martes, 20 de julio de 2010

Vírgenes suicidas


Me han trastornado las hermanas Lisbon, esas vírgenes suicidas, con olor a mujer madura, a muerte rancia y a cereza. Cómo se combina el candor, la inocencia de unos cuerpos tiernos con el limo que enturbia la mirada. Se combina mal, se combina con muerte. Mueren todas. Las cinco. Suicidadas. Y es tan fascinante su sufrimiento, tan bello.

Compré el libro en una librería de Denia donde no había mucho que elegir, y han ido saliendo de él todo tipo de mariposas raras y bichos aún más raros.

Cómo construye esa mano entre bastidores esta historia, cómo mantiene la emoción hasta conducirnos hacia un final universal, inexplicable, anunciado ya en la primera página, despreciando todo misterio en la trama, retándonos a tratar de reconstruir lo irreconstruible, a tratar de acercarnos a ese misterio siempre móvil como un maldito horizonte.
Con el lenguaje exacto, ni demasiado poético, ni demasiado terrestre, ni demasiado cursi. Me ha gustado u/o trastornado el librito. Qué quedará de él con el tiempo, ni idea, la fogosidad de Lux follando en los tejados, la frase de Cecilia, que ya me comentó Delphine, ¿Qué haces aquí, guapa si todavía no tienes edad para saber lo mala qué es la vida?, pregunta el médico. Está muy claro, doctor, que usted nunca ha sido una niña de trece años.

Los libros que me gustan los acabo y los vuelvo a empezar todo seguido, en un mismo acto. Y ya no me gustan tanto, afortunadamente. Les rebano un poquito el misterio y así me quedo más tranquila.

Y el suicidio me sigue pareciendo una mirada de única dirección, una estrechez en el callejón del porvenir pero sobre todo una manera pertinaz de creer en el destino. Lo contrario es la curiosidad. Esa pequeña picadura marca la diferencia.

Ejemplo: me imagino en una ofensiva en la que he de correr frente a las líneas enemigas con el objetivo de accionar un botón que salve a los nuestros. Somos un pequeño grupo de elegidos para la misión. Y yo soy una de ellos y corro, y corro como no he corrido en mi vida y silban las balas sobre mis hombros, pero yo sigo corriendo como si fueran a borrarse mis brazos y mis piernas. Estoy muy cerca de ese botón, voy a conseguir el objetivo, cuando me alcanza una bala. No duele pero de pronto estoy en el suelo, tendida, mientras todo sonido se apaga y el horizonte se desertiza, se ondula bajo el sol, con la clarividencia de un espejismo . Y sé que estoy jodida, que este mundo se acaba porque yo me acabo, y todas las minucias de la vidita pujan por perder sentido. Y aún así, en ese último instante, hago un esfuerzo y levanto la cabeza para para ver si el compañero que venía detrás consigue por fin alcanzar el ojetivo, consigue accionar el botón.

En eso se resume: en levantar o no la cabeza. En mirar hacia fuera una vez más, sólo por curiosidad.

Estoy metafísica . Serán las Lisbon.

15 comentarios:

Francis Black dijo...

Bueno pero si te suicidas pues ya esta, a mi me parece una muy buena solución, es más creo que en un futuro la gente decidirá su final sin demasiados problemas. Vivir no me parece una finalidad en si mismo. Hace unos meses con una amiga comentaba el tema del suicidio ( hacia poco alguien había saltado al metro) y yo le decía , vale te quieres suicidar eso ya lo sabes pero antes,justo antes te puedes ir a un Restaurante y pegar una gran comilona y luego un par de copas y ya te vas al cine.... ella me dijo. Entonces es que no te quieres suicidar.

Poner punto final es difícil, pero hay ancianos que están solos sin ninguna perspectiva medio demenciados que si no fuera por el miedo que les han inculcado creo que lo dejarían estar. Es un tema delicado.

BB dijo...

Con lo indecisa que tiendo a ser, preferiría un suicidio con regreso, porque sé que me arrepentiría...
No me gusta el final de nada, ni del placer, ni del amor, ni de la vida...
He visto la película. Es demoledora.
Besos
BB

Juan C. dijo...

Hola, definitivamente creo que voy a hacerme un adicto a tu página, y que siempre que pueda pasaré por aquí para ponerte alguna pega a lo que escribes (no es que no comparta tu pathos, entiéndeme, es por intentar mantenernos en forma).

Voy a lo del suicidio, dices algo así como que es "...una mirada de única dirección, una estrechez en el callejón del porvenir pero sobre todo una manera pertinaz de creer en el destino. Lo contrario es la curiosidad. Esa pequeña picadura marca la diferencia." (en realidad no es algo así, he copiado y pegado)
A mi me parece por el contrario que el suicidio es una de las pocas garantías de libre albedrío que nos deja la angosta realidad, aunque sé que estás de vacaciones y no es fácil compartir mi opinión en ese aberrante estado. Creo que es justamente lo contrario a creer y entregarse a un destino.
El ejemplo que pones después (la batalla, la lucha, el objetivo por encima de la vida o de la muerte individual) creo que es una metáfora inadecuada para representar la mente del suicida.
La gente se suicida porque no encuentra ningún botón que pulsar.
Por cierto leí Middlesex. Las vírgenes suicidas está pendiente desde hace años. Creo que me animaré después de leer tu entrada.

Un saludo.
(prometo ser más breve en próximos comentarios)

Isabel dijo...

Me estoy preguntando si de vacaciones se elucubra mejor estos temas, porque tú no paras, hija, digo de plantearte y plantearnos cuestiones que tus palabras hacen más interesantes todavía.
Sobre la curiosidad hay una frase de la Gaite en su libro "Nubosidad variable", ya ves, ¡qué contraste con el tuyo!
Bueno, lo escribió después de la muerte de su hija como La reina de las nieves.
La frase: "De todos los pozos se puede salir cuando se enciende la curisidad por saber lo que está pasando fuera mientras uno se hunde"
Claro que si te estás hundiendo por un acto de libertad como dice Juan, te importa tres pimientos.

Date un baño por mí, cariño, creo que este verano no la voy a catar.

NáN dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
NáN dijo...

Sin generalizar, creo que pensar que tienes esa puerta abierta da un sentido. Otra cosa es si la cruzas o no. En lo de los viejecitos que dice Francis, lo tengo clarísimo: cuando ya no esperas nada que sea placentero, cuando eres un ser torpe que necesita hasta que le cambien los dodotis, comes una comida repugnante, no hay ningún ser vivo que te emocione. ¿Por qué no?

O en enfermedades. Una muerte digna (gran papel hacen los de esa asociación).

O cuando la vida se vuelve ya insoportable durante mucho tiempo. Nunca por un bajón temporal, porque un día desaparece (en eso soy experto).

Tengo que ver esa película. Y no morirme si voy a crear un sufrimiento excesivo. Y no sufrir excesivamente si alguien a quien quiero toma esa decisión. A los que amas hay que amarlos a pesar de lo que hagan.

Sombras Chinescas dijo...

Una historia propia del tremendismo tan de moda en la España de posguerra.

Saludos.

Josep Vilaplana dijo...

Una obviedad: hay tantos suicidios como suicidas –tal vez lo único que comparten todos ellos es esa vaga esperanza, algo parecido a un optimismo mal informado, que les hace pensar que en breve estarán mucho mejor de lo que están-. Saludables enfermos; poetas sin poesía; enamorados mal educados; valientes aterrados; fervientes desesperanzados con todas sus esperanzas intactas; alternativos sin alternativa; todos ellos se matan, o quieren decirte que se han matado (el suicidio como una absoluta falta de sencillez), pero la razones de semejante decisión pueden oscilar desde la más absoluta lógica (me duelen tanto los pies que ya no puedo bailar) hasta la más radical idiotez (la rabieta debida a que el Universo no gira a mi alrededor).
Una falsedad: el suicidio como un acto de libertad. Sólo soy capaz de entender la libertad como un ingrediente de la sopa/vida; me sabrán perdonar, pero a la muerte nos llevará cualquier cosa menos la libertad (con un cáncer de próstata con su correspondiente metástasis, no eres libre de escoger la muerte, sino que no tienes más cojones –perdón- que optar por ella; no es una cuestión de libertad, sino de absoluto derecho).
Mi querida Bárbara, te informo que mi alegre pesimismo me convierte en un pésimo suicida y es que soy de los que creen que muerto no se está ni mejor ni peor, sino absolutamente indiferente y eso si que es un buen motivo para suicidarse (¿se suicidan los muertos?).
Por lo demás, mi querida Bárbara, sólo tú eres capaz de pasar de la babita siestera al suicidio sin despeinarse; sólo tú haces de cualquier cosa un placer. Besos vitales.

strongboli dijo...

Es muy pronto y mi neurona aún está desperezándose, y no voy a entrar en profundidades suicidísticas, aunque me fascine el tema, ni tampoco en lo virginal (...). Una vez, en BUP, un profesor me preguntó, delante de toda la clase, si nunca había pensado en suicidarme. Aún me estoy pensando la respuesta...
De todas maneras, estoy a favor, cada uno que haga lo que le parezca con su vida y cuerpo, que para eso es suyo (es que soy un acérrimo defensor de la propiedad privada). Espero que no lo acaben prohibiendo, cosa que no me extrañaría nada, en estos tiempos que corren...
Petons desde lo alto de la Sagrada Familia, antes de tirarme en plancha.

Gemma dijo...

Entrar a leerte y dejar un comentario podría parecer algo sencillo pero deja de serlo en cuanto vas apropiándote por el camino de lo que dicen tus amigos...

"Los libros que me gustan los acabo y los vuelvo a empezar todo seguido, en un mismo acto. Y ya no me gustan tanto, afortunadamente. Les rebano un poquito el misterio y así me quedo más tranquila".
(Bendito rencor, Bárbara. ;-P)

O ésta, de Nano:
"Tengo que ver esa película. Y no morirme si voy a crear un sufrimiento excesivo. Y no sufrir excesivamente si alguien a quien quiero toma esa decisión. A los que amas hay que amarlos a pesar de lo que hagan. (Nano te hace entender el mundo siempre, desde su bondad).

O las palabras exactas y precisas que emplea Josep para definir el suicidio, desde un acercamiento desprejuiciado y de sentido común:
Así, los llama: "Saludables enfermos; poetas sin poesía; enamorados mal educados; valientes aterrados; fervientes desesperanzados con todas sus esperanzas intactas; alternativos sin alternativa; todos ellos se matan, o quieren decirte que se han matado (el suicidio como una absoluta falta de sencillez), pero la razones de semejante decisión pueden oscilar desde la más absoluta lógica (me duelen tanto los pies que ya no puedo bailar) hasta la más radical idiotez (la rabieta debida a que el Universo no gira a mi alrededor).
Una falsedad: el suicidio como un acto de libertad".

Espero que estés disfrutando de tu vidita. Besos

Victoria Dubrovnik dijo...

Estan los suicidos rápidos y los lentos, los que te vas desgastando día a día, una muerte lenta y moribunda... y todas son respetables, son maneras de vivir... Quizás sí, quizás si que les gustaría salir de ese pozo tan oscuro, o quizás no, quizás ya se sienten allí bien, cómodos y tranquilos en la penumbra... Es todo tan relativo...
Carmen Tejedor, una psiquiatra, dice que el "suicidio se evita hablando de él"... ¿será verdad?

Abrazo!

Bárbara dijo...

Es delicado, sí, FRANCIS,porque ni siquiera los animales, puro instinto, libres en principio de toda sospecha metafísica, se libran de dejarse morir en ocasiones.
Y en eso estamos todos, la última copa más y nos vamos, yo siempre digo eso.

Yo la peli no la vi, BB, pero claro me han entrado ganas de verla. (parece que aún vivo en el s.XX de lo desfasada que estoy...). Es que si pudiera uno morirse un poquito, y luego revivir con más ganas, ¿verdad? a mí tampoco me van las decisiones drásticas ni los finales. Besos.

Bien, bien, JUAN, un poco de ejercicio siempre viene bien, aunque me pillas de vacaciones y con el músculo amenazando con hacer huelga. (y con escasa cobertura, también)
El ejemplo no era una metáfora del suicidio, nada que ver, sólo quería explicar que para evitarlo, la curiosidad se convierte en algo imprescindible. El ejemplo era de curiosidad ante la vida, aunque a uno ya le importe todo un carajo porque se muere. Curiosidad aún entonces.
Yo creo que los suicidas, voy a decir algo así epatante y generalizando, aparte de poco curiosos, son unos ingenuos. Y unos impacientes, claro.
¿qué tal Middlesex? ¿me lo compro?

Es justamente lo que dice la Gaite, ya ves, ISABEL, que a todas partes siempre llegó alguien antes, y mejor. ésa es justamente la situación que con más terror imagino (supongo que tú también) y la que hace dudar de si podría la curiosidad.
¿castigada en Sevilla con estos calores? el primero baño de mañana va por ti. Un besete.

Yo también soy experta, NÁN, tuve depresión y me quería morir, como su propio nombre indica.
No estoy radialmente en contra del suicidio ni radicalmente a favor de la vida, pero una copita más...

Bárbara dijo...

Pues a pesar de ese resumen, la historia no resulta tremendista, es más bien poética, SOMBRAS. Es raro, creo que ahí está la gracia.

Más obviedad aún, JOSEP: no hay suicidas porque están todos muertos. Es verdad que puede ser admirable, irse simplemente porque ha llegado el momento y también puede ser idiota, por una desesperación tremendista.
Pero estoy completamente de acuerdo contigo, los suicidas se ven abocados al suicidio, es una falseda lo de la libertad.
Y me encanta tu vitalidad.
Los muertos muertean, qué van a hacer si no. Besos, vivitos y coleando.

Un paréntesis con tres puntos dentro sí es entrar en lo virginal, STRONG. Piénsate la respuesta durante 30 y 40 años más y me la haces llegar. Petons.

Sí GEMMA, a menudo después de los comentarios a un post, es cuando yo escribiría un post sobre el tema. Totalmente de acuerdo con que son grandes aprotaciones.
Se hace lo que se puede con esa vidita. Besos.

Yo creo que sí, VICTORIA, que es magia hablar de los fantasmas, desaparecen al instante. Pero hablar en la intimidad porque está demostrado que hacerlo desde los medios es contagioso.
Y tienes razón, no es más que una cuestión de tiempo.
Otro abrazo.

Juan C. dijo...

Middlesex si!!!! por supuesto Bárbara. Te lo recomiendo encarecidamente.

Castelló de la Plana dijo...

:D