sábado, 6 de diciembre de 2014

De uno en uno



















El doctor me ha dicho que no puedo amar
por cándida, que te infectas, so cándida, tu uretra es corta ¿no lo ves?
corta como la confianza en la humanidad, como el palito que sacó el gafe, como la risa del culpable.
Me he avergonzado de mi orina que no fluye, que sólo gotea al final del caño.

El doctor me ha dicho que no puedo besar
¡la mononucleosis ya está aquí! y además está la gripe.
Aprende del gesto de las putas, sé puta de barbilla para arriba.

El doctor me ha dicho que no puedo chupar
-chupar un plástico es como bailar sentado, como oler un cristal, como odiar a un niño. Nadie sabe a qué sabe el plástico, salvo a plástico-.
Cáncer de garganta, ha augurado.

Y se ha rascado el lunar solitario de su mejilla, como si quisiera arrancarlo sin maldad.
Me ha dado pena ese doctor a quien nadie ama, besa o chupa.

Me han dado ganas de amarlo, besarlo y chuparlo en la camilla de frágiles patas donde cae la luz lechosa al mediodía, para que deje de salvarnos a todos de una vez y empiece a salvarnos de uno en uno.

5 comentarios:

NáN dijo...

Veo esta serie de Intros, sin atreverme a comentar nada... porque no se me ocurre nada (como le pasa a Josep). Me gustan y ya está.

Josep Vilaplana dijo...

Te propongo, mi querido amigo Nán, lo siguiente: buscar un sol alegre y suficiente, sentarnos en un banco, a poder ser de madera, y procurar que el silencio no nos ensucie los zapatos de conceptos ni opiniones, luego, para que que podamos darle a la tarde el nombre de hermosa, compartir una atenta lectura de lo que dice y de lo que no dice Bárbara -¡hola!-, de esas admirables y siempre sorprendentes encrucijadas que nos propone en las que, por azar y talento, ningún camino insiste en la torpeza de un solo destino. Ya me dirás.

Un beso, Bárbara, de cifra inaudita: entre Malasaña y Nagol, más de cien años….

el chico de la consuelo dijo...

Me vinieron a la cabeza estos versos
quizás atraidos por los tuyos...

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

NáN dijo...

Josep, ya no me queda tiempo para aceptar cosas a medias. El banco ha de ser de madera, OBLIGATORIAMENTE. Calentadito por el sol, para comodidad del trasero, tan sensible.

De lo demás, acuerdo total.

Bárbara dijo...

De verdad que no se me ocurre mejor compañía de banco que la vuestra, Nán y Josep. Hay que poner una fecha de forma radical.

Salvando las distancias, chico de la consuelo, creo que los dos hablan de salvarse, sí.