domingo, 13 de mayo de 2012

Libro del desasosiego





















Ha sucedido un hecho histórico: por primera vez en mi vida he agarrado un lápiz para subrayar un libro. Un libro de libre elección, valga la cacofonía, un libro de relajo, el Libro del desasosiego.
Y digo histórico porque siempre he intentado mantener la lectura en el territorio del placer, he procurado darles libertad a las palabras, que con la pértiga de las ideas se encaramaran por sí mismas a la memoria, se subrayaran en el aire, sólo las más fuertes, las seleccionadas por la ley natural de superviviencia neuronal.
Y no hacer de la lectura un objeto de estudio, ni un objeto de lucimiento, ni un objeto de tocador, sí un objeto erótico si quieres, que excite mi imaginación y haga convulsionar mi pensamiento.

He subrayado aunque no sé por qué si yo leo para olvidar.

Desde luego no ha sido para hacer nada que se parezca a la crítica literaria. Constato últimamente que soy perfectamente incapaz de cualquier ejercicio de crítica literaria, no sé si por no manejar unos códigos específicos, por carecer del aparataje teórico adecuado o por pura indisposición genética. Lo que por supuesto no supone indisposición alguna para escribir.
Supongo que eso es lo que a menudo me revienta: la facilidad con la que se confunden teoría literaria y literatura, identificándolas sin miramientos, casi desliéndolas, insertando un discurso en el otro, en lugar de edificar el uno sobre el otro.
Esa proposición falaz de: si eres capaz de leer elevado y analítico, eres capaz de escribir bien, olvidando que en esa ecuación falta la emoción.
Y es que, puestos a conectar, ¿por qué no conectar literatura y programas políticos si algunos contienen más ficción que las obras completas de Tolkien?, ¿o literatura y prospectos de medicamento?, ¿o literatura y constitución, esa obra que sin necesidad de reescribirse está pasando del realismo sucio a la ciencia ficción?  

Como ser animal que sólo sabe leer desde la emoción, racional, pero emoción al fin y al cabo, mis argumentos se reducen a: mencanta, no me va demasiao o ma flipao.
Y no quiero con ello hacer apología de la incultura por evitar la propagación de la pedantería pero sospecho que para analizar un libro, hay que matarlo un poco, convertirlo en carne muerta para así desentrañar la enfermedad que esconde.
Convertirse uno mismo en el forense que escarba, con o sin permiso de la familia, en busca de la causa que lo mató. Olvidando que la enfermedad es la vida, y la literatura sólo pequeñas cápsulas que alivian los síntomas.

Y aún así, he subrayado con mi bisturí frases del infinito Pessoa, sin saber bien por qué:  

"Me he creado eco y abismo, pensando. Me he multiplicado, profundizándome".

"Todo lo que duerme es niño de nuevo".

"Una sola cosa me maravilla más que la estupidez con que la mayoría de los hombres vive su vida: es la inteligencia que hay en esa estupidez".

"Sabio es quien monotoniza la existencia puesto que entonces cada pequeño incidente tiene un privilegio de maravilla".


6 comentarios:

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Pues mira, Bárbara, me has ganado, porque hasta ahora yo no he sido capaz ni de subrayar ni de doblar las hojas de los libros; supongo que por una estúpida mitomanía hacia la diosa del papel o de la tinta, que, por cierto, no sé quién es.

O sea, que los razonamientos a que nos sometes son diferentes a las críticas... ¿no?... vaya, pues que me aspen. Quizá es que para ser críticas reales tienen que referirse a las pilinguis del rey o dedicarse específicamente a una obra concreta... No sé, como siempre: no sé.

Besos.

Edu Reptil dijo...

Entonces, dentro de qué categoría entra el "mola" que me has puesto? ¿mencanta, no me va demasiao o ma flipao? Espero que en la primera!
Fuck critics!

Zavala dijo...

Hola Bárbara, en ocasiones hay escritores que escriben sobre obras de otros escritores.

Asumen entonces el rol de crítico además de su oficio de escritor.
"Entre Paréntesis", de Bolaño, para mí es un magnífico ejemplo de ello.

Excepciones a la regla.

Isabel dijo...

Es que con Pessoa si no subrayas tienes que arrancar la hoja y comértela.

Inteligencia, literatura y emoción es lo que siempre encuentro en los recovecos de tus palabras.

Abrazos, genial Bárbara.

Bárbara dijo...

Yo las hojas de los libros las doblo a placer, MSM, me gustan los libros manoseaditos. Y no sé yo tampoco, supongo que sí lo hago, que todo intento de universalización es un intento de teorización. Porque para contar particularidades, mejor callar. Besos.

EDU, en la que tú quieras, corasón. Más megusta que ma flipao (para que sigas mejorando).

Sí, ZAVALA, hay grandes escritores que han escrito sobre otros escritores y construido obras inmensamente creativas a partir de sus lecturas, creo que eso sí es literatura. Vila-Matas no hace otra cosa. Es otro tipo de crítica la que no me gusta que emparenten directamente con la creación literaria.

Jajaja, ISABEL, justamente un amigo me decía el otro día que en la mili había llegado a comerse páginas enteras de un libro.
Eres demasiado generosa. Un besazo.

NáN dijo...

Yo no creo que si lees bien vas a escribir bien.

Por otra parte, cómo escribes puede ser juzgado por otros si lo das a leer; pero cómo lees es tan íntimo como cómo te masturbas (cómo follas ya requiere colaboración).

Para mí, leer bien significa subrayar, poner comentarios hacer anotaciones, esquemas. Si un libro me "toca", quiero saber dónde y cómo.