miércoles, 24 de septiembre de 2014

Decir















A veces se me olvida que el lenguaje sirve para decir, que la escritura sirve para comunicar, algo que parece evidente y no lo es tanto. Como cuando tuve por primera vez en mis manos un móvil de última generación, ¡OSTI, SI HASTA TIENE TELÉFONO!, exclamé excitada. A menudo se me olvida el sentido último del lenguaje, que no es otro que el primero. Algo muy básico. Y me envanezco luciendo prosa, y meneando estilo, me enredo en onanistas cuestiones, en demostrar inteligencia, o ingenio o belleza o incluso bondad, perversiones inconfesables incluso, me pierdo en la deriva de su música, en lugar simplemente de decir, de ir a por una idea y morderla como un perro de presa, de hallar la mejor manera de expresarla. Me quedo con en el dedo metido en el culo en lugar de dirigirlo hacia la luna.

Y no se trata, como creía antes, de la dicotomía entre ESTILO y TRAMA, de esa trampa que parte la literatura en canal, como si la trama fuera el corazón y no el hueso, como si el estilo fuera la piel y no la carne, como si la trama fuera el hueso y no la carne, como si el estilo fuera el hueso y no la piel (ya lo estoy haciendo otra vez). Como si ambas no formaran el cuerpo de la idea, un vehículo para que ésta alcance su destino.

No, el dilema es más bien otro: perderse o no perderse en el camino. Llevar a buen término la idea o dejarla tirada en la cuneta. Y tú dirás, ya, pero ¿y qué coño es eso invisible y etéreo, inodoro e insípido, de qué hablamos cuando hablamos de IDEA? ¿qué cabe exactamente en un idea? ¿Unos ojos, una moral, un universo portátil, un personaje, una emoción?

Tal vez habría que empezar por responder a la pregunta: ¿por qué escribe usted? “Para que me quieran” me satisfacía antes como respuesta (esta frase la dijo un intelectual peludo que si la llega a decir una hembra hubiera caído sobre ella toda la condescendencia erudita). Pero ya no me satisface del todo, ahora me doy cuenta de que se escribe para descubrir, para difundir unas ideas que van más allá de uno mismo y de su ego y de su vanidad y de su prestigio y de su necesidad de amor, se escribe como parte de una MISIÓN donde la idea es algo TRASCENDENTAL. Oh, una misión, y tengo miedo al leer lo escrito, una misión, Jesusito de mi vida, que eres niño como yo, ¿cómo sigues tan presente en mi adulto corazón DE ATEA?

Una misión que es decir. Decir sin más. Decir ¿con fe? pse… decir.


6 comentarios:

Microalgo dijo...

"La Historia de la literatura no es más que un bestiario, un recuento de animales feroces que se devoran unos a otros. El argumento de sus depredaciones lo resumió Horacio en su Epsitola ad Pisones, donde afirma que un escritor tiene que tomar partido respecto a tres disyuntivas.
Ars versus ingenium (arte contra genio natural): O bien la literatura es un ars, algo que se puede aprender como cualquier otro oficio, con unas reglas definidas, como si se tratara de la cantería, de la electrónica o de la prestidigitación. O bien todo lo contrario: la literatura es fruto del ingenium, del genio innato e individual del artista creador, de su inspiración y de su trato con las musas. En otras palabras: ¿qué es un escritor? ¿Nace o se hace? ¿Es alguien que domina un oficio, que ha llevado a cabo un aprendizaje, que conoce ciertas técnicas? ¿O es más bien un genio espontáneo y silvestre, un médium que mantiene relaciones íntimas con las musas y expresa el desorden sagrado de su espíritu, que se emulsiona (¡pssst!) y eyacula su interioridad sobre el papel?
Res versus verba (las cosas contra las palabras): ¿Y cuál es el componente esencial de la literatura? ¿La res, es decir, la cosa, el contenido, lo que se dice? ¿O más bien la verba, es decir, la forma, las palabras con que las dice? ¿Fondo o forma? ¿Es la literatura un vehículo para transmitir ideas, conceptos, visiones del mundo? ¿O se trata de un conjuro abracadabrante en el que lo fundamental es la música verbal, la construcción narrativa, el estilo literario?
Docere versus delectare (enseñar contra divertir): y por último ¿para qué sirve en realidad la literatura? ¿Qué pretende? ¿Qué se propone el que escribe? ¿Docere, es decir, enseñar, adoctrinar, transmitir algún mensaje? ¿O más bien delectare, o sea, provocar un placer estético?¿El arte es transitivo o intransitivo? ¿La poesía es belleza o comunicación? [...] De hecho [...] sólo hay dos opciones. O se elige ars, res y docere, por un lado, o se elige ingenium, verba y delectare por otro. Esta es la alternativa, no hay más tu tía. O se es dómine o se es médium".
(Rafael Reig: Manual de literatura para caníbales).

(Merece la pena, el libro).

Microalgo dijo...

(Aunque no estoy muy de acuerdo con la última aseveración).

Francis Black dijo...

Marcos Ordóñez decía en una entrevista que la literatura sirve para fijarse.

últimos dos minutos.

https://www.youtube.com/watch?v=UVZ8lfTIkng

Bárbara dijo...

Lo leí hace tiempo, MICRO, y me divirtió bastante.

Totalmente de acuerdo, FRANCIS BLACK, es usted una videoteca andante

Francis Black dijo...

andante ?

NáN dijo...

Me gusta mucho lo de Marcos Ordóñez. Incluso los que no escribimos, pero leemos mucho como actividad principal, nos preguntamos constantemente ¿cómo contaría esto? Aunque luego no lo pongamos en un papel, ya estamos viendo la vida de otra manera. Es como un intento de conseguir que, en lugar de que las cosas nos sucedan, nosotros les sucedamos a ellas.

Una perversión y una mediación.

Una