domingo, 21 de octubre de 2012

El condensador de fluzo





















¿Quieres decir que todos los defectos han sido subsanados? Ajá. Ahora mismo soy una máquina perfecta diseñada para amar. ¿Las válvulas del ego? Bien ajustadas. ¿Los niveles de desconfianza? No pasan del uno. ¿Los pistones de la ilusión? Engrasados. ¿El miedo a la felicidad? Era una pieza inútil, la máquina funcionaba igual sin ella. ¿La tapa del delco? Rieron el chiste privado. ¿El condensador de fluzo? No trates de pillarme.
El sol empezaba a emerger desde el horizonte. Amanecía. Pero no una vez más. Amanecía. 

4 comentarios:

Josep Vilaplana dijo...

Gracias a ese condensador, te espero de nuevo, el mismo día con la misma luz, bajo ese arco de triunfo levantado, tal vez, para conmemorar nuestra particular derrota del tiempo. Todo será como fue, o como pudo haber sido, aunque esta vez intentaré quedarme un ratito mas.

Pd. Dados tus conocimientos mecánicos, te propongo avanzar hacia un objetivo diáfano: el carnet de conductora de autobús. Por mi parte, corro a reservar el último modelo.

Cámara lenta dijo...

Esto qué es, un blog a cámara lenta?

NáN dijo...

Claro!, bobita mía, con ese condensador no se juega. Acabas de salir del mar, apulmonando las branquias, y justo te estabas preguntando que hacer con ese punto abierto en la cola partida en dos cuando se te acercó un pezón de los gordos y te lo mostró.

¡por supuesto que amanecía!

Bárbara dijo...

Quedamos entonces en ese mundo paralelo del pudo ser, a una hora concreta, un día cualquiera, JOSEP. Ya conoces mi enorme destreza con los medios de locomoción así es que cualquier día me pongo con el bus.

Y sí, ANÓNIMO, me gusta demorarme.

Jeje, NÁN, tú sí que sabes, es de los gordos ese pezón.