miércoles, 12 de octubre de 2011

El enigma del sexo




















Algunas veces me gusta ser mujer, pero así en general preferiría ser un hombre, ya lo sabes, tener un potente bazoka, y no todas esas armas de pequeño calibre repartidas por el cuerpo.

Estos días veo unos documentales de la 2, El enigma del sexo, que me llevan a pensar que lo único importante es estar ahí. Aquí.
Es tan emocionante ver la vida abriéndose paso- como vulgarmente se dice- con la maza del instinto. Asistir no ya al amor chiquito, al particular, al del tuteo, sino al amor a la especie, a la descarnada lucha por la reproducción. Es mucho amor el amor a la especie. No me cabe en la boca al pronunciarlo, no cabe en todo el ancho de Internet al escribirlo, el amor a la especie, el amor a la humanidad, el amor a la animalidad, el amor a la insectividad, el amor a la peceridad.

Es emocionante, digo, ver cómo en la noche las hembras de un pez (tal vez llamado lábrigo de cabeza azul) liberan sus huevos en espirales de moco luminoso, que entrarán en contacto con el esperma fluorescente, iluminando el mar de Bermudas con sus miles de farolillos, como en una verbena orgiástica.
O contemplar a los caballitos de mar dulcemente enredados, bailando durante la cópula, con la delicadeza de las figuritas de una caja de música.

Claro que no todo es idílico en el reino animal, también hay celos y posesión.
Los machos de sepia (o sepios) bombean agua dentro de su pareja (como si fuera un bombín) para expulsar cualquier resto de semen previo, antes de eyacular su chorro de esperma dentro de ella.
Las hembras del caballito del diablo son promiscuas y capaces de almacenar grandes cantidades de semen de muy variada procedencia. El macho, que lo sabe, posee un pinchito en el pene, con el que rasca la cámara donde se acumula el esperma en la hembra para limpiarla de cualquier resto, antes de rociarla con el suyo, el auténtico, el único y verdadero (como la propia religión).
Lo de la crisálida australiana va aún más allá: las parejas, que nada tienen que envidiar a Sánchez Dragó y su sexo tántrico, forman un tándem follador durante 48 horas seguidas. En ese tiempo, el macho le transfiere a la hembra algo más que su esperma, le deja una sustancia que sella su orificio sexual para siempre, un cinturón de castidad en toda regla.

Pero sin duda la mayor prueba de amor, más enternecedora que un caballito de mar macho con contracciones de parto, es la de una araña venenosa cuyo nombre no recuerdo. Ella es grande y peluda, y una fábrica imparable de huevos. Acercarse a ella durante el cortejo ya supone toda una aventura. El macho, chiquitín pero con arrojo, se coloca cauteloso sobre ella, saca sus palpos provistos de esperma y adentra uno de ellos en su abertura genital donde empieza a depositar el contenido. A continuación, sin pensárselo dos veces, se lanza a la mandíbula abierta de su amante, en un acto alimentario y suicida al tiempo, cuyo único objetivo es entretener a su hembra masticando- masticándolo- y así tener tiempo de transferirle todo el esperma. La hembra acaba devorándolo, claro. La especie, engordando.

No me digas que no es hermoso.

10 comentarios:

Amanda dijo...

Qué gran razón tienes...
Es demasiado hermoso el amor a la especie... Pena que haya personas que no logren entenderlo.
¡Yo también estoy aficionada a esos documentales!

Olga Bernad dijo...

ES una amor terrible. En parte, la naturaleza es monstruosa. Como el hombre, pero sin capacidad de reconvertir lo terrible en literatura. Es tu mirada la que ha dado fosforescencia a esos coitos salvajes.
Pero es un amor. O es sólo vida, no sé.
En cualquier caso, la entrada me ha encantado.

MSM dijo...

No sé si será hermoso, pero que perdemos el tiempo demasiado, eso sí. ¿O no?

Oye, como para no tenerle miedo cualquier animal macho -con perdón-a las hembras de su especie... mira lo que pasa con casi todo bicho viviente.

Besos.

MSM (No sé por qué no me deja enviártelo como siempre).

Sombras Chinescas dijo...

La vida no es más que el afán de una pequeña molécula, el ADN, por perpetuarse. El resto no constituye sino su panoplia de estratagemas para lograrlo.

Saludos.

Raúl dijo...

Pues sí, a mí me resulta incluso fácil imaginándote como hombre y diciéndole a una tía un abrupto del tipo: ¿Quieres salami?

Isabel dijo...

Me acuerdo que en una época me dio por ver documentales y los humanos me parecian angelitos, ahora ya no pienso igual.

Como siempre tu forma de expresar de deja ¡0hhh!

NáN dijo...

Las consecuencias del apareamiento de la araña venenosa peluda y el macho chiquitín las veo a diario en la especie humana. Dejarte convencer para tener un hijo ("ande venga, solo uno"), además de proseguir la cadena de ese ADN que piensas que ya era hora de que se quedara quieto, dando oportunidad a que otras estirpes siguieran aumentando, es lanzarte a la boca devoradora de la ponedora de huevos.


Te quedas literalmente en los huesos, además de desterrado del mundo.

Un enigma, vamos. (la vida debe ser un juego de rol que están jugando otros).

Albert dijo...

Los celos y la posesión son tan idílicos como esa verbena orgiástica de las Bermudas. El comportamiento del sepio no es menos amoroso que el del lábrigo. Es nuestra cabecita consciente y civilizada la que pone las etiquetas.

Magnífico. Es un placer leerte, corazón.

Josep Vilaplana dijo...

Para ser sincero, a ese araño lo veo un poco excedido de arrojo y sin apenas sentido del humor. Corrígeme si no ando en lo cierto, pero intuyo que ese bicho es de coito único, por lo que deduzco que ignora cómo acabará su mala noche (tal vez en la boca abierta de esa voraz hembra piensa encontrar renovados placeres y no implacables encías).
Puestos a escoger, yo me quedo con el pausado amor, con el erotismo desdramatizado, de mi mula (apenas se frota un poco aquí y allá para seguir retozando y masticando tranquilamente).

Un beso de "macho chiquitín" en busca de hembras tan "chiquitinas" como él.

Bárbara dijo...

Es que enganchan, AMANDA. Yo también soy fan, aun a costa de la siesta.

Gracias, OLGA. Yo me pregunto si los animales son capaces de alguna clase de arte. Y también por qué algunos se empeñan en hacer mosntruosidades cuando la naturaleza ya tiene un extenso catálogo en forma de enfermedades y otras desgracias.

No importa, MSM, ya llegará Proust y recolectará todo ese tiempo perdido. Y mejor perderlo en eso que en otras cosas, ¿no? Besos.

Sí, SOMBRAS, pero toda esa panoplia de estratagemas es la chispa de la vida, con permiso de la Coca-cola.

Jeje, RAÚL, yo no perdería el lirismo con el cambio de sexo, en todo caso,diría: ¿te apetece degustar mi roastbeef?

ISABEL, el otro día me preguntaba que qué da más miedo, si un psicópata asesino o un animal que se te va a zampar por puro instinto. Casi que el psicópata hace más compañía.

Me parto, NÁN, pero cómo sois algunos de tacaños con vuestros espermatozoides, con lo bonito que es procrear y tener la casa llena de churumbeles. ¿Has probado a darle al play?

Pues sí, ALBERT, pero sin prejuicios nunca llegarían los juicios. Gracias, guapo! ¿a que no era tan difícil?

JOSEP, se conoce que la araña, que era de la escuela de la literalidad, le dijo al macho en la discoteca: te lo voy a comer todo. Y él ya no vio nada más ni pensó nada más.
Tu mula es sabia. Y tú también, todo se pega. Beso de hembrita.