viernes, 17 de mayo de 2013

La poesía de la enfermedad





















Se caerán los dientes. A mí seguro. Caerán como pinzas de tender desde un quinto piso. Mi sonrisa se convertirá en un tendedero de tierno patetismo. Y qué si caminamos hacia el desastre. Mis piernas mordidas por la artritis me arrastraran, la cadera rendida ante el reuma las seguirá. Y qué si caminamos hacia la decrepitud.
Me crecerán dientes de leche, de raíces imperecederas como amor de madre, en algún lugar del cerebro. Me crecerán robustos fémures en algún lugar del cerebro, caderas ortopédicas, aladas, en algún lugar del cerebro. Volaré, morderé, me beberé el zumo de la vida destilado del fruto podrido del tiempo.

Mientras, pienso escribir sobre la poesía de la enfermedad. Sobre los trailers de ese peliculón que es la muerte. La enfermedad como metáfora. Por qué coleccionamos esa enfermedad y no otra, por qué hipocondríacos incapaces de soportar tanta felicidad, por qué almorranas tras procesar el desecho vital, por qué cándidas tras entregarse ciegamente  a aquel amante, por qué cáncer tras tragar la culebra que roe por dentro.
La enfermedad como una metáfora en la que no sabemos si el sentido figurado es el cuerpo o la calavera. Si el sentido real es el cuerpo o la calavera.
Sobre eso voy a escribir.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Firmo

















Firmo Bárbara, como cuando tenía doce años. Se lee claro mi nombre y no lleva apellido. Lo subrayo. 
No sé si ser adulto consiste en enmarañar la propia identidad, en abstraerla de su primitivo significado, en recetar incógnitas al exterior.
Debería hacerme con una firma glamurosa, adulta, ininteligible y molona. Debería.

Me fascinan los monos en las jaulas porque nunca sé con exactitud quién es el mono. El asombro en mis ojos es el asombro en sus ojos.

Siento el impulso de declarar amor eterno, incondicional cuando firmo un libro mío, tanto da que sea a un desconocido. Alcanzada por un rayo de amor ultracelestial, me fagocito en unas pocas líneas. Y es siempre insuficiente esa flamígera entrega.

Pues eso, que esta tarde, a las 17h., un mono de doce años alcanzado por un rayo de amor ultracelestial firmará ejemplares de su novela Suerte en la feria de Valencia.