jueves, 10 de junio de 2010

Me pienso con los dedos

Me pienso con los dedos. No tengo postura conocida, firmeza apuntalada ante un tema, hasta que las ideas, buenas, malas o peores, se deslizan por mis dedos buscando con sus yemas ciegas el negro del teclado. Atisbo algo. Tap tap tap tap tap, me voy pensando. Con el índice y el corazón. El índice y el corazón. No digo más. Son gratis las interpretaciones, las metáforas subyacentes. Índice y corazón. (Más cursi lo dice Tamaro, donde el corazón te lleve). Nunca sucumbí a un curso de mecanografía.
Así entro en contacto con el mundo, por el tacto. Rozo el mundo, duro, negro y misterioso, con el índice y el corazón. Es un acto pequeño e íntimo que a nadie importa, lo mío con el mundo. Y comprendo un poquito, tap, tap, tap, se me desprende una pequeñísima luz de entre los dedos.

El mismo día que fui a hacerle una entrevista a un investigador sobre el alzheimer, recibí un correo de A. pidiéndome permiso para usar una idea mía (¿?) sobre la memoria en un relato que está escribiendo.
Mola que en este mundo material hasta la náusea, en que hasta la náusea es material, alguien pida permiso para usar una idea, no unas palabras literales sino una idea, volátil, huérfana de padres y hasta de tíos de la sgae. Releo el párrafo en cuestión y no recuerdo haber escrito eso yo.
La memoria es un deseo satisfecho, dice Carlos Fuentes, críptico.

Era atractivo el investigador. Tenía ojos bonitos y voz de ginebra, profunda y sobria a la vez. Me gustan los científicos.

Le dije a A. que por supuesto, que la idea de la memoria la había cocinado y aliñado ella a su gusto, y era ya su digestión, que acaso deberíamos pedir permiso a los griegos.

Al biólogo le hice preguntas serias, pertinentes quiero creer, pero no pude evitar deslizar la pregunta de retrasada mental, la pregunta cursi-profunda: ¿somos algo sin memoria? Se me empañan los ojillos cuando me oigo en la grabadora. ¿Somos algo sin memoria?

La silla giratoria no estaba bloqueada y a cada pregunta me hundía un poco más con un clic seco, perdía estatura y desaparecía tras la mesa, en otra metáfora más que dejo a tu libre interpretación.
Sí, tal vez puedan sustituirse las células dañadas por células madre pero ¿se pueden recuperar los recuerdos? Eso no lo sabemos, no lo sabría ni Proust, de llevar vivo dos siglos.
A. ha escrito que algunas veces ocurre que todo permanece. El tiempo se aferra a sí mismo y marca sus secuencias con un espejo candente, sellando la garantía de regreso.

Yo lo único que recuerdo haber escrito sobre la memoria es que la memoria es el mar.

Porque no es verdad que la memoria sea el único paraíso del que no podemos ser expulsados.
Porque no es verdad que la memoria sea el deseo satisfecho.
Porque tampoco es el mar.
Y los dedos no piensan.

Porque sé que esta historia va a acabar mal, en enfermedad y muerte, y por eso quiero cincelar ahora en mi memoria que sí, que se puede gozar intensamente, sin temor al vértigo.

17 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Me gusta leerte. Me gusta mucho. Es frescura aliñada de un estilo que ya reconozco. Hoy estoy adulador. Será que no he dado la cabezada de después de comer y tengo la cabeza que piensa a trompicones. Es mejor así. Piensa como quieras. Con lo que quieras. Pero sigue pensando. Un beso.

Vicent dijo...

La memoria simplemente es lo que nos mantiene entretenidos, para bien o para mal.

Chopped chopi dijo...

Me ha parecido pasar 6 meses mientras leía el post. 6 meses de vivencias destiladas en tus textos. Brutal.

Raúl dijo...

A mí ya me encantaría recordarte, Bárbara.

Ana Montilla dijo...

:-)

A.

impulso ciudadano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Tap tap tap tap tap, no tendrás nada, pero tienes algo que debe de ser como el agua. (Tap tap tap tap tap). Seguramente esos clisos que amanecen a cada momento detrás del índice y del corazón, y delante de ese potente potencial tan sublime. (Tap tap tap tap tap tap tap tap tap).

Ay, cuántas cosas te pedimos los pululadores de estos tus pagos. Tap tap tap tap tap. Pues eso, que si no lo has adivinado, te lo suelto a bocajarro: ¿Me prestas la pregunta? Tap tap tap tap tap… Yo, modestamente, sí te pido lo literal. Tap tap tap tap tap.

Como sé de ese corazón –medida Tamaro- me tomo la libertad de chorizarte la pregunta… Tap tap tap tap tap. La confianza…

Tap tap tap tap tapbesos.

PD: La memoria es un paraiso del que podemos ser expulsados. Ya te digo… Tap tap tap tap tap…

Josep Vilaplana dijo...

De acuerdo, abandono –momentáneamente- mis vanas e ilusionadas pretensiones de enseñarte mis aforísticas lechugas, mis Haikou-tomates, mis noveladas acelgas, y me concentro en lo verdaderamente importante: el vértigo. Ahí está, creo, el quid de la tap tap cuestión. ¿Saltar o aferrarse y hablar del que salta, intentando explicar la caída del otro, de lo otro, mientras temblamos por lo que nos pudo haber pasado? Lo absurdo es que no hay abismo, eso es una burda mentira difundida por ex-empleados de banca , son nuestros zapatotes los que nos dan la sensación de altura-.
Pero vayamos al grano: tengo una propuesta tap tap Bárbara: aferrarse pero a la irrisoria caída sin olvidar, en la medida de lo posible, el estilo, la necesaria sonrisa (si me das la mano –escribir también es eso, dar la mano- salto de espaldas, me atrevo con dos tirabuzones y caigo tranquilamente de colesterol y memoria –por cierto, si la memoria no es el mar, serán los peces, que se acuerdan de cada una de las olas y a pesar de ello se dejan pescar.
Un beso, Bárbara, tipo caída libre.

BB dijo...

Con memoria o sin ella, nos iremos de aquí, Bárbara y a nadie importará lo que dejemos almacenado en nuestro disco duro, quizás rajado ya...
Y seguiremos pensando con los dedos...tap tap tap, mientras disfrutamos de la poca o mucha memoria que aún nos quede...
Besos, y... ¡qué bárbara!
BB

Casilda dijo...

Tenemos que desmitificar la memoria, seria bueno, me refiero a la propia y naturalmente a la que no me impida saber que un cerrojo sirve para cerrar una puerta o para abrirla o como me llamo o donde vivo..
En seste sentido soy un poco cinica porque estoy perdiendola a passos agigantados y quiero decir ?y que ?no pasa nada .
Yo quiero volver a pensarme con los dedos, que gustazo tap tap tap.
Un abrazo

moreiras dijo...

Lindo volver a leerte, después de tanto tiempo sin pasar por aquí, descubrir el placer casi físico de tus palabras, su textura, su color, su aroma, su silencio y su susurro, una vez más, igual que siempre... Como el que vuelve periódicamente a ese puesto de helados lejano a degustar el mismo cucurucho que nunca lo defrauda. Pues eso, un íntimo deleite, sin juicios de valor, y una mirada que brilla detrás de esa mano que oculta sin querer y con infantil vergüenza el resto de tu vida.

Gemma dijo...

Vivimos sin memoria del futuro, y así no resulta de hecho nada extraño que vayamos dando bandazos por ahí, de un lado a otro, de un deseo a otro... (También a mí me sale -como ves- la veta cursi.)
Un abrazo fuerte, Bárbara

NáN dijo...

Soy un manazas. Cuando en la cafetería de la empresa saco unas magdalenas, o un paquete de patatas fritas, inmediatemente una compañera me lo arrebata, lo abre y me lo devuelve, para que no interrumpa la conversación con un minuto de vanos esfuerzos por abrir la dichosa bolsita.

Quiero decir: espero no pensar con los dedos (tecleo solo con el dedo corazón; y a la Tamaro que le vayan dando).

Pero de memoria, tengo un rato. Ahí sí que nos las podemos ver, de tú a tú. Y te doy la razón cuando piensas que es un mar. Y te la quito cuando lo niegas.

Claro que los mares se mueren (estas historias acaban mal siempre) y, como dice BB, a nadie le importará un carajo, y menos que nadie al que ha muerto. Y como dice Gemma, vamos dando bandazos (y raspándonos los codos con las paredes).

Los dedos corazón e índice son los más útiles. Uno para señalar dónde esta la puerta; el otro para decir "que te den".

Los manejas estupendamente.

Sombras Chinescas dijo...

La memoria es el traje con el que disfrazamos la realidad para hacerla tolerable.

Saludos.

Bárbara dijo...

Mejor así, EMILIO, con ese aturdimeinto que provoca el calor y la falta de sueño, sino de qué... Un gran beso hacia ese sur.

Lo cierto, VICENT, es que podría decirse que estamos casi todo el tiempo rememorando, regurgitando lo ya sucedido. Qué raros somos.

¿Tan largo se te hizo CHOPPED? Gracias y bienvenido.

Ya haré yo lo posible por que así suceda, RAÚL.

Ya ves, ANA, todo lo tengo que airear... ;)

Como el agua, a lo Camarón, me encanta, MUYSEÑORESMÍOS.
Y claro que sí, choriza, choriza, que algo queda. Siento que en este caso la frasecilla haya sido tan literalmente demoledora. Te reharás en un taptaptap.

Bárbara dijo...

No sólo suscribo tu comentario entero, JOSEP, sino que me da algo así como envidia no haberlo escrito yo. El arte de la caída, caer con estilo, de eso trata esta vida, creo. Y es mejor de tu mano, también lo creo.
Un beso en picado.

A veces me pregunto, BB, dónde irán a parar todos los blogs de los muertos, los correos electrónicos de los muertos, toda la información allí almacenada. Quiero decir cuando pasen muchos, muchos años. ¿seguirán flotando en la blogosfera? ¿hasta cuándo?
Besos.

CASILDA, tenemos que tener en cuenta que la memoria es una tramposa, tremendamente creativa, tremendamente aleatoria. Y claro que no pasa nada. Hay que recordar en cada momento lo que uno necesita. No más.
Un abrazo.

¿De qué te lo pongo entonces, MOREIRAS? ¿de stracchiatella y pistacho? Está bien que sean físicos los placeres, son los mejores. Siempre es un placer que te dejes caer pora quí.

La memoria hacia delante es un gran tema, GEMMA. Nada cursi, por otra parte. Lo de los bandazos, como Nán, lo veo por ahora inevitable.
Un beso enorme.

Jajaja, NÁN, a mi me pasa lo mismo con las galletitas ésas que regalan con el café. Los martes, mientras los niños están en música, una madre y yo nos tomamos café. Y finjo ya no tener apetito (yo que todo me lo como) porque varias veces me ha tenido que abrir ella mi galletita, explicándome lo sencillo que es abrirlas, con una simple movimiento de índice y pulgar, así. Pero a mí no me sale. La memoria es el mar, estoy de acuerdo con una parte de mí. Y contigo nunca usaría así el corazón.

Sí, SOMBRAS, lo curioso es que a menudo nos parece que va vestida de calle. Saludos.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Era adularte lo que venía provocado por la falta de sueño y el calor y todo eso... Pero hoy, fresquito, quién lo diría, sin aturdir, en fin, en plenas facultadas lo que sea bla bla bla, me reafirmo, Bárbara, en el piropo, que te mereces sin paliativos. Y hoy la cabeza no me funciona a trompicones. Ni mucho menos. Un beso grande.