martes, 6 de noviembre de 2012

¿Bio-lencia?





















Vivimos en una época estupenda para reflexionar acerca de la violencia, no sólo de la conveniencia o no de su uso, sino de su propia naturaleza. La violencia en todas sus formas: económica y sutil, burda e inefectiva, extrovertida y superficial, pasiva y lacerante, hay tantas combinaciones posibles como casos en los que se traduce: desahucios, muertes por hambre en África, lanzamiento de zapatos, supresión de la ayuda a la dependencia, suicidios, robo a supermercados, quema de cajeros, evasión fiscal.
En general arrastra mala fama la violencia, por eso suele usarse con la precaución de la hipocresía. Cuánto daño hizo ese tal Jesucristo, siempre con la otra mejilla por delante, mientras la iglesia, por detrás, iba asestando puñaladas y robando carteras. La paz a cualquier precio como imagen de marca, de una marca tremendamente violenta.  
¿Y Gandhi? Gandhi fue más listo, sabía que un enconado pacifismo alberga en su interior cierta clase de violencia.
En general la RAE (que a veces ejerce una violencia léxica extrema, la muy conservadora) define lo violento como aquello que va en contra de lo natural.
Violento podría ser volar en avión, fumarse un cigarrillo o practicar la abstinencia. Violento podría ser escuchar Quédate conmigo de Pastora Soler (qué violencia para los tímpanos)
Lo natural podría ser una familia que reine por sangre durante siglos, tan natural como cagar tras haber comido.
Ah, cómo le gusta a la fuerza de la costumbre disfrazarse de naturalidad!

La pregunta es si hay que recurrir necesariamente a la violencia para materializar un cambio o existen otras maneras.
Por favor, ¿sería tan amable de abandonar su lujoso yate de tres kilómetros de eslora, que vienen a vivir en él cuatrocientas familias necesitadas?
Estoy segura de que los avariciosos lo entenderían, no pensarían que es violencia sólo porque se les despoja de algo a lo que naturalmente están acostumbrados. ¿O no?
¿Cuál sería entonces la forma de violencia más efectiva?
Yo apostaría por las técnicas jiujitsu, usar la fuerza del enemigo para repeler su ataque y que esa misma fuerza se vuelva en su contra. Violencia defensiva que aprovecha el impulso y las armas del atacante (espejito, espejito, versión niño)
Traducido al concretismo: utilizar las urnas para obtener provecho para la propia clase, y no para aquella a la que se querría pertenecer (abajo la enajenación, que es violencia, violencia, violencia), convertir el valor masa en un rodillo que cambie de dirección, ejercer el poder como consumidores (comprar sólo productos de empresas con cierta ética, no comprar productos de empresas antisociales).
Yo creo que esa es la solución. Y al que no esté de acuerdo conmigo, le suelto una hostia pero rapidito. 

16 comentarios:

Ximo dijo...

Lanzar un zapato creo que no va en contra de lo natural. Prepárate para la próxima reunión, y nada de técnicas orientales que repelan el lanzamiento contra mí. ¿Compromiso, conciencia, sensibilidad, ayuda? Qué diría RAE de estos términos que han quedado en desuso?

Zavala dijo...

Jajaja,

por supuesto tienes toda la razón.

El final es poético!!

Josep Vilaplana dijo...

Admito que mi Mula, las zanahorias, los pajarillos, la Madre Teresa de Calcuta y un servidor somos pura violencia (mi Mula martiriza la hierba y mata moscas con el rabo; las zanahorias apuñalan la tierra; los pajarillos masacran mosquitillos; la Madre Teresa de Calcuta practicaba el canibalismo de la bondad -una forma como cualquier otra de alimentarse- y un servidor maltrata las palabras hasta dejarlas sin sentido -violencia de género literario-.
Otra cosa muy distinta son los "pacíficos" y, lo que es peor, las formas que tienen de imponer sus pacíficas recetas. No es infrecuente que esos seres encantadores consigan dejar pequeños casi todos los cementerios.
Por cierto, tengo entendido -acepto que quien sepa corrija esta herejía- que Gandhi era un pedazo de cabrón que de forma no violenta consiguió que millones de personas dejaran de pasar hambre bajo el poder de su Majestad la Reina, para pasar hambre bajo el poder de los grandes terratenientes indios.

La vida es una violencia contra nadie que se expande; la violencia es una muerte contra alguien que se contrae.

En cuento intuya lo que quiero decir, te escribo un correo.

Besos violentillos pero muy tiernos.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Hippie, que eres una hippie… aunque bien mirado, no está nada mal el lema de los hippies… ;-)

Besos.

PD: ¿Qué buscará la buena señora de la foto?

R. Deckard dijo...

El ser humano es violento por naturaleza, la RAE debería hacérselo mirar.

Vicent.

NáN dijo...

Violencia en Valencia, que ya nos vale.

Yo a los antidisturbios los miro con mala hostia, pero es pura pose estética porque las hostias buenas las reservo para sus amos.

La culpa de mi carácter es de que fui educado en un colegio religioso. Debería ser obligatorio que todos fuéramos educados en colegios ultrarreligiosos, así dejaríamos de tener la cabeza a pájaros: imposible salir de ellos siendo bondadoso.

Sé que no soy un buen ejemplo de ciudadano y que en el fondo me estoy estropeando el hígado. Pero el instinto es lo que es.

Anónimo dijo...

Fernando Aramburu, premio de la DRAE, escribe en su blog, a propósito de una presentación de su libro:
"Me flanquearon hembras a la mesa. Estaba, pues, como en casa. Es que congenio con el rebaño cuando es bello y huelo bien".
Se trata, según él, de un texto de tono humorístico; si le pides que lo retire, es que no tienen sentido del humor; es decir, que más o menos eres violento.

Albert dijo...

De acuerdo con todo. No sólo porque me ha acojonado lo de la hostia rapidita, que también. Bueno, sólo un matiz: la voz de Pastora Soler es hermosamente violenta. Espero, por el bien de los dos, que estemos de acuerdo también en esto. Saludos.

Y no me resisto a un comentario al anónimo que habla de Aramburu: deducir su postura ante la violencia a partir de una frase sacada de contexto en lugar de hacerlo a partir de sus libros, en especial el que enlazo abajo (con permiso de la anfitriona), es, cuando menos, un tanto arriesgado. Un saludo.

http://elpais.com/diario/2006/09/09/babelia/1157758755_850215.html

NáN dijo...

Ya va siendo hora de que lloren ellos.

Marcelino dijo...

Hablando de violencia, como tienes el chocho?
Peludo o calvino?

NáN dijo...

Muy bien, Marcelino. Tómate la pastillita y a dormir.

Gemma dijo...

Sin duda nos falla el lenguaje (existen tantas violencias que lo ideal sería que cada tipo se llamara de un modo concreto; entonces iba a ser más difícil que nos dieran gato por liebre, una violencia más, como hacen de continuo). Y qué decir de los listillos / pelmas... Te daría para otro artículo.
Un beso

Francis Black dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Francis Black dijo...

Hay la violencia estructuraL de llevar a la gente al estrés cotidiano, tantas compañías de seguros es indicativo. El miedo,la incertidumbre como motor social en mi opinión es violencia.

Bárbara dijo...

Pues en la próxima, descuida que te lanzo un zapato de forma natural, XIMO. No dirían nada los de la RAE, qué culpa tiene el lenguaje, pobrecito.

A que acojono, ¿ZAVALA? En fin, cualquier método es bueno para que a uno le den la razón, incluso la poesía.

Me encanta esa frase, JOSEP: la vida es una violencia contra nadie... No la entiendo del todo, por eso me encanta más. Lo peor sin duda de hoy en día, ese buenismo políticamente correcto, justo el contrario del que practica tu mula. Ya no quedan Maes Wests. Espero ese correo aclaratorio con ansia. Siempre tuya, virulentamente. Besos.

La de la foto busca el boson de Higgs, sin duda, MSM. B7s

La naturaleza humana es el Corte Inglés de emociones, está todo, y a veces al mismo tiempo. Para volverse loco, VICENT DECKARD.

Los manuales de ciudadanía deberían empezar por cómo estropearse el hígado de vez en cuando, NÁN. Para mí tu hígado es un ejemplo a seguir, que lo sepas.

Bueno, ANÓNIMO, el humor es una forma no violenta de decir, aunque sea desafortunada en algunos casos.

¿De verdad te parece hermosamente violenta, ALBERT? A mí me asusta los tímpanos. Estoy de acuerdo con lo de Aramburu, si sacaran todo lo que decimos a lo largo del día, nos avergonzarían a más de uno. Besos mil.

Gracias Nán, guapo.

Pues sí GEMMA, pero si tuviéramos tantas palabras distintas para definir la violencia como los esquimales tienen para definir los distintos matices del blanco, sería porque se ha convertido en algo realmente importante para nosotros. Megabeso, siempre.

Efectivamente, FRANCIS, esa violencia silenciosa a mí me parece infinitamente más peligrosa.

Anónimo dijo...

Hola, Albert.
Con esa cita de Fernando Aramburu no pretendo deducir su postura ante la violencia, que es sobradamente conocida.
Lo que quiero mostrar es la distinta percepción que una misma persona, culta y sensible, puede tener de las injusticias, según quién sea el sufridor, cercano o lejano. Ciertas violencias son tan cotidianas que ni cuando uno mismo las practica las ve.
Saludos a todos.