jueves, 30 de junio de 2011

Ray y el gambón congelado



Despreciar a Ray Loriga es como comprar gambón congelado en la pescadería de Mercadona: cualquiera puede permitírselo.
Junto al pasmoso y abstruso éxito que lleva cosechando Miguel Bosé durante décadas, es uno de los grandes expedientes x de este país. ¿Por qué se odia tanto a Ray Loriga? ¿Por qué? Seguramente empezó de una forma estúpida, con una patadita casual a una bola de nieve que ahora amenaza con sepultarnos bajo su oronda blancura.
Como adorar a Auster o a Murakami, alguien empezó tontamente y ya nadie puede pararlo.


Yo amo a Ray, claro, papel mediante, claro, y sufro, claro, cuando escucho comentarios ya no agrios, sino despectivamente suficientes o claramente escarniosos hacia su persona. ¿Pero lo habéis leído? Pregunto. ¿Por qué iba a leer a un tipo que me cae tan mal? Pues eso digo yo. Y callo.
Acto seguido, tengo que quererlo mucho más para compensar.

El tema ya no es si conviene disociar al autor de su obra, si podemos esquizofrenear en ese prado que se extiende entre mensaje y emisor, que si mira Vargas Llosa lo facha que es y la ciudad y los perros, que si ahí está contribuyendo al subdesarrollo insostenible con su romería y los cachorros, que si liberal hasta las trancas y Pantaleón y las visitadoras.
No sé si Whitman, "esto que tocas no es un libro, es un hombre", o Proust en contra Saint Beuve.
Lo que sí me parece es que la obra fagocita al autor si no lo conoces y el autor fagocita a la obra si lo conoces.
Lo que sucede en medio de ese conocer, no como un acto vivo y presencial, no por el susurro emanado del papel, sino a través de una obra derivada, léase entrevista, boca a boca, personaje mediático o alúd, no tiene nada que ver con la literatura, ni tan siquiera con el odio.
Y redios, antes de criticar, escribe una sola página a la altura de El hombre que inventó Manhattan o Tokio ya no nos quiere, y yo me comeré un kilo de gambón sin descongelar.

lunes, 20 de junio de 2011

Deseo


Ya te expliqué que el amor no es más que descontextualización. Un túnel temporal cuya luz al final del tubo es el deseo de, el deseo por, el deseo ah. El deseo.
La luz del día lo adormece ahí fuera, lo calma, lo seca, lo consume. De noche (túnel gigante), cuando todos duermen, salgo a cazar pretextos para avivar esa idea, LA IDEA, y regreso con mi botín, unas pocas palabras, un anhelo virgen, un trocito de oscuridad donde poner a salvo el deseo.
Esperando que de día le siga latiendo por inercia la ilusión, como a esa muerte le siguen creciendo el pelo y las uñas.

martes, 14 de junio de 2011

La misma cosa


Se marcha el 15M. Nadie ha creído realmente que pudiera cambiar nada. Todos nos hemos ilusionado porque por fin esa nada combinaba exactamente con la nada que llevamos dentro.
Que el futuro se nos ha muerto es algo que ya sabemos de este tiempo. Que hemos alcanzado el futuro, que no hay nada más allá, lo dicen a diario en las noticias, lo saben los del ibex 35, lo saben los del club Bilderberg, lo saben los viejos de los bancos del parque, lo saben los niños de las guarderías.
El futuro ha muerto, ¡viva el futuro!
Que el provenir se ha ido estrechando hasta formar un diminuto punto que nos rebota en la parte interna de los ojos.
Que ya sólo podemos aspirar al pasado y al presente, mientras sobrevivimos con muy poco, como cucarachas, felices como cucarachas por sobrevivir.
Que hay días en que marchar y quedarse no se diferencian en nada.

Hoy cuando salía con C. del gimnasio, tras dar unas patadas y puñetazos al aire y recortar unas ágiles tijeretas pugilísticas, un chico altísimo, sentado en la acera, lloraba. Lloraba hacia dentro, con una mueca de dolor y desamparo extremos mientras su perro apoyaba la cabeza plácidamente sobre el pavimento.
Unas lágrimas que le han valido dos euros en su gorra mostosa y unas estúpidas palabritas de consuelo por nuestra parte.
Hemos seguido caminando, yo intentando dilucidar si bajo las gafas de sol de C. se ocultaba también alguna lágrima. De esas que se secan al doblar la esquina, de esas esquinas que se secan al doblar el tiempo, de ese tiempo que se seca al doblar la nada, de esa nada que se seca al pasar de largo.

Hay días en que marcharse y quedarse son exactamente la misma cosa.

lunes, 6 de junio de 2011

La memoria del alambre


La realidad es que el cúmulo de los días lo destroza todo y lo vuelve a crear, lo destroza todo y lo vuelve a crear, todo lo destroza y todo lo vuelve a crear.
Y sin embargo resulta imposible zafarse del hierro candente, huir de esa sucesión de acontecimientos aleatorios que van enfilándose como una perfecta cadena de adn para desembocar en eso que llamamos biografía. Imposible aislar la mala suerte o la desgracia que nos rodea, de la que a menudo no somos directamente responsables, ni siquiera destinatarios, pero que acaba conformándonos, tatuando nuestra piel, confundiéndose con nuestros apellidos, pegándose a nuestras suelas.
Somos lo que nos sucede, no hay forma humana ni sobrehumana de escapar de ahí. De aquí.

Alguien querido me explicó una vez que el alambre tiene memoria, que una vez se ha torcido, por más que lo endereces, por más que trates de devolverlo a su posición original, siempre tenderá a doblarse, a adoptar su maleada posición.
Es bueno comprender la inanidad de la propia voluntad para no seguir engordando la culpa. Es bueno recordar que el alambre tiene memoria.

Mi corazón es un alambre torcido en forma de corazón.
Un pedacito de la A3, concretamente a su paso por Motilla del Palancar.

viernes, 3 de junio de 2011

Sólo una idea


A veces pienso en la fantasía como arma sediciosa, en poner bombas de imaginación en el centro mismo de la realidad y esperar apoyada en una farola a ver qué pasa (sí, sigo con el temita). Escribir una historia titulada, por poner un ejemplo: Follarse a Rubalcaba, en la que una esteticien de Ciudad Real, con unos kilitos de más, un cutis de porcelana y una adorable lengua de trapo, recorre la meseta para materializar su sueño de manchar las sábanas con Alfredo. Ahondar en los procesos psicológicos, en la obsesión por una barba, en la fascinación de un ademán, en el epítome de una calva.


O El hombre que dejó tuerto a Botín. Un subalterno de instituto, huérfano y cojo de nacimiento, convertirá a Emilio en un cíclope de borrascoso temperamento haciendo diana en su globo ocular.


A la verdad se llega a través de la imaginación. El recorrido hacia lo real no se camina en línea recta, sino con andares de borracho, sinuosos por el divagueo, el circunloquio imaginativo y la perífrasis soñadora.
¿O acaso no has tenido tú sueños inconfesables con alguien y ese sueño ha modificado para siempre tu relación con esa persona?


También podrían prohibir la fantasía. Entonces sería follarse a Ruizbalcaba y el hombre que dejó tuerto a Bonín, pero se les reconocería igual porque la verdad nunca ha necesitado de nombres exactos.
El club Bilderberg se convierte en un club sadomasoquista. Hallada ahorcada con el cable del teléfono la hija de Slim que escribía poesía. El dueño de Zara dona toda su fortuna a las carmelitas descalzas.

Se me antoja tope antisistema inundarlo todo de mensajes de ficción.
Ya que la realidad viene tan cargadita de ficción, echarle más ficción al fuego a ver si revienta de una vez.
Es sólo una idea, claro.