sábado, 28 de mayo de 2011

Culpable


Vi en la tele la historia de una actriz porno. Cuando tenía dos años presenció cómo su padre asesinaba a su madre de un disparo, justo después del desayuno, con ella misma, las tazas manchadas de café con leche y el plato migado de las tostadas como únicos testigos.
Era rubia de bote, llevaba tatuados en la piel dragones y esa clase de animales con colas que se enroscan. Sus brazos eran muy delgados y sus tetas muy grandes, lo que la hacía exudar una frágil fortaleza. Lucía esa piel morena de plátano maduro que dan los rayos uva. En el espejo- había un espejo- se reflejaba la pierna del cámara, un trozo de vaquero oscuro, ella le hablaba al espejo porque nosotros éramos el espejo. Bajo esos morritos hinchados, esas pupilas dadivosas, esa nariz chata, transparentaba el rostro de una niñita, moteado de sangre, los bigotes blancos de leche.
Pensé en todos aquellos hombres eyaculando por contrato sobre su rostro, y en la sangre de aquel disparo, aerografiada sobre su carita de niña. Pensé que el tiempo era sólo un chiste, o un chicle sin sabor de tanto mascarlo, o una peonza que gira y gira, sin apenas moverse del sitio.
Pero ella no venía a quejarse de lo áspero de su vida, no venía a quejarse de su padre, ni de los directores desconsiderados, ni de sus nalgas enrojecidas a trozos, ni del semen que a veces escuece los ojos, ni de la sangre reseca que tanto cuesta de sacar. Ella venía a denunciar que la llegada de Internet estaba echando a perder el negocio. Su negocio. Poniendo en peligro su medio de vida.
Me sentí culpable, claro.

martes, 24 de mayo de 2011

Boum



Adolece. Últimamente ando sumergida en la adolescencia, con sus desmanes, sus enajenaciones, sus sensorialidades, sus hombreras. Escribo about this.
Y pienso en cómo se construye la ficción, en cómo esa anécdota real se prolonga en la imaginación y adquiere vida propia, va sumando pasos por su cuenta, y acaba mordisqueando el recuerdo, igual que esas fotografías de infancia se superponen a nuestra imagen, cuando aún no teníamos siquiera conciencia de imagen.


Ficción como esa parte real que uno trata de salvaguardar dentro.
Realidad como esa parte imaginaria que nos sobrevive fuera.
Caminos de doble sentido.

No conozco prácticamente a nadie que vote a Camps y a Rita, y sin embargo miles de votos con sus nombres conforman esa realidad extraña y ajena que me rodea. Parece ciencia- ficción.
Y ficción es colocar una bomba en una de esas reuniones con grandes empresarios, bajo la mesa pulida y maciza de los cafés, los croissants y las avaricias, y que haga boum.
Realidad es esa violencia lenta con la que nos despojan poco a poco de las pequeñas cosas.
Sindudaquehacerlosvolarporlosairesocortarleslayugulareslaúnicamaneraposibleynomellamesradical. No me llames radical.

No quiero vivir en la realidad, ni siquiera en mi realidad, sin tender un puente cada día a la ficción. Y que de esa unión nazca algo parecido a una diminuta verdad.

lunes, 16 de mayo de 2011

La dialéctica del amor



Coló un pie en el portal justo cuando las dos lamas estaban a punto de acoplarse. Pantalón de chándal, camisa de franela, a cuadros. Sin ojos. Mirada esquiva. Desaguada tal vez a través de alguno de esos agujeros que el acné dejó en su piel.
Dicen que hay que mirar fijamente a los sospechosos, que eso les disuade de sus oscuras intenciones.
La ignoró con énfasis mientras esperaban el ascensor pero nada más cerrarse la puerta, sacó una pequeña navaja multiusos, de esas que se convierten en cortaúñas, sacacorchos, abrelatas, alicates y tijeritas.
También sacó un miembro ancho y corto, tal vez integrado en la multiusos. Todo el ascensor se impregnó de olor a pene, como si hubieran conectado un ventilador a una orgia.

Dicen que las mujeres con coleta son más violables.
Le apuntó, con la navaja al cuello y el pene a la entrepierna.

-¿Qué- estás- haciendo?- preguntó ella con la calma de un insecto sin alas.

Él estaba ocupado echando un pulso con el botón de sus vaqueros. La mano le temblaba como un espejismo.

-¿Que qué estás haciendo?

Desistió de vencer la resistencia metálica del pantalón.

- Calla, zorra, y chúpamela- dijo estirándole de la coleta.

Arrodillada involuntariamente, ella lo miró de abajo a arriba.

- Esto no funciona así, cariño, ¿y la dialéctica del amor?

- ¿Qué coño estás diciendo?

- La música ingrávida de los cuerpos, la definición exacta de la turgencia, el convertirse en esclavo del olor del otro, la dialéctica del amor en definitiva.

Él la miraba por primera vez a los ojos.

- Baja la multiusos, y empieza de nuevo. Con un beso largo y húmedo que conecte las raíces profundas del deseo y luego ruede cuerpo abajo, que esa saliva en lugar de enfriar, arda, y el cuerpo se vuelva brasa, y la lava erupcione el deseo y lo reviente por todos los orificios…

- No me toques

- Conecta con una caricia el misterio del universo, y que la fusión de los cuerpos sea un big Bang del que…

- Que te he dicho que no me toques, puta- gritó histérico antes de evaporarse con un portazo.

El ascensor olía ahora a violetas y cazón en vinagre.

viernes, 13 de mayo de 2011

Gente con mote


Hubo una época en que frecuentaba a gente con mote. No he vuelto a hacerlo.
Gente que parecía estar ahí sólo para dar fe de que existió esa época, para ilustrar en bloque esos momentos, finales de los 80, los afters, las drogas, el extrarradio, las acequias, los campos de arroz, los llauraors, las drogas. Estoy segura de que fuera de sus motes y de esa época no existen. No existe el Chino, el Hippy, el Rata, el Tomillo o Tomillín.
Bueno, Tomillín un poco sí.


Tomillín era el hermano pequeño de “El Tomillo”, que había sido privilegiado con un artículo por aquello de ser el mayor.
Mi amiga A. se enrolló primero con el Tomillo y luego con Tomillín (o al revés, no recuerdo), el orden de las hierbas no altera el guiso.
Y no traficaban precisamente con especias los Tomillos sino con drogas.
No se parecían en nada los dos hermanos: el Tomillo era más bien tirando a gordo y le gustaba comprar el aprecio sincero de la gente con el dinero obtenido ilegalmente del tráfico de estupefacientes. Tomillín era delgado, hablaba muy rápido, tan rápido que a veces no se le entendía, y era considerado. No le hacía falta comprar el aprecio sincero de la gente con su dinero obtenido ilegalmente del tráfico de estupefacientes.


Tomillín saltó una noche de su ventana del 5º piso y fue a caer justo encima de su coche, que estaba aparcado en la puerta.
Traumatismo cranoencefálico, las dos piernas rotas, varias costillas rotas, todos los piños rotos, la carrocería del coche, rota. Su coche. Aparcado en la puerta. No intentó suicidarse. Por lo visto, esa madrugada, puesto hasta las cejas, en pleno delirio ascendente, creyó que venían a por él y decidió escapar por la ventana.


Pero lo que yo quería destacar es que fue a saltar justo encima de su coche porque era un tipo realmente considerado. Que era él sin duda el que merecía llevar el artículo en el mote.

viernes, 6 de mayo de 2011

Mi ipod chufle


Tengo un ipod chufle, plateado, diminuto, acariciable, que me hace feliz. Con él, he compuesto, en una sola noche, la banda sonora para el mundo, y estoy segura de que ya en la calle, en el autobús, en el Corte Inglés, en la frutería de la esquina, en la iglesia, en el registro de la propiedad, en el sex shop, en la sección de congelados del Mercadona, todo el mundo lo ha notado, y la gente se saca los mocos con otro ritmo, se rasca la entrepierna en compás de tres por cuatro, conscientes como son de su papel de actores en mi megalómano videoclip.


Un ipod chufle que me hace feliz.
No por la tecnología en sí, por supuesto desprecio a los tecnócratas, como se desprecia a esas ratas peludas de bigotes pulverulentos, que no levantan la vista del suelo; es por todo lo que cabe en ese nimio objeto de color Albal. Un mundo animado, el ritmo del mundo, en definitiva.
Por fin encontré la fórmula, por fin logré sincronizar mis pasos con la carrera de las nubes, con el parpadeo del semáforo, con el runrún del embrague, con el balanceo de los párpados.


Y ahora cuando corro, suena todo lo que he ido echando ahí dentro sin complejos, como en una olla caníbal, que si cebollas, que si tomates, que si un explorador que pasaba por allí, que si puerros. Sin complejos, sobre todo si le das al botón de aleatorio. Puedes entonces ver a Charles Trenet robándole una partitura al Bowie o a Raimundo Amador tocándole una teta a Lisa Ono. Quiero meter a Rocío Durcal y Marilyn Madson a ver qué pasa.


Parece que se acabó la larga época de silencio, cuando la música era “esa nociva adulteración del estado de ánimo”.
Tengo un ipod chufle y me hace feliz.

lunes, 2 de mayo de 2011

Arrastrando la montaña


Dicen que todos los deslunados del mundo dan directamente a la trastienda de los sueños más extraños, a un cementerio nuclear mayor que Chernobil, a un descampado donde sólo florece basura y jeringuillas, a una playa invernal de olas rojas.
Dicen que todos son el mismo sitio.

Dicen que algunas noches la luna se desliza radiactiva por sus ventanas hasta quedar flotando en su fondo infinito, y que es hermoso y pacífico. Pacíficamente radiactivo.

Dicen que el interior es siempre un lugar lejano.
Que volver es el único camino transitable.

Dicen que evitaba mirar al horizonte de sus ojos
por temor a que se disparase alguna mirada que el diablo dejó cargada.
Dicen que de pronto oyó el clic de un gatillo en sus labios.

Dicen que golpeó como el mar golpea la roca
sin rencor, dicen
ese mar que siempre queda a tu espalda.

Dicen que volvió como un vaquero, arrastrando la montaña.