viernes, 19 de septiembre de 2014

Incoherencia













Sufrir no es bueno pero haber sufrido es la hostia.
Que esta vida está hecha de contradicciones- que me muera ahora mismo si no es cierto- una lo asume con alegría. Que algunos más finos las llamen paradojas, que vienen a ser como el cerdo agridulce o el orgasmo melancólico, que vienen a ser, si me apuras, la materia prima de la literatura, da cierta tranquilidad.

Pero de ninguna manera contradicción o paradoja equivalen a incoherencia. No a INCOHERENCIA.

Las consultas de los psicólogos están llenas gracias a la incoherencia, a insolubles contradicciones compuestas por sólidas firmezas incompatibles entre sí, “odio a las mujeres pero amo a María”, “quiero olvidar pero no quiero recordar lo que quiero olvidar”, los partidos se frotan las manos gracias a la incoherencia, ante tanto proletario defendiendo los intereses de los proavariciosos, abre uno un diario y sólo lee incoherencias, a cuatro columnas, incoherencias con foto, incoherencias.

Admitir ciertas contradicciones, hacer que combinen bien, paradojizar en fin con estilo y sin pudor, nos llevará sin duda a la aniquilación definitiva de la incoherencia, a acabar con la lucha encarnizada ahí dentro, con esa suerte de nacionalismo interior en el que un yo quiere independizarse de los otros, cuando no conquistar israelitamente el territorio. ¿Que no?
 
Ahí va mi  receta contra la incoherencia:

Agarras los ingredientes, han de ser contradictorios (naturales o en lata), los echas en un bol y  los amasas con las manos. Esto puede llevar un tiempo. Normalmente, hará falta echarle un par de HUEVOS para que la masa se haga más fluida y se ligue mejor. Con el ungüento resultante, ya compacto, haces albondiguillas con forma de planeta imperfecto y te las comes. Te las comes, crudas, especiadas, con salsa si quieres, pero te las comes, en soledad te las comes, sin salpicar a nadie te las comes, sin escupir te las comes, sin vomitar te las comes. Y de paso haces de este mundo un lugar un poco mejor por más que pueda resultar paradójico que tragar sea un acto de generosidad. 

3 comentarios:

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Coincido: haber sufrido es la guía.

Microalgo dijo...

Cada minutito que pasa escribe usted mejor.

Preguntita indiscreta... ¿Hay algo grabado de lo que cantaron la otra noche? Lo digo porque se apiade de los que moramos lejos de la Villa y Corte.

Bárbara dijo...

La guía y lo que nos descarrila a veces, EMILIO ;)

Gracias don MICRO. Estamos a sus órdenes.