jueves, 6 de noviembre de 2014

Por qué escribo













Una noche de pronto- fue anoche mismo- te apercibes de que ya no vives sino que más bien te cuentas la existencia, te narras, que la vida es sólo un material con el que te relacionas desde la más absoluta perplejidad, a través de las palabras, que corren por delante de la realidad, que llevan el timón, que todo lo usurpan, que todo lo ocupan, que ya sólo existen palabras, que lo han devorado todo. Que ya no vives las vivencias, ya no sientes las sensaciones, ya no te emocionan las emociones de forma directa sino traducidas- tú mediante- en palabras, en verbo, que antes de todo fue el verbo. Que después de todo también. Y es muy extraño. Es tristísimo. Hasta patológico si te descuidas. Es una puta locura. También es tranquilizador.
Anoche añoré tener quince años.

A mis flamantes alumnos, les pedí que contestaran a la pregunta de por qué escribo. Que lo escribieran, que escribieran por qué escribo (si menos por menos resulta que es más, incomprensiblemente!, tal vez escribir por escribir arroje como resultado vivir).

Traje a Banville para que contestara a la pregunta: “escribo porque la realidad no es real para mí hasta que no se ha pasado por el tamiz de las palabras. Escribo con el fin de imaginarme la realidad totalmente real”.
“¿Qué por qué escribo? por las mismas razones por las que leo, porque no me encuentro bien”, expresó con vital laconismo Juan José Millas.
“Porque siempre es mejor que descargar cajas en el mercado central”, apuntó Andrea Camillieri.
Ante la pregunta, Carlos Fuentes se marcó una contrapregunta: “¿Por qué respiro?”
Gonzalo Hidalgo Bayal compuso un sincero juego de palabras "Por afición, por aflicción".
Santiago Roncagliolo confesó escribir por no saber hacer nada más: “no sé montar bicicleta, llevo un año tratando de sacarme el carné de conducir, no entiendo las declaraciones de Hacienda y, cuando se estropea el ordenador, la única solución que se me ocurre es llorar hasta que se arregle solo. Pero intentaré una respuesta más profunda: Creo que la realidad no tiene ningún sentido. Las cosas pasan a tu alrededor de una manera errática, a menudo contradictoria, y un día te mueres. Las cosas en que creías dejan de ser ciertas de un momento a otro. En cambio, las novelas tienen un principio, un medio y un desenlace. Los personajes se dirigen hacia algún lugar, la gloria, la autodestrucción o la nada, y sus acciones tienen consecuencias en ese camino. Escribo historias para inventar algo que tenga sentido”.
Luisgé Martín nos clavó un dardo justo en el centro: “Cuando escucho a algún escritor explicar las razones por las que escribe, pienso que yo también comparto esas razones. Todas. Me siento como un compendio, como uno de esos hipocondríacos que encuentran en sí mismos todos los síntomas de los que oyen hablar. Escribo como terapia psíquica, para ordenar el mundo y comprenderlo, para explicar el mundo a los demás tal como yo lo veo, para cambiar el mundo, para vivir vidas que no he podido vivir, para enmendar la vida que sí he vivido, para curar mis culpas, para pasar a la posteridad, para sobrevivir a la muerte, para sentir, al menos durante un instante, que soy Dios. Pero hace poco, leyendo el discurso de Pamuk en la Academia Sueca cuando recibió el Nobel, encontré una razón que nunca había escuchado así formulada y que me parece formidable: "Escribo porque puede que así comprenda la razón por la que estoy tan, tan enfadado con ustedes, con todo el mundo".


Por qué escribo, pensé anoche, como si no fuera la vida la que le escribe a uno, la muy chupona, la muy pendeja, la muy palabra. Como si de noche pudiéramos taparnos con algún sentido. 

9 comentarios:

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Se escribe para contarnos el mundo, por la necesidad de entenderlo o de tener constancia de que no hay forma posible de que se entienda. Yo escribo porque me divierte escribir. Muchas veces pienso que hasta el dolor, una vez se deja caer en la página, deja un poco de serlo, se hace otra cosa, pero no dolor, Bárbara; otra cosa más maleable, de más razonable asiento. Se escribe para querernos también. Yo me quiero más desde que escribo. No me entiendo sin escribir, no me entiendo si no manejo las palabras en una hoja en blanco. Hablar también, hablar también, pero escribir. Escribir sobre casi todas las cosas. Hace que no me pasaba por aquí. Un error, subsanable. Un beso.

Francis Black dijo...

A mi lo que me sorprende no es que la gente escriba, lo de fijarse de Ordóñez me parece una buena explicación. La sorpresa para mi es que luego os pasáis horas y horas con la corrección, eso ya me parece muy pesado. El otro día en una presentación Masoliver decía que el disfrutaba ese proceso.

giovanni dijo...

Para mí es bien sencillo: escribo porque me gusta.
Y para mí las palabras no corren por delante de la realidad sino por detrás. Vivo en un mundo preverbal.

Saludos desde Holanda

giovanni dijo...

Esa Bárbara Blasco, eres tú? Es una tapa atractiva y me hace curioso.

Isabel dijo...

Hace tiempo escribí también sobre la pregunta y António Lobo Antunes decía: "pregúntale a un manzano por qué da manzanas"
El problema para algunos escritores que no quieren que nadie se inmiscuya en su espacio es que todos quieren ser manzano. A mí me encanta que lo sean cada vez más personas, porque para escribir hay que pensar y hasta quebrarse la cabeza.
Te lo preguntes o no, espero no dejes de escribir nunca porque lo haces como nadie.
Abrazos

NáN dijo...

porque en la ficción de hacer ficción seguimos siendo jóvenes y fuertes. porque se presenta como una pasión, que buena falta nos hace cuando las pasiones van haciéndose aguas encima y hay que ponerles dodotis para que no pongan el suelo perdido de humedades.

Yo diría que ese dodotis, husmearlo, es la escritura. ¿quién puede resistirse a ese encantamiento?

NáN dijo...

Lo más serio que he leído con respecto a esto, aunque no trata de responder a la pregunta que planteas, lo encontré en uno de los artículos sueltos que forman el libro Cambiar de idea, de Zadie Smith. ¡Muy, muy, muy recomendable! En ese artículo habla de sus procesos de escritura. Está dividido en 10 secciones y la 4ª, “El pensamiento mágico en mitad de la novela”, empieza así:

“Hacia la mitad de una novela se produce una especie de pensamiento mágico. Aclaremos antes que la mitad de la novela puede no hallarse en el centro geográfico real de la novela. Al decir ‘la mitad de la novela’, me refiero a cuando vas por esa página en la que dejas de formar parte de la casa y la familia y la pareja y de dedicarte a tus hijos y la compra del supermercado y la comida del perro y la lectura del correo; o sea, cuando no hay nada en el mundo salvo tu libro. Aun cuando tu mujer te diga que está acostándose con tu hermano, su cara es un enorme punto y coma, sus brazos son paréntesis, y tú te preguntas si ‘hurgar’ es un verbo mejor que ‘escarbar’. Ese punto en mitad de la novela es un estado de ánimo. Ocurren cosas extrañas. El tiempo se viene abajo”.

¿Quién, en su insano juicio, si ha sido invitado a esta fiesta, incluso aunque no edite y escriba para cuatro amigos, se negaría a asistir?

(Ya le he dicho a Giovanni cómo le haré llegar tu libro).

t minúsculo hasta en la t dijo...

Leí que la probabilidad de que un mono aporreando una máquina de escribir pudiera reescribir el Quijote de Cervantes es ínfimamente pequeño, por no decir un número despreciable.

Yo igual que ese mono, no he leído el Quijote. De todas formas tengo miles de millones de posibilidades de más para superar ese chimpancé…

Bárbara dijo...

Yo también me quiero, o al menos me tolero más desde que escribo, EMILIO. Gracias por compartir tus motivos. Muchos besos.

Es una categoría masoquista, FRANCIS, cada uno tiene sus perversiones...

Eso es porque aún no estás tan enfermo, GIOVANNI ;) y sí, he conseguido engañar a alguien y poner mi nombre en una tapa.

Gracias, ISABEL, grande LOBO ANTUNES, en la línea de ¿por qué respiro? en respuesta a la pregunta. Parar ya no se puede... Un fuerte abrazo.

Lo peor, NÁN es que también se sueltan aguas mayores. En fin, a algún sitio tiene que ir toda esa mierda resultante de digerir el mundo. Y qué bueno lo de Zadie. Y que nunca te agradeceré lo suficiente tu generosidad difusora.

Hay que ser positivo, T MINÚSCULO, O MAYÚSCULO?