jueves, 26 de diciembre de 2013

Diccionario



















Tocar fondo: llegar al punto en que vale exactamente lo mismo morir que vivir. Exactamente lo mismo.

La menos puta: la que se acuesta con cualquiera, por nada. Absolutamente por nada.

Hacer el amor: follar como si existiera un mañana.

Follar: hacer el amor como si no hubiera un mañana.

Reconocer: la palabra más hermosa del diccionario, se escribe igual de derecha a izquierda, empieza pronunciándose en unos ojos y termina en otros.

Realidad: ese líquido que siempre encuentra la grieta.

Grieta: efecto de un deseo interno de libertad.

Amor: mañana.

Miedo: pasado.


Ponga un ejemplo: Tras tocar fondo, la menos puta de todas se miró en los ojos de su amante y por fin se reconoció. La realidad se abrió paso en forma de líquido que fluía  de entre sus piernas.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Nunca seré una chica postmoderna





















Partiendo de que toda literatura se escribe desde algún punto en que se mira a la realidad, existiría una literatura postal, que se asienta en unos principios éticos sociales, externos, que distingue el bien del mal por convencionalismo, por unas normas establecidas desde fuera, una literatura apta para borregos. Vacía, buenista, estupidista, literatura del coma.  Léase Coelho o cualquier best seller con menos profundidad que un charco en el desierto. Literatura ciertamente conservadora.

En una segunda fase, superando esa moral convencional llena de clichés, estaría la literatura postmoderna, en la que todo vale, o nada vale, la que pretende entender al asesino, al corrupto, al cobarde, al maltratador, al héroe, la que pretende que en el fondo da lo mismo ser español que de Arizona, ser obrero que capitalista. Deslocalizada, en cierta manera transgresora pero que en el fondo no transgrede demasiado porque no pasa del egocentrismo del autor, aparentemente  progresista pero que no progresa porque no transforma nada. Literatura que se sabe mejor porque ha superado las normas sociales borreguiles, pero que aún no ha encontrado un anclaje ético. Móvil, borrosa, difusa, entra bien porque vende un producto novedoso y deslumbrante en apariencia, muy avanzado, muy postmoderno, pero inmaduro y poco profundo. Literatura esteticista. Léase muchos nocillistas y postmodernos varios.

Y luego estaría una literatura que supera esa moral social, que supera esa aparente falta de moral postmoderna,  la que entiende al asesino, al maltratador, al cobarde, al héroe pero da un pasito más allá y se posiciona, sí, se posiciona, aunque sea junto al asesino, al maltratador o al cobarde.
La que se moja, en definitiva, la que derriba convenciones, la que viaja de una cabeza a otra, para finalmente retornar a la propia y tomar posición. Sí, tomar posición. La literatura verdaderamente valiente, de la que uno sale transformado de sus páginas, la más evolucionada.
Si Plath decía que un escritor es alguien a quien le das un mueble y te hace un árbol, esa literatura que no produce crucifijos u objetos de diseño sino árboles. Que conecta con el origen.