viernes, 26 de diciembre de 2014

poema navideño





















Todos reunidos ante el animal cadáver
para celebrar el nacimiento del niño
-yo soy niña, niña anfibia, niña pecado, niña culpa, niña con bigote, niña cerda-
sentados a la mesa de gala
simulan no fijarse en mis antenas verdes
que trincan el asado
mis ventosas babeantes
sorbiendo con estruendo
mis cinco ojos amarillos que todo lo ven
en este planeta llamado Navidad.

Celebramos el nacimiento del niño
-yo soy niña, niña anfibia, niña pecado, etc-
y canto villancicos y como polvorones
y como villancicos y canto polvorones
sólo por agradar
pero no es suficiente: hay que matar a la niña, a la niña anfibia etc
ya resucitarás tres días después, te dices para calmarla
confía en el milagro, niña etc, confía
pero la niña llora

todo: tortura, crimen, sexo, navidad, familia parece normal
mientras devoramos los restos del cadáver.

2 comentarios:

Josep Vilaplana dijo...

Este "planeta Navidad", cuya gravedad es cien veces mayor que la de cualquier cosa con gravedad, hace que nos transmutemos graciosamente, y en lugar de nuestro andar saleroso nos dé un pegajoso reptar. Pues bien, arrastrándome sin el sobrepeso de una excesiva dignidad, buscó a la "niña culpa", a la "niña con bigote", para decirle que yo, el niño matriz, el niño sin niño, casi todo niña, sólo por agradar tiempo hace que se desagrada ni mucho ni poco, sólo lo suficiente. Suerte tengo que sólo por disfrutar sigo leyendo y viviendo; viviendo y leyéndote.

Un propósito ingrávido, y con el mismo color de ojos que la esperanza, sería vernos en el marco de esta ficción numérica que se nos avecina y comer villancicos y algún que otro bocadillo de calamares -pienso en Malasaña…- los tres (ya ves, mucho antes de ser dos ya anhelo ser tres).

NáN dijo...

A mí me gustaba mucho más cuando me lo creía, era un beato de 12 años y cantaba lo de adeste fidelis en el coro en la misa del gallo (¡qué emocionante, salir a la calle por la noche).

Desde entonces, todas y todos nos hemos hecho velludos, obesos, intestinalmente gaseosos. Así que espero que esto pase y Malasaña, antes llamada Maravillas (cuando Rosa Chacel, mismamente), acoja a peregrinos como vosotros.