viernes, 17 de mayo de 2013

La poesía de la enfermedad





















Se caerán los dientes. A mí seguro. Caerán como pinzas de tender desde un quinto piso. Mi sonrisa se convertirá en un tendedero de tierno patetismo. Y qué si caminamos hacia el desastre. Mis piernas mordidas por la artritis me arrastraran, la cadera rendida ante el reuma las seguirá. Y qué si caminamos hacia la decrepitud.
Me crecerán dientes de leche, de raíces imperecederas como amor de madre, en algún lugar del cerebro. Me crecerán robustos fémures en algún lugar del cerebro, caderas ortopédicas, aladas, en algún lugar del cerebro. Volaré, morderé, me beberé el zumo de la vida destilado del fruto podrido del tiempo.

Mientras, pienso escribir sobre la poesía de la enfermedad. Sobre los trailers de ese peliculón que es la muerte. La enfermedad como metáfora. Por qué coleccionamos esa enfermedad y no otra, por qué hipocondríacos incapaces de soportar tanta felicidad, por qué almorranas tras procesar el desecho vital, por qué cándidas tras entregarse ciegamente  a aquel amante, por qué cáncer tras tragar la culebra que roe por dentro.
La enfermedad como una metáfora en la que no sabemos si el sentido figurado es el cuerpo o la calavera. Si el sentido real es el cuerpo o la calavera.
Sobre eso voy a escribir.

15 comentarios:

Anónimo dijo...

si nena ,es la muerte del alma.
Solo si tenemos fe en la vida,estamos VIVOS.

NáN dijo...

El cuerpo es zona de batalla. Lo que importa es despreciar las heridas. No son yo, me digo algunas veces; y si no me importan a mí, menos todavía a los demás. Convertirlas en tema obsesivo de conversación sí es La Enfermedad. ¡Que triste acabar creyendo que tus varices reventadas deberían ser la noticia que abre los telediarios! Cuando lo cierto es que el mundo sigue siendo jodidamente hermoso.

Antonio Vallejo dijo...

Qué es la enfermedad sino la más perfecta señal de que somos vida.


saludos.

Anónimo dijo...

Las cicatrices cuentan mejores historias que los tatuajes.

Vicent.

Albert dijo...

¿Qué enfermedad? ¿La del desastre o la de la decrepitud? ¿La que se presenta de un día para otro como un mazazo inesperado, o la que ya sabemos que nos acompañará con paso lento hasta el final? Porque no es lo mismo. Después del desastre cabe levantarse, reordenar las cosas y hasta matar a la culebra. La decrepitud en cambio no tiene remedio, ni falta que hace.

Da igual sobre lo que escribas, siempre te sale un texto magnífico. Unos mejores que otros, inevitablemente. Este es de los mejores. Besos.

jordim dijo...

Gran artículo (a veces duele no haber pensado en escribir uno antes ciertas cosas..)

NáN dijo...

El otro día me referí al "coñazo" de los enfermos que solo hablan de los síntomas de su enfermedad.

Hoy prefiero centrarme en tu texto, en tu propuesta de la enfermedad como dibujo de lo que somos, como impulso y no como represión. En qué momento, y por qué, tras años de formar células y equilibrios químicos perfectos, hay una debacle: una sola célula se rebela o un equilibrio se altera. Y desde entonces, aunque todavía no lo sepamos, emprendemos el camino de regreso. Solo nos que lo aprendido antes para resistir.

Bukowski dijo...

O sea, sin cursilerías, que todo versará sobre el envejecimiento y la decrepitud adornada

FJavier dijo...

“Acaso, voyerista ávido en una oscuridad esencial. Así, encontrar un brillo verosímil se me revela como una luz balsámica, fugaz e imprescindible. Transformación, colisión, huracán, víctima, quietud, agujero negro y sed. Muerte lenta, acaso. Soy.”

Josep Vilaplana dijo...

Despedí a mi médico de cabecera por preciso y por su perseverante falta de sentido del humor. Leía mis analíticas y el muy imbécil no se reía; me hablaba del colesterol como si el que corriera algún riesgo fuera yo; insistía en lo de mis arterias como si en realidad fueran mías.

Desde hace algún tiempo mi cuerpo sigue acudiendo periódicamente a su visita, pero a mi no me ha vuelto a ver más el pelo.

Por cierto, Bárbara, tú y tu forma de escribir tenéis efectos secundarios del todo imprescindibles para que mi querida enfermedad no me abandone.

Sigo rodeado de nieve, frío y viento, pero ni siquiera eso consigue doblegar mi deseo de enviarte un beso enorme.


Andrés E. Medina dijo...

Pues en efecto, lo que se va perdiendo en un aspecto se va ganando en otro.

La cuestión tal vez se reconocerlo para que no duela el ir ganando caderas ortopédicas.

Saludos.

Bárbara dijo...

¿nena, dónde se compra esa fe?

A veces pienso, NÁN, que somos nuestras heridas, el dibujo sobre el lienzo en blanco. Claro que tampoco quiero hacer apología del sufrimiento... Con todo, una vida absolutamente maravillosa, como decía aquel título de Vila- Matas.

Xactamente, ANTONIO, no se puede decir mejor. Saludos ;)

A mí también me fascinan las cicatrices, VICENT, mucho más que los tatuajes.

Seguramente sea la misma, ALBERT, pasada a más revoluciones. Vivir mata, más rápido o más lento, pero mata. Muchos besos.

Gracias, JORDIM. (Hay cuatro temas desde hace siglos, pero cuando uno los escribe siempre son nuevos)

Todo, todo, no, BUKOWSKI, la enfermedad sólo será la roca desde la que mirar, pero no la vista.

Sí, FJAVIER, todos somos muerte lenta, unos más conscientes que otros.

Hiciste bien, JOSEP, un médico sin sentido del humor es absolutamente intolerable. Te mando unos cuantos síntomas en forma de besos, y sus correspondientes píldoras. Guapo.

Es difícil, ANDRÉS, pero no nos queda otra, me temo.

Anónimo dijo...

Barbara, muy bueno tu blog

Carlos de la Parra dijo...

Entre lo más valioso de los conocimientos está sanarse.
Adoptar el eterno ejercicio de crecer y superar el dolor.
Engrandecer en todo por nuestra capacidad de amar.
Evitar a toda costa voces que digan pobre de mí.
Si llegara tal fantasma a distraer nuestra conciencia recordarle cuan ínfimo es nuestro ego y reducirnos a particular de arena que por sí sola no es desierto.
Empujar siempre rebasando el dolor.
Hacerse maestro del zap mental que dá canalazo a pensamientos masoquistas ya tantos más de contenido inútil.

Bárbara dijo...

Enfermedad y ego, Carlos, creo que voy a investigar ese binomio. Por otra parte, completamente de acuerdo contigo.