domingo, 15 de abril de 2012

Y si reniega de España

     Un español visto por Josep.

Y si reniega de España, es que es español. A veces me siento tan española. Aún diría más, españolisísima. Y no sólo porque venga de leer a Vilas, que es español pero más del norte de EEUU, español de letra, pero anglosajón de música, sino porque tengo muy arraigado el vicio de renegar de mí misma.

No sé si la generación Nocilla y casi cualquier escritor de corte de pelo moderno es más español precisamente por renegar de lo español. Si hay vida más allá del pop literario. Y quede claro que a mí me mola la estética zappineante, rítmica y furiosa, y que te maquees y te pongas guapo para mí, aunque ya no se lleve el tupé. Que yo también sospecho que más allá del pop o del after pop, se extiende un inmenso vacío.
Y sin embargo sigue siendo la vida eso que sucede en un deslunado del barrio de san Marcelino, bañado por la misma luna que baña el desierto de Arizona.

La trampa de escribir es que no se puede escribir bien sin haber leído, pero tampoco se puede escribir bien sin haber desleído. Hay que leer mucho para que no sirva absolutamente para nada. En general en eso consiste el conocimiento, no en llenar vacíos sino en darle puntapiés a las inseguridades, en confirmar que no hay nada que no se supiera ya, que maduramos hacia la infancia, como decía Bruno Schulz. En darle un sustento teórico a esa experiencia de vida y hacer de los otros nuestros límites, no nuestras moradas.
Puede parecer idiota e incluso inútil, en todo caso no lo es más que vivir. Idiota, inútil y maravilloso. Y en ese sentido, escribir se parece a vivir, construir como si no nos dirigiéramos con paso firme hacia la nada. Caminar como si nunca fueran a acabarse los pies. Un absurdo perfectamente lógico.

Por qué necesitamos que nos expliquen la vida, ponerle un subtexto y revivirla, eso yo no lo sé. Por qué los bisontes en la caverna, por qué los griegos en busca de la belleza, por qué Mozart.
Sí creo que la vida que no es narrada es un poco menos vida. Y que esa necesidad de escribirla, que no sé de donde viene, debería ser el único filtro a la hora de escribir. Y no salir guapo en ese retrato en el que se coloca la cabeza sobre un cuerpo de cartón ajeno.

Por eso suele interesarme más que me cuenten lo que sucede aquí desde aquí, y no lo que sucedería aquí si viniera un norteamericano, por molón que sea, y nos mirara con sus privilegiados ojos, infinitamente más cools.
Que me cuenten cómo es esta España en la que vivo, alguna de las miles de españas en las que vivo, no sólo a través de una trama española, un político de medio pelo, un nuevo rico constructor, un parado de larga duración, un presentador de un programa de telebasura, sino a través de un estilo español, de una estética que no sepa nadar y no alcance a cruzar el charco. En definitiva, que no reniegue de sí misma.

14 comentarios:

Raúl dijo...

¡Olé!

Josep Vilaplana dijo...

Leyéndote tengo la certeza de que no es que pongas el dedo en la llaga, es que te instalas en ella con toda tu ropa de invierno metida en cada una de las palabras.
¿Por qué los bisontes da la caverna? fácil: por la extrema dificultad, dado el estado de la red viaria de esa cercana época, de pasearse por Valencia.

Por cierto, estoy un poco dolido por rapto de mi fotografía. He estado hablando con ella y afirma que se siente mucho más a gusto en tu blog que en mi archivo (lo peor es el peligro, sin duda real, de que este argumento sea compartido por todas las demás imágenes…).

Qué decirte, Bárbara, ilusión y agradecimiento de verla instalada en tu precisa y preciosa esquina.

Sombras Chinescas dijo...

La vida es aquello que queda, al final del día, tras dar sepultura a los sueños.

Saludos.

Albert dijo...

No sé si hay muchos más, pero por lo menos uno se ajusta a lo que pides: Jabois. Y tú progresas adecuadamente. Saludos, Bárbara y concurrencia.

NáN dijo...

Joder, me provocas, y luego pasa lo que pasa, que es como si me escribieras una carta y te tengo que contestar con otra. Una y otra vez reniegas de ti misma, te vapuleas; pero como no hay nada nuevo bajo el sol ni bajo la luna, al leerte soy yo el que me siento vicariamente vapuleado. Practicas lo que se llama Violencia del Yo, que todavía no está tipificada penalmente, pero debería estarlo y un juez debería dictar contra ti una orden de alejamiento de ti misma de al menos 300 metros.

Lo primero que dices es una obviedad. Solo los españoles tenemos razones, hectómetros cúbicos de razones, para renegar de España. Los que nos visitan unos días, pueden renegar de la acidez que les provoca la mierda de sangría que les han dado; y punto pelota. Pasa lo mismo con Mongolia: por más que quiera no puedo renegar de Mongolia; me parece adorable. Claro que la cuestión es: ¿reniega un francés de Francia? ¿Estás loca o qué? Ni de coña. Ahí sí que le dimos bien dáo. Esa es nuestra mismidad, que ya la detectó Machado al escribir lo de “una de las dos españas ha de helarte el corazón”. Claro que Machado era un buenazo y no cayó en que nos lo hielan las dos.

Otra frase de parecida estructura, que no viene a cuento pero la digo porque es muy bonita y porque en el fondo tiene que ver con esas ganas enormes de renegar, es “si dice que no es de izquierda ni de derecha, es de derecha”. Así somos, ma petite amíe.

Lo que te pasa es que, como dices, maduramos hacia la infancia, y nos va dando unas ganas enormes de que alguien con autoridad nos diga “esto es así porque sí”. Ya no tendríamos que comernos el tarro. Normalmente, en las familias de toda la vida de antes, nos lo decía Madre, porque Padre era un señor al que solo veíamos los domingos y que cuando íbamos a la misa obligatoria de los domingos estaba afeitándose, con un pijama a rayas, fumando un cigarrillo rubio y tarareando una canción. Nos revolvía el pelo que nos acabábamos de repeinar y nos daba un beso que nos dejaba la cara llena de jabón.

“Caminar como si nunca fueran a acabarse los pies”. ¡Sí! Es eso.
“Sí creo que la vida que no es narrada es un poco menos vida”. También. Hoy estás clariescribiente.

Claro que le pillamos el gusto y a veces escribimos o leemos más de lo que vivimos.

Pero es que, como dijo un tío mío sordo cuando por su cumpleaños le regalaron un sonotone de los años 60, de esos que hacían mucho ruido, se lo quitó y dijo “Para lo que hay que oír”. Y ya no se lo volvió a poner.

A España solo se la quiere en ese trocito de película en la que un soldado republicano sale bajo la lluvia y empieza a cantar Suspiros de España agarrado a su fusil como si fuera su pareja. La mejor pareja que un español puede tener.

Bárbara dijo...

Español, más que español, RAÚL.

Es que yo sé lo que hay que darles a tus fotos para que se sientan como en casa, JOSEP,un carajillo a media mañana, un chato de vino a mediodía, un paseo por la primavera de los cuerpos a media tarde. Esta la guardo como rehén. Ya verás cuando te lleguen mis condiciones para el rescate.

Amén, SOMBRAS. Menos mal que cada noche se produce el milagro y los sueños resucitan. Un abrazo.

La verdad es que Jabois es cosmopolitamente español, sí, soy fan total, ya lo sabes, ALBERT, pero pensaba más en novelistas que en articulistas. Qué bueno tenerte otra vez por aquí.

Si es que vamos provocando, NÁN. Estoy por pedir la orden de alejamiento, olvidarse de uno mismo es la gloria, sin duda. Sobre la patria y esas tonterías, vengo de leer un libro de Nothomb que es de origen belga pero pasó su infancia en Japón, EEUU, Bangladesh, porque su padre era diplomático. Dice: De todos los países en que he vivido, Bélgica es el que menos he comprendido. Ser de un determinado lugar quizá consiste en eso: no comprender en qué consiste.

NáN dijo...

adoro a la Nothomb y me leo todos sus libros: escribe cuatro al año y solo publica uno.

M. dijo...

Pido perdón anticipadamente por traer esta cita, pero quizá tenga su encaje dialéctico en el contexto:

"Nosotros amamos a España porque no nos gusta. Los que aman a su patria porque les gusta la aman con una voluntad de contacto, la aman física, sensualmente. Nosotros la amamos con una voluntad de perfección. Nosotros no amamos a esta ruina, a esta decadencia de nuestra España física de ahora. Nosotros amamos a la eterna e inconmovible metafísica de España".

Bárbara dijo...

Encaja perfecta, M. Sólo te ha faltado decir de quién es...

M. dijo...

Es que es de José Antonio.
(Ya la hemos liao)

Bárbara dijo...

Ahí va la ostia. A mi madre vas.

M. dijo...

Castígame Bárbara porque he sido un chico malo, y además voy a reincidir con otra cita.
Esta vez con referencias.

“…los españoles vivimos en permanentes guerras civiles, en plural, todos contra todos, pero también en inhóspita guerra civil contra nosotros mismos y con nuestro lacerado y doliente corazón por campo de batalla, los españoles debemos vigilar al propio español que llevamos dentro para que no nos degüelle mientras dormimos y él vela como un lobo al acecho, tu tío Jerónimo no cree en el fuego, en esto no parece español, sí sobrino, el español es pirómano porque quiere quemar todo vestigio de su pasado, toda crónica de su presente y toda esperanza en su porvenir, ¿toda crónica de su presente y toda esperanza en su porvenir también?, sí, a lo mejor todavía más que todo vestigio de su pasado, el español se avergüenza de su pasado pero teme a su presente y se desentiende de su porvenir, el español también se avergüenza de su presente y sabe que acabaría avergonzándose de su porvenir, por eso cree en el fuego sobre todas las cosas y lleva un Torquemada en el corazón, el español no cree en Dios, cree en el fuego, en Dios cree en tanto en cuanto le da argumentos y licencias para prender la hoguera, Torquemada tampoco creía en Dios, sobrino, aunque la gente suela admitir que sí, (…) en España siempre se gobierna con una tea encendida en la mano, con gorro frigio o con monacal capucha siempre está en el gobierno Torquemada, en el gobierno y fuera del gobierno al español lo que le gusta es pegar fuego a España y a los españoles, lo primero que tenemos que hacer los españoles es no arder, después ya veremos…”

Camilo José Cela
Vísperas, festividad y octava de San Camilo del año 1936 en Madrid

Bárbara dijo...

Citaza. Increíble el Camilo de San Camilo.

Gemma dijo...

¡Olé!
Y un beso.