jueves, 27 de mayo de 2010

Comí con M.

M. apenas sobrepasa el metro cincuenta. Es barrendera desde los dieciocho. Tiene los ojos verdes, la boca pequeña, la nariz pequeña, las tetas pequeñas, los ojos grandes, verdes, como de muñeca, que se cierran automáticamente cuando la acuestas, se abren cuando la incorporas. 
M. tiene una enfermedad que la hace ir al baño cada quince minutos.
Ayer comí con M. 

Ensalada de algas vermicelli, sushi, makisushi de aguacate y Philadelphia, wantun fritos, arroz con pato y soja, tallarines con verdura, brochetas teppanyaki.
- ¿Y de beber? (la japonesa)
- ¿Podría ser una copa de vino blanco? (M)
- yo igual también tomo una copa... (yo, valga la redundancia) ¿Pedimos una botella pequeña?



El padre de M. pegaba a la madre de M., más con disciplina que con auténtica vocación. Una noche, cuando M. tenía 8 años, se interpuso entre ellos y echó a su padre de casa. Lo empujó tanto que lo sacó hasta el rellano. 


M. siempre anda de puntillas, como un gato con memoria.

- Tengo tantas cosas que contarte- dice-. He vuelto al trabajo, he vuelto al sindicato. Me siento bien, me están haciendo un tratamiento de choque y me siento bien, sólo pienso en vivir el momento. Con B. las cosas no van tan bien. Está sin trabajo y se pasa el día viendo la tele. Ya no sé si es verdadero amor lo que siento por él, he conocido a otro y me pongo nerviosa sólo de pensar en tomar un café con él.
- ¿Verdadero amor? El amor lo es todo, verdadero, falso, voluble, el amor no es nada. Sólo una palabra. Pero no vayas a creerte que toda fantasía es un deseo de la voluntad. Disfruta de ellas, recréalas, pero no las manches de realidad.

El padre de M. era un vividor, pequeño como ella, trilero, jugador. Es gracioso el padre de M. cuando te cuenta cómo huyeron de aquel pueblecito, perseguidos por lugareños furibundos, tras una timba fraudulenta.


- Son tan burras en mi trabajo. ¿Sabes que hay una novela de Elvira Lindo que tiene por protagonistas a dos barrenderas…?
- La leí. Una palabra tuya.
- Pues en el curro, nadie la ha leído, ni siquiera han visto la peli. No les interesa. No les interesa lo que dicen de nosotras.
- A la gente no le interesa que le hablen de uno mismo.


El ex de M. vive en un coche desde que se quedó sin trabajo. Bebe, y se le hinchan las piernas porque no puede estirarlas en el coche. Cuando era pequeño, le daban electroshocks.

- El otro día vi Bajo las estrellas en la tele, ¿la conoces? me gustó bastante.
M. la conoce. M. ha visto todas las películas del mundo.
- Y Alberto San Juan, ¿cómo está Alberto San Juan?
Coincidimos en un mmmmmm.
- Yo ahora ando un poco enamoriscada de la china que me da masajes- me confiesa. Tú sabes que no soy lesbiana pero es que me pone tanto esa china, la adoro. Creo que estoy enamorada de ella.
M. tiene la piel blanca como un panecillo de leche. Se parece a Heidi.
Me las imagino a las dos refrotando sus pieles blancas mientras M. se va a mear, de puntillas.


A su vuelta, me pone al día. Parece que M.E. se ha liado con uno de 25. Parece que mi ex está con una chica de Logroño que conoció por Internet. Parece que L. está hasta los cojones de A. porque no le ayuda nada con el niño. Parece que el cuñado de M. putea a la hermana de M. a través de la niña, y por supuesto no le pasa la pensión. Parece como si viéramos el último capítulo de una telenovela de 40.000 entregas que las dos seguimos.

Pongo soja, pongo wasabi en el cuenco.

- La primera vez que fui a un japonés me comí una cucharada entera de wasabi creyendo que era guacamole. Ya sabes lo que me gusta el guacamole. El camarero se estuvo riendo de mí hasta que me fui.


Me río. ¿Pedimos otra botella de vino?


- El otro día encontré una carta tuya de cuando vivías en Barcelona, otra de mi madre, y otra que me escribí yo a mí misma el día que murió mi madre.
M. hace una pausa y se ríe sin venir a cuento, muy alto. Cuanto más triste es lo que cuenta M, más se ríe. También es muy de M. eso de escribirse cartas a sí misma.
- Leí las tres cartas del tirón y me dije: tengo que llamar a B. (B. soy yo, es la costumbre…), no pueden pasar tantos meses sin vernos.
A M. se le escurre el sushi entre los palillos.
- Barbi (M. es la única persona en el mundo a la que le permito que me llame Barbi), eres la única amiga que tengo que no está completamente loca, sólo un poquito loca. La única que ha conseguido enderezar su vida.
- Es que soy la hostia- reconozco.
Más vino.
- Hay pocas personas en el mundo, ya sabes, muy pocas…
Sé. Odio estas cosas. Se me atasca el makisushi Philadelphia en la garganta. Más vino.
- Es que somos amigas de los malos tiempos y eso- glup, trago- marca mucho.
Menos mal que M se mea de nuevo.
- Es que yo te quiero- dice al volver, como si apenas hubiera transcurrido un segundo.
Y pone su mano líquida, fría y blanquita sobre la mía.
- Yo también te quiero.
Para no creer en esa clase de amor, en ningún amor en general, en ninguna palabra en particular, sólo un poco en el diccionario, tengo los ojos empañados como ventanitas de una sauna.
Pedimos otra botella.

- Noto que a las mujeres de mi edad nos cuesta meternos en Internet, que hay una brecha tecnológica que nos separa de la generación posterior- dice M.
- No lo dirás por mí. Yo creo que el electrodoméstico que más ha revolucionado la vida de la mujer es el ordenador con Internet. Te da música, cine, sexo, amistad, lecturas, te permite publicar a través de un blog. Tienes que probarlo.
- ¿Tienes un blog?
- Sí, igual escribo algo de ti en él.
- Pues no sé qué vas a poner, si yo no soy nada interesante…

18 comentarios:

Marta Sanuy dijo...

me ha gustado muchísimo el diálogo, yo también creí que el wasabi o como se llame era guacamole hace poco.

una abrazo

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Muy interesante, la poco interesante.

...Y yo que te iba a llamar Barbi; gracias por avisar.

Besos.

Canalla dijo...

La traslación de halabras a eslabras me trabó un poco, pero a la segunda, todo claro. Sólo decir que sorprende la sencillez con que engarzas todo y uno se queda hasta acabar. Saludos.

NáN dijo...

Mira, Bárbara, te lo digo muy en serio (si es que alguna vez puedo decir algo en serio).

Esto es un desperdicio, esto es una barbaridad (por esta vez, no giarda relación con la persona llamada Bárbara).

Esto tendría que venir en papel encuadernado y que nos diéramos de hostias por conseguirlo (porque la Editorial no está dispuesta a una segunda edición, no confía en los lectores: y hace bien).

Pero me alegro de haberme autoinvitado a este banquete gratis. Cenutria, que eres una cenutria que no piensa en el día de mañana, y en acumular ni nada de eso en lo que piensan las personas decentes.

Lucía dijo...

Si Bárbara, a veces hay que pedir otra botella, para determinados tragos.

Estas comidas vienen fenomenal, para reencontrarse con esas amigas, que nos han unido en tantos momentos, y si son malos, aún unen más.

Seguiros queriendo!

Mil besos.

Raúl dijo...

Delicioso, B... delicioso.

Raúl dijo...

Por cierto, tú y yo tenemos pendiente charlar de tu engendro. ¿recuerdas?

Elvira dijo...

¿Que no es nada interesante?

Y tú que lo sabes contar tan bien. Un beso

Isabel dijo...

Seguro que todas las mujeres de su edad se harán adictas a internet para leerte.

Muy buen diálogo.

Carlos J. Galán dijo...

Me encanta esto, exprimirle las gotas de literatura, de poesía, de belleza a lo sencillo, a la vida cotidiana. Qué bien lo cuentas todo, jodía (siempre que te leo disfruto pero sale mi envidia insana). Besos.

Josep Vilaplana dijo...

Sacar a pasear a la vida, sin más pretensiones que ese airecillo cálido que, con un poco de suerte, a veces sopla en algunas esquinas. ¡Qué bien resuelves en las distancias cortas! –para ser sinceros, las únicas posibles-. ¡Qué bien ajustas el paso en este desfile de sinrazones!
Un beso para ti y otro para lo que tú eres.

Casilda dijo...

Pues si que es interesante .

Y estoy contigo sobre internet , a mi me salvó la vida y luego me trajo muchas cosas , gustos y disgustos , todas para bien .

Un besazo

Bárbara dijo...

Es algo en lo que se deja de creer en una décima de segundo... Un gran abrazo, MARTA.

Sí que es interesante, sí, a pesar de lo de Barbi. Besos, MUYSEÑORESMÍOS.

Sí, CANALLA, un poco confuso ¿verdad? La culpa, por supuesto, la de las halabras y eslabras, no va a ser mía... Abrazos.

Así que muy en serio me lo dices, NÁN... Si yo estoy deseosa de venderme a cualquier editor, me pongo en mi esquinita todos los días, ligerita de ropa, esperando a que se fijen en esta cenutria...
Y tú come, come, que verás cuando te pase la cuenta, va a ser indecente, tan indecente como yo.

La verdad, LUCÍA, es que, en contra del tópico, me encanta la amistad entre mujeres, sobre todo si hay vinito de por medio. Un beso enorme.

Gracias, RAÚL. Recuerdo, recuerdo, yo sólo tengo memoria, pero claro, no es éste el sitio...

Bárbara dijo...

Eso dice ella, yo lo desmiento con violencia. Un besazo, ELVIRA.

Apenas una transcripción literal, ISABEL. Yo lo que no entiendo es cómo hay gente que prescinde de Internet, no lo entiendo...

Me encanta provocar tu envidia,CARLOS,la insana por supuesto, la otra no me interesa. Gracias. Y besos.

Es verdad, JOSEP, con el tiempo uno llega a la conclusión de que la distancia corta es la única posible. Se desdibuja un poco el todo, pero es la única posible. A lo que yo soy le ha encantado recibir ese beso, informa. Y a mí también.

Jeje, esos disgustos para bien molan mucho, CASILDA. Besote.

moreiras dijo...

Precioso homenaje a M., y una delicia de relato antetodo, como dicen por ahí.

Bárbara dijo...

Gracias, MOREIRAS, M. lo merece.

Anónimo dijo...

Hoy me he llevado una grata sorpresa, soy el amigo del cafe de M y me han dado una direccion, mi sorpresa es ver como una amiga suya describe perfectamente, a M solo te ha hecho falta decir un par de cosas lo que no tiene M de estatura, lo tiene de alma y de corazon, y su fuerza para luchar va mas alla, del dolor humano, por lo demas el dialogo perfecto y sencillo, gracias por que M tiene amigas como tu.

Efrén dijo...

Por un momento estaba en la mesa con M y con B. Camarera, otra copa...