viernes, 11 de noviembre de 2011

Amor tangible





















A qué estar tan tristes. Pensar sigue siendo gratis, bailar: gratis, follar: gratis, (hasta en los clubs, lo que se paga es la plusvalía que produce el rozamiento de los cuerpos pero no el sexo, el sexo no, que es gratis), el amor: más gratis que nunca, no hay impuestos que graven el ronquido, es gratis, ni rascarse cuando a uno le pica, donde a uno le pica, también gratis, ni los sueños húmedos con tu jefa, todos gratis, ni los paseos gratuitos bajo un sol gratuito mientras el horizonte, gratuito, baila a tu ritmo.

Leer blogs: gratis, las palabras de Manuel Vilas, gratis, su amor, grande como un oso pardo plantado sobre sus patas traseras, gratis.

Escribir: gratis. La afición de los pobres, todas esas palabritas, esparcidas aquí y allá, en cualquier cartel callejero, revoloteando sueltas en un autobús de línea, posadas en los botes de champú, en los grafitis de los suburbios, gratis todas. Al alcance de cualquier vagabundo.

Que no todo van a ser esos papelitos en serie, vulgares estampaciones impersonales. Algún día el dinero será algo pasado de moda, como el astracán o las pulseras magnéticas, como esnifar rape o pintarse un lunar. Diremos: ¿recuerdas la época del dinero?, con cierto desdén y suficiencia, como quien dice: ¿recuerdas la época de las grandes cruzadas religiosas?
Ay, añoramos tanto la alegre guillotina francesa.

Frente a la crisis, amor material, contante y sonante, amor tangible. Como este poema de Vilas.

EL CREMATORIO

Les pregunté por el horno a aquellos dos tipos,
era la noche del 18 de diciembre del año 2005,
carretera de Monzón, que no sabes dónde está Monzón,
es un pueblo perdido en el desierto.
Aires de tormenta en lo Alto, sobre la nada desnuda
como una recién casada, luna abajo de las carreteras muertas.
Monzón, Barbastro, mis sitios de siempre.
Me dejaron ver por la mirilla y allí estaba ya el ataúd ardiendo,
resquebrajándose, la madera del ataúd al rojo vivo.

El termómetro marcaba ochocientos grados.
Imaginé cómo estaría mi padre allí dentro de la caja.
Y la caja dentro del fuego y mi corazón dentro del terror.
Hasta las ganas de odiar me estaban abandonando.
Esas ganas que me habían mantenido vivo tantos años.
Y mis ganas de amar, ¿qué fue de ellas? ¿Lo sabes tú,
Señor de las grandes defunciones que conduces
a tus presos políticos a la insaciabilidad, a la perdurabilidad,
a la eternidad sin saciedad, oh, bastardo,
Tú me arrancas,
amor de Dios, oh, bastardo?
Recoge a ese hombre en mitad del desierto.
O no lo recojas, a mí qué puede importarme
tu presencia heladora en esta noche del borracho
que he sido y seré, contra ti, o a tu favor,
es lo mismo, qué grandeza, es lo mismo.
El principio y el final, lo mismo, qué grandeza.
El odio y el amor, lo mismo; el beso y la nalga,
lo mismo; el coito esplendoroso en mitad de la juventud
y la putrefacción y la decrepitud de la carne,
lo mismo es, qué grandeza.

El horno funciona con gasoil, dijo el hombre.
Y miramos la chimenea,
y como era de noche,
las llamas chocaban
contra un cielo frío de diciembre,
descampados de Monzón,
cerca de Barbastro, helando en los campos,
tres grados bajo cero,
esos campos con brujas y vampiros y seres como yo,
“allí sube todo”, volvió a decir el hombre,
un hombre obeso y tranquilo,
mal abrigado pese a que estaba helando,
la espesa barriga casi al aire,
“dura dos o tres horas, depende del peso del difunto,
dijo difunto pero pensaba en fiambre o en saco de mierda,
antes hemos quemado a un señor de ciento veinte kilos,
y ha tardado un rato largo”, dijo.
“Muy largo, me parece”, añadió.

“Mi padre sólo pesaba setenta kilos”, dije yo.
“Bueno, entonces costará mucho menos tiempo”,
dijo el hombre. El ataúd ya eran pepitas de aire o humo.

Al día siguiente volvimos con mi hermano
y nos dieron la urna, habíamos elegido una urna barata,
se ve que las hay de hasta de seis mil euros,
eso dijo el hombre.

“Sólo somos esto”, sentenció el hombre de una forma ritual,
con ánimo de convertirse en un ser humano, no sabiendo
ni él ni nosotros qué es un ser humano,
y me dio la urna guardada dentro de una bolsa azul.
Y yo pensé en él, en lo gordo que estaba, en cuánto tardaría él
en arder en su propio horno. Y como si me hubiera oído
dijo “mucho más que su padre” y sonrió agriamente.

Entonces yo le dije “el que tardaría una eternidad
en arder soy yo, porque mi corazón
es una piedra maciza y mi carne acero salvaje
y mi alma un volcán
de sangre a tres millones de grados,
yo rompería su horno con solo tocarlo,
créame, yo sería su ruina absoluta,
más le vale que no me muera por aquí cerca”.
Por aquí cerca: descampados de Monzón,
caminos comarcales,
Barbastro a lo lejos, malas luces,
ya cuatro grados bajo cero.

Coja las cenizas de su padre, y márchese.
Sí, ya me voy, ojalá yo pudiera arder como ha ardido
mi padre, ojalá pudiera quemar
esta mano o lengua o hígado de Dios
que está dentro de mí,
esta vida de conciencia inextinguible
e irredimible;
la inextinción del mal y del bien,
que son lo mismo en Él.
La inextinción de lo que soy.

Ojalá su horno de ochocientos grados quemase lo que soy.
Quemase una carne de mil millones de grados inhumanos.
Ojalá existiera un fuego que extinguiese lo que soy.
Porque da igual que sea bueno o malo lo que soy.
Extinguir, extinguir, extinguir lo que soy, esa es la Gloria.

Coja las cenizas de su padre, y márchese.

No vuelva más por aquí, se lo ruego, rezaré
por su padre. Su padre era un buen hombre
y yo no sé qué es usted, no vuelva más por aquí,
Se lo ruego. Por favor, no me mire, por favor.

Tuvo un Seat 124 blanco, iba a Lérida,
visitaba a los sastres de Lérida y a los de Teruel,
comía con los sastres de Zaragoza,
pero ahora ya no hay sastres en ningún sitio,
dijo una voz.

Qué solo me he quedado, papá.
Qué voy a hacer ahora, papá.
Ya no verte nunca es ya no ver.
Dónde estás, ¿estás con Él?
Qué solo estoy yo, aquí, en la tierra.
Qué solo me he quedado, papá.

No me hagas reír, imbécil.

Oh, hijodeputa, has estado conmigo allí
donde yo estuve, sin moverte de las llamas.
He viajado mucho este año, mucho, mucho.
En todas las ciudades de la tierra, en sus hoteles memorables,
y también en los hoteles sucios y bien poco memorables,
en todas las calles, los barcos y los aviones,
en todas mis risas, allí estuviste, redondo
como la memoria trascendental, ecuménica y luminosa,
redondo como la misericordia, la compasión y la alegría,
redondo como el sol y la luna,
redondo como la gloria, el poder y la vida.

10 comentarios:

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

¿Todo eso gratis?... Será para las chicas... bueno, para todas no, para algunas... ya sabes; pero los otros, al menos por mi parte: de gratis nada. Para bailar he tenido que aprender, pagando; porque las chicas sois muy vuestras y como no se mueva uno por la pista con cierta soltura, lo tiene claro. Follar... ... ... no sé qué decirte, pues,aunque nunca he recurrido a las profesionales del sexo, difícilmente he tenido la sensación de no tener que pagar por el asunto de la mandarina...que eso, que las chicas sois muy vuestras... ya quisiera yo: ¡de gratis!!!

El poema... no sé... ... ¿Tocaba hoy meterse en recuerdos?... Lo que sí te digo es que mientras lo leía iba imaginando mi experiencia, en el caso propio, como algo insertado en una esfera: me ha sorprendido cierta coincidencia, quizá inducida.

Besos.

NáN dijo...

Si es gratis, cueste lo que cueste.

Esa es la verdad del pueblo llano. Aunque el pueblo ya no existe mucho. Somos televidentes y consumidores sin dinero (¿no se dan cuenta los imbéciles que rigen nuestro día a día? Que es muy bonito apropiarse de todos los recursos del mundo, pero cruzada una raya, desprovistos de los recursos, ya no nos podéis vender nada, cabrones, gilipollas, miserables, que con peluca de señora vieja y un taburete, tricotaré bufandas tricolores mientras os rebanan el cuello y aplaudiré cada cabezada).

Paro, que me embalo. Que me hago malo. Y ahora quiero ser bueno e inocente; estoy en ello.

Me ha gustado mucho el poema, la sabiduría de combinar tantas voces. Aunque dado lo extenso, a veces resulta un poco intenso. No se está preparado para tantos cambios a bocajarro.

Muerto el pez, no se acaba la anisakis; parece decirnos al final. Y doy fe de que es así.

NáN dijo...

"una novela francesa". En mi opinión, hay que leerla.

Albert dijo...

Cuando el amor entra por la puerta, la pobreza salta por la ventana.

Bien por Manuel Vilas.

Besos y tal.

Bárbara dijo...

Pues esa es la grandeza de los poemas (los grandes) que te cuentan tu vida (pequeña, por otra parte, no la tuya, toda vida en particular). Ay, las chicas a menudo pagamos doble exactamente por la mitad, así que no te quejes. Besos.

jeje, NÁN, gratis cueste lo que cueste. El poema es espléndido creo yo, tiene la fuerza de un cohete espacial. Son difíciles los poemas muy largos, pero me parece que la intensidad en este caso ayuda.
Y sí, leeré Una novela francesa, no te enfades conmigo, no me grites en negrita y mayúscula. De hecho he estado dos veces a punto de comprarla pero la he sacrificado por otras cosas que me apetecían más.
Yo realmente no sé decir bien de qué habla el final, pero acepto sin dudar anisakis como tema poético.

Mucho más de acuerdo con esa vuelta de tortilla, ALBERT, claro que sí. Amor, es todo lo que tenemos. Besos.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

No me quejo, porque me fio de ti, pero me quedo cantando por lo bajirri:

Elles sont notre premier ennemi

Quand elles s'échappent en riant

Des pâturages de l'ennui

Les biches

Avec des cils comme des cheveux

Des cheveux en accroche-faon

Et seulement le bout des yeux

Qui triche

Si bien que le chasseur s'arrête

Et que je sais des ouragans

Qu'elles ont changés en poètes

Les biches

Et qu'on les chasse de notre esprit

Ou qu'elles nous chassent en rougissant

Elles sont notre premier ennemi

Les biches de quinze ans



Elles sont notre plus bel ennemi

Quand elles ont l'éclat de la fleur

Et déjà la saveur du fruit

Les biches

Qui passent toute vertu dehors

Alors que c'est de tout leur cœur

Alors que c'est de tout leur corps

Qu'elles trichent

Lorsqu'elles broutent le mari

Ou lorsqu'elles broutent le diamant

Sur l'asphalte bleu de Paris

Les biches

Qu'on les chasse à coups de rubis

Ou qu'elles nous chassent au sentiment

Elles sont notre plus bel ennemi

Les biches de vingt ans



Elles sont notre pire ennemi

Lorsqu'elles savent leur pouvoir

Mais qu'elles savent leur sursis

Les biches

Quand un chasseur est une chance

Quand leur beauté se lève tard

Quand c'est avec toute leur science

Qu'elles trichent

Trompant l'ennui plus que le cerf

Et l'amant avec l'autre amant

Et l'autre amant avec le cerf

Qui biche

Mais qu'on les chasse à la folie

Ou qu'elles nous chassent du bout des gants

Elles sont notre pire ennemi

Les biches d'après vingt ans



Elles sont notre dernier ennemi

Quand leurs seins tombent de sommeil

Pour avoir veillé trop de nuits

Les biches

Quand elles ont le pas résigné

Des pèlerins qui s'en reviennent

Quand c'est avec tout leur passé

Qu'elles trichent

Afin de mieux nous retenir

Nous qui ne servons à ce temps

Qu'à les empêcher de vieillir

Les biches

Mais qu'on les chasse de notre vie

Ou qu'elles nous chassent parce qu'il est temps

Elles restent notre dernier ennemi

Les biches de trop longtemps

NáN dijo...

Creo recordar que fue la salida de una carraspera, no un grito. Pero vete tú a saber.

Bárbara dijo...

Ah, les biches, le plus bel ennemi. Y no te fies de mí, MSM, que yo también puedo ser muy biche.

Realmente necesitaba peinar esa greña del flequillo que siempre se me alborota, NÁN...

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Entonces, desconfío de ti.

Besos.

binboy dijo...

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