martes, 30 de octubre de 2012

El mundo today















Ya sólo leo El mundo today junto con mi cafelito. Ya no me interesan las caricaturas borrosas de la realidad (qué cosa es eso) que dibujan los medios convencionales, sólo las caricaturas nítidas de El mundo today, donde la verdad flota con mucho menos esfuerzo, empujada por el corcho del humor (“Los bancos sustituyen los cajeros por máquinas tragaperras”, “Una despedida de soltero se complica y da el salto a la política”, “El primer catalán españolizado sigue vivo y evoluciona favorablemente”, “Un perro guía disputa a Rubalcaba el liderazgo del PSOE”). Hay verdades serias ahí.  Hay más retratos de la realidad (qué cosa es eso) que en cien titulares de El mundo pedrojotil.
Tal vea el humor sea la forma más rápida de completar el recorrido de A a B. El humor, como la metáfora, alcance velocidades supersónicas, suponga un pasito más en la evolución. Si superas la pantalla de la desesperación, accedes a la del humor, con dos vidas extra de regalo.

Recuerdo una escena de El hombre que pudo reinar, en que los aventureros Sean Connery y Michael Caine quedan atrapados en el repecho de una montaña cubierta de nieve, imposible subir, imposible bajar. Saben que van a morir. Tras unos momentos de desesperación, recuerdan anécdotas y acaban llorando de la risa, es tan trágica la situación que acaban llorando de la risa, porque se van a morir, porque qué más da ya la trascendencia y la montaña y la nieve y el dolor y la posteridad, se parten de risa. Y esa misma risa provoca un alud que los salva. Adoro esa escena.

Estoy convencida de que el humor nos salvará.

domingo, 21 de octubre de 2012

El condensador de fluzo





















¿Quieres decir que todos los defectos han sido subsanados? Ajá. Ahora mismo soy una máquina perfecta diseñada para amar. ¿Las válvulas del ego? Bien ajustadas. ¿Los niveles de desconfianza? No pasan del uno. ¿Los pistones de la ilusión? Engrasados. ¿El miedo a la felicidad? Era una pieza inútil, la máquina funcionaba igual sin ella. ¿La tapa del delco? Rieron el chiste privado. ¿El condensador de fluzo? No trates de pillarme.
El sol empezaba a emerger desde el horizonte. Amanecía. Pero no una vez más. Amanecía. 

domingo, 14 de octubre de 2012

Españolitis
















- Es un dolor intenso, doctor, punzante, fragoso.
- ¿Aquí?
- No
- ¿Aquí?
- No
-¿Aquí?
- No.
Resoplido.
-¿Dónde entonces?
-No sabría decirle, pero cómo duele.
Silencio. Ojos.
- Seguramente sea la españolidad. Una inflamación de la españolidad. Últimamente se están dando muchos casos.
- ¿Y es grave, doctor?
- Se puede vivir con ello.
- ¿Se opera?
La lista de espera es larga, y ahora con los recortes… pero no tema, le recetaré algo para los síntomas, para la tristeza, para la desesperanza, para esa melancolía típicamente española que produce la enfermedad.
- ¿Y cómo la he cogido?
- Vaya usted a saber, malos hábitos, una dictadura que campó a sus anchas y sigue campando, una nefasta transición, una estructura podrida por la corrupción… puede que Julio Iglesias… no están claras las causas.
- ¿Y qué me recomienda, doctor?
Silencio.
- ¿Qué me recomienda?
Ojos.

domingo, 7 de octubre de 2012

Anabah
















El viernes tuve mi primera presentación de novela (chispas!) de un compañero de tertulia, Carlos Michel Fuentes, que ha escrito un libro que está muy bien, difícil de leer pero que está muy bien.
Todo el día anduve con angustia, con ganas de huir justo en sentido contrario. No soporto hablar en público. Luego todo fue bien, y recibí aplausos y hasta algún hiperbólico bravo. Me encanta hablar en público.

Esto fue lo que dije:

He de decir, así de entrada, que Carlos Michel juega con ventaja, que escribir desde la Habana, sobre la Habana, supone ya cierta ventaja, porque la cubanidad es en si misma literaria, posee todos los elementos favorecedores de la escritura: la austeridad económica, por no decir miseria (ya decía Wittgenstein que se piensa mejor desde la cabaña que desde la cátedra), el aislamiento (esa soledad que es el imperio de la conciencia según palabras de Bécquer. Quién sabe si Cervantes o Dostoievski hubieran escrito sus grandes obras de no haber pasado una temporadita en prisión) y la cultura, tener al alcance de la mano el producto de otras soledades, que sin duda azuzan la imaginación.
Todo ello crea un caldo de cultivo que permite alcanzar el estado ideal para el escritor: esa agonía serena que es la base de la escritura. Cioran lo dijo de otra manera: "Un libro es un suicidio aplazado."

En Cuba se da además de forma especial la paradoja que, como todo el mundo sabe, es la materia prima de la literatura. Y no sólo porque a menudo el que vive en Cuba sueña con salir de allí y el que vive fuera no piensa más que en volver, sino porque La Habana es paradoja pura, es decadente y vitalista a un tiempo, es carnal y es intelectual, es salvaje y es educada, es blanca y es negra, es una chica fácil con un tremendo orgullo.

Todas esas contradicciones están en este libro.

Aprovechando, o aprovechándose de su cubanidad, Carlos Michel, como los grandes chefs, nos ha preparado una Habana deconstruida, descompuestos sus ingredientes y vueltos a componer, para que al lector le llegue intacto su sabor.
Un retrato personal de la ciudad hecho por alguien que ya ha empezado a abandonarla, que es como mejor se hacen los retratos, con la visión del que gira la cabeza porque se va.
Entre el diario poético y el sueño, construye una voz que va de la angustia a la vitalidad, de la desesperanza a la alegría para hablarnos de la verdadera partida, la que se produce en la cabeza, a través del recuerdo, de la proyección mental, esa que se da mucho antes de coger un barco o un avión.

En definitiva, nos habla del paso del tiempo, de un tiempo que es distinto en la Habana, más lento, más húmedo, más asfixiante, más lascivo, con cierto toque alucinógeno. Y es que tal vez no exista otro tema en la literatura, ya lo dijo Gil de Biedma: “en mi poesía solo existe un tema: el paso del tiempo y yo”.

Carlos nos arrolla en Anabah con un poderoso torrente de palabras, aparentemente desordenado, visceral. La novela está llena de cosas, de objetos, de listados, de pensamientos que se superponen unos a otros, desafiando las leyes de la lógica cerebral, acercándose a las de la lógica emocional.
El libro está lleno de preguntas pero no de respuestas, lo que demuestra una gran sabiduría.
Su autor muestra un desprecio absoluto por la trama en favor del estilo. No resulta un libro fácil de leer, no, por eso conviene hacerlo en pequeñas dosis y con una concentración laxa, si esto es posible.

Me ha hecho mucha gracia leer en la contraportada: el autor abandona Cuba a principios de los noventa. No regresa jamás. Lo pone así: No regresa jamás. No dice “no ha regresado jamás”, o “no regresará jamás”, sino “no regresa jamás” en rabioso presente, haciendo del no regreso un acto continuo que sigue sucediendo.
Creo que esa es también una forma de entender la vida que conecta con la idea fundamental de este libro, ese continuo viaje sin regreso.

Si me permiten, voy a leer un fragmento de la novela:
 “Una mujer sentada en el metro de Madrid hacia nuevos ministerios se duerme y sueña. Es un sueño corto, una pequeña fuga. De estación a estación. Y mientras duerme, la miro y me pregunto si podré amarla yo algún día sin ese temor incontrolable a perderla entre sueños. Pasa rasante el bote entre dos piedras. Hay siete diferencias entre el cuadro original y el impostado, pero ¿cuál es cuál? ¿hay uno verdadero? Tengo dos hijos zurdos. Soy el hombre-guía de mi perro ciego. Subo y bajo de peso regularmente, me traqueo los dedos de las manos. Tengo un amigo en Berlín y otro en La Habana. Nada me repugna. Me gusta hacer un agujero en la arena y hallar agua, aunque el mar se extienda inconmensurablemente a pocos metros.”

Y ya para acabar, quería hacerle una pregunta a Carlos Michel, una pregunta fundamental: ¿Michel es parte del nombre compuesto o apellido?

lunes, 1 de octubre de 2012

Un alien amador





















Reventó.
Llevaba unos días notando moverse algo en mi estómago, una sensación extraña, entre los gases y el enamoramiento, entre el dolor menstrual y la expectación intensa.  
Reventó. Salió de mi tripa, de mis entrañas como una bestia salvaje, cubierta por una gelatina uterina, para decirme, con voz cavernosa: Tranquila, estoy aquí para quererte y cuidarte.
Pero eres tan... feo. Tan… tan… viscoso.
Eso es lo de menos, melona. A partir de ahora todo irá mejor, dijo. Yo soy parte de ti y voy a quererte siempre, incondicionalmente. Todo va a ir bien mientras yo te quiera.
Y me besó. Solo aquellos lugares a los que alcanzaba su monstruoso cuerpo de movilidad reducida: el vientre, la ingle, el brazo que tenía cerca.
La baba que dejaron esos besos olía a infancia fresca.