domingo, 23 de diciembre de 2012

Razones para escribir




















M. me preguntó por qué escribía y le dije: no sé, me gusta.

Y luego pensé que ese era el motivo por el que escribía, que si no fuera afásica, si pudiera expresarme tan ricamente con la palabra hablada, no escribiría.
 Al llegar a casa, rastreé en el blog en busca de motivos para escribir y encontré unos cuantos:

“Ahora sé que se escribe para borrar, para borrar la estela de lo real, para reconstruirle el himen a la mirada”.

“Me digo que a través de la literatura se explica el mundo, que tiene razón Bloom y Shakespeare y F, y que no sólo se explica, se crea el mundo, y no sólo se crea, se salva el mundo. Y no sólo se salva él que nos salvamos con él”.

“Ya conté que observaba la existencia de un fenómeno curioso: que la escritura viene a tumbarse sobre los recuerdos, viene a añadirse a ellos, como una capa de reluciente mugre. Que de tanto machacar un recuerdo, de recrearlo, de moldearlo, de estirarlo, acaba por confundirse con el recuerdo en sí, se adhiere a él como los lípidos a las células adiposas. Lo acaba modificando. Y ese hecho es sencillamente maravilloso, porque ya no se trata de engañar a los demás con historias inventadas, sino de engañarse a uno mismo y a la memoria con sus propios embustes. Crear una vida distinta en definitiva”.

“Escribir, instrucciones de uso:
1. coger el sufrimiento que viene en la caja negra, por las puntas, con cuidado de no dejar marcas de huellas personales que luego queden en el papel.
2. extenderlo bien, ayudándose de las palmas de las manos, de los codos, del hígado, del páncreas y hasta del corazoncito, si fuera necesario. Siempre con movimientos circulares. (Nota: si no se dispone de un corazoncito a mano, pueden utilizarse entrañas, el resultado es parecido).
3. dejar secar hasta comprobar que las partículas de carbón de la frustración, el desencanto y la desesperanza se han adherido bien al papel.
4. retirar el sobrante, soplar y leer una vez en voz alta, como si fuera una carta de la seguridad social.
5. no releer jamás.
En realidad, para escribir sólo hace falta pecado y culpa. Pecado y culpa. De venta en cualquier farmacia”.

“Lo cierto es que siempre he pensado que los diarios eran cosa de personas débiles, sentimentales o francesas. De personas con poco que ocultar. Si hasta Kafka en sus diarios se ponía tontorrón.
Recuerdo que de pequeña, quería escribir un diario, con tapas acolchadas, y delicadas flores en la portada, con su candado y su llavecita. Pero ya consciente de mi monstruosidad, de que si abría el grifo, el líquido verdoso y purulento que manaría nada tendría que ver con el agua, y sobre todo de mi falta de constancia, de mi incapacidad para mantener bajo llave los futuros motivos de mi exilio emocional, siempre lo posponía.
Hace ya tiempo que el grifo gotea, y que he aprendido a esconder mis ominosos secretos tras las palabras, a camuflarlos bajo metáforas, confiando en que tus ojos serán la llave, que verán y dejarán correr, como el agua”.

“Descartar el resto de historias para quedarse con una sola, y de ella, con los momentos capitulares que mostrar, es elegir desde qué piedra lanzarse al vacío. Siempre he sospechado que se trata de cerrar más que de abrir, de engullir más que de vomitar, de saciar más que de brindar”.

“Yo asocio la creación al hecho de completar o al hecho de rectificar, o a una acción que combine ambas acciones. A cerrar más que a abrir, a engullir más que a vomitar, a saciar más que a brindar. Me repito.
La vida es ese asunto inconcluso que debe ser completado por la ficción (mejor por la ficción pura que por la religión)”.

“A menudo me siento como una impostora que realiza actividades fraudulentas con las palabras como moneda de cambio, una contrabandista que trata de pasar por la aduana de la realidad sus falsificaciones chinas de productos de marca. Una maga de tres al cuarto actuando en un tugurio de mala muerte”.

“Escribimos a medias mi soledad y yo. Para ser exactos, a ella pueden atribuírsele las tres cuartas partes de mi, ejem, obra y a mí sólo ese cuartito oscuro al fondo del pasillo. Sé que no soy para nada imprescindible en esta historia, pero a ella le gusta hacerme creer que no es así, que mi opinión cuenta, aunque sea una opinión contaminada por el exterior, una opinión a veces expresada únicamente para hacerla rabiar.
Ella siempre me espera en el despacho, acomodada en su sillón de piel giratorio, las piernas cruzadas sobre la mesa.
Yo en cambio la abandono siempre que puedo, antepongo cualquier fiesta banal, cualquier café sobrevenido, a estar con ella y con su proyecto, como si la vida fuera justamente el reverso de su compañía. Y sin embargo, tantas veces me ha parecido ver a esa vida correr entre los renglones con sus patitas de alambre, saltar sobre las emes, columpiarse de una g, descansar en el regazo de una S mayúscula.
En eso estamos ella y yo, ella sin pensar en nada más que en su historia, yo, aunque hipócritamente se lo niegue, soñando con el reconocimiento, acariciando las partes más sensibles de ese ego crecido que bombea sangre desde su mismísimo centro, y cuyo deseo se adivina insaciable.
Cuando esto termine, ella se hará a un lado, se quedará en su tranquilo rincón y dejará que sea yo quien se lleve el aplauso, la colleja o la indiferencia, como si yo fuera la auténtica protagonista. Y yo la traicionaré sin dudarlo. La abandonaré cobardemente como se abandonan con la espalda esos ojos que han visto demasiado”.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

La nada





















En un estado de Facebook, que viene a ser como un estado superior del alma, dice el amigo Vilas que tiene plena consciencia de que no morirá nunca. Yo por el contrario tengo plena consciencia de estar muriéndome cada minuto, qué digo cada minuto, cada segundo, qué digo cada segundo, cada milésima de segundo, qué digo. 
Y no sé por qué pongo por el contrario si en el fondo creo que las dos frases son la misma cosa. Morirse a todas horas y no morirse nunca. Entiendo a Vilas. Lo entiendo eternamente, a pesar de que sólo recuerdo haber sido inmortal en la adolescencia (pincha aquí y lo comprobarás.)

Lo cierto es que le vi las orejas a la muerte (eran peludas) y no me importa haberlo hecho, creo que me queda bien, me favorece bastante. -Tan mona y puede que tan efímera-, -tan sexy y tan maldita-. O algo así, que abuela no tengo. MURIÓ.
Creo de verdad que haber mirado a los ojos a la nada, no haber imaginado que uno le mira a los ojos sino haberlo hecho te llena la retina de todo. 

Y es rara la nada, tan inmensa, tan vasta, tan blanca. Uno se va quedando en pelotas a medida que avanza hacia ella, se despoja de prejuicios, de cáscaras, de culpas, de todas aquellas voces ajenas que pueblan las cabezas (Como aquel cura que exclamó en su agonía: todo era mentira!). Y se produce una magia extraña, nada por aquí, nada por allá, y tachán: Nada. Pero nada. Y detrás de esa nada, aún hay más nada. Hasta donde alcanza la vista, nada.Más allá, nada.
Lo más curioso es que cuando uno cierra los ojos, puede verlo todo, el mundo entero, qué digo el mundo, la galaxia, qué digo la galaxia, el universo, qué digo. 

martes, 11 de diciembre de 2012

Decálogo






















Construir con el tesón del arquitecto loco, como si cada mañana trajera en su luz un nuevo seísmo. 

Mirar adelante como una forma de inventar horizontes. Aquí. Allí. Ahora. 

Vivir despacio la intensidad. Des-pa-cio. 

¿A qué tanta prisa si vamos a estar muertos tanto tiempo?

Mirar adentro como si el mundo fuera un reflejo en tus aguas, y el mundo ahí afuera, sólo agua.

Acaso la muerte sea tan sólo falta de intensidad.

Pisar con garbo la calle.

No detenerse aun sabiendo que la vida cabe toda en un adoquín, observado con calma por un solo pie.

 Amar como esa serie de flexiones que haces cada mañana. Con disciplina.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Querido Stalin













Querido Stalin, no voy a negar que me ha producido cierta sorpresa tu solicitud de amistad en el Face, aunque no tanta. No tanta. El tiempo hace ver las cosas de otra manera, las pequeñas rencillas, las discrepancias ideológicas, los intentos de asesinato, se acaban diluyendo entre los litros y litros de años transcurridos, y se hace más denso ese poso de contemporaneidad que compartimos, esa coincidencia con peso específico en el espacio y el tiempo.

En fin, tampoco quiero caer en la nostalgia, a mi edad.
Sí te diré que, puestos a morir, creo que es infinitamente más glamouroso morir asesinado, y en manos de un hombre guapo, español y guapo, que en la cama de algo tan vulgar como la hipertensión.
Ya vi que la posteridad, esa máquina etiquetadota, te ha colocado entre los más crueles dictadores de la historia, no sé qué opinas al respecto. La Wiki dice que en occidente eres visto como un tirano brutal pero en Rusia sigues teniendo cierto tirón. En un estudio realizado por la televisión estatal para determinar cuál era el personaje ruso más popular, tú te ubicabas en el puesto número tres de la lista. A tu edad y encabezando la lista de los 40 principales. No te quejarás.
Justamente hoy pensaba que el mundo no ha cambiado casi nada en este último medio siglo. Casi nada. Por fuera sí, los hombres ahora se depilan, las mujeres engendran hijos a distancia, sin necesidad de ser penetradas, la vida se ha convertido en una jugada a tres bandas, donde todo el mundo lleva una segunda vida virtual en el Facebook, en twiter, en wasap, en blogs. Sin embargo, por dentro, el funcionamiento del mundo, su estructura, apenas ha variado en todos estos años, quién nos lo iba a decir a nosotros, que vivimos todos los cambios posibles.
No pienses que no he llegado a comprenderte. Tanto tiempo tumbado, dedicado a la pura contemplación, hace que uno comprenda hasta al carnicero de Rostov. Sé que ya no podías parar, que una vez empezaste con la poda, te quemaba en las manos la cizalla de la desconfianza, zas, zas, era ya una adicción, el enemigo te acechaba, zas, la iglesia, la burguesía, los diversionistas, zas, los ucranianos, tus propios compañeros de partido, zas, zas, hasta dónde. No me hubiera sorprendido que un día te cortaras una mano, por sospechar que firmaba acuerdos secretos a tus espaldas. Tantas sombras amenazándote, la barba de Lenin se dibujaba claramente en una de ellas, y  ninguna tan grande como tu propia inseguridad.
Hace tiempo que he dejado de preguntarme qué hubiera sido de la historia si… hace tiempo que sé que tres puntos significan sólo tres finales seguidos, y que todo final es una ficción, y que la historia es lo suficientemente autónoma como para encontrar su propio camino, más allá de lo que le marquen notables individualismos. La historia es un rodillo gigantesco que nos ablanda. Nos ablanda.
 En fin, que por mí, el piolet de guerra está enterrado, sin rencores.
¿Siguen gustándote los retratos de hombres desnudos de artistas rusos del XX? ¿Y la mermelada de pétalos de rosa? ¿Y las interpretaciones de Mariya Yúdina?
Podrías colgar algunas fotos de tus nietas que las vea. 
Y si tienes página de fans, házmelo saber para que le dé al Me gusta. 
Estamos en contacto,
Trotsky.

martes, 6 de noviembre de 2012

¿Bio-lencia?





















Vivimos en una época estupenda para reflexionar acerca de la violencia, no sólo de la conveniencia o no de su uso, sino de su propia naturaleza. La violencia en todas sus formas: económica y sutil, burda e inefectiva, extrovertida y superficial, pasiva y lacerante, hay tantas combinaciones posibles como casos en los que se traduce: desahucios, muertes por hambre en África, lanzamiento de zapatos, supresión de la ayuda a la dependencia, suicidios, robo a supermercados, quema de cajeros, evasión fiscal.
En general arrastra mala fama la violencia, por eso suele usarse con la precaución de la hipocresía. Cuánto daño hizo ese tal Jesucristo, siempre con la otra mejilla por delante, mientras la iglesia, por detrás, iba asestando puñaladas y robando carteras. La paz a cualquier precio como imagen de marca, de una marca tremendamente violenta.  
¿Y Gandhi? Gandhi fue más listo, sabía que un enconado pacifismo alberga en su interior cierta clase de violencia.
En general la RAE (que a veces ejerce una violencia léxica extrema, la muy conservadora) define lo violento como aquello que va en contra de lo natural.
Violento podría ser volar en avión, fumarse un cigarrillo o practicar la abstinencia. Violento podría ser escuchar Quédate conmigo de Pastora Soler (qué violencia para los tímpanos)
Lo natural podría ser una familia que reine por sangre durante siglos, tan natural como cagar tras haber comido.
Ah, cómo le gusta a la fuerza de la costumbre disfrazarse de naturalidad!

La pregunta es si hay que recurrir necesariamente a la violencia para materializar un cambio o existen otras maneras.
Por favor, ¿sería tan amable de abandonar su lujoso yate de tres kilómetros de eslora, que vienen a vivir en él cuatrocientas familias necesitadas?
Estoy segura de que los avariciosos lo entenderían, no pensarían que es violencia sólo porque se les despoja de algo a lo que naturalmente están acostumbrados. ¿O no?
¿Cuál sería entonces la forma de violencia más efectiva?
Yo apostaría por las técnicas jiujitsu, usar la fuerza del enemigo para repeler su ataque y que esa misma fuerza se vuelva en su contra. Violencia defensiva que aprovecha el impulso y las armas del atacante (espejito, espejito, versión niño)
Traducido al concretismo: utilizar las urnas para obtener provecho para la propia clase, y no para aquella a la que se querría pertenecer (abajo la enajenación, que es violencia, violencia, violencia), convertir el valor masa en un rodillo que cambie de dirección, ejercer el poder como consumidores (comprar sólo productos de empresas con cierta ética, no comprar productos de empresas antisociales).
Yo creo que esa es la solución. Y al que no esté de acuerdo conmigo, le suelto una hostia pero rapidito. 

martes, 30 de octubre de 2012

El mundo today















Ya sólo leo El mundo today junto con mi cafelito. Ya no me interesan las caricaturas borrosas de la realidad (qué cosa es eso) que dibujan los medios convencionales, sólo las caricaturas nítidas de El mundo today, donde la verdad flota con mucho menos esfuerzo, empujada por el corcho del humor (“Los bancos sustituyen los cajeros por máquinas tragaperras”, “Una despedida de soltero se complica y da el salto a la política”, “El primer catalán españolizado sigue vivo y evoluciona favorablemente”, “Un perro guía disputa a Rubalcaba el liderazgo del PSOE”). Hay verdades serias ahí.  Hay más retratos de la realidad (qué cosa es eso) que en cien titulares de El mundo pedrojotil.
Tal vea el humor sea la forma más rápida de completar el recorrido de A a B. El humor, como la metáfora, alcance velocidades supersónicas, suponga un pasito más en la evolución. Si superas la pantalla de la desesperación, accedes a la del humor, con dos vidas extra de regalo.

Recuerdo una escena de El hombre que pudo reinar, en que los aventureros Sean Connery y Michael Caine quedan atrapados en el repecho de una montaña cubierta de nieve, imposible subir, imposible bajar. Saben que van a morir. Tras unos momentos de desesperación, recuerdan anécdotas y acaban llorando de la risa, es tan trágica la situación que acaban llorando de la risa, porque se van a morir, porque qué más da ya la trascendencia y la montaña y la nieve y el dolor y la posteridad, se parten de risa. Y esa misma risa provoca un alud que los salva. Adoro esa escena.

Estoy convencida de que el humor nos salvará.

domingo, 21 de octubre de 2012

El condensador de fluzo





















¿Quieres decir que todos los defectos han sido subsanados? Ajá. Ahora mismo soy una máquina perfecta diseñada para amar. ¿Las válvulas del ego? Bien ajustadas. ¿Los niveles de desconfianza? No pasan del uno. ¿Los pistones de la ilusión? Engrasados. ¿El miedo a la felicidad? Era una pieza inútil, la máquina funcionaba igual sin ella. ¿La tapa del delco? Rieron el chiste privado. ¿El condensador de fluzo? No trates de pillarme.
El sol empezaba a emerger desde el horizonte. Amanecía. Pero no una vez más. Amanecía. 

domingo, 14 de octubre de 2012

Españolitis
















- Es un dolor intenso, doctor, punzante, fragoso.
- ¿Aquí?
- No
- ¿Aquí?
- No
-¿Aquí?
- No.
Resoplido.
-¿Dónde entonces?
-No sabría decirle, pero cómo duele.
Silencio. Ojos.
- Seguramente sea la españolidad. Una inflamación de la españolidad. Últimamente se están dando muchos casos.
- ¿Y es grave, doctor?
- Se puede vivir con ello.
- ¿Se opera?
La lista de espera es larga, y ahora con los recortes… pero no tema, le recetaré algo para los síntomas, para la tristeza, para la desesperanza, para esa melancolía típicamente española que produce la enfermedad.
- ¿Y cómo la he cogido?
- Vaya usted a saber, malos hábitos, una dictadura que campó a sus anchas y sigue campando, una nefasta transición, una estructura podrida por la corrupción… puede que Julio Iglesias… no están claras las causas.
- ¿Y qué me recomienda, doctor?
Silencio.
- ¿Qué me recomienda?
Ojos.

domingo, 7 de octubre de 2012

Anabah
















El viernes tuve mi primera presentación de novela (chispas!) de un compañero de tertulia, Carlos Michel Fuentes, que ha escrito un libro que está muy bien, difícil de leer pero que está muy bien.
Todo el día anduve con angustia, con ganas de huir justo en sentido contrario. No soporto hablar en público. Luego todo fue bien, y recibí aplausos y hasta algún hiperbólico bravo. Me encanta hablar en público.

Esto fue lo que dije:

He de decir, así de entrada, que Carlos Michel juega con ventaja, que escribir desde la Habana, sobre la Habana, supone ya cierta ventaja, porque la cubanidad es en si misma literaria, posee todos los elementos favorecedores de la escritura: la austeridad económica, por no decir miseria (ya decía Wittgenstein que se piensa mejor desde la cabaña que desde la cátedra), el aislamiento (esa soledad que es el imperio de la conciencia según palabras de Bécquer. Quién sabe si Cervantes o Dostoievski hubieran escrito sus grandes obras de no haber pasado una temporadita en prisión) y la cultura, tener al alcance de la mano el producto de otras soledades, que sin duda azuzan la imaginación.
Todo ello crea un caldo de cultivo que permite alcanzar el estado ideal para el escritor: esa agonía serena que es la base de la escritura. Cioran lo dijo de otra manera: "Un libro es un suicidio aplazado."

En Cuba se da además de forma especial la paradoja que, como todo el mundo sabe, es la materia prima de la literatura. Y no sólo porque a menudo el que vive en Cuba sueña con salir de allí y el que vive fuera no piensa más que en volver, sino porque La Habana es paradoja pura, es decadente y vitalista a un tiempo, es carnal y es intelectual, es salvaje y es educada, es blanca y es negra, es una chica fácil con un tremendo orgullo.

Todas esas contradicciones están en este libro.

Aprovechando, o aprovechándose de su cubanidad, Carlos Michel, como los grandes chefs, nos ha preparado una Habana deconstruida, descompuestos sus ingredientes y vueltos a componer, para que al lector le llegue intacto su sabor.
Un retrato personal de la ciudad hecho por alguien que ya ha empezado a abandonarla, que es como mejor se hacen los retratos, con la visión del que gira la cabeza porque se va.
Entre el diario poético y el sueño, construye una voz que va de la angustia a la vitalidad, de la desesperanza a la alegría para hablarnos de la verdadera partida, la que se produce en la cabeza, a través del recuerdo, de la proyección mental, esa que se da mucho antes de coger un barco o un avión.

En definitiva, nos habla del paso del tiempo, de un tiempo que es distinto en la Habana, más lento, más húmedo, más asfixiante, más lascivo, con cierto toque alucinógeno. Y es que tal vez no exista otro tema en la literatura, ya lo dijo Gil de Biedma: “en mi poesía solo existe un tema: el paso del tiempo y yo”.

Carlos nos arrolla en Anabah con un poderoso torrente de palabras, aparentemente desordenado, visceral. La novela está llena de cosas, de objetos, de listados, de pensamientos que se superponen unos a otros, desafiando las leyes de la lógica cerebral, acercándose a las de la lógica emocional.
El libro está lleno de preguntas pero no de respuestas, lo que demuestra una gran sabiduría.
Su autor muestra un desprecio absoluto por la trama en favor del estilo. No resulta un libro fácil de leer, no, por eso conviene hacerlo en pequeñas dosis y con una concentración laxa, si esto es posible.

Me ha hecho mucha gracia leer en la contraportada: el autor abandona Cuba a principios de los noventa. No regresa jamás. Lo pone así: No regresa jamás. No dice “no ha regresado jamás”, o “no regresará jamás”, sino “no regresa jamás” en rabioso presente, haciendo del no regreso un acto continuo que sigue sucediendo.
Creo que esa es también una forma de entender la vida que conecta con la idea fundamental de este libro, ese continuo viaje sin regreso.

Si me permiten, voy a leer un fragmento de la novela:
 “Una mujer sentada en el metro de Madrid hacia nuevos ministerios se duerme y sueña. Es un sueño corto, una pequeña fuga. De estación a estación. Y mientras duerme, la miro y me pregunto si podré amarla yo algún día sin ese temor incontrolable a perderla entre sueños. Pasa rasante el bote entre dos piedras. Hay siete diferencias entre el cuadro original y el impostado, pero ¿cuál es cuál? ¿hay uno verdadero? Tengo dos hijos zurdos. Soy el hombre-guía de mi perro ciego. Subo y bajo de peso regularmente, me traqueo los dedos de las manos. Tengo un amigo en Berlín y otro en La Habana. Nada me repugna. Me gusta hacer un agujero en la arena y hallar agua, aunque el mar se extienda inconmensurablemente a pocos metros.”

Y ya para acabar, quería hacerle una pregunta a Carlos Michel, una pregunta fundamental: ¿Michel es parte del nombre compuesto o apellido?

lunes, 1 de octubre de 2012

Un alien amador





















Reventó.
Llevaba unos días notando moverse algo en mi estómago, una sensación extraña, entre los gases y el enamoramiento, entre el dolor menstrual y la expectación intensa.  
Reventó. Salió de mi tripa, de mis entrañas como una bestia salvaje, cubierta por una gelatina uterina, para decirme, con voz cavernosa: Tranquila, estoy aquí para quererte y cuidarte.
Pero eres tan... feo. Tan… tan… viscoso.
Eso es lo de menos, melona. A partir de ahora todo irá mejor, dijo. Yo soy parte de ti y voy a quererte siempre, incondicionalmente. Todo va a ir bien mientras yo te quiera.
Y me besó. Solo aquellos lugares a los que alcanzaba su monstruoso cuerpo de movilidad reducida: el vientre, la ingle, el brazo que tenía cerca.
La baba que dejaron esos besos olía a infancia fresca.


viernes, 21 de septiembre de 2012

Locos o cínicos





















Me pregunto de verdad hasta qué punto. En serio, hasta qué punto. En ese instante justo antes del sueño, en que la realidad y la clarividencia se aparecen, vaporosas, confundiéndose como dos amantes univitelinas, y lo acorralan a uno suavemente, ¿hasta qué punto el ser humano es capaz de resistirse a ellas y autoengañarse?
Y cuando digo ser humano, estoy siendo generosa porque estoy pensando en algunos políticos.
Hasta qué punto Cospedal, justo después de depositar su amaestrada melena, en esa conversación privada que mantiene con la almohada, se autoconvence de que hace lo que debe.
 Bernard Show ha levantado la mano: Cuando un hombre estúpido hace algo de lo que se avergüenza, siempre dice que cumple con su deber.
Gracias por el apunte, Bern.

Hasta qué punto Rajoy, hasta qué punto Wert, hasta qué punto Gallardón, De guindos, Rubalcaba, el rey de España, el obispo de Alcalá de Henares, hasta qué punto. Es importante el punto.
Al margen de consideraciones filosófico-conceptuales, de que la realidad es tan abrumadora, inaprensible, tan alephiana la muy perra que nos sobrepasa, al margen de que existe una realidad de las cosas por fuera y una realidad de las cosas por dentro, al margen del relativismo postmoderno que nos lleva a equiparar con compulsión (me encanta mi amigo A. cuando, hablando de un tercero, ante argumentos como todos tenemos parte de culpa, exclama: ¿acaso soy yo igual que hitler?) al margen, digo, de todas estas consideraciones me pregunto, en qué grado se engañan, y en qué grado, inversamente proporcional, tratan de engañarnos.
Es decir si locura o cinismo. Cuánto de locura, cuanto de cinismo.

Yo diría que así a ojo, en el caso de Cospedal, el cinismo rondaría el 90 %, la locura apenas un 10%. Aznar sin embargo alcanzaría unos porcentajes de locura mucho más altos, alrededor del 80%, acercándose a Hitler o a Stalin. Felipe González sin embargo poseería un elevadísimo porcentaje de cinismo, y Bush…  Bush es tan imprevisiblemnte idiota que antes de poner la cabeza sobre la almohada, ya se ha dormido.

Te estarás preguntando ahora qué son son peores los locos o los cínicos. Los locos o los cínicos. Los locos o los cínicos. 
La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco, interviene Dalí.
Muy ocurrente, Salvador, aunque no estoy segura de que venga al caso.
Un cínico es un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada.
Más apropiado sin duda, Óscar, gracias. 

Yo por mi parte, creo que prefiero el cinismo.
Tiene a su favor que provoca odio y el odio es sabido que impulsa mientras que la locura incita más a la pena, y la pena lastra. Presume además de cierta salud el cinismo que no posee la locura, a pesar de conservar ciertos residuos éticos que casi nunca cuajan en acciones concretas.
Para acabar, te diré un truco para poder reconocerlos: los únicos que jamás admiten su locura son los locos, y los únicos que jamás admiten su maldad son los cínicos.

martes, 11 de septiembre de 2012

He vuelto















He estado casi dos meses sin escribir en el blog pero ha sido por una causa justificada (las causas justificadas florecen en cualquier clima, sus semillas las esparce el viento con lujuriosa profusión, son más resistentes que los cactus, son los frutos más abundantes que da la tierra). Decía que he estado sin escribir porque he tenido un pequeño percance, pura mala suerte de la que soy abonada desde el año 1996- carné socia de oro-,  porque simplemente yo me limité a pasar aquellos billetes falsos que, todo hay que decirlo, eran un trabajo absolutamente magistral. Pero todo se complicó y el abogado, que solo lee a Zola y a Emilia Pardo Bazán- festivos aislados a Galdós-, me aconsejó que me declarara culpable, que sería una multita de nada. Mi compañera de celda se llamaba Remedios y no había leído un libro en su vida aunque sabía cómo hacer fuego pegando un alambre al lado negativo de una batería, cerrando la parte positiva y haciendo que se caliente el extremo. Actos cotidianos como encenderse un cigarrillo con un mechero son cosas que no puedes hacer en tu celda de 2x2, es lo primero que aprendes en la cárcel. Al salir, no sabía  cómo explicar a los amigos, virtuales y no, mi ausencia. Me acordé de J.A que pasó una temporada a la sombra y contestaba: es que he estado fuera. Y todos pensábamos ¿no será dentro, JA?,  ¿no será dentro? Porque las noticias de ese tipo corren como la pólvora sobre un campo de causas justificadas y van a explotar siempre en medio de la cara del noticiante.
Que es broma, que no he estado en la cárcel. Me da cierto apuro confesar que he pasado dos meses de retiro en la montaña de Gambo Utse en un pequeño, llámalo monasterio si te hace ilusión, tibetano con forma de montañita de arroz, con los tejados estirados hacia el cielo, como bigotes atusados. Yo, que soy una ferviente atea, levantándome antes de que la luz pusiera todas las cosas en su sitio, desayunando ejercicios espirituales, masticando el silencio como una pasta saciante y digestiva, adorando el arroz, buscando el nirvana entre sus granos, ché que soc valenciana le dije a Xio Lin, que se limitó a sonreír con una amable condescendencia que no ocultaba su lástima por mí. 
Venga, tampoco es cierto. Lo que sucedió es que a primeros de agosto se quemó mi casa, sólo la parte de atrás, el despacho y el dormitorio, porque mi vecina del sexto, que tiene un perro que se llama Hume, decidió que la explosión de una bombona de butano era la onomatopeya perfecta para expresar su hasta aquí hemos llegado. Mi vecina, la pobre, es socia numeraria del club de la mala suerte, su padre era alcohólico, su madre católica apostólica, su hermano tuvo la polio de pequeñito y ahora sufre esquizofrenia, con lo cual una ni siquiera puede odiarla como es debido por más que te deje sin internet.
Tampoco cuela, ¿no?
En fin, que no esto no son más que vanos intentos de hacer más liviana y excusable mi tremenda vagancia.
Pero he vuelto. I come back, como Terminator.
Reemprendemos la marcha. Siempre en dirección al viento. 

jueves, 12 de julio de 2012

Cómo cocinar un presidente






















Se coge un presidente de gobierno. Que sea fresco a ser posible, con menos de dos años de mandato, la carne aún dura (si no tienes confianza con tu carnicero, para saber si es tierno, basta con golpear la carrillera repetidas veces y comprobar que conserva la sonrisa). 

Se prepara la carne. Se deja un par de horas en remojo con sal para que suelte todo el amargor. Se seca. Se le recortan los pelos de las piernas, de las axilas, se le recortan las uñas, los espolones, los colgajos, las pieles sobrantes. Se le recorta, se le recorta, se le recorta, se le recorta, se le recorta, se le recorta hasta que la carne aparezca limpia.
Luego se trocea, y se sofríe junto a unos ministros y unos asesores (pueden ser morrones). Si se tiene algún presidente de la patronal a mano, también se le puede añadir ya que le da un puntito picante.
(la receta original es con chorizo pero el chorizo potencia en exceso el sabor, resultando redundante al paladar. Así, el guiso queda más fino)
Se riega todo con un vasito de sangre de banquero (el resto puede servir para hacer morcillas), se tapa y se deja cocer a fuego lento para que todos los ingredientes suelten sus jugos y la salsa se espese.
Se sirve frío, acompañado de patatas a lo pobre.

Tras el gran éxito entre las amas de casa de cómo cocinar un cristo, la receta del verano: cómo cocinar un presidente.


lunes, 2 de julio de 2012

Realidad y ficción
















Me avergüenza profundamente introducir la realidad dentro de la ficción. No se trata de una vergüenza moral, es decir social, sino íntima, es decir, húmeda. No pongo objeción a la hora de sodomizar, traicionar, matar, pero incluir el nombre de un pueblo real, de una calle real en mis ficciones, eso me turba hasta extremos parasubnormales.

El otro día trataba de explicarle a F. la divertida polémica, ya antigua, entre Espada y Cercas a raíz de la crítica de Espada al libro de Cercas sobre la guerra civil, en el que lo acusaba de agitar impunemente un cóctel de datos reales y ficticios; la respuesta de Cercas en defensa de "una verdad irónica y emancipada de la tiranía de lo literal"; la contrarrespuesta de Espada en forma de columna en El Mundo difundiendo (?) la falsa (?), candorosa noticia (?) de que el escritor había sido detenido en una redada a un prostíbulo.
Me reí tanto en su día, qué bien lo pasé con esa florida revisitación de esgrima dialéctico entre literatos del siglo dorado.

Pero preguntada que qué hay de malo en mezclar realidad y ficción en un producto que se sabe de ficción, no supe explicarle a F. por qué yo estaba más con Espada que con Cercas.
Ya, ya sé que todo, absolutamente todo, cabe dentro de la realidad, que es infinita e inmarcesible por más que traten de lastrarla los pesimistas, de convertirla en un concepto agorero y opaco. Y que por otra parte, todo lo que se escribe es ficción, desde los diarios personales, el género de ciencia ficción por excelencia, hasta los libros de historia. Incluso la lista de la compra es ficción, y siempre acabamos comprando de más.
Pero me sigue pareciendo hermoso y necesario establecer los límites.

Tal vez la clave estribe en la honestidad- concepto resbaladizo en ese oficio de decir al verdad a través de embustes que es la literatura- a la hora de establecer los códigos, con uno mismo y con el lector, entendiendo el género como un código socialmente establecido y, a otro nivel, el código particular de cada autor, hecho de un sinfín de elementos, desde la sintaxis a la elección de los mitos.

Yo no sé cuánta realidad hay en el Johnny Cash de Vilas, de viaje por España en un Dodge rojo. Que se comprara una espada toledana en Toledo entra dentro de lo posible, que se le apareciera a su chófer en mitad de la noche y le enseñara la polla (sin mariconadas) entra dentro de lo posible, que convenciera al arzobispo para que le dejara cantar en la catedral de Santiago entra dentro de lo posible. Que a Juancar, rey de España, le ponga sentarse a muchachas gordas en las rodillas entra dentro de lo muy posible.
Pero lo de menos es si es posible o no, lo importante es que el pacto que tenemos con Vilas está firmado con ironía, y en él se incluye la cláusula de la diversión, de la suplantación de la identidad, de la metáfora pop. Que es un pacto real. 

Que Espada provenga del periodismo, provenga y a menudo permanezca en él, le obliga sin duda a merodear por los lindes entre realidad y ficción.
No se trata de delimitar con celo aduanero las fronteras, hace años que dejó de emplearse en concepto de objetividad en los manuales de periodismo, pero sí de seguir indagando acerca de su paradero. 
Y si no, date una vuelta por un psiquiátrico.
Que no sepamos establecer con claridad esos límites no significa que se diluyan, que pierdan su identidad, y formen una salsa compacta en lugar de una emulsión. De la misma manera que uno no se diluye en el sexo sino que palpa sus propios límites en el otro.

Mientras, yo sigo inventando nombres de pueblos realmente ficticios. Tengo ya Villanueva del Arroyo, Mirambel del retiro, Casas del Campo viejo, La Iglesuela del pastor, Calambete, pero lo cierto es que se me está agotando la imaginación, ¿se te ocurre alguno?

martes, 12 de junio de 2012

Palabra de Jonathan





















Hay 100.000 millones de maneras de jodernos. Valientes kamikazes españoles- camicaces- vamos probándolas todas, una a una. En 2096, alcanzaremos el estatus de mártires y santos, nuestros estómagos incorruptos, nuestros dilatados anos incorruptos podrán ser visitados de 10 a 14h en la capilla futurista. No olvides echar una monedita para su mantenimiento.
¿No te parece que hasta destila un cierto comunismo este capitalismo, que pretende hacernos a todos igual de miserables?
No temas, porque pronto nacerá un nuevo Jesucristo, Jonathan, del barrio de la Luz, para fundar un nuevo orden social: la luz de la palabra.
Sus adeptos, que se contarán primero por miles y luego por millones, digan lo que digan las fuentes oficiales, quemarán billetes sin importar a quien pertenezcan, billete que encuentren, billete que quemarán.
 El dinero, como un valor inmoral e ignífugo, proporcionará clarividencia al arder, iluminándonos. En la combustión estará la salvación.
En la corrupción, la pereza del alma, ni siquiera la maldad, tan sólo la pereza. Luchar sin descanso contra la pereza será un mandamiento que se alimente a sí mismo.  

Las palabras, por fin, nos serán devueltas a los pobres. A cambio, les devolveremos sus eufemismos y demás porquerías: regulación del mercado laboral, daños colaterales, desaceleración económica, soluciones habitacionales, economía de mercado.
Tendremos silencio, sangre, eyaculación precoz, carajillos, entrañas, en fin, cosas sencillas, de las de toda la vida.
 La banca, que había desbancado al estado, será a su vez desbancada por la palabra. Palabra de Jonathan.
Yo creo que eso es lo que va a suceder.  

miércoles, 6 de junio de 2012

Sol, sol, sol, amor















Soy un monstruo de 250 años, recién nacido a la luz tras siglos de cautiverio. Virgen, con un doctorado en sombras cavernosas. Eso le dije que era.
Él pretendió haber cruzado el desierto, descalzo, con una cantimplora llena de rabia y un salacot del Coronel Tapioca.
Le besé las plantas de los pies.
Nos sentamos a ver el espectáculo de la muerte en forma de atardecer, el sol desintegrándose. El mismo sol, que es ausencia física, constante en la caverna, presencia pura. El mismo sol que es presencia fantasmal, intermitente en el desierto, ausencia pura.
No quedó nada por decir. Callamos con el mismo silencio, por respeto al sol, a los lagartos, a los cadáveres de hormigas, a las ruinas de ese horizonte antiguo. 

martes, 29 de mayo de 2012

He bebido un poco de vino















Pudiera ser un estorbo la belleza. Pudiera ser que caer en la trampa de la estética nos condene a merodear eternamente por las afueras, a no encontrar nunca el camino de regreso al centro.
O pudiera ser un arte eso de perderse. La única forma de vida el dar vueltas alrededor de.
No sé. A menudo me sorprende la superioridad moral, la cualidad casi divina que muchos hombres atribuyen a la belleza, como si ese combinado genético, aleatorio y casual fuera una suerte de destino superior, un rasgo heroico, un verdadero talento, que llega a confundirse con el bien. Como si el barman no fuera dipsómano perdido.

A los delincuentes físicamente agraciados les caen condenas más suaves, lo dice un estudio.
Los bebés sonríen más a las personas guapas. Lo dice otro estudio.
Hay estudios que avalan esta tesis, y estudios que avalan la contraria. Lo dice otro estudio.
Hay estudios sobre lo que dicen los estudios que dicen los estudios.
En fin, salgamos de este jardín de puntillas.

Decía que no sé si la belleza puramente física es un estorbo, una cualidad, un síntoma, un valor que empieza y termina en sí mismo, o la parte visible de un esplendoroso iceberg.  
Yo misma me sorprendí el otro día, hipnotizada por la cadencia de un culo (femenino) que caminaba delante de mí, extasiada por el milagro de esa curva perfecta, por la gravitante belleza del volumen hecho carne. De verdad que no pude dejar de mirar ese culo.

Ya convinimos tú y yo que inteligencia y bondad- las auténticas y no esas impostoras políticamente correctas que se pavonean por los medios- eran dos formas de referirse a lo mismo, pero ¿y la belleza?, ¿dónde queda la belleza en todo esto?
Los griegos, que todo lo inventaron, hasta la palabra crisis, le formularon al tiempo, aún virgen, todas las preguntas posibles, haciendo del interrogante acerca de la belleza el objeto del arte, ahorrándonos siglos y siglos de frivolidad.
Sócrates distinguía entre las cosas bellas y la belleza, para Platón, la belleza tangible era sólo una sombra, el concepto real de belleza sólo podía hallarse en la inteligencia.
En la ética de Aristóteles lo bello era lo bueno, cuando el bien adquiría visibilidad, se hacía bello. Un beso, Aristóteles.
Bondad, inteligencia, belleza, al final va a resultar todo lo mismo, vivir, morir, lo mismo, vaya mierda de conclusiones a las que llego ¿verdad?, ¿la verdad? también al saco. Bondad, inteligencia, belleza, verdad. Todo lo mismo.

A veces estoy deseando arrugarme y degradarme (y hasta depravarme) para dejar que la auténtica belleza emerja, para ir centrándome, despejando incógnitas y que no quede espacio para la duda.
Mientras, el mejor piropo sigue siendo el que dijo Sacha: Dios mío, ¡qué guapa estabas esta tarde cuando hablamos por teléfono!

domingo, 20 de mayo de 2012

Tengo buen carácter





















Tengo buen carácter. La sensibilidad sin las riendas de la inteligencia se me antoja un carro desbocado a la locura. M. dijo: ¡¡¡pero si está completamente tarado!!! Tengo buen carácter. Quiero que cojas mi mano cuando caigo, quiero que sueltes mi mano cuando empiezo a flotar. No quiero que cojas mi mano cuando floto. No quiero que sueltes mi mano cuando caigo. No quiero que estés a expensas de lo que yo quiero, joder. Tengo buen carácter. Le di la vuelta al calcetín de la virtud y apareció un defecto, ni siquiera una patata, sólo un defecto. Lo volví a su posición original y era de nuevo un calcetín. Tengo buen carácter.  Domestiqué la rutina, le pelé al amor todas las capas hasta que quedó un hueso, un hueso duro de roer. Me gusta el ruidito que hace al darle vueltas en mi boca. Tengo buen carácter. Creo serenamente en la violencia, en la justicia de Clint Eastwood, en las bombas que respetan a los inocentes y hacen estallar el mal en mil pedazos. Tengo buen carácter. Dijo padre y pensé asco. Dijo madre y pensé pena. Dijo hermana y pensé envidia. Dije hijo y pensé amor. Tengo buen carácter. 

domingo, 13 de mayo de 2012

Libro del desasosiego





















Ha sucedido un hecho histórico: por primera vez en mi vida he agarrado un lápiz para subrayar un libro. Un libro de libre elección, valga la cacofonía, un libro de relajo, el Libro del desasosiego.
Y digo histórico porque siempre he intentado mantener la lectura en el territorio del placer, he procurado darles libertad a las palabras, que con la pértiga de las ideas se encaramaran por sí mismas a la memoria, se subrayaran en el aire, sólo las más fuertes, las seleccionadas por la ley natural de superviviencia neuronal.
Y no hacer de la lectura un objeto de estudio, ni un objeto de lucimiento, ni un objeto de tocador, sí un objeto erótico si quieres, que excite mi imaginación y haga convulsionar mi pensamiento.

He subrayado aunque no sé por qué si yo leo para olvidar.

Desde luego no ha sido para hacer nada que se parezca a la crítica literaria. Constato últimamente que soy perfectamente incapaz de cualquier ejercicio de crítica literaria, no sé si por no manejar unos códigos específicos, por carecer del aparataje teórico adecuado o por pura indisposición genética. Lo que por supuesto no supone indisposición alguna para escribir.
Supongo que eso es lo que a menudo me revienta: la facilidad con la que se confunden teoría literaria y literatura, identificándolas sin miramientos, casi desliéndolas, insertando un discurso en el otro, en lugar de edificar el uno sobre el otro.
Esa proposición falaz de: si eres capaz de leer elevado y analítico, eres capaz de escribir bien, olvidando que en esa ecuación falta la emoción.
Y es que, puestos a conectar, ¿por qué no conectar literatura y programas políticos si algunos contienen más ficción que las obras completas de Tolkien?, ¿o literatura y prospectos de medicamento?, ¿o literatura y constitución, esa obra que sin necesidad de reescribirse está pasando del realismo sucio a la ciencia ficción?  

Como ser animal que sólo sabe leer desde la emoción, racional, pero emoción al fin y al cabo, mis argumentos se reducen a: mencanta, no me va demasiao o ma flipao.
Y no quiero con ello hacer apología de la incultura por evitar la propagación de la pedantería pero sospecho que para analizar un libro, hay que matarlo un poco, convertirlo en carne muerta para así desentrañar la enfermedad que esconde.
Convertirse uno mismo en el forense que escarba, con o sin permiso de la familia, en busca de la causa que lo mató. Olvidando que la enfermedad es la vida, y la literatura sólo pequeñas cápsulas que alivian los síntomas.

Y aún así, he subrayado con mi bisturí frases del infinito Pessoa, sin saber bien por qué:  

"Me he creado eco y abismo, pensando. Me he multiplicado, profundizándome".

"Todo lo que duerme es niño de nuevo".

"Una sola cosa me maravilla más que la estupidez con que la mayoría de los hombres vive su vida: es la inteligencia que hay en esa estupidez".

"Sabio es quien monotoniza la existencia puesto que entonces cada pequeño incidente tiene un privilegio de maravilla".


domingo, 6 de mayo de 2012

Gran Vilas














Vino Vilas y habló de autoficción.
Vino Vilas para tomar Valencia y hacernos súbditos de Ciudad Vilas, como Elvis hizo con Las Vegas, como Dylan con el cielo.
Habló el gran Vilas de ese otro Vilas que merodea por sus novelas y por su poesía y al que, no conforme, últimamente le ha dado por asaltar los títulos, el muy bandolero, Gran Vilas.
Confesó Vilas que le horrorizaba envejecer, y que los escritores son todos unos tarados, como si él mismo fuera un escritor y no un personaje de autoficción.
Habló Vilas de Houellebecq degollado, habló de la picha con baba verde de Paul Auster, habló del cadáver aún caliente de la ficción pura, del deseo postmoderno, impúdico, de besar ese cadáver.
Habló Vilas. Vilas habló. Y al final de todos los espejos, quedó plantado un tipo con aspecto rockero y ojos castizos, mirándose fijamente. Qué loco, pensé.
Habló Vilas de cómo fortalecer los bíceps de la autoficción para ensanchar la vida, lo suficiente como para que quepa en un libro.
Habló Vilas de Javier Cercas, y de la imposibilidad del relato real de driblar la ficción, de Vila Matas y de la autoficción como una autobiografía bajo sospecha.

Habló Vilas de lo que quiso porque todo le está permitido a alguien capaz de titular un libro Amor, y otro España. Todo.

Bebimos vino y habló Dylan en boca de Vilas: no fear, no envy, no meaness.
Bebimos vino y recitó Vilas un poema de Gran Vilas, Ciudad Vilas, y fue un regalo luminoso o un luminoso regalo, no me quedó claro. 
Bebimos vino hasta que las mejores versiones de nuestra autoficción, las del vino, hablaron, y tomaron las calles, y se hicieron las reinas de la noche, tan hermosas y desarraigadas, que reventaban todos los espejos a su paso.
Muy lejos, en el horizonte, parpadeaban melancólicas las luces de Ciudad Vilas.



Ciudad Vilas

Crímenes contra la humanidad en Ciudad Vilas.

Hoteles de lujo decadente a precios populares en Ciudad Vilas.

Descapotables negros con mujeres
de vestidos rojos con grandes escotes en Ciudad Vilas.

Mac Donalds colgdos del cielo en Ciudad Vilas.

Hombres ahorcados en los árboles más altos
de los góticos parques de Ciudad Vilas.

Sacerdotes predicando subidos en barcas
en los ríos de ciudad Vilas.

Estatuas de Manuel Vilas en las palazas,
en las rotondas, en los museos de Ciudad Vilas.

Adosados radiantes, institutos luminosos
de enseñanza secundaria
en las circunvalaciones de Ciudad Vilas.

Bares con hombres destruidos dentro
y cervezas de marcas desconocidas
en los arrabales histéricos de Ciudad Vilas.

Hospitales con médicos y enfermeras negligentes
construidos sobre las colinas desérticas de Ciudad Vilas.

Piscinas doradas, con agua de diamantes, en ciudad Vilas.

Calles con alma en Ciudad Vilas.

Mujeres enamoradas en los balcones
de las casas antiguas de Ciudad Vilas.

Fnacs Y Corte Inglés y Casas del Libro
donde sólo venden libros de Manuel Vilas
en el centro neurálgico de Ciudad Vilas.

Heladerías subterráneas donde se hace el amor en Ciudad Vilas.

Veleros y balandros en las playas agnósticas de Ciudad Vilas.

Concesionarios Mercedes- Benz en las calles principales de Ciudad Vilas.

Iglesias metodistas en Ciudad Vilas.

Armerías con armas automáticas sin licencia en Ciudad Vilas.

Mujeres verdaderamente libres al fin en Ciudad Vilas.

Negros de lujo casados con chinas comunistas en Ciudad Vilas.

Gente que se besa, que se muerde con furia en los lujosos vagones del Metro de Ciudad Vilas.

Pelirrojas enamoradas de Manuel Vilas en Ciudad Vilas.

Rubias bellísimas y fatales enamoradas de Manuel Vilas dándose muerte porque Manuel Vilas ya no las ama en Ciudad Vilas.

Estatuas neoclásicas con el rostro del padre
de Manuel Vilas en los jardines infantiles de Ciudad Vilas.

La primavera es una época de tormentas radiantes en Ciudad Vilas.

Novios de veinte años besándose en las avenidas de Ciudad Vilas.

Alegría sin fin hasta la desesperación luminosa en Ciudad Vilas.

Pasiones que devoran toda forma de civilización en Ciudad Vilas.

El conde de Montecristo y madame Bovary se casaron y viven felices en un apartamento del centro en Ciudad Vilas.

Jimi Hendrix da un concierto todas las noches de verano en el gran auditorio al aire libre en Ciudad Vilas.

Mujeres enamoradas de hombres gloriosamente
enamorados de sí mismos en Ciudad Vilas.

Hombres que lloran porque aún quieren amar más en Ciudad Vilas.

Elvis Presley vive completamente solo y anónimo
en un barrio obrero a las afueras de Ciudad Vilas.

El capitalismo es una rosa humana y revolucionaria en Ciudad Vilas.

Los mejores ministros de Dios consuelan a los pecadores
En las elegantes iglesias de Ciudad Vilas

Amor, amor, y amor siempre en Ciudad Vilas.

Hombres y mujeres que no creéis en nada
pero sin embargo estáis enamorados
os esperamos a todos en Ciudad Vilas.

Ven a Ciudad Vilas, te queremos.

Ven a Ciudad Vilas, triunfarás aquí.

Segundas y terceras y cuartas oportunidades auténticas
para cambiar tu vida de una vez por todas en Ciudad Vilas.

Ella dijo a todos sus amantes “os espero en Ciudad Vilas”.

Él dijo a sus chicas “Nos casaremos en Ciudad Vilas”.

Bienvenido a Ciudad Vilas.

Bienvenido a la ciudad del Amor.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Blister in the sun



Hay dos velocidades: morir lento o morir rápido. Vengo de leer Últimas sesiones con Marilyn, qué gran repris el de Marilyn, qué velocidad supersónica alcanzó su vida.

-         Mire, doctor, -le dijo a Greenson cuando apareció por la noche-, he encontrado mi definición de la muerte. Un cuerpo del que hay que deshacerse. Los supervivientes no piensan en otra cosa. Es un poco como esos hombres que te siguen por la calle. También el sexo es a menudo un cuerpo del que hay que deshacerse. Un cuerpo de más que confían en quitarse de encima dando una vueltecita por el interior. Redacté un testamento en Nueva York, durante mi primer análisis con la húngara. Y este era mi epitafio: Marilyn Monroe, rubia: 94-53-89.

Con una risa apagada, añadió:

-          Creo que lo voy a mantener aunque habrá que revisar las medidas.

Y unas páginas más allá:

Weatherby hubiese preferido no sentir su olor. Olía a suciedad, a temblores, a lágrimas.
-          He estado a punto de no venir- empezó Marilyn.
-          Me alegro de que hayas venido. ¿A qué te dedicas por aquí?
-          No lo sé. Estoy en el fondo de la piscina. Doy patadas para salir a la superficie. No lo sé. Preferiría quedarme abajo, lejos.
-          ¿Estás triste?
-          Si tú lo dices. Y aunque tú no lo digas…

Tengo predilección por los impacientes. A menudo me sucede que caigo en un poema que me gusta, triste si tú lo dices y aunque tú no lo digas, que me apasiona, y descubro que el autor se suicidó. En ese orden, primero me gusta, luego se suicidó. No causal, sí consecutivo.
Y no se trata sólo de impaciencia, cabría hablar de intensidad.


Le dije: Yo lo intento. Por la misma razón que un perro confía y un gato desconfía, yo lo intento. Y si hay que convertir el fracaso en un arte, se convierte y punto.

Tienes que tener cuidado porque asustas a la gente, me dijo. No se puede ir por ahí con todas las verdades al aire, me dijo.

Cerré las piernas en un acto instintivo, como si la verdad fuera un desagradable olor que emanara directamente del coño.

Voy a empeñar mis palabras, haré un inventario de pérdidas con los silencios, y empeñaré mis palabras, eso voy a hacer, le aseguré.

Él asintió, aburrido.

Y si hace falta me contendré, me contendré hasta reventar como una ampolla al sol, like a blister in the sun, añadí.

No exageres, nena, no exageres.

(Es que me da tanta marcha esta canción).

domingo, 22 de abril de 2012

Regar de vez en cuando



Madurar, ser capaz de cuidar de esa lechuga llamada inocencia, verde como el porvenir. El corazón es un invernadero hecho de plástico y retales del que escapa un tallo salvaje que pincha el cielo y derrama una gota de sol.
Protegerla del viento, de las heladas, de los telediarios, de las pezuñas de los que huyen.
Que no muera. Cuidar cada hoja.
Y comprender lo delicado, la perennidad del presente, las rodillas, el mentón alzado,
la salvaje determinación de lo delicado.
Regar de vez en cuando.

Dicen que en este mundo hay tres clases de personas: las que saben contar y las que no.
Dicen que existen dos millones trescientas veinticinco mil setecientas cincuenta y tres maneras de traicionarse, una forma de ser fiel.
Hablan de la renuencia del alambre a ser enderezado una vez se ha torcido.
Del hambre que sólo se sacia con más hambre.  
Del pájaro negro que se posa en el pecho y picotea verdades.
De los garbanzos que germinan en el estómago.

Creo que soy feliz por ser capaz de toda esta tristeza aún.

domingo, 15 de abril de 2012

Y si reniega de España

     Un español visto por Josep.

Y si reniega de España, es que es español. A veces me siento tan española. Aún diría más, españolisísima. Y no sólo porque venga de leer a Vilas, que es español pero más del norte de EEUU, español de letra, pero anglosajón de música, sino porque tengo muy arraigado el vicio de renegar de mí misma.

No sé si la generación Nocilla y casi cualquier escritor de corte de pelo moderno es más español precisamente por renegar de lo español. Si hay vida más allá del pop literario. Y quede claro que a mí me mola la estética zappineante, rítmica y furiosa, y que te maquees y te pongas guapo para mí, aunque ya no se lleve el tupé. Que yo también sospecho que más allá del pop o del after pop, se extiende un inmenso vacío.
Y sin embargo sigue siendo la vida eso que sucede en un deslunado del barrio de san Marcelino, bañado por la misma luna que baña el desierto de Arizona.

La trampa de escribir es que no se puede escribir bien sin haber leído, pero tampoco se puede escribir bien sin haber desleído. Hay que leer mucho para que no sirva absolutamente para nada. En general en eso consiste el conocimiento, no en llenar vacíos sino en darle puntapiés a las inseguridades, en confirmar que no hay nada que no se supiera ya, que maduramos hacia la infancia, como decía Bruno Schulz. En darle un sustento teórico a esa experiencia de vida y hacer de los otros nuestros límites, no nuestras moradas.
Puede parecer idiota e incluso inútil, en todo caso no lo es más que vivir. Idiota, inútil y maravilloso. Y en ese sentido, escribir se parece a vivir, construir como si no nos dirigiéramos con paso firme hacia la nada. Caminar como si nunca fueran a acabarse los pies. Un absurdo perfectamente lógico.

Por qué necesitamos que nos expliquen la vida, ponerle un subtexto y revivirla, eso yo no lo sé. Por qué los bisontes en la caverna, por qué los griegos en busca de la belleza, por qué Mozart.
Sí creo que la vida que no es narrada es un poco menos vida. Y que esa necesidad de escribirla, que no sé de donde viene, debería ser el único filtro a la hora de escribir. Y no salir guapo en ese retrato en el que se coloca la cabeza sobre un cuerpo de cartón ajeno.

Por eso suele interesarme más que me cuenten lo que sucede aquí desde aquí, y no lo que sucedería aquí si viniera un norteamericano, por molón que sea, y nos mirara con sus privilegiados ojos, infinitamente más cools.
Que me cuenten cómo es esta España en la que vivo, alguna de las miles de españas en las que vivo, no sólo a través de una trama española, un político de medio pelo, un nuevo rico constructor, un parado de larga duración, un presentador de un programa de telebasura, sino a través de un estilo español, de una estética que no sepa nadar y no alcance a cruzar el charco. En definitiva, que no reniegue de sí misma.

viernes, 6 de abril de 2012

Hagan juego, señores!

Yo creo que España entera debería convertirse en un inmenso casino, en el paraíso terrenal del juego, una reinterpretación castiza de Las Vegas pasada por el filtro autóctono de Benidorm, Seseña, las fiestas del Toro de la Vega, la semana santa sevillana, las fallas valencianas y los hogares de los jubilados de todos los pueblos de España, con eñe.

Y es que el juego corre por las venas de cualquier español de bien, España es el lugar con más bares, y en cada bar, una tragaperras, y cerca de la tragaperras, una mano echando perras y la otra equilibrando el peso con un quinto, un carajillo o un coñac.
Qué puede haber más español que jugar y beber, ese debería ser nuestro valor de marca, mucho más que el sol, el rojo y el amarillo, que setenta olés coreados al unísono.

Un gran casino, en eso debería convertirse España.
Con una gran cruz en su cúspide, que no hay que perder las buenas costumbres, y a fin de cuentas, apostar al destino de dios viene a ser como apostar a la ruleta.

Ni pesetas ni euros, las fichas de casino como moneda nacional.
Los ludópatas serán vistos como impulsores de la economía.
Los especuladores como los salvadores de la patria.
En lugar de apostar a la brisca, apostaremos a la prima de riesgo.
El hilo musical correrá a cargo de Concha Piquer, el primer Julio Iglesias, las Grecas y Bustamante. Alternos. Pero siempre los mismos.
De Guindos- krusty ejercerá como croupier, un excelente croupier, por su pasado como experto mago haciendo trucos de cartas.
Cospedal se encargará de la seguridad. Palizas en el callejón a los listillos que traten de hacer trampas y ganarle al casino.
“Ganarle al casino es ser antipatriota”, dirá en declaraciones a la prensa.
Camilo Sesto redivivo actuará en vivo (ready?) todas las noches.
Ana Botella dirá que no hay premio al mezclar peras con manzanas, refiriéndose por supuesto a las máquinas tragaperras.
Concejales de urbanismo, venidos de todos los pueblos de España, se encargarán de las relaciones públicas.
Se privatizará la dignidad, la honradez y las buenas costumbres.
Se jugarán bonos de asistencia médica para la seguridad social. ¿Eso no era un grupo de música? preguntarán los más jóvenes del lugar. Come ranas, piropó, piropó, piropó.
Esperanza Aguirre tirará la casa por la ventana: “todos los jubilados que vengan a trabajar como voluntarios recibirán fichas gratis para jugar al bacarrá”.
Se jugarán bonos de educación pública.
Gallardón: “Cualquier madre podrá apostar libremente el sexo de su hijo, persiguiendo los designios del dios de la gran ruleta”.
Se jugarán becas para cursar estudios.
Rubalcaba pedirá cambio para una ficha de 500.
Tras la actuación de Camilo Sesto, Soraya Sáenz de Santamaría hará un número de baile inspirado en Cabaret.

Como en la España de hoy, la banca siempre ganará, pero no me negarás que será mucho más divertido.

domingo, 1 de abril de 2012

Me gusta


- Le he dado me gusta a más de 2000 páginas. Empecé con que me gusta Kafka, claro, ¿a quién no le gusta Kafka?, luego que si Satie, que si Bernhard, que si Pessoa, más tarde que si el autobús negro “Unidad uno” de Johnny Cash, que si los encuadres bizarros de Carl Theodor Dreyer, que si el aire visible que respiran los personajes de Raymond Carver. Ya no puedo parar. Todos los días busco nuevas páginas a las que declarar mi gusto. Y soy consciente de que en lugar de definirme, me desdibujo, en vez de mover los brazos desde la playa, en esa isla desierta que somos todos y cada uno de nosotros, me ahogo en el mar de la abundancia. ¿Quién va a rescatarme así? Es un problema… Temo que algún día no quede nada que me guste sin clicar. Bueno, no es del todo cierto, lo que en realidad temo es que no haya fin, que me sigan gustando páginas y más páginas hasta que… hasta que… ¿entiende lo que le digo?
- Ajá…
- Y me pregunto: ¿qué es la cultura?, ¿un escaparate, una plancha de estampación para camisetas, un señuelo para ligar, unas alzas para otear, un estupefaciente más? La cultura ¿se consume, se esnifa, se gusta?
El otro día me vi una peli sólo para poder darle al me gusta. Creo que si al pasar por ti no te transforma, es una puta mierda eso llamado cultura, y disculpe que sea soez, ¿no piensa usted lo mismo?
-Ajá…
- No hay carretera humana para tanto coche. El otro día puse que me gustaba el cine, así sin más. Y luego que me gustaba la comida, ¿qué será lo próximo: que me gusta respirar? Estoy preocupado, noto que se me está yendo de las manos. Temo que desemboque en un trastorno obsesivo-compulsivo, eso que llaman con acierto TOC, como un golpe dado a la puerta del cerebro. ¿Qué opina usted?
-Ajá...
- No puedo parar. Todo empieza con un deseo, frágil como un polluelo, incubado por esa necesidad de perfección u/o belleza artística, que eclosiona con un clic. Pero cada clic, en vez de calmar mi sed, la aumenta y esa sensación en principio placentera crece en intensidad hasta hacerse angustiosa, dolorosa. Y de pronto me doy cuenta de que cuanto más le doy al me gusta, más se alejan esas obras de mí… Es un proceso extraño… agridulce…
- Pero lo importante: ¿le gusta?
- Ajá...

sábado, 24 de marzo de 2012

Ponernos el sombrero para comprobar que existimos


El otro día fue el día mundial de la poesía.

- Llegas tarde, como siempre

No es verdad, un día llegué a un after y aún no había abierto… Además, tarde, pronto son conceptos anabolizantes. Yo soy más de la opinión de Satie: "He llegado a un mundo muy joven en un tiempo muy viejo".

- Eso no tiene demasiado sentido, te das cuenta, ¿no?, espolvorear frasecitas así, sólo porque suenan bien…

Anoche, leyendo Los inmortales del gran Vilas, pensaba que si viviéramos 400 años, todos seríamos Kafka, Neruda, Einstein (a elegir). Comprenderíamos. Comprenderíamos. Eso pensaba, de la misma manera que todos moriríamos de cáncer.

- Tú a tu rollo. ¿Qué tiene que ver todo esto con la poesía?

Nada. Tampoco sé qué hago yo aquí, hablando conmigo misma.

- Lo habitual, querida. Lo habitual.

Por otra parte no me gustan los días de, me gusta el calendario limpito, el único tic tac en el que creo es el del corazón (un saludo, Emilio).
Los días de me parecen tan útiles como un tapete de ganchillo, sólo aptos para abuelitas ociosas.

-Ya llegarás a eso…

Espero, sí. Y llegar a tiempo por una vez en la vida.

-¿A dónde quieres ir a parar?

Yo sólo quería colgar un poema.

- Pues venga, dale.

Ahí va, un poema de Roberto Juarroz que es que me sulivella.

Una red de mirada
mantiene unido al mundo,
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos

sábado, 17 de marzo de 2012

Ese inquilino


Hace dos días que un ojo quemado me persigue. Un ojo humillado, alerta, tirante la piel en las afueras, un ojo que ha visto el horror, y lo mantiene en la retina, lo mantiene morfológicamente, la piel ya tensa aún de forma involuntaria. Un ojo modelado con ácido en un rostro de cera picassiano.
Lo que esconde ese ojo es una de las cosas más hermosas y abrazables que hay en esta tierra, no me digas que no.
El auténtico sufrimiento embellece, el que no se transforma en polvos de rabia o brillo de odio es el más extraordinario cosmético. Me parece muy bella esta mujer.

Vi a Redford en los 3 días del cóndor, vi a Bogart en Casablanca. Se me coló una abuela en la cabeza, con sus frases de abuela: Ya no quedan hombres como los de antes. Y es verdad, ya no quedan hombres con capacidad de aguantar el sufrimiento, de mascarlo y escupirlo como tabaco gastado, de extraerle el jugo y escupir los restos.
Hoy sufrir se ha convertido en algo vergonzoso que ha de ser eliminado cuanto antes, acorralado contra las cuerdas por esa estúpida felicidad de pressing catch, para todos los públicos, histriónica y ditirámbica.
Hoy el sufrimiento es catalogado de enfermedad que se cura con Prozac.

Cada vez estoy más convencida de que la victoria consiste en mantener a salvo al pequeño inquilino. No un ojo, no una piel tersa, no una cuenta corriente, no un qué dirán sino ese liliputiense que llevamos dentro en cuyo regazo, de noche, descansa la cabeza la conciencia.
El espectador más fiel, el que aplaude o abuchea, el que nunca abandona la sala.
Con quien mantenemos ese discurso interior (qué importante el oficio de contar), con quien construimos un puente de palabras por el que se pasea eso llamado yo.

Algunos lo confunden con dios, pero qué va, dios está afuera, muy arriba, sus pelotas haciendo sombra, mientras que él está dentro, posee todos los sexos y cuando se le mira con sinceridad desprende luz.
Y ahí dentro, entre bambalinas y vísceras, bajo los focos de la mirada interior, es capaz de transformar el sufrimiento en belleza, es decir en arte.

Y ponernos a salvo de maridos desalmados, de jefes cabrones, de dictadores represores, de traidores.

Conducirnos a la victoria por más que se pierda un ojo, por más que se pierda un brazo, por más que se pierda una vida.