lunes, 6 de junio de 2011

La memoria del alambre


La realidad es que el cúmulo de los días lo destroza todo y lo vuelve a crear, lo destroza todo y lo vuelve a crear, todo lo destroza y todo lo vuelve a crear.
Y sin embargo resulta imposible zafarse del hierro candente, huir de esa sucesión de acontecimientos aleatorios que van enfilándose como una perfecta cadena de adn para desembocar en eso que llamamos biografía. Imposible aislar la mala suerte o la desgracia que nos rodea, de la que a menudo no somos directamente responsables, ni siquiera destinatarios, pero que acaba conformándonos, tatuando nuestra piel, confundiéndose con nuestros apellidos, pegándose a nuestras suelas.
Somos lo que nos sucede, no hay forma humana ni sobrehumana de escapar de ahí. De aquí.

Alguien querido me explicó una vez que el alambre tiene memoria, que una vez se ha torcido, por más que lo endereces, por más que trates de devolverlo a su posición original, siempre tenderá a doblarse, a adoptar su maleada posición.
Es bueno comprender la inanidad de la propia voluntad para no seguir engordando la culpa. Es bueno recordar que el alambre tiene memoria.

Mi corazón es un alambre torcido en forma de corazón.
Un pedacito de la A3, concretamente a su paso por Motilla del Palancar.

13 comentarios:

Josep Vilaplana dijo...

De Motilla del Palancar me gusta su puerto, con sus pequeñas cosas y el improbable mar. Laten, en ese sitio ubicado en cualquier lugar, corazones de alambre que se buscan entre risas y silencios para poderse doblar.
A veces, Bárbara, parece todo tan cercano que casi se puede rozar. Llámalo obsesión o tal vez ternura o cualquier palabra que aún no se haya pronunciado jamás.

PD. Pedazo de burro un servidor, con la de veces que hemos pasado mi bus y yo por ese lugar y no se me ha ocurrido mirar, parar, buscar....

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Un tanto críptica me parece tu entrada de hoy. Y un poco distinta, también. Y un poco romántica, también. Y no sé cuántas cosas más también.

Motilla del Palancar... Motilla del Palancar... allí paraban los autobuses, ¿verdad? Si no recuerdo mal, allí paraban cuando era un chiquillo...

Un beso, chiqueta... o más.

NáN dijo...

Kali y Shiva no hacen fiesta ni siquiera el día de los Santos Inocentes.

Y nosotros ahí en medio, eligiendo las salsas para el aliño.

Nunca te había leído nada tan, tan, tan profundo y útil. Doy por bendito este día, al que había despertado algo enfurruñoso porque, con lo vago que soy, se me acumulan 3 actos del corazón que, a pesar de todo, quiero hacer. A las 5, en un pueblo de la sierra; a las 8, en la FNAC en la presentación de un libro de una compañera de taller; a las 10:30, en un Nait Club para oír textos y música.

Bendito sea Motilla del Palancar, a pesar de su horroroso nombre.

Isabel dijo...

Me gusta esa repetición inicial, me relaja para después quedarme pensando en lo de escapar de lo que nos sucede. Una vez escuché, hablando de la voluntad, la definición de que es un deseo mayor que otro y le di la razón a quien lo dijo, porque el deseo va más lejos que la voluntad, tanto para evitar que sucedan las cosas como para lo contrario, incluso para escapar de ellas.

Me encuentro agusto leyéndote y para no ser menos que Nano (risas) con su extenso programa, te confesaré que has distraido mis nervios porque esta tarde mi grupo de aficionad@s representamos una obra de teatro.

Un fuerte abrazo.

Sombras Chinescas dijo...

No sólo somos lo que nos sucede, sino que nos sucede es justo a causa de por cómo somos, aunque también entra en juego lo imponderable, la música del azar, que diría Auster.

Saludos.

Albert dijo...

"Somos los que nos sucede", he leído claramente, pero inmediatamente a continuación, como escrito con tinta invisible, también me ha parecido leer "y lo que les sucede a otros".

Yo, Sombras Chinescas, diría exactamente lo contrario: somos como somos a causa de los que nos sucede (y les sucede a otros). El azar no es la banda sonora: es la propia película.

Bárbara dijo...

NO hay nada que buscar en Motilla del Palancar, JOSEP, es sólo un lugar de paso, muy trasnsitado, que servía más mal que bien como metáfora.
Y más vale estar torcido como una obsesión que recto como una virtud. Si pasas cerca con tu bus, no lo olvides, toca el claxon.

Ya ves, MSM, a veces me da por ponerme así de tontorrona y estupenda. Sí, era parada obligatoria para hacerse un bocata camino de Madrid.

Y lo que le quedaba por pasar a tu corazoncito, o más bien a tu estómago, NÁN. Espero que al menos disfrutaras antes.

Seguro que salió estupenda esa obra de teatro, ISABEL.
Me gusta mucho esa definición de voluntad. A veces se nos olvida que nos habitan deseos que corren en direcciones opuestas, y claro, en ocasiones, se estampan. Abrazote.

SOMBRAS, cualquier rico se considera un hombre hecho a sí mismo, cualquier pobre un fruto de las circunstancias. Nadie cree ser merecedor de sus desgracias. Saludos.

Has leído bien, ALBERT. Si para algo sirve la edad es para distribuir correctamente las culpas aun sabiendo que eso no cambia nada las cosas.

Flx dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Flx dijo...

Pues sí, somos lo que nos sucede, pero también lo que creamos. Y esas creaciones bien pueden ser sucesos, inducidos como chispazos o incluso como fuegos más o menos controlados.

Y claro, así es normal que uno acabe con la piel marcada.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Pues cuidadín, que ya sabes que eso de que una se ponga "tontorrona y estupenda", suele poner mucho al personal.

Besos, tontorrona y estupenda.

Raúl dijo...

En cualquier caso, sólo somos lo que hemos sido; de ahí que recordarlo sea necesario para no perder identidades.
Por lo demás, no es mal pueblo, no.

t minúsculo dijo...

...ahora entiendo mejor el chiste de dos catalanes que inventaron el hilo de alambre estirando una peseta.

Bárbara dijo...

FLX, la piel marcada y los pelillos chamuscados. Es el eterno debate, ¿el carácter es el destino o las circunstancias son el destino? Supongo que es indisoluble. Aunque a ver si no va a existir el destino.

Que se ponga como quiera, MSM, mientras no salpique ;)

Y cuántos hemos sido, ¿eh, RAÚL? me gusta mucho esa frase, creo que era de Panero, que decía que yo me destruyo para saber que yo soy yo y no todos esos.

Jeje, T MINÚSCULO, entonces me fundiré el corazón a ver si me saco unos eurillos.