miércoles, 27 de octubre de 2010

Hablar por hablar


Hace muchos años, me dormía escuchando un programa de la radio que se llamaba Hablar por hablar. Cada noche, la gente llamaba para contar de madrugada esas cosas que sólo se cuentan de madrugada. Desgracias. Me relajaban las desgracias. Me inducían al sueño las desgracias.
Los radioyentes iban respondiendo a esas confesiones arrancadas voluntariamente con consejos que nunca servían para nada. Ningún consejo sirve nunca más que al que lo da, para que ensaye en voz alta la escena por si algún día ha de representarla.
Y así, el programa iba tragándose la noche palmo a palmo, entre destapes y ensayos, engordándose con trocitos de intimidad, con palmaditas en el lomo, con consejos inútiles y con mucha madrugada mientras la locutora que tenía voz de café con leche, cálida y sin sensualidad, iba anticipando mansamente el alba.


Recuerdo que una noche llamó una señora y contó que su nieto era drogadicto. Por lo visto, nadie había querido mucho a ese muchacho, sus padres no lo quisieron, sus profesores no lo quisieron, sus jefes no lo quisieron, ningún anunciante lo quiso. La droga lo quería, la droga lo amaba con férvida, con abrumadora pasión, sin más condición que unos draconianos celos. No es una historia nueva.
Pero entonces, ahí viene lo sorprendente, la buena mujer contó que se acostaba con su nieto, que se follaba al chico al que sólo la droga quería, como una forma de hacerle olvidar esa pasión tóxica, de realizar un trueque entre ese amor puro de abuela y ese otro amor-ruina de aguja. Como una forma de consolarlo.
La pobre señora dudaba si seguir acostándose con él porque algo dentro de ella le susurraba que eso no estaba bien, exactamente la misma voz que le decía que aquello que le contaron hace tanto que era la vida, no era exactamente esto.


Era real esta historia. Puedo jurarlo. A veces llamaban impostores, exhibicionistas del drama, buscando conmover al auditorio con relatos truculentos, pero yo los desenmascaraba enseguida porque la verdadera desgracia siempre esconde un poso de vergüenza, un pudor extraído directamente de la mala suerte.
No hubo muchos consejos de vuelta para aquella pobre mujer. Demasiado sórdido, supongo, demasiado incómodo incluso para la madrugada.

Fue la primera vez que tuve ganas de llamar al programa.

La gente que permanece despierta a esas horas es aceptable, así en líneas generales, comprende bastante y juzga poco. Pero otra noche llamó uno que trabajaba en una funeraria y se dedicaba a preparar los cadáveres, algunos de mujeres atractivas que, en contra de la creencia popular, también se mueren.
Era simpático, era educado, no pisaba la voz de la locutora como hacen otros. Explicó cómo arreglaba a sus muertas, cómo las aseaba con cariño, cómo las perfumaba, las desvestía, las maquillaba, las acariciaba, cómo visitaba el interior de sus coños por última vez, y dejaba en él su postrero testimonio de vida, el último charquito en tierra seca, el último tesoro en la catacumba antes de ser sellada para siempre.
Que no podía contener el impulso, dijo.
Fue unánimemente vilipendiado, hubo un inusual consenso en considerarlo aberrante, repugnante, detestable, asqueroso, inmundo, monstruoso, repulsivo, antinatural, deleznable, nauseabundo. No olvidaron ningún sinónimo entre todos.
No importaba el tema del que opinaran, o quién fuera el destinatario del consejo, esa noche, todas las llamadas sin excepción añadían al final, como una especie de coletilla, que lo del de la funeraria les parecía repugnante.

Nadie le dio un solo consejo, bueno o malo.
Fue la segunda vez que tuve ganas de llamar al programa.

19 comentarios:

Carlos J. Galán dijo...

Yo también era oyente habitual. Ahora ya muy ocasional. Pero hubo una época en la que también me dormía escuchando estas historias.

Una de las que fue presentadora del programa, Mara Torres, publicó una recopilación de estas historias bajo el título "Hablar por hablar. Historias de madrugada". Otra anterior, Gemma Nierga, creo que también lo había hecho, pero ése no lo leí.
El de Mara está muy bien. No es una mera acumulación de relatos, la estructura, la forma de contarlo... está muy bien.

"Entre las cosas que he aprendido (...) está el que la soledad es también un privilegio. Un privilegio que hay que aprender a disfrutar porque nos puede hacer un poco más libres. Sin explicaciones, sin culpa, sin nadie ante quien justificarse salvo ante uno mismo. Por eso contamos en un programa de radio de máxima audiencia lo que no nos atrevemos a contar a los más cercanos. Porque la familia, los amigos, los compañeros de trabajo van a estar siempre a nuestro lado, sí, escuchándonos y queriéndonos mucho, pero tambie´n juzgándonos. Y eso pesa a veces como una condena (...). Con la gente del 'Hablar' eso no pasa. Nunca nos vamos a cruzar con ellos por el pasillo, ni nos van a mirar con gesto de reproche, ni van a escupir esa frase maldita: '¿ves? Te lo dije'. Nos escucharán, nos dirán lo que piensan y, simplemente, desaparecerán".

Francis Black dijo...

El otro día hable yo de algo parecido, cuando hablas con alguien siempre hay el consejo , la censura... cuando lo que uno quiere es contar, al final lo que se hace , acostarse con un nieto o con una difunta es secundario, lo importante es que eso no te destroce y para eso hay que soltarlo y la gente en su entorno tiene miedo a que pese para siempre, pese cuando tu ya lo has superado, al contarlo, pero el otro lo lleva siempre , es un anexo a tu persona.

Raúl dijo...

Qué jodido es juzgar. Lo odio.

Pd.- Mil años que no leía la palabra "férvida"
Pd2.- Yo te echaba ya de menos.

NáN dijo...

Una de las cosas que más me ha costado aprender en la vida, y mira que le he puesto empeño, es a saber distinguir en qué lado de la difusa línea me encuentro ante las confesiones. ¿Me están pidiendo que participe, que les haga saber que "sea lo que sea estoy contigo"? ¿O me están pidiendo que me calle y escuche?

Creo que sin la colaboración de la Mía Lola, y sus más de cien "¡Coño, que no me interesa lo que opines, que te lo cuento porque a alguien se lo tengo que contar!", he terminado por cogerle el tranquillo y cada vez cometo menos pifias en ese tema.

Me ha emocionado lo de la abuela. Me ha emocionado esa profundidad que tienes para decir las cosas levemente, ese "La droga lo quería, la droga lo amaba con férvida, abrumadora pasión, sin más condición que unos draconianos celos". Me ha emocionado ese último acto de amor del funerario. De ser una mujer joven y bella, sin duda dejaría pagados los costes de esa funeraria, solo por el regalo de promoción.

Anda que los que escribimos, censurando historias porque "qué burrada he escrito, no tiene verosimilitud".

También yo paso por aquí con frecuencia, a ver si hay algunas migajas que comer de tu mano.

Araceli Esteves dijo...

Ay, querida, sigues con esa abrumadora habilidad para contar, emocionar, desmerenguizar ( toma palabro) las cosas. Es un placer pasar a leerte. Placer escaso, por otro lado ¡¡bandarra!!

Miguel Baquero dijo...

Realmente hay historias reales que superan todos los límites. Yo también oía alguna vez ese programa, porque padezco de insomnio crónico, pero a mí me estristecía muchísimo.

Sombras Chinescas dijo...

Escuchar desgracias ajenas, sobre todo si son tan tremendas, te hace olvidar las miserias nuestras de cada día, por lo que no me extraña que sea un estupendo relajante.

Saludos.

Isabel dijo...

Hay verdaderos misterios en las personas y sorprendentes, pero a mí lo que más me sorprende es que te indujeran al sueño las desgracias, a no ser que fuera por los sonidos de las voces en tanta y densa madrugada.

CASTILLO dijo...

Todos juzgamos, incluso cuando no queremos. Juzgar es humano. El juicio está en la distinción misma del hombre, en su propia condición. No juzgar también es un juicio, como “El Extranjero” en tierra ajena. Todo juicio, sin embargo, tiene una intención… incluidos los Juicios orquestados en un tribunal. Juzgar no es malo, o al menos no menos malo que permanecer impávido, al borde del camino. Juzgar y definir lo bueno o lo malo, no correcto o lo incorrecto, nos marca un camino en el mundo…
Yo Juzgaba mientras leía tus palabras. Tu juzgaste, por eso quisiste llamar, luego volviste a juzgar el acto y decidiste no llamar.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

No sé si los amores que podríamos llamar más o menos equivocados, como el de la abuelita, podrían merecer una novela; quizá no sean más que errores de nuestra faceta animal.

Me lo pensaré estos días que voy a tu tierra y la mía... ya hablaremos.

Besos.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Por cierto, esta semana he tenido la ocasión de conocer a Raúl en la presentación en Barcelona de su libro "Elefantiasis", una persona, no creo equivocarme, muy agradable. A ver cuándo vienes a presentar el tuyo.

Besos.

not only ice creams dijo...

madre mía... ese programa lo escucha mi padre para, según él, entretener a su insomnio. Qué historias tan extrañas, pero en fin, género humano, nunca dejará de sorprender!

Jesse Custer dijo...

Alguna vez escuché el programa, aunque hace tiempo que tengo a la radio olvidada, no por nada... falta de tiempo o yo que sé. Pero sí, que fácil es juzgar, qué fácil resulta escuchar y qué sencillos resultan los problemas vistos desde el otro lado...

Un saludo.

NáN dijo...

Qué fuertes las manos tendidas del hombre y la mujer entre ellos. No sale la de Dios. Quizá sea esa luz engañosa del fondo.

Bárbara dijo...

CARLOS, creo que yo lo oía con Gemma Nierga, hace por lo menos 15 años. Creo que ese es el secreto, hablarle a alguien etéreo y que en cuanto cuelgues se va a dedicar a desaparecer.

Lo peor de todo, FRANCIS, es cuando alguien te cuenta y luego notas que huye de su confesor como una forma de huir de su problema. Tan lejos como llega el olvido.

¿sí? RAÚL, no tan rara férvida. Y no deberís odiarlo, tú proporcionas elementos para el juicio.
Gracias por extrañarme ;)

Qué grande es la tua Lola, NÁN, cuánta razón, a veces es simplemente que en algún lugar había que soltar la bomba, coño. Dicen que muchos suicidios se evitarían sólo con nombrarlos, con expresar ese deseo. Es verdad que la realidad se comporta a veces de forma tan inverosímil. Claro que también puede ser que me haya inventado estas dos historias.

Lo sé, ando un poco liada últimamente, ARACELI. ¿En serio desmerenguizo? yo que siempre temo caer en la cursilería...

Supongo que ahora también me entristecería, MIGUEL, entonces como estaba triste me animaba. Para el insominio lo mejor es obligarse a no dormir.

Bárbara dijo...

Sí, SOMBRAS, me contó un amigo que Voltaire (creo que era él) se paseaba todas las mañanas por un sanatorio cercano a su domicilio antes de ponerse a escribir.

Es una pequeña mentira, ISABEL porque algunas historias hacían dar un bote de la cama,y poner los ojos como platos.

Hola CASTILLO! claro que todos juzgamos. Me encanta El extranjero en ese aspecto.
Lo importante es que los juicios sean propios, no sean superficiales, y no sean dependientes de la moda moral imperante en la época. Al final siempre hay que posicionarse, y quedarse quieto también es posicionarse además de conservador. Me alegra verte por aquí.

Desgraciadamente, MUYSEÑORESMÍOS, lo humano está lleno de errores, la humanidad entera es un error, si me apuras. Ahora te escribo, a ver si pidiéramos vernos. Besos.

NOT ONLY ICE CREAMS, a estas alturas empiezo a dudar de si el programa entretiene el insomnio o directamente lo provoca.

Yo también dejé la radio, JESSE, y no sé por qué porque es un gran medio.

BBG dijo...

"Hablar por no callar"

Máxima: "Si tus palabras no son mejores que el silencio, por lo que más quieras, cierra la boca".
La gente que da consejos y más si nadie los pidió, además de imprudencia demuestra una impertinente soberbia. Se puede juzgar, sí. Siempre lo hacemos, pero cada cual desde su atalaya moral, que como el culo, todos tenemos el nuestro y no forzosamente suele ser ni el mejor proporcionado ni el más bonito.
La gente que da consejos gratuitos se cree que tiene el culo de Jessica Alba...y las Jessica Alba, lástima, no abundan.
Tuviste que llamar aquel día para defender a esos perros verdes que tanto bienpensante descuartizó.
Creo que tienes un culo precioso.

Bárbara dijo...

Hola, tocayo. Mi culo no es muy allá pero es mío, que es más de lo que pueden decir muchos de los culos que se mueven por ahí.
Lo malo de tener moral o juicio propio es que hay que ir adaptándolo a cada situación y es mucho más cansado que ser un borrego más de los que sigue al pastor.
Un beso, con juicio.

BBG dijo...

Efectivamente, no es que no abunden los culos perfectos, es que no son más que una utopía y que así siga la cosa.
El tuyo no lo he visto desde hace muuuuuucho tiempo, pero al culo que me refería es al que mueves en este blog con tanto desparpajo, gracia y de vez en cuando con una mala leche vitriólica tan corrosiva como refrescante y necesaria.
Lo dicho un culo auténtico y muy bien puesto. Seguiré leyéndote.
Otro beso tocaya.