ésta alcance su destino.

No, el dilema es más bien otro: perderse o no perderse en el camino. Llevar a buen término la idea o dejarla tirada en la cuneta. Y tú dirás, ya, pero ¿y qué coño es eso invisible y etéreo, inodoro e insípido, de qué hablamos cuando hablamos de IDEA? ¿qué cabe exactamente en un idea? ¿Unos ojos, una moral, un universo portátil, un personaje, una emoción?

Tal vez habría que empezar por responder a la pregunta: ¿por qué escribe usted? “Para que me quieran” me satisfacía antes como respuesta (esta frase la dijo un intelectual peludo que si la llega a decir una hembra hubiera caído sobre ella toda la condescendencia erudita). Pero ya no me satisface del todo, ahora me doy cuenta de que se escribe para descubrir, para difundir unas ideas que van más allá de uno mismo y de su ego y de su vanidad y de su prestigio y de su necesidad de amor, se escribe como parte de una MISIÓN donde la idea es algo TRASCENDENTAL. Oh, una misión, y tengo miedo al leer lo escrito, una misión, Jesusito de mi vida, que eres niño como yo, ¿cómo sigues tan presente en mi adulto corazón DE ATEA?

Una misión que es decir. Decir sin más. Decir ¿con fe? pse… decir.


viernes, 19 de septiembre de 2014

Incoherencia













Sufrir no es bueno pero haber sufrido es la hostia.
Que esta vida está hecha de contradicciones- que me muera ahora mismo si no es cierto- una lo asume con alegría. Que algunos más finos las llamen paradojas, que vienen a ser como el cerdo agridulce o el orgasmo melancólico, que vienen a ser, si me apuras, la materia prima de la literatura, da cierta tranquilidad.

Pero de ninguna manera contradicción o paradoja equivalen a incoherencia. No a INCOHERENCIA.

Las consultas de los psicólogos están llenas gracias a la incoherencia, a insolubles contradicciones compuestas por sólidas firmezas incompatibles entre sí, “odio a las mujeres pero amo a María”, “quiero olvidar pero no quiero recordar lo que quiero olvidar”, los partidos se frotan las manos gracias a la incoherencia, ante tanto proletario defendiendo los intereses de los proavariciosos, abre uno un diario y sólo lee incoherencias, a cuatro columnas, incoherencias con foto, incoherencias.

Admitir ciertas contradicciones, hacer que combinen bien, paradojizar en fin con estilo y sin pudor, nos llevará sin duda a la aniquilación definitiva de la incoherencia, a acabar con la lucha encarnizada ahí dentro, con esa suerte de nacionalismo interior en el que un yo quiere independizarse de los otros, cuando no conquistar israelitamente el territorio. ¿Que no?
 
Ahí va mi  receta contra la incoherencia:

Agarras los ingredientes, han de ser contradictorios (naturales o en lata), los echas en un bol y  los amasas con las manos. Esto puede llevar un tiempo. Normalmente, hará falta echarle un par de HUEVOS para que la masa se haga más fluida y se ligue mejor. Con el ungüento resultante, ya compacto, haces albondiguillas con forma de planeta imperfecto y te las comes. Te las comes, crudas, especiadas, con salsa si quieres, pero te las comes, en soledad te las comes, sin salpicar a nadie te las comes, sin escupir te las comes, sin vomitar te las comes. Y de paso haces de este mundo un lugar un poco mejor por más que pueda resultar paradójico que tragar sea un acto de generosidad.