lunes, 30 de agosto de 2010

Escapar es el lugar más maravilloso



El final del verano contiene un sustrato ecuménico, suscita una imagen universal, españolizada por el dúo dinámico, por qué no.
El verano está hecho para ser feliz, el otoño es la estación de las tribulaciones- es tan español el otoño-, y esa transición del uno al otro es la venda que cae de los ojos, mansamente, como una primera hoja de talle aún tierno.
Nunca he estado en Chicago y sin embargo conservo un recuerdo preciso de Chicago en otoño, que forma ya parte de mi memoria. Estuve a punto de ir allí a pasar un año cuando tenía 17. Entonces veía Cheers por la tele, y soñaba con un Chicago que no conocía. Soñaba con escapar, que es el lugar más maravilloso del mundo.
Claro que Cheers sucedía en Boston, tampoco vamos a exigirle precisión de relojero suizo a una imaginación de 17.
De alguna manera viví unos meses allí, ficticios, jazzísticos, en bares de entresuelo, con frío extremo fuera y calidez humeada dentro, espolvoreados de sencillez emocional y de dilución identitaria.
Esa sensación idiota y gratuita, en fin, difícil de domesticar con letras, es mi Chicago particular que ha pasado a engrosar esa amalgama viscosa llamada memoria.
No quiero ir nunca a Chicago.

Sabida es ya mi obsesión por la adolescencia. Ni zorra idea de por qué. Porque no se acaba de salir indemne de la adolescencia. Porque el sexo no es moneda suficiente a cambio de la inocencia. Porque nunca volveremos a ser tan delgados.
Escribo sobre eso ahora, necesito escribir largo sobre eso.
Me interesa ese tránsito. En general me interesan todos los tránsitos, los pasillos, los suburbios, los lugares fronterizos, las afueras, las notas al margen, los desheredados, los olvidados, los satélites de la nasa, los complementos indirectos y las guarniciones de los platos.
Mi tránsito particular al mundo adulto fue abrupto, no sé si por los aledaños o atajando por el mismísimo centro. A los 15 ya había probado todo tipo de drogas, había abortado, había olvidado una infancia, había leído a Freud, había hecho una película. Había sido inocente.
Escribo sobre eso, sobre tránsitos, sobre la amistad femenina adolescente. Escribo sobre Delphine sin escribir sobre ella, sobre el mundo adulto visto desde un lugar en medio de la nada, un motel de carretera o una estación de paso.
Y reconstruyo sensaciones como ciudades para trasplantarlas en seres tan ficticios como mi Chicago.
Y se me ocurre que la adolescencia es exactamente el final del verano.
Un tumor propio dentro de la carne extraña.

martes, 24 de agosto de 2010

Ahora no creo en la poesía



No pidas lo que no necesitas
no necesitas
un hombre que te inmortalice en tu belleza,
sólo un hombre,
ante el que no necesites sentirte hermosa,
se lo oí decir un día a mi abuela,
apoyada en la baranda azul
mientras comía pájaros cantores.
O tal vez soñé que lo decía, es lo mismo.
No conocí a mi abuela
tampoco al hombre
que no busque sorber con gula
la hermosura de un corazón
hasta dejarlo seco.

Y me pregunto
¿acaso es mejor matar la belleza
de un golpe certero?
Mientras empequeñezco
ante la rima consonante
de esos endecasílabos graciosamente alineados,
Como nunca lo estarán mis versos alienados.

Y lo confieso:
a menudo no reconozco palabras que he escrito
pero ésas son las que me gustan.

Ya no escribo poemas. Este tiene algún tiempo, de cuando yo escribía poemas. Seguramente no es bueno, ni siquiera yo sabría formular la idea, ergo no hay idea.
Creo que uno debe tender a tratar de explicar aquello que está justo un escaloncito por encima de uno, lo necesario para obligarle a estirar los gemelos y ponerse de puntillas para atisbar unos segundos en la semipenumbra, el polvo cosquilleándole la nariz. Y no aquello que está allá en el último estante, eso que por más saltos que uno dé no puede ver, porque sería necesario armarse de una tramposa escalera.
Es de gilipollas pensar: a ver si eres capaz de desentrañar lo que he querido decir con monstruo de tres cabezas policromado del último estante, que no lo sé ni yo.
Es difícil ser humilde, poéticamente hablando. Es difícil tener ego de poeta y a la vez ser humilde.

Por eso ahora mismo no creo en la poesía. En la poesía-poesía, en la poesía propiamente dicha, la de los renglones cercenados, no en la poesía que cabe en la mirada de Marilyn.
Porque hay algo perezoso en ella, algo endogámico, una sensibilidad de cinta aislante.


Supongo que volveré a sufrir de esa manera concreta y volverá la necesidad de poesía.


sábado, 14 de agosto de 2010

Teorías



Vengo a tener como unas siete teorías al día.
Ahí va una:
La gente antes se quería más, era más fácil quererse, darse de bruces con el amor porque el fascismo, el estalinismo, el pan ácimo, la cartilla de racionamiento, la escasez de libertad y de chocolate trabajaban para el amor, lo empujaban desde el otro extremo. Había más gente sufrida, amable, querible.
Hoy ya no está de moda sufrir. Hoy es más difícil encontrar a gente querible.
Esto me hace pensar que he de incluir la capacidad de sufrimiento en la medida justa de la fórmula.
Hoy se quiere con más efectivo sí, pero con menos solvencia.

Otra: He inventado un método de marketing rompedor, novedoso, infalible, que dará que hablar. El no marketing. No tratar de vender en absoluto.
Supongo que captáis la magnificencia de mi invento, lo increíblemente ingenioso, la revolución que supondrá en los próximos años, el concepto de ruptura que conlleva desdeñar por completo al consumidor. Pasear el producto propio sin ánimo de transacción, sin ánimo de desprenderse de él, tampoco de quedárselo, exactamente igual de indiferente venderlo como no venderlo.
Puede parecer una gilipollez pero seguramente lo es.

Otra: La especialización nos llevará a la ruina.
¿cómo se siente un atleta colista, de esos que pasan el año entrenando duro, con sol, con lluvia, con resaca, con suegra, para arañar una sola décima de segundo a su marca? Un atleta que no ve ni de lejos las medallas, sólo los culos de los demás corriendo delante.
Si no puedo llegar a escribir como los mejores algún día, no quiero escribir.
Si no soy la mejor madre no quiero ser madre.
Si no soy la que mejor sigue la coreografía, no quiero hacer aerobic.
Hasta que se empiezan a ver culos delante. Y los propios límites envuelven, abrazan, delimitando el contorno definido del propio ser. Hasta aquí, yo, más allá culos.
Bien, seré la madre que hace aerobic que mejor escribe.
Combinar hasta ser el mejor en algo.
La especialización nos llevará a la ruina.


….

He leído un tranvía en SP, sufrimiento sin marketing. Amor por tanto. Y también Alzheimer. Y gozo de vivir.
Yo quería haber escrito un tranvía en SP, porque parece que lo haya escrito una chica, ¿sabes, Unai? No existe la literatura de género, ni siquiera la literatura violenta de género pero me resulta femenino este libro.
Es un ejercicio monísimo de estilo, extraordinariamente sensible, muy depurado y sencillo, con palabras comunes, combinadas de una forma tan original que parecen otra cosa. Claro que el recuerdo no sabe de estilos, ni conoce a su puta madre. Así que a ver qué queda de Lucas, María, marcos y Roma con el paso de los días. A ver si se aferran bien a la memoria. Sospecho que sí.
Y ahora leo Plataforma, de Houellebecq y es magnífica. Tengo suerte últimamente en las elecciones. Houellebecq es un degenerado, claro, y todos sus personajes se parecen, son seres enfermos de cinismo ultramoderno, desahuciados por la esperanza, que sufren su soledad en el mismo ojo del huracán de esta vertiginosa sociedad, que se creen incapaces de amar. Es decir, románticos hasta la médula.
Y pienso si sufrir no será claramente una cuestión de vocación.

jueves, 5 de agosto de 2010

La fórmula


Bruno está enamorado y nadie le ha enseñado. Ella tiene 14 años y se llama Bárbara (como yo) (este paréntesis aclaratorio es estúpido en grado supino, ya todo el mundo sabe cómo me llamo yo) (y este segundo paréntesis aclaratorio a ese primer paréntesis aclaratorio además de estúpido y digresionante, ¿debería llevar corchetes?)
Espera, que salgo de los paréntesis.
Bruno está enamorado, a sus 4 años. Se enamoró el verano pasado, a los 3, y todo el año ha dicho que su novia era Bárbara y que quería ir al baile y casarse con ella (entre sus influencias culturales destaca la Cenicienta, seguida de cerca por Kierkegaard)
Bárbara es esa niña-mujer algo perversa, con marcada personalidad y carnes de ciruela fresca, que gusta de tontear, que le da besitos a mi chiquitín mientras se deja querer por chicos con reciente población forestal en los huevos.
El año pasado, Bruno y su inocencia desplegaron todo su repertorio de saltos en la piscina para impresionarla. Jugaba a perseguirla bajo el agua. Y Bárbara venía a tomarse un polo a las escaleras de casa. Y Bruno se sentaba algunas noches, solo, y suspiraba: estoy esperando a Bárbara.
Este año sufre por amor y nadie le ha enseñado. Le da una vergüenza terrible cuando ella se acerca por detrás y le roba un beso pero siempre quiere más, y la busca como un instinto de corcho busca ligero la superficie.
Ahora Bárbara se ha ido a Francia unos días -su madre es francesa- y Bruno dice que la echa de menos. No obstante, no ha tardado en sustituirla por una rubia de la piscina, una madurita de 16, muy mona. Sólo hasta que venga Bárbara, aclara. Pero jugamos al veo, veo, ¿qué ves? una cosita, empieza por la letrita… P, ¡rubia! Exclama.

Bruno está enamorado y nadie le ha enseñado, lo que viene a sugerir, acaso demostrar, que el amor existe.

Tuve una amiga gorda, mórbida, de esas que la gente se mira con asco en la parada de autobús. De las que están acostumbradas a ser ostentosamente invisibles para los hombres a pesar de sus más de cien kilos de carne empaquetada, lista para consumir. De las que tiran millas comiendo, como una forma de huir a la carrera del amargor de este paseo, de escapar mientras paradójicamente van echándose lastre encima.
Conoció a un tipo pequeño, excesivamente pequeño, increíblemente bajito, de esos que las mujeres miran, no ya por encima del hombro, sino por encima de la cuna. Era además pelón como un bebé.
Y surgió el amor, ¿el amor más maravilloso? El amor por eliminación, el amor como último destino posible, tú eres la única, tú eres el único. El que se yergue tras la estadística, el que arrastró la providencia, el amor del desecho, estamos desechos el uno para el otro. El amor, sin duda.

Y pienso en la fórmula del amor:


deseo – soledad
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oportunidad

No.

deseo x ternura- soledad
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correspondencia


No.

Deseo x admiración

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soledad

No.

Sigo buscando, abriendo paréntesis.