viernes, 17 de septiembre de 2010

Toothpaste kisses

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He de animarme. Debo animarme. Voy a animarme. ¿Cómo se ahuyentan los malos pensamientos? ¿De qué raza de perro son los ladridos disuasorios? Seguro que hay alguna perra en mi cabeza. Dormita. Mi cabeza es mi mayor aliada. Mi cabeza es un enemigo disfrazado de boy scout.
El resto está todo fuera. La pereza, la desesperanza, el gran salto. Dentro sólo se puede pasar del uno al dos. Y luego del dos al tres. Y luego del tres al cuatro. Ahí fuera está el infinito. Dicen. Yo simplemente creo que hasta el ocho se cansa de ser ocho algunas veces.

Y esa voz masculina de crío-hombre que bisbisea dentro de mi cabeza. No sé qué dice su letra, palabras sueltas y puntos suspensivos entre ellas que anudo marineramente. Desisto de buscar la traducción, me gusta pensar que habla de besos gratis y de salivas caras.
De cómo enseñar los dientes, susurrando. De cómo emitir ladridos inaudibles.

viernes, 10 de septiembre de 2010

There´s no business like show business

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Mi visión de la literatura como profesión andaría más cerca del show business que del pilar básico que sustenta el saber. Más próxima al fascinante mundo del vodevil, dicho esto sin ánimo despectivo, sino todo lo contrario, adpectivo, verbigratia. O ad absurdum, no sé, me he zampado esta mañana un tazón de locuciones latinas empapadas en leche y aún las estoy digiriendo.

There's no business like show business like no business I know

Grosso modo: entretenimiento puro y duro. No hay mayor placer que subirse a un escenario, no concibo mayor aspiración. Sentir el foco sobre uno y hacer vibrar de emoción al público, hacerle aparcar por un rato sus propias miserias aun a costa de otras miserias, hacerle soñar.
Traducido en tímido: subirse a los renglones y menear con garbo la boa de plumas sobre los hombros, desgañitarse en esa metáfora aguda, el foco cegando los ojos, el sudor de la emoción recreada haciendo correrse el rimmel.


There's no people like show people, they smile when they are low

Tiene mala fama el entretenimiento, se asocia a menudo a las peripecias bostezantes de Dan Brown o a las ridículas aventuras de vampiros adolescentes. Pero el auténtico entretenimiento conecta con el gozo de vivir, con el sentido ocioso de la vida. Con jugar a ser niños de nuevo.


Pienso en gente que descubre vacunas que salvan millones de vidas. Superior. En gente que cultiva los tomates que me como. Superior (sobre todo si son Raft). En gente que educa a nuestros hijos con amor y disciplina. Superior.

Nowhere could you get that happy feeling , when you are stealing that extra bow

Hay gente inteligentísima que fabrica literatura, por supuesto. Los admiro. Ad infinitum. Adoro la inteligencia, y si tiene un puntito crápula, más. Como adoro el espectáculo, ese mundo de luces, de bambalinas, de atención expectante, de complicidad ante la mentira.
Pero no dejan de parecerme los escritores trabajadores del ocio, algunos de ellos excelentes profesionales, camatas que te hacen malabarismos con la coctelera, mientras otros sirven sus gin tonics infectos, sin restos de amor en los bordes del vaso.
Coito ergo sum.


De facto, se me ocurre ipso facto, que la literatura y en general las artes deberían entrar en la categoría de espectáculos varios. En la cartelera, debería aparecer junto al regreso de Fofó, el payaso de la tele, este viernes a las 18h en el centro comercial Gran Turia, Vila- Matas firmará ejemplares de su última novela a las 20 h. en el Corte Inglés.
¿Por qué no? ,¿a qué santo esa infinita necesidad de eminencia elitista, de glotonería de posteridad? ,¿por qué tantos doctus cum libro con ansias de gloria duci, pertrechados en su santa sanctórum entran en delirium tremens cuando hay abstinencia de lisonjas, convertidas ya en su ratio essendi? (perdón, me vino un eructo)


¿Será cosa del pane lucrando? ¿Una estrategia de marketing más?
Summa sumarum: ¿es incompatible ser humilde con ser escritor?
A veces no entiendo el inconmensurable ego de muchos escritores.

A veces entiendo el inconmensurable ego de muchos escritores.

Let's go - on with the show

viernes, 3 de septiembre de 2010

¿Somos cucarachas?

Hay una falaz confrontación, una tramposa dicotomía entre cabeza-corazón, arte-ciencia, lo femenino- lo masculino, romanticismo- realismo, pasión- razón. Y hasta PP- PSOE, si me apuras.
Es como querer disgregar la eyaculación del semen, por poner un ejemplo.
Claro que está Sánchez Dragó, que no echa ni gota, tántricamente hablando, pero no por eso va a cerrar Durex su fábrica de preservativos, digo yo.
Una cosita absurda por demás.
Traducido a la literatura: ¿podemos hablar de libros cerebrales y libros sentimentales?
Yo creo que no. El otro día leí (creo que fue en el blog del lector malherido) que una novela era buena porque hablaba de procesos mentales y no de sentimientos.
Cabeza versus corazón.
Pero ¿qué somos?, ¿cucarachas?, ¿acaso podemos sobrevivir una semana descabezados, como ellas?
Dicen que cuando te decapitan, apenas puedes ver durante unas décimas de segundo cómo el suelo se te viene encima hasta que chof.

Aunque no sé quién lo dice, claro, alguien que debía de hablar más rápido que Ozores leyendo las definiciones del Pasapalabra.
Sin cabeza no somos nada los humanos.
Todo está en la cabeza, toda recreación al menos. O no está en ninguna parte si me apuras. Porque las ideas son invisibles, insípidas e inodoras, exactamente del mismo sabor, color y olor que los sentimientos.
Porque sentirse es pensarse, y pensarse es sentirse.
De igual manera, yo podría afirmar alegremente que todo está en los dedos porque son ellos los que escriben, los que piensan. Podría liarme a defender las novelas táctiles, frente a las mentales o las sentimentales.
Porque sentirse es tocarse y tocarse es masturbarse, para qué nos vamos a engañar (hoy estoy tontina;)
¿Qué quiero decir con todo esto? Que al final es una cuestión de pereza o de escasa capacidad de calado. Que no existen libros, estilos, párrafos más sentimentales, menos mentales sino menos currados, simplemente. Que han sido macerados menos tiempo o con menor intensidad antes de ser encuadernados. Angustias, rencores, valores, envidias, amores que han salido crudos del horno.
Que la ciencia contiene tanta magia como la poesía exactitud, que el PP tiene exactamente los mismos intereses que el PSOE pero contrapuestos, que Goethe escribió un tratado científico del amor, que Sánchez Dragó debe de tener la próstata nadando en semen. Que a veces soy un hombre. Que la pasión son todas las razones del mundo.
Porque escribir es eso: dar de comer tus propias vísceras, sesos y entrañas, en su punto. Sangrantes por dentro, torraditas por fuera.
¿Te apetece probar un poco?