domingo, 22 de abril de 2012

Regar de vez en cuando



Madurar, ser capaz de cuidar de esa lechuga llamada inocencia, verde como el porvenir. El corazón es un invernadero hecho de plástico y retales del que escapa un tallo salvaje que pincha el cielo y derrama una gota de sol.
Protegerla del viento, de las heladas, de los telediarios, de las pezuñas de los que huyen.
Que no muera. Cuidar cada hoja.
Y comprender lo delicado, la perennidad del presente, las rodillas, el mentón alzado,
la salvaje determinación de lo delicado.
Regar de vez en cuando.

Dicen que en este mundo hay tres clases de personas: las que saben contar y las que no.
Dicen que existen dos millones trescientas veinticinco mil setecientas cincuenta y tres maneras de traicionarse, una forma de ser fiel.
Hablan de la renuencia del alambre a ser enderezado una vez se ha torcido.
Del hambre que sólo se sacia con más hambre.  
Del pájaro negro que se posa en el pecho y picotea verdades.
De los garbanzos que germinan en el estómago.

Creo que soy feliz por ser capaz de toda esta tristeza aún.

domingo, 15 de abril de 2012

Y si reniega de España

     Un español visto por Josep.

Y si reniega de España, es que es español. A veces me siento tan española. Aún diría más, españolisísima. Y no sólo porque venga de leer a Vilas, que es español pero más del norte de EEUU, español de letra, pero anglosajón de música, sino porque tengo muy arraigado el vicio de renegar de mí misma.

No sé si la generación Nocilla y casi cualquier escritor de corte de pelo moderno es más español precisamente por renegar de lo español. Si hay vida más allá del pop literario. Y quede claro que a mí me mola la estética zappineante, rítmica y furiosa, y que te maquees y te pongas guapo para mí, aunque ya no se lleve el tupé. Que yo también sospecho que más allá del pop o del after pop, se extiende un inmenso vacío.
Y sin embargo sigue siendo la vida eso que sucede en un deslunado del barrio de san Marcelino, bañado por la misma luna que baña el desierto de Arizona.

La trampa de escribir es que no se puede escribir bien sin haber leído, pero tampoco se puede escribir bien sin haber desleído. Hay que leer mucho para que no sirva absolutamente para nada. En general en eso consiste el conocimiento, no en llenar vacíos sino en darle puntapiés a las inseguridades, en confirmar que no hay nada que no se supiera ya, que maduramos hacia la infancia, como decía Bruno Schulz. En darle un sustento teórico a esa experiencia de vida y hacer de los otros nuestros límites, no nuestras moradas.
Puede parecer idiota e incluso inútil, en todo caso no lo es más que vivir. Idiota, inútil y maravilloso. Y en ese sentido, escribir se parece a vivir, construir como si no nos dirigiéramos con paso firme hacia la nada. Caminar como si nunca fueran a acabarse los pies. Un absurdo perfectamente lógico.

Por qué necesitamos que nos expliquen la vida, ponerle un subtexto y revivirla, eso yo no lo sé. Por qué los bisontes en la caverna, por qué los griegos en busca de la belleza, por qué Mozart.
Sí creo que la vida que no es narrada es un poco menos vida. Y que esa necesidad de escribirla, que no sé de donde viene, debería ser el único filtro a la hora de escribir. Y no salir guapo en ese retrato en el que se coloca la cabeza sobre un cuerpo de cartón ajeno.

Por eso suele interesarme más que me cuenten lo que sucede aquí desde aquí, y no lo que sucedería aquí si viniera un norteamericano, por molón que sea, y nos mirara con sus privilegiados ojos, infinitamente más cools.
Que me cuenten cómo es esta España en la que vivo, alguna de las miles de españas en las que vivo, no sólo a través de una trama española, un político de medio pelo, un nuevo rico constructor, un parado de larga duración, un presentador de un programa de telebasura, sino a través de un estilo español, de una estética que no sepa nadar y no alcance a cruzar el charco. En definitiva, que no reniegue de sí misma.

viernes, 6 de abril de 2012

Hagan juego, señores!

Yo creo que España entera debería convertirse en un inmenso casino, en el paraíso terrenal del juego, una reinterpretación castiza de Las Vegas pasada por el filtro autóctono de Benidorm, Seseña, las fiestas del Toro de la Vega, la semana santa sevillana, las fallas valencianas y los hogares de los jubilados de todos los pueblos de España, con eñe.

Y es que el juego corre por las venas de cualquier español de bien, España es el lugar con más bares, y en cada bar, una tragaperras, y cerca de la tragaperras, una mano echando perras y la otra equilibrando el peso con un quinto, un carajillo o un coñac.
Qué puede haber más español que jugar y beber, ese debería ser nuestro valor de marca, mucho más que el sol, el rojo y el amarillo, que setenta olés coreados al unísono.

Un gran casino, en eso debería convertirse España.
Con una gran cruz en su cúspide, que no hay que perder las buenas costumbres, y a fin de cuentas, apostar al destino de dios viene a ser como apostar a la ruleta.

Ni pesetas ni euros, las fichas de casino como moneda nacional.
Los ludópatas serán vistos como impulsores de la economía.
Los especuladores como los salvadores de la patria.
En lugar de apostar a la brisca, apostaremos a la prima de riesgo.
El hilo musical correrá a cargo de Concha Piquer, el primer Julio Iglesias, las Grecas y Bustamante. Alternos. Pero siempre los mismos.
De Guindos- krusty ejercerá como croupier, un excelente croupier, por su pasado como experto mago haciendo trucos de cartas.
Cospedal se encargará de la seguridad. Palizas en el callejón a los listillos que traten de hacer trampas y ganarle al casino.
“Ganarle al casino es ser antipatriota”, dirá en declaraciones a la prensa.
Camilo Sesto redivivo actuará en vivo (ready?) todas las noches.
Ana Botella dirá que no hay premio al mezclar peras con manzanas, refiriéndose por supuesto a las máquinas tragaperras.
Concejales de urbanismo, venidos de todos los pueblos de España, se encargarán de las relaciones públicas.
Se privatizará la dignidad, la honradez y las buenas costumbres.
Se jugarán bonos de asistencia médica para la seguridad social. ¿Eso no era un grupo de música? preguntarán los más jóvenes del lugar. Come ranas, piropó, piropó, piropó.
Esperanza Aguirre tirará la casa por la ventana: “todos los jubilados que vengan a trabajar como voluntarios recibirán fichas gratis para jugar al bacarrá”.
Se jugarán bonos de educación pública.
Gallardón: “Cualquier madre podrá apostar libremente el sexo de su hijo, persiguiendo los designios del dios de la gran ruleta”.
Se jugarán becas para cursar estudios.
Rubalcaba pedirá cambio para una ficha de 500.
Tras la actuación de Camilo Sesto, Soraya Sáenz de Santamaría hará un número de baile inspirado en Cabaret.

Como en la España de hoy, la banca siempre ganará, pero no me negarás que será mucho más divertido.

domingo, 1 de abril de 2012

Me gusta


- Le he dado me gusta a más de 2000 páginas. Empecé con que me gusta Kafka, claro, ¿a quién no le gusta Kafka?, luego que si Satie, que si Bernhard, que si Pessoa, más tarde que si el autobús negro “Unidad uno” de Johnny Cash, que si los encuadres bizarros de Carl Theodor Dreyer, que si el aire visible que respiran los personajes de Raymond Carver. Ya no puedo parar. Todos los días busco nuevas páginas a las que declarar mi gusto. Y soy consciente de que en lugar de definirme, me desdibujo, en vez de mover los brazos desde la playa, en esa isla desierta que somos todos y cada uno de nosotros, me ahogo en el mar de la abundancia. ¿Quién va a rescatarme así? Es un problema… Temo que algún día no quede nada que me guste sin clicar. Bueno, no es del todo cierto, lo que en realidad temo es que no haya fin, que me sigan gustando páginas y más páginas hasta que… hasta que… ¿entiende lo que le digo?
- Ajá…
- Y me pregunto: ¿qué es la cultura?, ¿un escaparate, una plancha de estampación para camisetas, un señuelo para ligar, unas alzas para otear, un estupefaciente más? La cultura ¿se consume, se esnifa, se gusta?
El otro día me vi una peli sólo para poder darle al me gusta. Creo que si al pasar por ti no te transforma, es una puta mierda eso llamado cultura, y disculpe que sea soez, ¿no piensa usted lo mismo?
-Ajá…
- No hay carretera humana para tanto coche. El otro día puse que me gustaba el cine, así sin más. Y luego que me gustaba la comida, ¿qué será lo próximo: que me gusta respirar? Estoy preocupado, noto que se me está yendo de las manos. Temo que desemboque en un trastorno obsesivo-compulsivo, eso que llaman con acierto TOC, como un golpe dado a la puerta del cerebro. ¿Qué opina usted?
-Ajá...
- No puedo parar. Todo empieza con un deseo, frágil como un polluelo, incubado por esa necesidad de perfección u/o belleza artística, que eclosiona con un clic. Pero cada clic, en vez de calmar mi sed, la aumenta y esa sensación en principio placentera crece en intensidad hasta hacerse angustiosa, dolorosa. Y de pronto me doy cuenta de que cuanto más le doy al me gusta, más se alejan esas obras de mí… Es un proceso extraño… agridulce…
- Pero lo importante: ¿le gusta?
- Ajá...