sábado, 10 de septiembre de 2011

Belleza y dolor

Qué pesadilla lo del 11-S. No ya lo que pasó sino que nos sigan restregando retrospectivas de esa exposición itinerante con impresionantes cuadros a todo color, y nuevos ángulos desde los que observar la tragedia-performance.

Qué afán de fetichismo, rediós.
Puede que sea hermoso, no lo niego, ese edificio espejado que explota por la punta como una cerilla, o la blanca ceniza cubriéndolo todo, como una orgía de coca, pero me pregunto sinceramente si no es asquerosito buscar la belleza en el dolor (en los toros va a ser que sí), recrearse en ella, aunque sea como mero espectador. Si no es de sádicos. O si es pura supervivencia, si por una ley de compensación, necesitamos encontrar un sentido- belleza- a algo aparentemente absurdo –y feo- como matar a desconocidos al tuntún.

No sé.
Yo me reconozco fan del dolor, el otro día caí en la cuenta de que era incapaz de recomendar una sola novela que levantara el ánimo. Que deberían prohibirme la entrada a los psiquiátricos de toda España, igual que se prohíbe a los ludópatas la entrada a los casinos. De todo lo leído este verano, que ha sido mucho, me quedo sin duda con El mar de los sargazos y Purga. Puro dolor y crudeza encuadernados.

Y aún así no deja de molestarme esa mutación pública del dolor en belleza, por pública, porque de hacerse creo que debería hacerse con la satisfecha y callada resignación con la que se vuelve de un orgasmo.
Y es que ya puestos, ¿por qué no celebramos el aniversario de la caída de Lehman Brothers, (algunos ya lo hacen en sus torres de cristal en la cumbre), ¿por qué no conmemoramos el genocidio de Ruanda, si tanto nos complace recordar las tragedias? (aprox. 1 millón de muertos, que se dice pronto, y es que qué lejos sigue quedando África, más lejos que nunca por más que a nuestra mesa se siente uno de Minnesota).

La explicación seguramente haya que buscarla en ese afán de construir la carretera del tiempo; lo mismo que con nuestra biografía, necesitamos construir una biografía colectiva por la que transitar, con sus puntos de anclaje que nos permitan dibujar el mapa del territorio. Que creen la ilusión de que no flotamos en el vacío.
Y qué gran clavo fue el 11-s: el día que cambió el mundo, qué imponente luminoso de dos por dos en la carretera.
Para hacernos olvidar que el mundo realmente no cambia, que esas dos variables tiempo y mundo son dos entelequias, dos megaconstrucciones que pueden caer en unos minutos, como las torres gemelas, con dolor y belleza.

3 comentarios:

NáN dijo...

Bueno, matar gente al tuntún es siempre horrendo.

Yo siempre "rememoraba" el 11-S de unos cuantos años antes, cuando con el impulso del país que sufrió el 11-s televisado se tomó el Palacio de la Moneda de Chile, murió Allende y la posibilidad de un mundo más justo.

Después, murieron decenas de miles de personas, pero no inmediatamente, sino tras semanas o meses de tortura e indecibles dolores provocados por otras personas.

Ese ataque a la Libertad de los pueblos me parece mucho más brutal, pero nadie habla de él. Ahí se pusieron en práctica (junto con Argentina) las desregulaciones neoliberales que ahora nos afectan a todos.

Fue el laboratorio donde los conejillos de indias (llámense chilenos de izquierdas y sindicalistas, más unos cuantos miles que "pasaron por la calle equivocada") sirvieron para demostrar que a la gente se la puede quitar casi todo, mientras el plomo lo manejen “quienes deben”.

Para mí, es un clavo mucho más importante de esa malla que nos ahoga en vida.

Y lo mismo digo, aunque no sea un 11-S, de cualquier ataque a la libertad de un pueblo, a la vida y la dignidad de las personas (recuerdo las fotos de los tanques soviéticos en Hungría y más tarde, mayorcito para verlo en los telediarios, en Praga).

Gilipollas que es uno.

Vicent dijo...

Yo lo veo mucho mas simple, el ser humano tiende a recordar con mucha mas nitidez los agravios que los favores y eso vale tanto para los miles de muertos como para una mala pasada jugada por el vecino del 3º.

Bárbara dijo...

Sí, a mí siempre me gustó rodearme de gilipollas de tu estilo. Así, no vamos nunca a hacer nada de provecho (de aprovecharse),NÁN, ¿te das cuenta?
Aún ayer había energúmenos haciendo de las suyas (energumenadas?) allá donde mataron a Allende, qué asquito, Dios.
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La frontera entre recordar el dolor para que no se repita y blablabla, y regodearse en el dolor, no está del todo clara, VICENT. Y ya si hablamos de rencor,ése sí que traspasa fronteras.