domingo, 2 de octubre de 2011

12 veces Houellebecq


Otra prueba irrefutable de que dios no existe. Esa madre que convence a su hija, a punto de salir de cuentas, de que vaya a la parroquia a rezar por un buen parto y allí un desconocido, que llevaba al diablo detrás, le dispara un tiro en la sien.

Efectivamente, ella no sufre durante el parto.

Leo el último de Houellebecq y me alucina cómo se personajifica, cómo se representa a sí mismo en su novela, como un tipo depresivo, alcohólico, solitario y enganchado al embutido, que no para de rascarse por su micosis.
Qué huevos. La empatía está garantizada: a todos nos pica en algún sitio.

La fotografía de la solapa interior está cuidadosamente elegida: Houellebecq aparece absolutamente repugnante, mirada perversa, cejas en accent circonflêxe, cabello fino y ralo, parka verde con capucha, a juego con la cara de freak.
Tiene algo repulsivo y sin embargo, es imposible no amar a Houellebecq a medida que uno va deshojando páginas, para acabar, invariablemente, ya sea página par o impar, con un te quiero, Houellebecq.
Me gusta eso de no mostrar la mejor cara a los demás, sino todo lo contrario, establecer rigurosos filtros, pequeñas barreras protectoras aunque sea con las propias excrecencias.

Pero se produce un hecho curioso en esta novela, y es que los personajes de Houellebecq son siempre muy Houellebecq, un tipo recurrente y fácilmente reconocible en todas sus novelas: solitario, de cierto nivel cultural, de padres que no se han ocupado de él cuando niño, infancia triste por consiguiente, lúcido y falto de prejuicios morales, que en el fondo cree en el amor o en el sexo, que viene a ser lo mismo. ¿Entonces quién demonios es ese que aparece como Houellebecq, el escritor, junto al Houellebecq habitual que nunca se llama Houellebecq?
Es una puta locura.
En este caso, el personaje principal se llama Jed y es artista, aunque ya todos sabemos que es otra forma de llamarse Houellebecq. Ni idea de quién es ese otro personaje secundario que responde al nombre de Houellebecq, el escritor. Un personaje, sin duda. De pura ficción, sin duda, que de eso trata toda esta historia llamada literatura.

Al fin y al cabo, puede que dios sí exista, y es sólo que al diablo le encanta estar donde está él.

12 comentarios:

Emilio Calvo de Mora dijo...

Nada que haya leído de Houllebecq. Portadas de libros en las librerías, trozos de prensa. A un buen amigo le apasiona, pero jamás terció en vendérmelo. No sé. Después de leer esto tuyo, como que no tengo ganas. Es que es domingo y no tengo gana de casi nada. Beber cerveza, despacharme como un zombi por la red, pizcar unas patatas del bol. Lo del filtro sí que lo entiendo, sin leer al francés, sino a ti, muy tuya, muy honda, muy convincente, muy rotunda y muy yo, en algunos sentidos. El filtro es la máscara, el reservado, el decir aquí ando, pero no me véis del todo. Acercáos, os ofrezco una parte.

Emilio Calvo de Mora dijo...

Ah, cierto de los picores.
Una anciana que echo también mucho en falta decía que había que tener arte para rascarse. Pues eso.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

¿Que viene a ser lo mismo amor y sexo?... No lo creo: una cosa es tangible y hasta metafóricamente comestible, mientras en la otra sólo puedes creer, lo mismito que en dios, que, o te lo imaginas por sus consabidos caminos inescrutables o no hay nada que hacer.

(Por cierto, ahora dudo, pues esa palabra, “inescrutable” no podría existir de no existir dios, porque no hay dios que la use si no es para hablar de los caminos de dios. ¿Acaso tú, dotada con un léxico tan prolijo, la usas para otro fin).

Besos.

NáN dijo...

Eres la Puta Biblia y me dejas a mí la pesadez de ser el Nuevo Testamento (me refiero estrictamente al orden de publicación).

Claro que de no ser yo tan vago, habr´´ia cumplido el propósito de subir mi comentario el viernes, sábado o domingo. En cuyo caso serías el libro que te corresponde por derecho bien ganado: El Apo de San Juan.


Mi MH

Sombras Chinescas dijo...

Resulta más sencillo creer en el diablo que en Dios, tanto como dejar de creer en el hombre.

Saludos.

Francis Black dijo...

¿y el escritor de los libro es el de la foto ? el otro dia lei una columna interesante :

http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/29773/Literatra_magazine

Flx dijo...

Vaya, no conocía a Houellebecq. Sacaré algo de la biblioteca, me has despertado la curiosidad. Aunque... ahora que lo pienso la curiosidad es una herramienta perfeccionada por el diablo!

Martí dijo...

Joder, cuánto ateo confeso hay por estas páginas. ¿Cómo no se puede haber leído a este azote de la burguesía (y cutreprogresía) europea? Yo te diré como aquél: Me gustaría creer en Dios, pero sólo creo en este tipo de apellido impronunciable, mirada perversa, y que escribe como los ángeles.

Raúl dijo...

Pues igual va a ser eso. Porque de exisitir, yo siempre me he imaginado al diablo un envidioso, alguien que lo que realmente ha pretendido es, o biern ser dios, o bien ser al menos su amiguito del alma.

Josep Vilaplana dijo...

Mi querida Mula (insiste en que deje claro que se trata, ni más ni menos, de una mula) me ha dicho, en más de una ocasión, que hay que andarse con cuidado con las imposturas (al diablo no hacerle su trabajo) ya que pueden provocar absurdas lumbalgias (repite que es mejor trotar que penar). Yo, por pura vanidad, a menudo juego a las cartas con él, pero no se me ocurriría invitarlo a cenar.

Un beso enorme y algo parecido a un saludo de parte de mi amiga.

Bárbara dijo...

No es necesario leer a Houellebecq, EMILIO, de hecho no es necesario leer a nadie si la vida propone un plan mejor. A mí ya me gusta, sobre todo Plataforma, soy muy fan de Plataforma. Esta última no me está gustando tanto pero también está bien.
Y sobre los yoes que le pregunten a Pessoa.
Y sobre picores a Siniestro Total.

Para inescrutables fines, MSM, que como son inescrutables, comprenderás no puedo revelar(¿has visto?, yo también sé tener secretos...)
Y bueno, al fin y al cabo, el sexo es un poquito amarse con el cuerpo.

Un comentario como Dios manda el tuyo, NÁN. Yo no pretendía comentar el libro en sí, sólo lo mucho que me ha chocado cómo se retrata el propio autor. De todas formas no había llegado al final (tenía un par de Nothombs a medias), entra claramente en autoparodia.

Supongo que es un pack indivisible, SOMBRAS, como los yogures del Mercadona. Mejor huir de ambos.

El mismo que viste y calza, FRANCIS, de hecho es la foto de la contraportada.
El artículo es muy interesante, aunque no estoy de acuerdo en algunas cosas, no creo que sea su mejor novela pero tampoco literatura magazine, aunque lleve relleno en algunas partes (que uno dice: ¿y a mí que me importa el origen de los bichones que me está contando?)

Pues saca Plataforma, FLX. Tiene sexo y una impresionante estructura en la que todo acaba haciendo clic al final.

No tan ateos, MARTÍ, algunos aún esperamos que se nos aparezca la virgen cualquier día de éstos. En los primeros libros Houellebecq me parecía un poco cínico y deprimente, pero ahora me parece todo lo contrario.

RAÚL,cuando me lo encuentre de nuevo, ya le paso el test y salimos de dudas.

Creía que me llamabas mi querida mula, JOSEP, como una forma cariñosa de llamarme burrita, lo cual no me había sorprendido.
Yo al diablo sólo lo uso para cargar las armas.
Besos a los dos. (y dile que yo también prefiero trotar).

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Mmmmmm.... un poquito amarse con el cuerpo... Me lo pensaré.

Besos