domingo, 7 de julio de 2013

¿sexo?





















Dice mi padre que no escriba sobre sexo. Pero yo tiendo a meter sexo en todo lo que escribo como el sexo tiende a inmiscuirse en los consejos de administración, en las paradas de autobús, en las galas televisivas, en las cumbres políticas, en los bordes de las carreteras, hasta en la cama se inmiscuye a veces el muy gorrino.
Y me pregunto por qué, qué busco responder desde mi condición de mujer blanca, española, del s.XXI, a través del sexo.
 Si hay un interés soterrado de buscar la comercialidad, de atraer la intención del lector a través de sus bajos instintos o existe otra razón.
No sé.
Creo que nunca se ha utilizado tanto el sexo como hoy, una idea de sexo deglutida por el sistema, industrializada y vomitada en forma de marca idiota, estampada por todas partes. Sin embargo nunca se ha hablado menos de sexo.
Sí, mi personaje busca responder preguntas relacionadas con el sexo, pero dime, ¿acaso tengo yo la culpa?

Un fragmento de “La memoria del alambre”:
No puedo evitar sentir cierta lástima por las actrices porno. Sobre todo desde que vi aquel documental en la tele sobre la vida de una actriz guapísima. Cuando tenía dos años, presenció cómo su padre asesinaba a su madre de un disparo, justo después del desayuno, con ella y el plato migado de las tostadas como únicos testigos.
Era rubia de bote, llevaba tatuados en su piel dragones y toda esa clase de animales con colas que se enroscan. Sus brazos eran muy delgados y sus tetas muy grandes, lo que la hacía exudar una frágil fortaleza, una extraordinaria fortaleza. Lucía esa piel morena de plátano maduro que dan los rayos uva. En el espejo- porque había un espejo- se reflejaba la pierna del cámara, un trozo de vaquero oscuro, y ella le hablaba al espejo porque nosotros éramos el espejo. Bajo esos morritos hinchados, esas pupilas dadivosas, esa nariz chata, se transparentaba el rostro de una niñita moteado de sangre, los bigotes aún blancos de leche.
Pensé en todos aquellos hombres eyaculando por contrato sobre su rostro, y en la sangre de aquel disparo, aerografiada sobre su carita de niña. Pensé que el tiempo era sólo un chiste, un chicle sin sabor de tanto mascarlo, una peonza que gira y gira, sin apenas moverse del sitio.
Pero ella no venía a quejarse de lo áspero de su vida, no venía a quejarse de su padre, ni de los directores desconsiderados, ni de sus nalgas enrojecidas a trozos, ni del semen que a veces escuece los ojos, ni de la sangre reseca que tanto cuesta de sacar. Ella venía a denunciar que la llegada de Internet estaba echando a perder el negocio. Su negocio. Poniendo en peligro su medio de vida.
Me sentí culpable, claro. Y no porque no aborrezca todo el desprecio a la mujer que cabe en el porno, toda la sumisión, el sadismo, todo ese dolor invisible, soterrado, que nadie sabe a qué sumidero va a parar. No porque no me repela la estética de gimnasio de barrio, la carne recauchutada, la ausencia de vello, el plástico gestual, el orgullo inefable con que se exhibe la ordinariez. No porque no odie que él saque un enorme pene de su boca, tras haberle sujetado firmemente la cabeza obligándola a tragárselo hasta la base, y ella le devuelva una mirada de ojos fulgurantes, tan brillantes por las arcadas, y ponga cara de: oh, sí, cómo me gusta, cómo disfruto de mis arcadas.
Me entristece la mentira del porno. Me entristece esa niña rubita. Y hasta el frío vaquero de la pierna del cámara. Y sin embargo, me corro.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Bárbaro, Bárbara. Lo has clavado.
Petons.
Llorenç

Francis Black dijo...

El tema del sexo tiene su interes pero tu no eres Cristina Almeida y eso tiene un precio, es asi, la gente no se dedica solo a leer el texto, es un peligro.

Bárbara dijo...

Gracias, LLORENÇ. Un petó.

¿cuál es exactamente el peligro, FRANCIS?

Francis Black dijo...

Que te clasifiquen como escritora de moda de un tema de actualidad y salgas en revistas de tendencia en plan cool y el texto quede en un segundo plano.

Bárbara dijo...

ok, es un riesgo, sí, aunque lo veo lejano, aún no tengo problemas de que me encasillen como escritora x porque ni siquiera me han encasillado como escritora. Pienso en ello. Supongo que es lo que en publicidad llaman canibalizar la marca, el anuncio es muy bueno pero nadie recuerda qué marca anunciaba.

Francis Black dijo...

Tu tienes a gente como NáN que te lee,eso es una garantia.

Bárbara dijo...

Nán es una garantía para casi todo. Debería estar incluido en todos los electrodomésticos :)

Josep Vilaplana dijo...

Hay gente que grita; hay gente que habla sola; hay gente que apenas se atreve a susurrar; hay gente que cuando habla deja huecos y escucha; hay gente que con lo que dice acaricia; hay gente que cuando habla sólo sabe golpear; hay gente que sabe estar callada; hay gente que sencillamente no sabe hablar. También los hay que con lo que dicen aburren y los hay que con lo que silencian nos saben maravillar. Creo que con el sexo sucede algo parecido. Cada rato, cada risa, cada tristeza, tiene su sexo y cada persona esta apretujada, rellena, "farcideta" que decimos en catalán, de ratos, risas y tristezas, por lo que el sexo, visto así, se pone de lo más multiforme y escurridizo.

A mi precario entender, con el sexo todos hablamos pero afortunadamente nadie dice lo mismo. Por suerte, el correrse es una excelente forma de dar por terminada, ni que sea por un rato, la conversación; un "resset" imprescindible cuando el disco duro ya ni escucha ni se le entiende.

Tú, Bárbara, no escribes sobre sexo sino que son los sexos los que se inmiscuyen felizmente en todo lo que escribes.

Yo le he dicho a mi sexo que procure no escribir sobre mi padre.

Un bexo.

NáN dijo...

Lo del "alambre" es de primera. (Hablo de literatura, claro).

Creo que en Suerte lo cuentas muy bien, con la chica que se mete en una cadena de trabajo. Claro que luego termina en sexo porque está buena y el que semimanda es hombre, así que tiene cadena y sexo sin cobrar: solo para mantener el trabajo de mierda.

Si te encasillan, que te encasillen. Y cuando lo hayan hecho y te lean todo lo que deben leerte, saltas de casilla.

En cuanto a vuestros comentarios, qué risa, tía felisa, hace ya decenios que no me aceptaría a mí mismo como garantía de nada.

Besos a los dos, sin embargo, y al resto de comentaristas.

Bárbara dijo...

Tienes razón, JOSEP, decir sexo no es decir nada. Cómo dices tú sexo, eso me encanta. Y sí, déjemos a nuestros padres fuera de esto, que seguro nos castigan. Otro bexo.

Me encantaría convertirme en una escritora parchis, NAN, saltando de casilla en casilla. No sé si serás garantía pero a mí me reconforta saberte ahí.

Man Ram dijo...

Qué veo por mi ventana?

Que puedes escribir de libremente de sexo y puedo hablar del tema, porque el sexo por fin llegó a las masas por el Internet. Aunque a veces ni eso.

Hace no mucho tiempo, sólo era accesible a la nobleza.

¿El sexo dejó de ser un acto procreador para ser tema de conversación?

Uff! Dame una tregua para verificarlo en Google y regreso...

Carlos de la Parra dijo...

Contiene dinámica poética tu narrativa.
El mundo sigue lleno de personas que no aceptan que todos estamos aquí debido a que una pareja vivió su relación sexual.
El sexo no hay que negarlo sino sublimarlo.