martes, 12 de junio de 2012

Palabra de Jonathan





















Hay 100.000 millones de maneras de jodernos. Valientes kamikazes españoles- camicaces- vamos probándolas todas, una a una. En 2096, alcanzaremos el estatus de mártires y santos, nuestros estómagos incorruptos, nuestros dilatados anos incorruptos podrán ser visitados de 10 a 14h en la capilla futurista. No olvides echar una monedita para su mantenimiento.
¿No te parece que hasta destila un cierto comunismo este capitalismo, que pretende hacernos a todos igual de miserables?
No temas, porque pronto nacerá un nuevo Jesucristo, Jonathan, del barrio de la Luz, para fundar un nuevo orden social: la luz de la palabra.
Sus adeptos, que se contarán primero por miles y luego por millones, digan lo que digan las fuentes oficiales, quemarán billetes sin importar a quien pertenezcan, billete que encuentren, billete que quemarán.
 El dinero, como un valor inmoral e ignífugo, proporcionará clarividencia al arder, iluminándonos. En la combustión estará la salvación.
En la corrupción, la pereza del alma, ni siquiera la maldad, tan sólo la pereza. Luchar sin descanso contra la pereza será un mandamiento que se alimente a sí mismo.  

Las palabras, por fin, nos serán devueltas a los pobres. A cambio, les devolveremos sus eufemismos y demás porquerías: regulación del mercado laboral, daños colaterales, desaceleración económica, soluciones habitacionales, economía de mercado.
Tendremos silencio, sangre, eyaculación precoz, carajillos, entrañas, en fin, cosas sencillas, de las de toda la vida.
 La banca, que había desbancado al estado, será a su vez desbancada por la palabra. Palabra de Jonathan.
Yo creo que eso es lo que va a suceder.  

miércoles, 6 de junio de 2012

Sol, sol, sol, amor















Soy un monstruo de 250 años, recién nacido a la luz tras siglos de cautiverio. Virgen, con un doctorado en sombras cavernosas. Eso le dije que era.
Él pretendió haber cruzado el desierto, descalzo, con una cantimplora llena de rabia y un salacot del Coronel Tapioca.
Le besé las plantas de los pies.
Nos sentamos a ver el espectáculo de la muerte en forma de atardecer, el sol desintegrándose. El mismo sol, que es ausencia física, constante en la caverna, presencia pura. El mismo sol que es presencia fantasmal, intermitente en el desierto, ausencia pura.
No quedó nada por decir. Callamos con el mismo silencio, por respeto al sol, a los lagartos, a los cadáveres de hormigas, a las ruinas de ese horizonte antiguo.