lunes, 16 de mayo de 2011

La dialéctica del amor



Coló un pie en el portal justo cuando las dos lamas estaban a punto de acoplarse. Pantalón de chándal, camisa de franela, a cuadros. Sin ojos. Mirada esquiva. Desaguada tal vez a través de alguno de esos agujeros que el acné dejó en su piel.
Dicen que hay que mirar fijamente a los sospechosos, que eso les disuade de sus oscuras intenciones.
La ignoró con énfasis mientras esperaban el ascensor pero nada más cerrarse la puerta, sacó una pequeña navaja multiusos, de esas que se convierten en cortaúñas, sacacorchos, abrelatas, alicates y tijeritas.
También sacó un miembro ancho y corto, tal vez integrado en la multiusos. Todo el ascensor se impregnó de olor a pene, como si hubieran conectado un ventilador a una orgia.

Dicen que las mujeres con coleta son más violables.
Le apuntó, con la navaja al cuello y el pene a la entrepierna.

-¿Qué- estás- haciendo?- preguntó ella con la calma de un insecto sin alas.

Él estaba ocupado echando un pulso con el botón de sus vaqueros. La mano le temblaba como un espejismo.

-¿Que qué estás haciendo?

Desistió de vencer la resistencia metálica del pantalón.

- Calla, zorra, y chúpamela- dijo estirándole de la coleta.

Arrodillada involuntariamente, ella lo miró de abajo a arriba.

- Esto no funciona así, cariño, ¿y la dialéctica del amor?

- ¿Qué coño estás diciendo?

- La música ingrávida de los cuerpos, la definición exacta de la turgencia, el convertirse en esclavo del olor del otro, la dialéctica del amor en definitiva.

Él la miraba por primera vez a los ojos.

- Baja la multiusos, y empieza de nuevo. Con un beso largo y húmedo que conecte las raíces profundas del deseo y luego ruede cuerpo abajo, que esa saliva en lugar de enfriar, arda, y el cuerpo se vuelva brasa, y la lava erupcione el deseo y lo reviente por todos los orificios…

- No me toques

- Conecta con una caricia el misterio del universo, y que la fusión de los cuerpos sea un big Bang del que…

- Que te he dicho que no me toques, puta- gritó histérico antes de evaporarse con un portazo.

El ascensor olía ahora a violetas y cazón en vinagre.

11 comentarios:

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

¡Qué tipo más raro! Ahora que se ponía la cosa bien, va y...

Un beso.

NáN dijo...

Jo, Bárbara, qué bueno y rebueno.

"con la calma de un insecto sin alas", te has marcado el mejor relato que he leído de un intento de violación que se vuelve del revés: una perpectiva genial.

Efrén dijo...

Joder, se me ha encogido el éstomago a pesar del desenlace y de la rata con piel de lobo huyendo con el rabo entre las piernas.

Bárbara dijo...

¿verdad, MUYSEÑORESMÍOS? y eso que los violadores suelen ser gente muy normal... Besos.

Gracias, NÁN. Me ha hehco fgracia eso de que es el mejor relato de un intento d eviolación que se vuleve del revés, y que empieza por coló y termina por vinagre, te ha faltado puntualizar ;)

EFRÉN, es que el otro día estuve ojeando unas recomendaciones de la policía para minimizar el riesgo de violación: si un desconocido te parece sospechoso, abordarle directamente preguntarle la hora por ejemplo, mirándolo a los ojos, no llevar coleta (las coletables son más violables) y si te atacan gritar fuego antes que socorro porque acude más gente. Y de ahí, la rata.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Genia, que eres una genia.

Besos.

Lluvia dijo...

Paseaba, y llegue a esta tu casa, me ha gustado, tremenda historia =)

Saludos!

Juan C. dijo...

Pobres violadores, que no saben nada del amor ni del deseo.

Bárbara dijo...

Exagera usted, como de costumbre, MUYSEÑORESMÍOS.

Bienvenida LLUVIA!

Y sí, JUAN C, pobres. Lo malo es que traten de extender su miseria.

Los criticones dijo...

Olé por regresar a este páramo cibernético!

Un gusto

ARM

Raúl dijo...

Ayyy si los violadores y violadoras leyeran más poesía...

Bárbara dijo...

Siempre mola regresar con estos recibimientos, ARM. Gracias!

Creo que ya está incluido en los nuevos programas de reinserción, RAÚL. Lo malo es que gente como Bécquer ha demostrado tener un efecto contraproducente.