viernes, 13 de diciembre de 2013

Nunca seré una chica postmoderna





















Partiendo de que toda literatura se escribe desde algún punto en que se mira a la realidad, existiría una literatura postal, que se asienta en unos principios éticos sociales, externos, que distingue el bien del mal por convencionalismo, por unas normas establecidas desde fuera, una literatura apta para borregos. Vacía, buenista, estupidista, literatura del coma.  Léase Coelho o cualquier best seller con menos profundidad que un charco en el desierto. Literatura ciertamente conservadora.

En una segunda fase, superando esa moral convencional llena de clichés, estaría la literatura postmoderna, en la que todo vale, o nada vale, la que pretende entender al asesino, al corrupto, al cobarde, al maltratador, al héroe, la que pretende que en el fondo da lo mismo ser español que de Arizona, ser obrero que capitalista. Deslocalizada, en cierta manera transgresora pero que en el fondo no transgrede demasiado porque no pasa del egocentrismo del autor, aparentemente  progresista pero que no progresa porque no transforma nada. Literatura que se sabe mejor porque ha superado las normas sociales borreguiles, pero que aún no ha encontrado un anclaje ético. Móvil, borrosa, difusa, entra bien porque vende un producto novedoso y deslumbrante en apariencia, muy avanzado, muy postmoderno, pero inmaduro y poco profundo. Literatura esteticista. Léase muchos nocillistas y postmodernos varios.

Y luego estaría una literatura que supera esa moral social, que supera esa aparente falta de moral postmoderna,  la que entiende al asesino, al maltratador, al cobarde, al héroe pero da un pasito más allá y se posiciona, sí, se posiciona, aunque sea junto al asesino, al maltratador o al cobarde.
La que se moja, en definitiva, la que derriba convenciones, la que viaja de una cabeza a otra, para finalmente retornar a la propia y tomar posición. Sí, tomar posición. La literatura verdaderamente valiente, de la que uno sale transformado de sus páginas, la más evolucionada.
Si Plath decía que un escritor es alguien a quien le das un mueble y te hace un árbol, esa literatura que no produce crucifijos u objetos de diseño sino árboles. Que conecta con el origen.


7 comentarios:

Garriga dijo...

en el origen del mundo, la literatura

Sue dijo...

Me alegra leer esto por fin. Conozco a mucho postmoderno (para mi son los que se contradicen) y de los otros...uff. Ni hablo.

Josep Vilaplana dijo...

Algunos escriben a codazos y cuando todos les abren paso es más que evidente que no hay nada que decir; otros escriben a suspiros y cuando te todos se desnudan ante ellos no hay nada que esperar. Por lo demás, son estos, como tal vez han sido siempre, buenos tiempos para los que escriben a favor de la corriente, aunque esta sea la que lleva el agua del río del mar a su fuente -corriente al fin y al cabo-; tiempos excelentes para escritores que escriben muy bien. Otra cosa muy distinta son las cosas que algunas personas escriben.

Por cierto, me sigue alegrando mucho cualquier noticia, cualquier movimiento suyo. Un beso.

Hammett dijo...

Me ha gustado tu pequeño resumen de la literatura y sus artesanos, sintético pero muy acertado en mi opinión. ¿En cuál de los tres ejemplos te inscribirías tu, Bárbara?

Anónimo dijo...

Buen post.

El tema es: quién determina a que cajón va cada libro o cada escritor?

Quién está por encima del bien y del mal para decidir en que escala, si es que se le puede llamar así, cada novela de una manera objetiva?, objetividad en la que para nada creo en ningún orden de la vida.

Vicent.

Anónimo dijo...

Yo tomaré lasaña de primero, bistec de segundo y gaseosa con vino
El anuncio de la lotería no me gusta y que alguien cierre esta puert

Bárbara dijo...

Y en el origen de la literatura, el mundo, GARRIGA.

Coincidimos, SUE, y de verdad que me alegra saberlo.

Le pienso a menudo, JOSEP, ya lo sabe. un beso.

Yo me quedo fuero cuando escribo, HAMMETT, en eso consiste.

La objetividad no es relativismo, tampoco tomar posición es estar por encima, todo lo contrario: es bajar a la arena, VICENT.