martes, 27 de diciembre de 2011

Mi mensaje de paz y amor


Estoy harta de que mi blog sea un coladero de gente buscando porno, me siento como una puta de polígono industrial cuando pasan los coches y la miran. Pasan de largo pero miran.
Todo porque una vez colgué una entrada titulada Porno rousseaniano, donde criticaba el machismo del porno actual y reivindicaba la dignificación del público femenino, me reivindicaba a mí misma, sin ir más lejos.
Porque dime, ¿quién se empalma con Rousseau, con todo lo que hay en la red?, ¿por qué, oh, omnisciente y degenerado Google, atraes a tantos salidos a este bloguecito mío, tan pequeño y casto? (y digo degenerado porque en muchos casos, las palabras clave son: porno con niñas de 14 años, o vajinas de mujeres, así, con jota, cosas francamente escandalosas).
Me entristece.
Pero luego me pregunto si no estaré haciendo una labor social (como las prostis) llevando mi mensaje de amor e igualdad allende la red.
Porque el post denunciaba el egoísmo masculino del porno y dejaba claro que no, no nos pone que nos estrangulen, ni que nos pongan las nalgas como resistencias eléctricas, ni que nos provoquen arcadas por metérnosla más allá de las amígdalas, ni que nos metan el acorazado Potemkin por el culo.
Y pienso: ¿será ese mi destino? ¿Seré la emisaria en la red del recado divino?, ¿será mi misión poner un poco de luz en esas mentes opacas, diseminar en esta tierra de Dios mi mensaje de porno para todos, de ama al cuerpo femenino como al tuyo mismo?

En fin, en estos días de paz, amor y porno, felices fiestas a todos.

jueves, 22 de diciembre de 2011

La buena es la que vuela


No sé un pimiento de teoría poética, no sé si el poema se enmarca en el barroco, en el simbolismo, si pertenece a la poesía social, a la poesía de la experiencia, a la poesía de vanguardia, al rap, o a la terapia adyurvédica.

Pero reconozco la poesía que me gusta. La leo como de adolescente escuchaba las canciones: con las venas y no con los oídos.
Y poseo la suficiente arrogancia como para decir: esto flota, esto se hunde.
Es la poesía del puro senso, la que llega sobrevolando y se posa en el cerebro sólo unos instantes, los justos para hacer comprender de forma fugaz, dejando un rastro de interrogantes a su paso.

Como decía Szymborska, la única respuesta que puede provocar un poema son dos puntos :

Defiendo la poesía sincera. Valiente. La que se escribe por necesidad.
Abomino de la poesía del ocio, del recreo metaforil, aquella que se enreda en sus propios laberintos, la que va colocando una capa de figuras literarias, una encima de otra, hasta lograr la opacidad total, la oscuridad absoluta. Miedito.
Poesía-trampa, poesía-criptograma sin patrón cifrado, poesía de ocho a cinco, que no vuela.
Tampoco la poesía ramplona, nacida a la sombra de esta última, la que aprovecha que el lector anda pensando ¿seré gilipollas? y entonces va y coge un poema, pongamos que de Vilariño, y concluye: esto sí, esto sí que lo entiendo, esto es bueno.

Es difícil la frontera. Es difícil mantenerse en equilibrio (es difícil vivir, joder).

Las ideas son invisibles, por eso hay que vestirlas, echarles algo encima para poder traficar con ellas, para poder pasarlas de unas manos a otras (como el hombre invisible debía ponerse gabardina y gafas para poder ser).
Pero lo importante es saber dotarlas de la picardía suficiente como para que se desnuden con gracia en mente ajena, para que hagan un striptease cadente y sensual.

Y cuando digo idea, tal vez esté diciendo emoción.
Y cuando digo striptease, estoy diciendo desnudo integral.

Joan Margarit decía que el límite de la poesía es el de la emoción.
No hay más. La poesía tiene que emocionar.
Frente a la erudición hueca y el artificio que no planta sus raíces en la emoción, la sencillez y la profundidad.
Frente a la poesía como un objeto onanista, el amor generoso de Paul Eluard, de Gabriel Ferrater, de Jaime Gil de Biedma, de Wislawa Szymborska, de Manuel Vilas, de Alejandra Pizarnik, de Natalia Litvinova, de Roberto Juarroz, de Pedro Casariego, de Pablo García Casado, de Chantal Maillard o de Ángel González. De todos esos pájaros que saben abrir dos puntos.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Un beso más


No sé dónde la frontera
entre fantasía y realidad
entre huida y coma
entre vacío de rutina y jolgorio de manicomio
entre vacío de manicomio
la huida
como una rutina

cuánto por un beso nuevo
un millón de instantes contantes
y sonantes
por un mañana envuelto
para regalo, cuánto

se me deshace entre las manos
el hilo de los días

dicen que la tierra gira
porque no encuentra nada que la detenga

yo busco frenar mi huida en ti
mi amor manicomio
mi despertar del coma
la inercia que me hace girar
por pura rutina
un beso más, uno más.

Soy ese vacío que cuelga de un hilo.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Hábitos


Cuando se aduce al comportamiento natural como a eso que sale de dentro, que sale solo, como si manara a borbotones de la fuente del instinto, desconfío automáticamente, no vaya a ser que salpique. Me sale de dentro desconfiar, así, de forma natural.
Porque ¿qué nos queda de ese animal que llevamos dentro? apenas nada, nos lo hemos comido, ñam, ñam, caníbales, masticado, deglutido, hecho churro por el intestino y defecado; ni los pelos le quedan ya (los monitores de mi gimnasio, buenos ejemplares de macho, tienen menos pelo que yo en el cuerpo, ¿será posible? sí, son estos tiempos que corren, imberbes, pueriles).

Lo cierto es que no sobreviviríamos ni un solo día en la selva, guiados por nuestro instinto. Lo cierto es que ya no somos capaces de distinguir entre el hambre y un retortijón, entre el impulso de hacer clic en ver video y la pulsión sexual, entre el miedo por una amenaza real y la ansiedad.
Bulimia, anorexia, vigorexia, agorafobia, impotencia, anorgasmia, estrés, adicción al trabajo, adicción a Internet, adicción a las piruletas de colores, adicción a la adicción, todo eso nos crece dentro, de manera natural.
Que se nos coma un oso pardo ya. Que se nos coma un lobo ibérico. (Que se coma primero a Cayetano Martínez de Irujo al que le sale, de forma natural, llamar perros a los trabajadores andaluces).

Lo verdaderamente natural en el hombre es que edifique sus hábitos justo encima de su instinto.
Que el hombre es un animal de costumbres no lo dijo Dickens así como así, recién levantado, con la greña en la cara, y sin haberse tomado el café con leche.
Que la costumbre es una fuerza poderosísima es un hecho al que no prestamos la suficiente atención. Muchas cosas se explican por el simple hábito, hay mucho hijodeputa por costumbre, sangrantes políticas neoliberales por costumbre, discos de la oreja de Van Gogh que se venden por costumbre (nadie en su sano instinto compraría un disco de la oreja de Van Gogh).
Si hasta la tierra gira, no por la fuerza generada al formarse, sino por la fuerza de la costumbre, por pura inercia. Y porque no hay nada que la detenga.

Y sin embargo, a menudo se confunde el hábito con esa fuerza instintiva que le grita a uno desde su más profundo interior.
Por eso acude la gente al psicólogo, para saber de dónde vienen las voces, para encontrar resistencia, porque no pueden con sus hábitos, porque los van a matar esos hábitos insanos que les crecen dentro, de forma tan natural.

Naturalmente, sólo puede sustituirse un hábito por otro. La libertad es la imagen de un vacío, un agujero negro, un experimento de laboratorio. La única libertad consiste en elegir la costumbre a la que queremos someternos, y seguir girando como si nada.
Y es que desde que cambiamos el cromo del instinto por el de la libertad, sólo nos queda pegarlo en el álbum, justo encima de donde pone: hábito.

martes, 6 de diciembre de 2011

Tengo una pistola


Hay libros que resultan modernos, pero no modernos en el sentido modístico del término- Lady Gaga es un carcamal- modernos porque bucean en los mismos interrogantes de siempre, en los mismos misterios existenciales pero arrastrándolos hasta el presente, estirando de ese hilo ancestral.

La modernidad como continuidad. El cabo de esa soga histórica a la que aferrarnos para no caer al vacío.

Tengo una pistola es moderno, oh sí.
Y es moderno no porque hable de Internet, porque hable de porno cibernético, de bondage, de fisting, de bukkake, de esa escalada morbosa que culmina acaso en el pervertido acto de follar de … dos enamorados (qué risa me dio eso), sino porque habla del miedo, de la soledad, del vértigo de amar, de la vulnerabilidad de amar, de lo absurdo de construir cuando hemos nacido programados para autodestruirnos, todo ello en la era de Internet, del porno cibernético, del bondage, del fisting, del bukkake, en la era de la comunicación libre de adn.

Por eso este libro es moderno y, pongamos por caso, Nocilla dream, con todas sus virtudes, no lo es. Por eso y porque seguramente no pretende serlo. No pretende experimentar con el estilo mientras se va escribiendo, sino escribir para hacer avanzar la historia. Qué cosas ¿verdad?
Enrique Rubio es así. De Murcia.

Que sepas, murciano, que yo tengo mi pistola desde los 21, ese seguro de muerte que proporciona cierta levedad, que otorga en definitiva la libertad de poder elegir aún en los peores momentos.
Por eso este libro es universalmente particular, o particularmente universal, como quieras, porque cuenta lo que me pasó a mí.

Me gusta mucho su capacidad de ahondar en la amargura para acto seguido desdramatizar. El humor que da sentido al sufrimiento.
La prosa del autor, inteligente, gamberra, a ratos poética, dura y tierna a la vez, jugosa como un tomate murciano.
En realidad la prosa del autor no puedo analizarla como un ente aislado porque nunca he sabido distinguir entre prosa y ¿qué es lo de dentro? ¿trama? ¿historia? ¿mensaje?
Yo sólo veo prosa, como ese culturista que coge del cuello al chaval que le insinúa que hacer ejercicio aeróbico es bueno para el corazón, ¿acaso se ve el corazón, acaso se ve?
¿Acaso se ve algo que no sea el estilo? Y sin embargo.

No todo me gusta, claro, me chirría que después de 10 años, Cascaradenuez salga a la calle y justo en ese momento el Mazorca esté americanamente pegando tiros americanos en un supermercado de pronto superamericano. Una casualidad muy poco española, no sé.
O que todos los psicólogos sean siempre retratados como botarates, hasta por alguien licenciado en psicología. Y mira que es bueno el personaje, pero acaba imbecilizándose hacia el final.
Encuentro también, en las últimas páginas, un exceso de opereta con final feliz, un humor demasiado blanco de pronto.

Me encanta sin embargo el optimismo que rezuma.
Todo el sufrimiento que es capaz de contener un cuerpo.
Y esa cajera, quieto parao.
El ritmo que confieren las estadísticas.
Los casos que cuenta el psicólogo.
La voz de Cascaradenuez.
La inteligencia de su construcción.

Y lo más importante: que la metáfora gorda, la que sostiene a todas las demás, camina hacia algún sitio, tiene sentido, es conducida firmemente con Tom Tom por su autor. Y no como esos escritores que van dando tumbos por sus novelas, echando páginas y páginas al tun tun, gastando gasolina de estilo tontamente, como quien echa kilómetros en una autopista alemana, con indicaciones consonánticas indescifrables, hasta toparse con un muro ante el que frenar para escribir en él: fin. Estámpate al menos, coño. Danos un poco de emoción, aunque sea póstuma.

Tengo una pistola es una deslumbrante primera novela.
Escrita por un señor de Murcia.
Y yo he tenido la suerte de ser elegida, a pesar de que nunca veré delfines. De ser elegida.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Legible Krahe

Una, de entrada, mitómana no es. Más bien al contrario. No me gusta demasiado conocer a quien me ha hecho disfrutar en la intimidad. Soy consciente de los diferentes planos en los que se descompone lo que viene siendo ontológicamente el ser, por eso muchas veces conocer personalmente a quien se conoce a través de su obra tiene algo de jet lag, de desfase artístico, como si llegara a contratiempo a sus canciones, como si metiera tarde ese acorde, esa frase. Como si se enredaran los pies del hombre con los del artista.

El otro día conocí a Krahe. Aquí está la prueba, Francis Black.

Mi amigo E. se acercó a él tras el concierto para confesarle que había sido como su psiquiatra y charlamos amigablemente, de los griegos, de lo que mentían, de su inocente machismo, de Heráclito, de la fidelidad de Aristóteles a su mujer, todo lo amigablemente que se puede charlar con dos altavoces escupiendo tralla y unas cuantas copas en el cuerpo.

Qué temple, Krahe. Y qué legible me pareció.

Porque yo estoy convencida de que los gramos de poesía que caben en la música son exactamente los gramos de música que caben en un poema.
Que si el poema ha de sonar, la música ha de poder leerse. Y es tan legible Krahe.

Nos hicimos una foto con él, venía incluida en el groupie pack.

A mí, en general, las instantáneas souvenir me parecen extraños apósitos, mocos que vienen a pegarse a la memoria, la auténtica, la primigenia, esa en la que uno nunca aparece físicamente por estar dentro de ella. Y es que todo lo que sea salirse del margen de tus ojos, de tu piel, de tu cuerpo, me parece pura ficción.

Vivimos tiempos de enajenación. Hay una tremenda necesidad en estos días de narrar nuestra vida al minuto, de contar lo que nos sucede a través de las fotos, del estado del Facebook, de los blogs, del twiter, creando productos paralelos de ficción cuya materia prima es el yo.
Y se me ocurre que se parece bastante a creer en Dios si lo piensas, que la esencia es la misma: vivir con alguien mirándote constantemente, el espectador más fiel del mundo, unos ojos fijos en uno mismo, que es el protagonista indiscutible.
Es tan voyeurista la fe como la red.

Cuando salgo de noche, me dicen: se te ve feliz. Y yo pienso: confundes la embriaguez con la felicidad. Y me río con ganas. Y me siento por un rato la auténtica protagonista, ante ese dios voyeur cuyos ojos se abren como ventanas pop up.

lunes, 28 de noviembre de 2011

¿cuántos suicidios?





















Uno de los daños colaterales barridos bajo la alfombra de esta crisis son los suicidios. ¿Cómo va nuestro índice de suicidios?, ¿viento en popa y a toda vela?, ¿en clara progresión y subiendo?, ¿cuánto?, ¿mucho?, ¿poco?, ¿lo suficiente como para que las funerarias coticen en bolsa? Yo apostaría a que sí.

El silencio al respecto es de funeraria.

No son noticia los suicidios por ser contagiosos, como si pegar a la propia mujer o francotirotear estudiantes a la puerta de un instituto no lo fueran.
Que toda información es subversiva lo sabemos, que el silencio es reaccionario, lo sospechamos.
Tal vez el tema no es el qué sino el cómo, no el agujero sino la profundidad, no el pellejo sino el corazón. No los vagos silencios sino saber encontrar las palabras exactas.
Es un dato demasiado importante como para que drible la atención de los medios.

Claro que en esta sociedad infantiloide y judeocristiana, la muerte por decisión propia sigue siendo un tema tabú, a pesar de ser la primera causa de mortalidad entre los jóvenes.
Pero no se habla de ello, por más que los psicólogos aseguren que sólo el hecho de nombrar ese deseo de morir ahuyenta el deseo de morir. Ay, el poder de la palabra.

Y cuando a esa decisión, propia y mortal, contribuyen esos vampiros, ávidos de sangre, que nunca tienen bastante, aquellos cuyas cabezas reposan cada noche sobre almohadas rellenas de esqueletos triturados, parece que aún hay más motivos para el silencio.

Poder contar las bajas debiera ser algo así como un derecho.

Defender el ser informados de los suicidios, aunque tengamos que dejarnos la vida en ello, una especie de obligación.

viernes, 18 de noviembre de 2011

???


¿Estamos locos o qué? Leo que Francisca Aguirre es premio nacional de poesía. Y a priori me alegro, una señora de 70 años, me gusta pensar que la inteligencia se condensa con la edad, y todos esos desechos que se van acumulando en nuestras afueras no son sino las cáscaras de un bello fruto que crece dentro (cursi, ¿eh? si es que cuando quiero...). Y es que me encantan las ancianas como Szymborska, como la recientemente fallecida Agota Kristoff, duras por fuera, tiernas por dentro.

Pero luego voy y leo esos tres poemas, que acompañan la noticia y que encima deben de ser considerados como buenos de entre los buenos y me digo: pero ¿nos estamos volviendo locos o qué? ¿esto es poesía? ¿esto, premio nacional?

Sentimientos bonitos pero absolutamente banales, tan diminutos como prescindibles. Sentimientos cuya espuma no ha llegado a subir hasta el intelecto para cuajar en un producto poético capaz de salpicar otras mentes, y descender hasta otros sentimientos. No encuentro nada de poesía ahí por más que se cercenen los renglones. Y no me puedo creer que interesen a nadie, más allá de su familia, esas experiencias tan chiquitas, que no han sido maduradas por el arte del pensamiento, que no son capaces de elevarse ni un milímetro del papel porque carecen de música.
No me interesa tu vida si no la cuentas como si te fuera mi vida en ello.

¿Por qué no me dan a mí un premio nacional por querer a mi hijo? Yo a mi hijo lo quiero como para premio nacional, para Nobel si me apuras.

Una mierda es lo que me parecen esos tres poemas, tenía que decirlo. Y es que entre los que se ponen farragoso- intelectualoides- nadie va a poder criticarme porque nadie va a poder entenderme, y estas simplezas sentimentaloides, de verdad que a una le dan ganas de borrarse de leer poesía.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Melancolía













Vi Melancolía. Con el amigo Lars, no gana una para rímel.
Es espléndida Melancolía. De otra división, de otro planeta, de una hermosura violenta y extraterrestre.
Va de locura y del fin del mundo, que viene a ser un poco lo mismo.

Yo, que conozco de cerca la locura, y sé lo poco que riman locura y tostadas para el desayuno , locura y que tengas suerte en el examen, que sé lo mucho que tiene de cobarde el que huye, de brazos cansados el que trata de retenerle, me arrodillo ante esta inmensa poesía de la locura.

Va de Justine, vestida de novia, diciéndole a una madre que no es de este mundo: tengo miedo.
Justine, desnuda, entregándose a los rayos nocturnos de ese planeta llamado Melancolía, que acabará con todos nosotros.
Va de Claire preguntando, angustiada: ¿pero dónde va a crecer Leo? Claire que repite: a veces te odio tanto. Claire, a la que le falta el aire ante el paso de Melancolía.
Va de Justine y de Claire. Has elegido el camino fácil, la locura es el camino fácil, le dice una a la otra.

Yo, que he pensado mucho en si la locura es un camino fácil o difícil he llegado a la conclusión de que es un camino llano que va incrementando su pendiente a medida que avanzas por él, de forma apenas perceptible, hasta acabar en vertical. El camino fácil más difícil.

Va de las distintas formas de enfrentarse a la muerte. De una novia que folla con un desconocido en su noche de bodas. De una lana gris que se enreda en los tobillos. De seiscientas setenta y ocho alubias. De excavar cuevas mágicas siendo una rompeaceros.

Yo, que un día escribiré un tratado médico-poético sobre la locura, creo firmemente que a pesar de no ser un género literario, tampoco es estrictamente una enfermedad.
Que me basta un botón para demostrarlo: los dos primos de M. están en un manicomio. M me contó que su tía se ahorcó y ese niño que hoy está en el psiquiátrico fue quien encontró el cadáver de su madre, colgando, al volver del colegio. Que poco más tarde, su tío siguió sus pasos, y fue la niña quien encontró el cadáver de su padre, colgando también. Que algunos, con su muerte, dejan cosas suspendidas en el aire. Otras, firmemente asentadas: la locura como un legado de plomo para esos niños. Que no sé cómo se llama exactamente su enfermedad, tan real hoy, pero bien pudo haberse llamado puta mala suerte de vida que te ha tocado en desgracia.

Va de un planeta, con sus algodones de fuego y sus descomunales espermatozoides. De la oronda fascinación que produce aunque amenace a esta tierra. Porque amenaza a esta tierra. Va de un simple alambre doblado en forma de círculo, enganchado a un palito, para medir si se acerca o se aleja.

Yo, que creo que la melancolía arrasa el corazón y que las alas de la locura sirven tanto para sobrevolar el dolor como para huir cobardemente (aunque haya quien tenga muchos motivos para huir), confío en el arte como esa forma de mover las alas.

Va del Apocalipsis, de un planeta que hace boum. Va de ciencia ficción y de poesía real. De la imaginación como único lugar en el mundo en el que resguardarse.

Yo, que conozco de cerca la locura, hubiera preferido que ese planeta pasara de largo sin rozar la tierra. Que no venciera la locura. Pero claro, ella es la auténtica protagonista de Melancolía.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Amor tangible





















A qué estar tan tristes. Pensar sigue siendo gratis, bailar: gratis, follar: gratis, (hasta en los clubs, lo que se paga es la plusvalía que produce el rozamiento de los cuerpos pero no el sexo, el sexo no, que es gratis), el amor: más gratis que nunca, no hay impuestos que graven el ronquido, es gratis, ni rascarse cuando a uno le pica, donde a uno le pica, también gratis, ni los sueños húmedos con tu jefa, todos gratis, ni los paseos gratuitos bajo un sol gratuito mientras el horizonte, gratuito, baila a tu ritmo.

Leer blogs: gratis, las palabras de Manuel Vilas, gratis, su amor, grande como un oso pardo plantado sobre sus patas traseras, gratis.

Escribir: gratis. La afición de los pobres, todas esas palabritas, esparcidas aquí y allá, en cualquier cartel callejero, revoloteando sueltas en un autobús de línea, posadas en los botes de champú, en los grafitis de los suburbios, gratis todas. Al alcance de cualquier vagabundo.

Que no todo van a ser esos papelitos en serie, vulgares estampaciones impersonales. Algún día el dinero será algo pasado de moda, como el astracán o las pulseras magnéticas, como esnifar rape o pintarse un lunar. Diremos: ¿recuerdas la época del dinero?, con cierto desdén y suficiencia, como quien dice: ¿recuerdas la época de las grandes cruzadas religiosas?
Ay, añoramos tanto la alegre guillotina francesa.

Frente a la crisis, amor material, contante y sonante, amor tangible. Como este poema de Vilas.

EL CREMATORIO

Les pregunté por el horno a aquellos dos tipos,
era la noche del 18 de diciembre del año 2005,
carretera de Monzón, que no sabes dónde está Monzón,
es un pueblo perdido en el desierto.
Aires de tormenta en lo Alto, sobre la nada desnuda
como una recién casada, luna abajo de las carreteras muertas.
Monzón, Barbastro, mis sitios de siempre.
Me dejaron ver por la mirilla y allí estaba ya el ataúd ardiendo,
resquebrajándose, la madera del ataúd al rojo vivo.

El termómetro marcaba ochocientos grados.
Imaginé cómo estaría mi padre allí dentro de la caja.
Y la caja dentro del fuego y mi corazón dentro del terror.
Hasta las ganas de odiar me estaban abandonando.
Esas ganas que me habían mantenido vivo tantos años.
Y mis ganas de amar, ¿qué fue de ellas? ¿Lo sabes tú,
Señor de las grandes defunciones que conduces
a tus presos políticos a la insaciabilidad, a la perdurabilidad,
a la eternidad sin saciedad, oh, bastardo,
Tú me arrancas,
amor de Dios, oh, bastardo?
Recoge a ese hombre en mitad del desierto.
O no lo recojas, a mí qué puede importarme
tu presencia heladora en esta noche del borracho
que he sido y seré, contra ti, o a tu favor,
es lo mismo, qué grandeza, es lo mismo.
El principio y el final, lo mismo, qué grandeza.
El odio y el amor, lo mismo; el beso y la nalga,
lo mismo; el coito esplendoroso en mitad de la juventud
y la putrefacción y la decrepitud de la carne,
lo mismo es, qué grandeza.

El horno funciona con gasoil, dijo el hombre.
Y miramos la chimenea,
y como era de noche,
las llamas chocaban
contra un cielo frío de diciembre,
descampados de Monzón,
cerca de Barbastro, helando en los campos,
tres grados bajo cero,
esos campos con brujas y vampiros y seres como yo,
“allí sube todo”, volvió a decir el hombre,
un hombre obeso y tranquilo,
mal abrigado pese a que estaba helando,
la espesa barriga casi al aire,
“dura dos o tres horas, depende del peso del difunto,
dijo difunto pero pensaba en fiambre o en saco de mierda,
antes hemos quemado a un señor de ciento veinte kilos,
y ha tardado un rato largo”, dijo.
“Muy largo, me parece”, añadió.

“Mi padre sólo pesaba setenta kilos”, dije yo.
“Bueno, entonces costará mucho menos tiempo”,
dijo el hombre. El ataúd ya eran pepitas de aire o humo.

Al día siguiente volvimos con mi hermano
y nos dieron la urna, habíamos elegido una urna barata,
se ve que las hay de hasta de seis mil euros,
eso dijo el hombre.

“Sólo somos esto”, sentenció el hombre de una forma ritual,
con ánimo de convertirse en un ser humano, no sabiendo
ni él ni nosotros qué es un ser humano,
y me dio la urna guardada dentro de una bolsa azul.
Y yo pensé en él, en lo gordo que estaba, en cuánto tardaría él
en arder en su propio horno. Y como si me hubiera oído
dijo “mucho más que su padre” y sonrió agriamente.

Entonces yo le dije “el que tardaría una eternidad
en arder soy yo, porque mi corazón
es una piedra maciza y mi carne acero salvaje
y mi alma un volcán
de sangre a tres millones de grados,
yo rompería su horno con solo tocarlo,
créame, yo sería su ruina absoluta,
más le vale que no me muera por aquí cerca”.
Por aquí cerca: descampados de Monzón,
caminos comarcales,
Barbastro a lo lejos, malas luces,
ya cuatro grados bajo cero.

Coja las cenizas de su padre, y márchese.
Sí, ya me voy, ojalá yo pudiera arder como ha ardido
mi padre, ojalá pudiera quemar
esta mano o lengua o hígado de Dios
que está dentro de mí,
esta vida de conciencia inextinguible
e irredimible;
la inextinción del mal y del bien,
que son lo mismo en Él.
La inextinción de lo que soy.

Ojalá su horno de ochocientos grados quemase lo que soy.
Quemase una carne de mil millones de grados inhumanos.
Ojalá existiera un fuego que extinguiese lo que soy.
Porque da igual que sea bueno o malo lo que soy.
Extinguir, extinguir, extinguir lo que soy, esa es la Gloria.

Coja las cenizas de su padre, y márchese.

No vuelva más por aquí, se lo ruego, rezaré
por su padre. Su padre era un buen hombre
y yo no sé qué es usted, no vuelva más por aquí,
Se lo ruego. Por favor, no me mire, por favor.

Tuvo un Seat 124 blanco, iba a Lérida,
visitaba a los sastres de Lérida y a los de Teruel,
comía con los sastres de Zaragoza,
pero ahora ya no hay sastres en ningún sitio,
dijo una voz.

Qué solo me he quedado, papá.
Qué voy a hacer ahora, papá.
Ya no verte nunca es ya no ver.
Dónde estás, ¿estás con Él?
Qué solo estoy yo, aquí, en la tierra.
Qué solo me he quedado, papá.

No me hagas reír, imbécil.

Oh, hijodeputa, has estado conmigo allí
donde yo estuve, sin moverte de las llamas.
He viajado mucho este año, mucho, mucho.
En todas las ciudades de la tierra, en sus hoteles memorables,
y también en los hoteles sucios y bien poco memorables,
en todas las calles, los barcos y los aviones,
en todas mis risas, allí estuviste, redondo
como la memoria trascendental, ecuménica y luminosa,
redondo como la misericordia, la compasión y la alegría,
redondo como el sol y la luna,
redondo como la gloria, el poder y la vida.

domingo, 6 de noviembre de 2011

La ficción de la memoria

Vi un documental sobre los recuerdos, sobre los recuerdos traumáticos que se guardan en la memoria a largo plazo y que no se archivan en bloque sino por fragmentos, una parte en el hipocampo, una parte en la amígdala, y que a veces recuperamos en bloque gracias al córtex, a veces por trozos, como si hubiera pasado por allí Jack el destripador.

Me interesa la memoria y sus mecanismos, casi tanto como la metaliteratura, pensar en la memoria desde la propia memoria. (Como si fuera posible recordar con algo que está fuera de la memoria... Escribí algo sobre ello).

Me interesa la memoria y la ficción, pero sobre todo las relaciones que se establecen entre ambas.
Los manicomios. Los periódicos de hace veinte años. Los sueños de la gente que quiero.

Me desconcierta quedar con esa amiga de adolescencia, que era más tu novio que tu amiga, más tu familia que tu novio, y descubrir que cada una recuerda cosas completamente diferentes, como si hubiéramos convivido en lugares distintos. Que es el montaje del director lo que hace la película.

Me interesa la memoria como esa ficción propia que va creciendo hacia atrás, basada no sólo en la selección de los recuerdos sino en la forma de combinarlos y presentarlos.

Y me interesa por lo que tiene que ver con la escritura, por ser ese vertedero donde se rescatan desechos para crear algún artefacto reciclado. Tú alegarás: no todo es literatura de la experiencia. Y yo convendré: cierto, es más, cuanto más se alejan los personajes de uno mismo, más precisos se dibujan, cuanto más cercanos, más plasticosos.
Aún así, todo emana de la propia experiencia, toda emoción reconstruida hace pie en la amígdala.

Ahora escribo sobre adolescencia y rescato archivos con tesón, como una trabajólica de la nostalgia, abro el archivo del hipocamo, abro el archivo de la amígdala, rescato el recuerdo, lo trabajo, lo machaco, le añado brazos, le añado melena y hasta genitales, le añado bonitas piernas con las que camina solo, hasta que ya no sé de dónde viene y no adónde va, como una vulgar Noelia de Nino Bravo.
Al final, cuando lo devuelvo a su sitio, se parece muy poco al recuerdo original aunque conserva ese aire de familia.

Y eso es lo extraño que quería contarte, que escribir modifica los recuerdos, ¿a que es muy extraño? y que no sé qué conclusiones se derivan de ello, que no sé si debería llamar a esto escritura terapéutica, que no sé a dónde conduce esa modificación de los recuerdos: si a algo que se parece a la verdad o a eso que está fuera de la memoria, llámalo realidad, llámalo ficción.

sábado, 29 de octubre de 2011

Echar a andar


Eso que queda de mí
tras desprenderme de mi coraza
tras desprenderme de mi plumaje
tras desprenderme de mi pellejo
no es más yo
que esa ráfaga de viento que de pronto
alborota mi cabello
ese viento que no tiene color
que no tiene imagen
que no tiene dueño
que es infinitamente más yo
que esta anónima, terrible calma.

(La poesía es estar completamente perdido y echar a andar, se me ocurre)

martes, 25 de octubre de 2011

Un partido en diferido

Un partido en diferido es lo que es esta vida. Celebramos los goles sólo para poder darle al rewind y ver cómo celebrábamos los goles. Fabricamos recuerdos en el área para regurgitarlos en los descansos, que es donde verdaderamente se teje el hilo argumental de la propia vida. El estilo no deja de ser ese césped que de tan verde recuerda a la infancia, esa forma de correr como si el suelo fuera a desparecer bajo los pies.

Pero esta vida hay que ganársela, porque aunque lo parezca, no te la regalan, te la fían unos usureros al nacer.
Por ello este domingo me subdité al reino de la oposición, que por si alguien no ha estado nunca, es el reino de la duda; frente a la certeza de la muerte, cuatro alternativas con apariencia de verdad criminal.
Sufrí, dudé, morí unas ochenta veces en hora y veinte. Con lápiz del número dos.
Un poco como Simoncelli, que lleva muriendo tres veces por minuto en el you tube desde anteayer.
O como Gadaffi- qué muerte tan increíblemente roja-, cuya mirada se ha enganchado en mi rewind, mientras en el salvaje oeste los sheriffs de bien se congratulaban por el linchamiento y el emperador exhibía su rechoncho pulgar boca abajo.

La crisis llegó también a las bandas terroristas. La misma crisis que ahora vigila de cerca a los escoltas. Convendrás conmigo en que todo tiene ventajas e inconvenientes, hasta morirse tiene ventajas. Pero lo cierto es que lo único que habría que agradecerle a ETA -y se trata más bien de una carambola que de una tacada directa- es que los políticos de Euskadi sean ostensiblemente mejores que los del resto del territorio español, exceptuando aquellos que no tenían que besar el suelo antes de subir al coche, que son de por sí tan rastreros como los de cualquier otro lugar, y a Mayor Oreja, claro. Exceptuando a aquellos que aunque los terroristas se abrieran las carnes en público, invocando el perdón a sus víctimas y luego se tiraran por un puente, no sin antes haberse rociado con gasolina y arrimado una cerillita, aún tendrían que objetar: sí, bueno pero deberían haber saltado de rodillas y con los brazos en cruz.

En fin, que Eguiguren me sigue poniendo, eso es lo importante, un pequeño misterio en el mismísimo centro de la libido.

Y que en este partido en diferido, vivir se aparece hoy como una alternativa algo menos incierta.

martes, 18 de octubre de 2011

Diga a


¿Duele?
sólo cuando recuerdo
respire
¿con qué?
con los ojos, vaya pregunta

Suelte el aire
uffff
diga a
¿mayúscula o minúscula?
como si es versalita, tanto da
Ah!

Saque la lengua
¿a quién?
Al FMI, a Goldman Sachs, a Leire Pajín, a Pedro Piqueras, a Emilio Botín, a Amaia Montero, al virus del papiloma humano, a Ana Rosa Quintana, a Miguel Bosé, a la revista de Ana Rosa Quintana, tanto da. Y ya puede bajar los brazos.
¿como los olvidados, como los desheredados, como los refugiados, como los moradores de las afueras, como los que no tienen nada que ganar ni que perder?
Como los gimnastas al finalizar su ejercicio.

¿Le duele?
sólo cuando lo nombra
¿qué nota?
como una gelatina crecer bajo el pecho
¿le importa que pruebe?
sírvase
yo diría que tiene un toque amargo, entre la angostura y el bitter kas
no sabría decirle, yo…

A ver, respire de nuevo,
uuuuf
saque la lengua,
ah!
diga a
a
diga a
a
está todo bien.

miércoles, 12 de octubre de 2011

El enigma del sexo




















Algunas veces me gusta ser mujer, pero así en general preferiría ser un hombre, ya lo sabes, tener un potente bazoka, y no todas esas armas de pequeño calibre repartidas por el cuerpo.

Estos días veo unos documentales de la 2, El enigma del sexo, que me llevan a pensar que lo único importante es estar ahí. Aquí.
Es tan emocionante ver la vida abriéndose paso- como vulgarmente se dice- con la maza del instinto. Asistir no ya al amor chiquito, al particular, al del tuteo, sino al amor a la especie, a la descarnada lucha por la reproducción. Es mucho amor el amor a la especie. No me cabe en la boca al pronunciarlo, no cabe en todo el ancho de Internet al escribirlo, el amor a la especie, el amor a la humanidad, el amor a la animalidad, el amor a la insectividad, el amor a la peceridad.

Es emocionante, digo, ver cómo en la noche las hembras de un pez (tal vez llamado lábrigo de cabeza azul) liberan sus huevos en espirales de moco luminoso, que entrarán en contacto con el esperma fluorescente, iluminando el mar de Bermudas con sus miles de farolillos, como en una verbena orgiástica.
O contemplar a los caballitos de mar dulcemente enredados, bailando durante la cópula, con la delicadeza de las figuritas de una caja de música.

Claro que no todo es idílico en el reino animal, también hay celos y posesión.
Los machos de sepia (o sepios) bombean agua dentro de su pareja (como si fuera un bombín) para expulsar cualquier resto de semen previo, antes de eyacular su chorro de esperma dentro de ella.
Las hembras del caballito del diablo son promiscuas y capaces de almacenar grandes cantidades de semen de muy variada procedencia. El macho, que lo sabe, posee un pinchito en el pene, con el que rasca la cámara donde se acumula el esperma en la hembra para limpiarla de cualquier resto, antes de rociarla con el suyo, el auténtico, el único y verdadero (como la propia religión).
Lo de la crisálida australiana va aún más allá: las parejas, que nada tienen que envidiar a Sánchez Dragó y su sexo tántrico, forman un tándem follador durante 48 horas seguidas. En ese tiempo, el macho le transfiere a la hembra algo más que su esperma, le deja una sustancia que sella su orificio sexual para siempre, un cinturón de castidad en toda regla.

Pero sin duda la mayor prueba de amor, más enternecedora que un caballito de mar macho con contracciones de parto, es la de una araña venenosa cuyo nombre no recuerdo. Ella es grande y peluda, y una fábrica imparable de huevos. Acercarse a ella durante el cortejo ya supone toda una aventura. El macho, chiquitín pero con arrojo, se coloca cauteloso sobre ella, saca sus palpos provistos de esperma y adentra uno de ellos en su abertura genital donde empieza a depositar el contenido. A continuación, sin pensárselo dos veces, se lanza a la mandíbula abierta de su amante, en un acto alimentario y suicida al tiempo, cuyo único objetivo es entretener a su hembra masticando- masticándolo- y así tener tiempo de transferirle todo el esperma. La hembra acaba devorándolo, claro. La especie, engordando.

No me digas que no es hermoso.

sábado, 8 de octubre de 2011

Escribir, instrucciones de uso



Escribir, instrucciones de uso:


1. coger el sufrimiento que viene en la caja negra, por las puntas, con cuidado de no dejar marcas de huellas personales que luego queden en el papel.

2. extenderlo bien, ayudándose de las palmas de las manos, de los codos, del hígado, del páncreas y hasta del corazoncito, si fuera necesario. Siempre con movimientos circulares. (Nota: si no se dispone de un corazoncito a mano, pueden utilizarse entrañas, el resultado es similar).

3. dejar secar hasta comprobar que las partículas de carbón de la frustración, el desencanto y la desesperanza se han adherido bien al papel. Por ese orden.

4. retirar el sobrante, soplar y leer una vez en voz alta, como si fuera una carta de la seguridad social.

5. no releer jamás.

En realidad, para escribir sólo hace falta pecado y culpa. Pecado y culpa. De venta en cualquier farmacia.

Je me sens coupable parce que j´ai l´habitude, c´est la seule chose que je peux faire avec una certaine certitude. Echo de menos a Lhasa.

domingo, 2 de octubre de 2011

12 veces Houellebecq


Otra prueba irrefutable de que dios no existe. Esa madre que convence a su hija, a punto de salir de cuentas, de que vaya a la parroquia a rezar por un buen parto y allí un desconocido, que llevaba al diablo detrás, le dispara un tiro en la sien.

Efectivamente, ella no sufre durante el parto.

Leo el último de Houellebecq y me alucina cómo se personajifica, cómo se representa a sí mismo en su novela, como un tipo depresivo, alcohólico, solitario y enganchado al embutido, que no para de rascarse por su micosis.
Qué huevos. La empatía está garantizada: a todos nos pica en algún sitio.

La fotografía de la solapa interior está cuidadosamente elegida: Houellebecq aparece absolutamente repugnante, mirada perversa, cejas en accent circonflêxe, cabello fino y ralo, parka verde con capucha, a juego con la cara de freak.
Tiene algo repulsivo y sin embargo, es imposible no amar a Houellebecq a medida que uno va deshojando páginas, para acabar, invariablemente, ya sea página par o impar, con un te quiero, Houellebecq.
Me gusta eso de no mostrar la mejor cara a los demás, sino todo lo contrario, establecer rigurosos filtros, pequeñas barreras protectoras aunque sea con las propias excrecencias.

Pero se produce un hecho curioso en esta novela, y es que los personajes de Houellebecq son siempre muy Houellebecq, un tipo recurrente y fácilmente reconocible en todas sus novelas: solitario, de cierto nivel cultural, de padres que no se han ocupado de él cuando niño, infancia triste por consiguiente, lúcido y falto de prejuicios morales, que en el fondo cree en el amor o en el sexo, que viene a ser lo mismo. ¿Entonces quién demonios es ese que aparece como Houellebecq, el escritor, junto al Houellebecq habitual que nunca se llama Houellebecq?
Es una puta locura.
En este caso, el personaje principal se llama Jed y es artista, aunque ya todos sabemos que es otra forma de llamarse Houellebecq. Ni idea de quién es ese otro personaje secundario que responde al nombre de Houellebecq, el escritor. Un personaje, sin duda. De pura ficción, sin duda, que de eso trata toda esta historia llamada literatura.

Al fin y al cabo, puede que dios sí exista, y es sólo que al diablo le encanta estar donde está él.

jueves, 22 de septiembre de 2011

El apocalipsis

video

La tristeza está llegando a la orilla, ya nos moja los pies. ¿Alguien tiene alguna puta buena noticia que compartir? Que no se la calle.

Por las aceras, cada día más malolientes, kilos y kilos de tristeza desparramados sin control, los contenedores ya no trasportan basura sino tristeza, ya no se taladran calles, no porque las arcas municipales estén vacías, sino por temor a que reviente toda esa tristeza subterránea, a que se derrame como la pasta de dientes al pinchar el tubo.
Naves industriales almacenan tristeza en los polígonos, en las cajas de seguridad de los bancos, más tristeza, contante y sonante. Tristeza en los fondos de inversión y hasta en el fondo del mar.

Por más que unos pocos se atrincheren en sus mansiones de lujo, también a ellos también les alcanzará la tristeza, y acaso lavará las suelas de sus zapatos, manchadas de vísceras y sangre.

Se acerca el fin de los tiempos, Apocalipsis now o en un ratito. Jesús, qué tiempos.

Todos los días me cuento mentiras que traten de sostenerme. Debería abolirse la realidad por ley. O al menos suspenderse temporalmente por decreto como se hizo con el impuesto de patrimonio. Aventemos la inflación de la imaginación, construyamos otra megaburbuja en la que tumbarnos a especular.

Voto al partido que incluya la huida de la realidad como pilar fundamental de su programa electoral, aunque me temo que eso es un pleonasmo ya que todo programa electoral es en sí mismo una burbuja rellena de aire, algo que alude a un mundo imaginario que en nada se parece a esta realidad, tan desamparada ella, como bien dice Manuel Jabois.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Cómo me maravillaría yo


Si algo conmemoraría yo (me ha venido Lola Flores a la cabeza, pero cómo me maravillaría yo, siempre flipé con esa mujer que ni canta, ni baila, pero qué espectáculo, que dijo un crítico de New York) digo que si algo conmemoraría yo, año tras año, sería sin duda la llegada de Internet, el mayor invento, no ya del siglo, sino de la historia de la humanidad. El fuego y luego Internet, vendría a ser el orden. Pero cómo me maravillaría yo.

Y no quiero con esto pecar de ingenua o de optimista. Soy consciente de que en la carrera de la globalización, con las nuevas tecnologías e Internete a la cabeza, algunos partieron ya desde posiciones aventajadas, y no dejan de reproducirse las mismas desigualdades, soy consciente de la brecha digital, de que los errores se expanden como virus, con ayuda de la Wikipedia, de la sobreinformación que a veces dificulta el acceso a la verdadera información, como esos ladrones tan listos que esconden el botín robado a la vista de todos, ocultándolo entre objetos de su misma especie. Ha estado todo el tiempo ahí, a la vista de todos, dicen en las pelis, cabeceando admirativamente. (Ahora que caigo es exactamente lo mismo que hacen los bancos).

Pero aún así, no me negarás que Internet es un gran invento, el mayor abanico de soledades jamás aventado, el susurro más grande jamás pronunciado.
Yo adoro vivir en un mundo con Internet, soy feliz con conexión, y el mundo anterior se me aparece oscuro y medieval, con mi soledad como un monstruo de siete cabezas echando fuego por la boca. Ahora sólo tiene tres.
Por eso no entiendo el desprecio de algunos intelectuales, como Umberto Eco, que dicen que Internet es idiota como Funes el memorioso y que las nuevas tecnologías van a acabar con la memoria.
¿No te pasas de apocalíptico, Umbertito?

Yo creo que es justo al contrario. Hoy se compran muchos menos discos, ¿para qué si puedes oírlos en el spotify?, muchas menos pelis, ¿para qué si se pueden ver directamente en no sé qué web?, ya no se posee sino que se transita por. Antes, en la época del almacenamiento físico, también llamado fetichismo, uno relajaba la memoria, la ponía en posición de descanso, sabiendo que sus recuerdos estaban a salvo en una carátula o una entrada en papel de un concierto. Ahora hay que hacer un esfuerzo mental por recordar cuál era ese grupo que oíste en radio 3 y buscarlo en el youtube. Ahora no basta con mirar tu estantería para saber qué música te gusta, ahora tienes que asomarte dentro y pegar el oído a ver qué suena.

Hoy la memoria ha ganado protagonismo, es mucho más importante ya que, desprovista de ayudas externas, debe realizar su trabajo de selección y archivo con más rigor y pureza.

Y además está la palabra escrita, que sigue siendo la estrella en Internet. Ese paso previo que significa hablar con uno mismo antes de hablar con los demás y que hace de la comunicación en Internet una bonita carambola.

A mí me encanta pensar que dentro de muchos años, cuando estos posts anden flotando por algún extraño limbo, tal vez alguna de estas palabras haya conseguido agarrarse con las uñas a las paredes de alguna memoria, aunque sea la mía.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Belleza y dolor

Qué pesadilla lo del 11-S. No ya lo que pasó sino que nos sigan restregando retrospectivas de esa exposición itinerante con impresionantes cuadros a todo color, y nuevos ángulos desde los que observar la tragedia-performance.

Qué afán de fetichismo, rediós.
Puede que sea hermoso, no lo niego, ese edificio espejado que explota por la punta como una cerilla, o la blanca ceniza cubriéndolo todo, como una orgía de coca, pero me pregunto sinceramente si no es asquerosito buscar la belleza en el dolor (en los toros va a ser que sí), recrearse en ella, aunque sea como mero espectador. Si no es de sádicos. O si es pura supervivencia, si por una ley de compensación, necesitamos encontrar un sentido- belleza- a algo aparentemente absurdo –y feo- como matar a desconocidos al tuntún.

No sé.
Yo me reconozco fan del dolor, el otro día caí en la cuenta de que era incapaz de recomendar una sola novela que levantara el ánimo. Que deberían prohibirme la entrada a los psiquiátricos de toda España, igual que se prohíbe a los ludópatas la entrada a los casinos. De todo lo leído este verano, que ha sido mucho, me quedo sin duda con El mar de los sargazos y Purga. Puro dolor y crudeza encuadernados.

Y aún así no deja de molestarme esa mutación pública del dolor en belleza, por pública, porque de hacerse creo que debería hacerse con la satisfecha y callada resignación con la que se vuelve de un orgasmo.
Y es que ya puestos, ¿por qué no celebramos el aniversario de la caída de Lehman Brothers, (algunos ya lo hacen en sus torres de cristal en la cumbre), ¿por qué no conmemoramos el genocidio de Ruanda, si tanto nos complace recordar las tragedias? (aprox. 1 millón de muertos, que se dice pronto, y es que qué lejos sigue quedando África, más lejos que nunca por más que a nuestra mesa se siente uno de Minnesota).

La explicación seguramente haya que buscarla en ese afán de construir la carretera del tiempo; lo mismo que con nuestra biografía, necesitamos construir una biografía colectiva por la que transitar, con sus puntos de anclaje que nos permitan dibujar el mapa del territorio. Que creen la ilusión de que no flotamos en el vacío.
Y qué gran clavo fue el 11-s: el día que cambió el mundo, qué imponente luminoso de dos por dos en la carretera.
Para hacernos olvidar que el mundo realmente no cambia, que esas dos variables tiempo y mundo son dos entelequias, dos megaconstrucciones que pueden caer en unos minutos, como las torres gemelas, con dolor y belleza.

martes, 6 de septiembre de 2011

Salimos M y yo


Salimos algunas veces M. y yo a bailar, a ligar y a beber. También a ligar, a beber y a bailar. Pero seguramente a beber, a bailar y a ligar. Nos gusta el rockanroll. Nos gusta ir a conciertos y guiñarle un ojo al cantante, contarle un chiste al del guardarropa, mirar sicalípticamente al camarero.

M. es pequeña y revoluciona la pista. Su lema, que sigue hasta sus últimas consecuencias, es: prefiero hacer el ridículo a aburrirme.

No es fácil aburrirse con M., sobre todo cuando hace el ridículo.

A veces vienen algunas amigas de M., barrenderas como ella, cuyos hijos atracan bancos o cuyos maridos se suicidan.
Mujeres solas que follan por Internet con politoxicómanos en rehabilitación o ponen anuncios tiernos como macetas: chica de 40 busca un hombre para una relación bonita y sencilla.
En fin, gente con algo que contar más allá de que en el curro han despedido a dos.

También M. tiene cosas que contar, como yo. Pero toda la miseria se nos hace risa cuando salimos, y atrapamos entre su cuerpo y el mío la distancia en años que nos conocemos, y nos da la sensación de que siempre es la misma mierda a nuestro alrededor pero nosotras somos distintas. Más viejas acaso. Que hemos aprendido a hacer figuritas de barro con esa mierda fresca que secamos al sol. Y eso nos da risa. Y el tequila también. Y guiñarle un ojo al cantante también. Y bailar pisando fuerte, como si la pista de baile fuera el único lugar de este mundo que no fuera a hundirse con el Ibex 35, también.

sábado, 27 de agosto de 2011

Me llamo Clara



Me llamo Clara aunque a veces oscurezco
                                                               por las puntas
me llamo Clara y me gustan
los baches en la carretera, la sintaxis y el roquefort,
las juanolas y el crick crick de la aguja al rasgar vinilos
que deslicen un dedo por mi ano mientras me comen el coño
los poemas como escupitajos de uva negra
las juanolas, la sintaxis y el roquefort,
los lapsus lingüe, los baches en la carretera
no soporto las listas

me llamo Clara y no tengo novio
que me acaricie las puntas
todos los corazones sucumbieron
ante el gancho de la decepción
KO técnico sobre la lona,
me llamo Clara y sigo en pie, palpitando,
esperando contrincante
mientras doy pequeños
                    saltos             laterales
soy hija de mi tiempo
y madre improbable
por ser hija de mi tiempo

el otro día fui a comprar el pan
y me traje un rallador para zanahorias
quedaron perfectas sus migas en mi ensalada
me llamo Clara aunque algunas veces cae la noche
y me encuentra en la calle
dando
pequeños              saltos           laterales
y no hay migas en el suelo
huele a meados de rata

me llamo Clara y trabajo
en una oficina muy limpia
el tap tap de las teclas
me alisa los cabellos
la máquina de café es redonda como el TIEMPO
las ventanas son rectangulares
como mi  a b u r r
                o         i
                t n e i m

algunas veces, mientras trascribo informes
imagino (…) imagino
que azotan mis nalgas
que me dicen que soy una niña mala
y abro más las piernas sobre la silla giratoria
para rozar mi vulva con el tapizado
que raspa
como la aguja a los vinilos
me llamo Clara y no tengo novio
soy hija de mi tiempo,

mamá, tú sabes que no soy mala

creo en Dios en la medida en que tiene barba
apenas unos centímetros
¿por qué allí arriba ha de haber un macho,
cuyos cojones se ven tan grandes desde aquí abajo?
me llamo Clara
como esa parte del huevo, ya sabes
la que no es amarilla

no sé ser otra cosa más que Clara

sería capaz de seducir a Dios
de gastar toda mi saliva en sus descomunales huevos
de desgarrar mi garganta
si su semen arrastrara por unos minutos
la impureza de este mundo

me llamo Clara y soy hija de mi tiempo
poseo una nariz globalizada
y pezones indicados en el Google Maps

me llamo Clara y vivo sola
entre el papel pintado
y el silencio de una ensalada
entre la puerta y la pared
me llamo Clara y
no soporto las listas
soy una chica
                                                       solitaria

me fascinan los palíndrormos
dábale arroz a la zorra el abad
dábale a la zorra el abad
el abad le daba a la zorra
a ella no le gusta que le azoten las nalgas
que le digan que es una niña mala
Dios, ¿cuándo vas a correrte de una puta vez?  *º!

me llamo Clara aunque a veces me líe

con las ges y con las jotas
soy demasiado vulnerable
para no ser rencorosa

no sé ser otra cosa más que Clara

mi fe mide unos pocos centímetros
soy hija de mi tiempo
trabajo en una oficina muy limpia
mi calle huele a meados de rata
no tengo novio
tap tap hacen las teclas
poseo una nariz globalizada
tap tap me alisa los cabellos
doy pequeños saltos laterales
mi calle huele
a meados de rata
mi aburrimiento es una ventana
soy vulnerable
me fascinan los palíndromos
confundo las ges y las jotas
madre improbable
me llamo Clara.

viernes, 12 de agosto de 2011

Te quiero porque tu corazón es barato

Ilustración de Ajubel que bien podría titularse "en la frente besar, memoria borrar"

Ahora sé que se escribe para borrar, para borrar la estela de lo real, para reconstruirle el himen a la mirada. Con cada golpe a la tecla, se resquebraja la cáscara de la memoria, se libera al pasado de su propio recuerdo.

Para volver a mirar como se miró la primera vez, sin el peso de toda esa montoná de días atiborrando la retina.
Como esos versos: en la frente besar, memoria borrar. Escribir como besar frentes.

Me contaba mi amigo E. que le hacían un homenaje a un vetusto Billy Wilder y éste se levantó de la mesa y sin pronunciar un gracias o un señoras y señores a modo de preámbulo, arrancó a hablar:
Va un hombre al médico y le dice: doctor, no puedo orinar. El médico le pregunta: ¿cuántos años tiene usted? 98, responde. El médico le espeta: ¿y no le parece a usted que ya ha orinado bastante?
Por lo visto, siempre nos parece que aún no hemos orinado bastante.

No a todos, claro. Pedro Casariego (jo, Nán, cuánta razón tenías, qué bueno) dejó su biografía completamente borrada en unas pocas obras; a los 38 años, decidió que ya había orinado bastante.
Te dejo una muestra de su orín, del color del oro.

Te quiero
Te quiero
Porque tu corazón es barato.

Yo soy un actor secundario
que se siente muy débil
porque no come lo suficiente.
Estoy ahí sentado,
sentado en una silla amarilla;
el suelo es amarillo,
está hecho de hojas muertas.
He olvidado mi papel.
Algún pájaro ha escrito en mi silla
el nombre de un actor importante.
El público está formado por miles de pájaros muy cultos
y espera ver algo grande.

Yo he olvidado mi papel
y mi piel de actor está llena de hongos;
estar plagado de hongos
y no comprar un tubo de pomada en la farmacia
hace que me sienta como un salvaje.

Pienso en la película
"Sangre sabia", de John Huston.
Pensar es muy trabajoso,
pensar es muy trabajoso.
Se me ocurre una frase bonita:
"La primera letra de tu nombre
es la letra de una canción,
y tus ojos son la música de esa canción;
tú estás muy guapa cantando la canción,
ni siquiera necesitas mis aplausos."

Quisiera que mi sangre fuera sabia.
Mi sangre, todos los veranos,
busca heridas para salir a tomar
el sol.
Entonces, cuando las encuentra,
se seca,
como se secan las hojas de los
árboles y de los libros.
Tengo 25 años.
Si te revelo
este secreto de calendario
es para que comprendas
que estoy doblando una curva
y que tú puedes estar después de la curva
haciendo auto-stop.

Soy un hombre puro y huraño,
pero no soy amigo de Dios.
Reconozco, sin embargo,
que me gustaría hacerme una foto con Él,
aunque sólo fuera para salir en el periódico
y dejarte boquiabierta a ti.

Mírame:
debería estar fundando un hogar
y quiero ser atracador de bancos
Tápame con una manta
y rompe el termómetro:
tengo fiebre
y tengo frío.

Soy puro y soy huraño,
pero no soy amigo de Dios:
Sus barbas me parecen demasiado
blancas, como si hubieran robado
a la nieve toda su belleza sin
dejar nada a cambio;

Dios es un jugador de ventaja,
un jugador muy importante,
un jugador imprevisible.
Dios castiga y perdona porque sí:
puede que me ame
más que a los que Le aman.

Alguien ha grabado en mi espalda una boca azul.
Una risa que se derrumba cae desde la boca azul.
Pagaré una fortuna a quien borre el tatuaje.
Hoy prefiero una boca roja de mujer prohibida.

Estoy lleno de tatuajes:
mis recuerdos son tatuajes,
hasta mi pasado es un tatuaje,
cada mano en la mía es un tatuaje.
Me aparto cuando alguien se
acerca a mí.

A veces quiero que se acerquen los que nunca se acercaron.
A veces quiero que mi madriguera esté
vacía,
porque mi corazón está vacío:
yo lo vacío personalmente todas las mañanas.

Quizá la Iglesia sea el casino de Dios.
Yo ya no tengo esperanza,
yo ya soy desesperación.
Veo cómo llegan los borrachos;
me asusto y me oculto
entre las botellas vacías, entre
los bares y sus luces perdidas para siempre.
Que olviden, que olviden:
yo no olvido;
que perdonen, que perdonen:
yo no puedo perdonar
la muerte agria de mis días.

Tengo miedo:
todos los bomberos llevan chistera
en este planeta de locura.
Aquí nadie puede escribir la palabra "flor"
sin querer cortarla.

Estoy sentado
y soy un actor mediocre.
El público es un cielo
que llama a las nubes
para dejar de ser azul.
Miro. Aquella papelera vacía
corrompida por su tristeza
quiere hablar con alguien.
Centenares de papeles rotos
hablan con el suelo amarillo.
Soy huraño. No soy puro.

No soy puro.
Odio.
Estoy harto de pasear entre ladridos,
de paseos entre ladridos
y semen en el pijama.
Confieso que soy
soledad sola.

Ella era una prostituta negra vestida con el peor de los gustos, era
grande como un hotel.
Reía con fuerza.
Yo no la había alquilado para que riera.
Ella estaba llena de salud.
Yo no estuve a su altura.
Me fui
humillado
con las manos en los bolsillos
fumando y jurando un poco
(quería parecer un héroe moderno)
:
cada esquina de la calle me dolía.

Las estrellas iluminan pero no ven;
su tragedia es dar luz y ser ciegas;
yo no sé si ilumino;
creo que a mi lado
todo se oscurece.
Espero que la noche que yo hago
sea una noche clara,
con una pareja de hogueras
y con un leopardo.
Estoy milagrosamente.
Estoy milagrosamente.
Estoy entre mis llagas.

Mi sangre no es sabia;
yo busco un manantial de sangre sabia:
ríos de sangre sabia
para regar mi cuerpo.
No creo en los ovnis:
he gastado mi fe
viviendo como una serpiente.
Mi pantalón es azul;
soy extraño y
siento desprecio;
me desprecio a mí mismo
cuando hablo tanto de mí,
porque yo desprecio a los que se desnudan.
Lucharé contra todos los que digan
lo que yo digo.

Mujeres gratis, mujeres que se pagan con un beso.
Existen. Las he perseguido;
son estrellas fugaces
son faroles
son tímpanos
¡valen su peso en oro!
son lápices
son tigres
son las mujeres de los tigres
son sombras de agua
¿qué son?

porque yo soy sangre

domingo, 7 de agosto de 2011

Puta felicidad


Desterrar esa idea de felicidad, tan nube castellana, densa y volátil, tan veloz y tan azul, esponjosa y pasajera, siempre inalcanzable, la muy puta.

Poder librarse de ella, de ese Absoluto que emborracha como el vodka y deja un vapor en el corazón, una alegría etérea como esa nube, que escapa de entre los dedos, fungosa e inconsistente, inasible y quimérica, la muy puta.

Buscar otra patria, tal vez la calma, la serenidad, ¿qué tal el malditismo?

Construir una biografía amarga- si al final todos vamos para perdedores- bajo un hermoso cielo opaco y gris, sin nubes.

Enterrar hondo la esperanza que quiebra el suelo, como una enredadera furiosa.

Dejar de correr tras esa nube- si será puta-, así entenderías al menos de qué me quejo porque habría dejado de jadear.

lunes, 1 de agosto de 2011

Bomba de fragmentación

Cierto desasosiego desde que leí que Internet actúa como una bomba de fragmentación. Que por culpa de los blogs, los tweets, las ventanas que se abren y se cierran haciendo pop-up, el frenético hipertexto, los toma viagra, el mundo Wiki (fundamental saber que significa rápido), ya no somos capaces de concentrarnos en discursos de más de tres ideas robustas, y se nos agrieta el cráneo ante la presión, amenazando con reventar y esparcir los sesos (fragmentados) sobre la pantalla.

Que cada vez tenemos menos capacidad de análisis, alcanzamos menos calado con la percha del entendimiento.
Siempre es bueno tener a alguien a quien echarle las culpas.
Esto lo dijo hace ya un rato Vila-Matas, aunque si he de ser sincera, no me está interesando demasiado su Dublinesca, me cansan ya las matriuskas vilamatinas: un hombre perdido dentro de un hombre perdido dentro de un hombre perdido. La misma fórmula levantada sobre los restos de pensamientos muertos, por muy brillantes que sean.

Es verdad que el tiempo parecía otra cosa antes de Internet, que la dispersión y el zapping interactivo parecen contraponerse a la concentración y el análisis de papel.
También es verdad que yo me recuerdo estudiando, muy concentrada, con la tele puesta y mis hermanas discutiendo de fondo.
Que el medio hace al mensaje es evidente, pero que el medio haga a otros medios, que los modifique sustancialmente, que Internet sea por sí mismo capaz de convertir en insoportablemente aburridos ciertos tochos, eso no lo sé.
Parece que hay hechos que lo desmienten: el sesudo Espada escribe mucho más abstruso en Internet que en sus artículos para El Mundo, como si la brevedad y la síntesis de la red permitieran cargar el texto, como si la volatilidad del medio favoreciera la experimentación y la densidad.
También las nouvelles están a la orden del día, puede que influidas de algunas manera por esa nueva forma de entender que el mundo, si breve, es dos veces mundo.
Y si la mayor parte de ensayos se hace con un 90% de lo dicho en ese campo y un 10% que le añade el autor, anudado al final de ese hilo, por qué no pensar que ese 10% en la red es lo que cuelga tras seguir el enlace de varios hipertextos.

Puede que la palabra se haya hecho más ágil. Que Internet le haya devuelto el protagonismo perdido, porque aunque urgente, saltarina, comprimida o anónimamente rabiosa, es palabra escrita, al fin y al cabo. Hoy se lee infinitamente más que hace unos pocos años. Yo no sé cuántos poemas habré leído en la red, seguramente superen a todos los libros de poesía que tengo en la estantería.
Y seguro que Madame Bovary sería igual de Madame Bovary sin el cuarto y mitad de descripciones que le sobran.
Tal vez simplemente caminemos hacia la síntesis (hoy me siento optimista).

Y voy a ir dejándolo y a mirar el correo, el Facebook y varios blogs pendientes, que estoy intelectualmente exhausta tras haber escrito un texto de más de dos párrafos.

jueves, 28 de julio de 2011

Querido diario



A veces lo pienso, no creas, escribir un post cada día, dejar constancia de que he estado aquí, aunque no sepa exactamente qué coño es aquí. Que el tiempo se detenga en esta página, apenas un ratito, que esto es Internet, ya sabes, y no una puta novela de Dostoievski.
Escupir palabras con cierto automatismo, como esas máquinas escupen pelotas de tenis ciegamente, aunque tú creas que tiran a dar.
Todo cambia entonces, ya uno no se plantea si tiene algo que decir o no (entonces nunca escribiría), si supera los detestables estándares de calidad, sino que escribir se convierte en un acto casi involuntario por rutinario, como evacuar (¿he dicho evacuar?), en el que uno pone las expectativas justas que caben en la taza del váter, consciente de que lo que construye es más la costumbre de inventariar que el inventario en sí.

Lo cierto es que siempre he pensado que los diarios eran cosa de personas débiles, sentimentales o francesas. De personas con poco que ocultar. Si hasta Kafka en sus diarios se ponía tontorrón.
Recuerdo que de pequeña, quería escribir un diario, con tapas acolchadas, y delicadas flores en la portada, con su candado y su llavecita. Pero ya consciente de mi monstruosidad, de que si abría el grifo, el líquido verdoso y purulento que manaría nada tendría que ver con el agua, y sobre todo de mi falta de constancia, de mi incapacidad para mantener bajo llave los futuros motivos de mi exilio emocional, siempre lo posponía.
Hace ya tiempo que el grifo gotea, y que he aprendido a esconder mis ominosos secretos tras las palabras, a camuflarlos bajo metáforas, confiando en que tus ojos serán la llave, que verán y dejarán correr, como el agua.

Ha muerto Agota Kristof.

Y se me ocurre para acabar que decir Querido diario equivale a decir Querido dios, a comunicarse con esa altura que todos llevamos dentro.
¿Tú sabes lo que es que dios sea hombre? ¿Tú sabes lo que significa que aunque lo niegues siete veces al día, siempre aparezca de refilón una barba, siempre quede en lo más alto una imagen de dios, oh, Dios- espera que te pongo la mayúscula- que es un macho? Y yo todo el rato hembra. ¿Tú sabes lo que eso significa?

miércoles, 27 de julio de 2011

Back to black



La muerte, digamos que voluntaria, tiene algo de desprecio hacia los que nos quedamos aquí, como un pasar de largo sin girar la cabeza ante un tío macizorro o una rubia despampanante. Un declinar educado, silencioso, eterno.
Provoca cierta extraña envidia. Cierto extraño alivio. Cierta extraña rabia. Una conocida tristeza.
Lo de Amy pudo ser un prolongado derrape, o que a veces lo que tenemos entre las manos, ya sea una adicción o una televisión destripada, se nos va de las manos. Y sin embargo, ya se adivinaba justo delante de la politoxicomanía, una flambeada insuficiencia vital, una mirada puesta en la meta bajo el fuliginoso kohl.
Combina mal el éxito superficial con la desgracia íntima. Obliga a buscar formas de volver a casa, como el libro de Zambra que leo. Formas de volver al negro. Back to black. En contraste, esa luz que abría con su voz sobria, apuntalada con tanqueray, segura y firme. En contraste, ese cuerpecito ebrio, sujeto por dos palitos de rosquilleta. En contraste, el robusto talento que la sostenía. En contraste, la frágil tentación de complacer a los ávidos de carnaza.
La muerte de su talento nos hace, a los que sólo sabemos decir adiós con las palabras, un poquito más planos, sin contraste. Y un poquito más miserables, también.

domingo, 17 de julio de 2011

Anuncio por palabras


¿Un deseo? tu mañana

¿una oración? no hay pasado

¿una costumbre? el declive de tu pecho

al unirse con el brazo

eso se llama axila

también sobaco

¿un lugar donde descansar?



¿un anuncio por palabras?

Busco a alguien que haya sufrido más que yo

dime que siempre me has esperado

Johnny Guitar

dime a qué saben los suspiros

a Isabel Coixet

dime que me quieres

Tequila

dime que me quieres

Concha Piquer

dime que me quieres

te quiero

eso es todo.

miércoles, 6 de julio de 2011

Tarea pendiente















Las afueras continúan estando exactamente en las afueras, donde los suburbios y los grafitis mordisqueados. Los cristales no han dejado de reflejar su mentira, pulida y auténtica. La música de Informe Semanal sigue amansando el tiempo, acariciando suavemente el lomo de la misma nostalgia.
Sigue existiendo gente vulnerable hasta el amor, y coches que circulan despacio, y carajillos pedidos con un susurro. Bebés que miran con asombro.
La diferencia es que ahora todo eso está de este lado de la ventana.
Desde que morirse no es una idea sino una tarea pendiente, que ya no quiero dejar de hacer.

jueves, 30 de junio de 2011

Ray y el gambón congelado



Despreciar a Ray Loriga es como comprar gambón congelado en la pescadería de Mercadona: cualquiera puede permitírselo.
Junto al pasmoso y abstruso éxito que lleva cosechando Miguel Bosé durante décadas, es uno de los grandes expedientes x de este país. ¿Por qué se odia tanto a Ray Loriga? ¿Por qué? Seguramente empezó de una forma estúpida, con una patadita casual a una bola de nieve que ahora amenaza con sepultarnos bajo su oronda blancura.
Como adorar a Auster o a Murakami, alguien empezó tontamente y ya nadie puede pararlo.


Yo amo a Ray, claro, papel mediante, claro, y sufro, claro, cuando escucho comentarios ya no agrios, sino despectivamente suficientes o claramente escarniosos hacia su persona. ¿Pero lo habéis leído? Pregunto. ¿Por qué iba a leer a un tipo que me cae tan mal? Pues eso digo yo. Y callo.
Acto seguido, tengo que quererlo mucho más para compensar.

El tema ya no es si conviene disociar al autor de su obra, si podemos esquizofrenear en ese prado que se extiende entre mensaje y emisor, que si mira Vargas Llosa lo facha que es y la ciudad y los perros, que si ahí está contribuyendo al subdesarrollo insostenible con su romería y los cachorros, que si liberal hasta las trancas y Pantaleón y las visitadoras.
No sé si Whitman, "esto que tocas no es un libro, es un hombre", o Proust en contra Saint Beuve.
Lo que sí me parece es que la obra fagocita al autor si no lo conoces y el autor fagocita a la obra si lo conoces.
Lo que sucede en medio de ese conocer, no como un acto vivo y presencial, no por el susurro emanado del papel, sino a través de una obra derivada, léase entrevista, boca a boca, personaje mediático o alúd, no tiene nada que ver con la literatura, ni tan siquiera con el odio.
Y redios, antes de criticar, escribe una sola página a la altura de El hombre que inventó Manhattan o Tokio ya no nos quiere, y yo me comeré un kilo de gambón sin descongelar.

lunes, 20 de junio de 2011

Deseo


Ya te expliqué que el amor no es más que descontextualización. Un túnel temporal cuya luz al final del tubo es el deseo de, el deseo por, el deseo ah. El deseo.
La luz del día lo adormece ahí fuera, lo calma, lo seca, lo consume. De noche (túnel gigante), cuando todos duermen, salgo a cazar pretextos para avivar esa idea, LA IDEA, y regreso con mi botín, unas pocas palabras, un anhelo virgen, un trocito de oscuridad donde poner a salvo el deseo.
Esperando que de día le siga latiendo por inercia la ilusión, como a esa muerte le siguen creciendo el pelo y las uñas.

martes, 14 de junio de 2011

La misma cosa


Se marcha el 15M. Nadie ha creído realmente que pudiera cambiar nada. Todos nos hemos ilusionado porque por fin esa nada combinaba exactamente con la nada que llevamos dentro.
Que el futuro se nos ha muerto es algo que ya sabemos de este tiempo. Que hemos alcanzado el futuro, que no hay nada más allá, lo dicen a diario en las noticias, lo saben los del ibex 35, lo saben los del club Bilderberg, lo saben los viejos de los bancos del parque, lo saben los niños de las guarderías.
El futuro ha muerto, ¡viva el futuro!
Que el provenir se ha ido estrechando hasta formar un diminuto punto que nos rebota en la parte interna de los ojos.
Que ya sólo podemos aspirar al pasado y al presente, mientras sobrevivimos con muy poco, como cucarachas, felices como cucarachas por sobrevivir.
Que hay días en que marchar y quedarse no se diferencian en nada.

Hoy cuando salía con C. del gimnasio, tras dar unas patadas y puñetazos al aire y recortar unas ágiles tijeretas pugilísticas, un chico altísimo, sentado en la acera, lloraba. Lloraba hacia dentro, con una mueca de dolor y desamparo extremos mientras su perro apoyaba la cabeza plácidamente sobre el pavimento.
Unas lágrimas que le han valido dos euros en su gorra mostosa y unas estúpidas palabritas de consuelo por nuestra parte.
Hemos seguido caminando, yo intentando dilucidar si bajo las gafas de sol de C. se ocultaba también alguna lágrima. De esas que se secan al doblar la esquina, de esas esquinas que se secan al doblar el tiempo, de ese tiempo que se seca al doblar la nada, de esa nada que se seca al pasar de largo.

Hay días en que marcharse y quedarse son exactamente la misma cosa.

lunes, 6 de junio de 2011

La memoria del alambre


La realidad es que el cúmulo de los días lo destroza todo y lo vuelve a crear, lo destroza todo y lo vuelve a crear, todo lo destroza y todo lo vuelve a crear.
Y sin embargo resulta imposible zafarse del hierro candente, huir de esa sucesión de acontecimientos aleatorios que van enfilándose como una perfecta cadena de adn para desembocar en eso que llamamos biografía. Imposible aislar la mala suerte o la desgracia que nos rodea, de la que a menudo no somos directamente responsables, ni siquiera destinatarios, pero que acaba conformándonos, tatuando nuestra piel, confundiéndose con nuestros apellidos, pegándose a nuestras suelas.
Somos lo que nos sucede, no hay forma humana ni sobrehumana de escapar de ahí. De aquí.

Alguien querido me explicó una vez que el alambre tiene memoria, que una vez se ha torcido, por más que lo endereces, por más que trates de devolverlo a su posición original, siempre tenderá a doblarse, a adoptar su maleada posición.
Es bueno comprender la inanidad de la propia voluntad para no seguir engordando la culpa. Es bueno recordar que el alambre tiene memoria.

Mi corazón es un alambre torcido en forma de corazón.
Un pedacito de la A3, concretamente a su paso por Motilla del Palancar.

viernes, 3 de junio de 2011

Sólo una idea


A veces pienso en la fantasía como arma sediciosa, en poner bombas de imaginación en el centro mismo de la realidad y esperar apoyada en una farola a ver qué pasa (sí, sigo con el temita). Escribir una historia titulada, por poner un ejemplo: Follarse a Rubalcaba, en la que una esteticien de Ciudad Real, con unos kilitos de más, un cutis de porcelana y una adorable lengua de trapo, recorre la meseta para materializar su sueño de manchar las sábanas con Alfredo. Ahondar en los procesos psicológicos, en la obsesión por una barba, en la fascinación de un ademán, en el epítome de una calva.


O El hombre que dejó tuerto a Botín. Un subalterno de instituto, huérfano y cojo de nacimiento, convertirá a Emilio en un cíclope de borrascoso temperamento haciendo diana en su globo ocular.


A la verdad se llega a través de la imaginación. El recorrido hacia lo real no se camina en línea recta, sino con andares de borracho, sinuosos por el divagueo, el circunloquio imaginativo y la perífrasis soñadora.
¿O acaso no has tenido tú sueños inconfesables con alguien y ese sueño ha modificado para siempre tu relación con esa persona?


También podrían prohibir la fantasía. Entonces sería follarse a Ruizbalcaba y el hombre que dejó tuerto a Bonín, pero se les reconocería igual porque la verdad nunca ha necesitado de nombres exactos.
El club Bilderberg se convierte en un club sadomasoquista. Hallada ahorcada con el cable del teléfono la hija de Slim que escribía poesía. El dueño de Zara dona toda su fortuna a las carmelitas descalzas.

Se me antoja tope antisistema inundarlo todo de mensajes de ficción.
Ya que la realidad viene tan cargadita de ficción, echarle más ficción al fuego a ver si revienta de una vez.
Es sólo una idea, claro.