martes, 13 de abril de 2010

Una habilidad innata

Poseo una habilidad innata, desmañada, desabrida, hosca, desidiosa, negligente pero certera para meter la pata, así como quien no quiere la cosa, con la mejor de las intenciones.
Recuerdo cuando andábamos a la caza de piso, y me topé con el único vendedor que no era un cretino de pelo engominado, de ésos que llevan zapatos de chúpame la punta y ajustado traje de rayitas. Le repetí mi sueño en forma de ladrillo:
- Ático, más de 100 metros, el barrio nos da igual. Siempre que no sea Campanar. Cualquier barrio menos Campanar. Odio Campanar- dije con un énfasis que no he puesto en nada en mi vida, ni en el trabajo, ni en los estudios, ni siquiera en el sexo.
Y por la cara que puso, supe, antes de haber completado la frase, que él vivía en Campanar, que él era de Campanar, que sus raíces con aquel barrio le unían con vigor a la tierra.
- Además de ser de allí, tengo dos pisos en el barrio, como inversión. Es un barrio en expansión- dijo encogiéndose de hombros, como disculpándose.
Qué majo era.
- Es un gran barrio, es sólo que tuve un novio de Campanar y aquella historia me trae tan malos recuerdos...
Excusa idiota donde las haya. Claro que si llego a profundizar, seguro que aquel novio resultaba ser su hermano.
Pero así hiero yo, de forma gratuita e imbécil, al menor descuido.
El otro día volvió a suceder. Quedé con Olga para tomar café. Compañera de correrías a los quince, rubia, de labios carnosos, divertida, locuela, de vida desbocada pero señorona, Olga se casó con un griego en Berlín, tuvo dos hijos, se separó y se volvió para España donde se volvió a casar.
- Mi hijo le dijo el otro día a Víctor que con un padre muerto era suficiente…
- ¿Cómo que un padre muerto?- inquirí.
- Ah, pero ¿no te lo he contado?, resulta que hace un par de semanas, mi ex salió a cenar con una amiga, se puso contento y ya en casa, en plena faena, le da un ataque al corazón y cae fulminado.
- ¡No jodas! exclamo festiva, jovial, dicharachera mientras se me escapa una risilla incontenible, como si acabara de contarme un chiste picante, ese que está un griego follando y va y la palma…
Un drama para sus dos hijos. Era un buen padre. Ellos lo querían. De hecho preparaba un viaje para pasar unos días con ellos. Olga les contó que no sufrió, que se fue dulcemente, omitió los detalles escabrosos, la nariz rota, el charco de sangre que provocó el brusco desplome. Y yo sin lograr borrar del todo esa sonrisilla de gilipollas psicopática.
- Para colmo- continúa su relato- voy a Berlín con los niños para decidir con mi cuñado qué hacer con el cadáver, si llevarlo a Grecia o incinerarlo en Alemania y el muy cretino ni siquiera me deja entrar al piso a recoger las cosas de los niños. Y lo peor de todo es que, como todas las propiedades de mi ex estaban a su nombre, ha dejado a los niños sin herencia. El muy hijoputa ha preferido regalarle el negocio al empleado, un negocio del que yo sigo pagando las deudas. Tengo la mandíbula encajada desde entonces. Sueño que lo mato de todas las maneras posibles, que lo atropello, que lo enveneno, que lo estrangulo. Hasta he hablado con un matón para que le dé un susto. ¿Un susto?, me ha dicho, ya que te pones, mejor déjalo seco, que lo mismo que van, las palizas vuelven… Porque no tengo tanta pasta que si no…
A estas alturas, más que asentir, cabeceo con violencia, tremendamente seria, completamente solidarizada con la injusticia perpetrada contra sus hijos. Y para compensar mi reciente insensibilidad, hasta me planteo que el asesinato por encargo es la única solución posible y a punto estoy de prometerle que yo misma iré a Grecia en el primer avisón que salga para liquidar al cuñado y ahorrarle la abusiva tarifa del sicario.
Ni siquiera se me ocurre hacerla recapacitar.

Pero no acaba ahí la cosa. Cuando uno está en racha no puede parar, y empalma unos balones con otros, sin dejar siquiera que boten en el suelo.
Olga ha quedado con una amiga suya que hace por lo menos quince años que yo no veía. Entra en la cafetería con una chiquita que se mete directamente en el baño.
- Bárbara, ¡cuánto tiempo! estás igual, me dice.
Dos besos.
- Tú también, Clara. ¿Es tu hija?- pregunto con cariño, por parecer cortés, segura de que es su hija.
- ¿Mi hija?, ¿la que ha entrado en el baño? No, no, es una amiga. Si tiene 27 años…
Y sí, cuando vuelve del baño, ya no me parece que la chiquita tenga 13. Estaba convencida. ¿Mi hija?- no cesa de rumiar Clara. Si es matemáticamente imposible- añade, completamente hundida-. Contemplando ahora esos labios falsamente abultados, esos pechos artificialmente ingrávidos, comprendo que mi frase la ha herido como el más afilado de los puñales. Y no ceso ya de deshacerme en alabanzas compulsivas:
- Oye, pues estás superguapa, ¿eh?, se te ve realmente bien.
-¿Sí? vengo del médico para que me prorrogue la baja por depresión.
Y ahora que me fijo de nuevo, va de negro, sin pintar, la larga melena desmañada y tiene unas profundas ojeras.
- Es que Clara se está divorciando- me cuenta Olga. Ahora nos vamos al juzgado.
Lo dicho, una habilidad innata.

19 comentarios:

Jesse Custer dijo...

Y es que hay días donde es mejor quedarse en casa aunque no haya nada que hacer. Muy bueno, y, por cierto, ¿eres de Valencia o solo me lo ha parecido?.

Reyes Uve dijo...

No seas tan dura contigo , eso nos ha pasado a todos.
Yo le pregunté hace poco a una profesora por su madre y me dijo" Mi madre ha muerto " .
Me quedé mal , claro, cómo iba yo a saber que su madre había muerto .
...
La gente también mete la pata ,incluso gente educada , jaja ,protocolariamente educada.
Una azafata me dijo una vez , en uno de mis viajes a Tenerife, que de cúanto estaba;
yo llevaba a la niña en brazos , que era un bebé, y la tía creía por mis dimensiones postparto, sólo equiparables a una elefanta hindú , que estaba preñada otra vez.
La miré con asombro y le dije "Cómo?" .
Entonces se dio cuenta y se disculpó .
Yo la hubiera matado ,pero por otra parte , yo q sé, quiso ser amable y le salió el tiro por la culata ; porque ni siquiera era mi amiga .
Con las amigas a cierta edad es facilísimo meter la pata .
Así que ego te absolvo.

Pedro Herrero dijo...

Meter la pata es salirse del guión establecido. Aunque de común nos comportamos como si no tuviéramos guión y nos parece que actuamos con entera libertad. Pero el guión existe, en forma de cortesía, de urbanidad, de discreción, de condescendencia. Cuando las meteduras de pata son espontáneas se disculpan con relativa facilidad. Pero cuando son premeditadas no suelen tener perdón. Te cuento que yo, cuando tengo invitados en casa y hay suficiente confianza, después de comer me retiro a echar la siesta y los dejo hablando tranquilamente en el comedor. Luego bajo y, si todavía no se han marchado, puede que tome un café con ellos. A pesar de ello, tienen la mala costumbre de volver a comer en mi casa. Hay gente que no sabe comportarse.

Bárbara, como siempre, es un placer leerte. Un abrazo.

Carlos J. Galán dijo...

Es una costumbre fantástica lo de reirse de uno mismo y sus patosidades... Yo, que también soy experto en lo segundo -te supero, seguro-, practico mucho lo primero, porque si no...

De todos modos, creo que casi cualquiera podría hacer un listado parecido al tuyo. Todos en algún momento hubiéramos querido que nos tragara la tierra. Y, además, intentar arreglarlo es casi siempre peor, ¿no?

BB dijo...

Metemos la pata, decimos lo inadecuado, una y otra vez. Y si tratamos de enmendarlo, la regamos, la empeoramos. Es penoso...
Yo, me he inclinado a dar un pésame y me he puesto tan fatal, que me he oído decir: te felicito...
Bienvenida al club.
Un abrazo
BB

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Jo, ¡un griego en Berlín! Esos dos churumbeles, a buen seguro serían de queso fundido o similar. Y encima, el tío, cuando estaba encima la palma cuando la tiene aún empalmá; la vida y la muerte, dos cosas para la risa. Eso si es una eutanasia con todas las de la ley, y lo demás cuentos. Y ésa debería de ser su forma: bien duchao/a y con los dientes resplandecientes a la habitación del buen morir donde te esperase un chorvo o una chorva, de piel o plástico, dependiendo de si vas por la Seg. Soc. o por libre y the end; quiero decir, en V.O.

Creo que en el caso que nos narras, es más gilipollesco no tener esa sonrisilla de gilipollas psicopática.

(Vaya, vaya, Bárbara, que me da que diste con mi primo el de Campanar, el de los pisos de a cien… y mira que me costó convencerle de que siguiese mi exquisito look…).

Me gusta tu habilidad innata… que soy un fan, ¡vaya!

Saludos postsanvicentinos.

Isabel dijo...

La salud que tienes, hija, porque esa forma de reirte de ti misma es genial. Da vida y nos das vida.
Y qué decir de la foto...

Abrazos, los míos no te abarcan, me los cortaron en mis meteduras.

Casilda dijo...

Me he reido muchisimo, soy de las tuyas , que muchas veces he pensado que cuantos disgustos me hubiera ahorrado de haber nacido muda ...
Un beso solidario

Lucía dijo...

Bárbara,no eres la única a la que pasan estas cosas.
Pero sí que es cierto, qué a veces la situación es tan embarazosa, qué dices: tierra tragame!; pero como la tierra no te traga, lo mejor es no intentar arreglarlo, porque sino, si que metes la pata hasta el fondo, fondo...

Besos guapa

NáN dijo...

Pues hija, yo, aunque te han salido competidores, por el momento te nomino. Otras cosa es que reírte de ti te absuelva, pero peligrosilla te veo.

Al fin y al cabo, por suerte nadie se acuerda de las cosas estupendas que hizo, sino de las pifias.

Propongo a todos los metepatistas que cuenten experiencias. Mi compañera me supera, así que cuento una de ella. Mi madre ha muerto a las 3 de la madrugada. A la 6 somos ya casi 20 personas, reunidas en la cocina porque alguien ha hecho caldo. Cuando lo prueba, suelta el cliché: "Mmmm, esto resucita a un muerto". Pues mira, nos echamos una risas, pero ella no sabía dónde meterse.

strongboli dijo...

Jajajaja!! Bueno, tampoco hay para tanto, Bárbara. ¿Y lo que te ríes luego al pensarlo?
Yo también soy hábil en eso, y que dure.
Petons.

BB dijo...

Habiendo estado en España infinidad de veces, habiéndola rcorrido en todas las direcciones,
y amándola como la amo, me pasó ésto que aún me angustia: en una fiesta, acierto a encontarmrme con una vieja amiga de mi madre, a quien no veía desde hacía muchísimos años y además sabía que hubo un disgusto entre ambas, superado ya, pero...Yo corrí a saludarla y quise ser la más simpática de las personas al relatarle mi adoración por su tierra, las veces que había estado
y que en todas esas visitas, me había enamorado de Todos,absolutamente de Todos los lugares, grandes ciudades, pueblitos remotos, de cada sitio, menos...y allí solté el nombre del UNICO pueblo que no me había gustado, el UNICO... -Esa es mi tierra-, me dice la señora, con puñales en los ojos. ¿Cómo arreglar esto?... Han visto alguna vez hacerse el Hara-Kiri en público?...
Besos
BB

Jaht dijo...

Veo que entre tus muchas virtudes está la de no ser diplomática. No obstante estoy seguro que otras veces aciertas y consigues instalar un cálido rincón de sol en las heladas antesalas de la rutinaria vida de los otros.
Saludos.

Bárbara dijo...

Siempre hay algo que hacer, JESSE. De Valencia city, oh yeah. ¿Somos vecinos?

Jeje, REYES, a mí lo del embarazo también me pasó, en una boda, y eso que creía que el vestido de corte imperio que llevaba me estilizaba. Gracias por la absolución. ;)

Genial, PEDRO, entre ese arroz caldoso, y que permites que tus invitados vegeten sin remordimientos después de comer, te van a dar el título de anfitrión perfecto. Otro abrazo.

Desde luego, CARLOS, grandes cagadas uninversales lo confirman. Retirada a tiempo o pegarse la lengua al culo son mejores alternativas ;)

Jaja, bueno, si era del Opus no es tan grave lo de la felicitación, BB. Lo otro sí, el amor al terruño no hay confesión que se lo salte.

Sí, sí, MUYSEÑORESMÍOS, pero hay cosas de las que sólo puede abrir la veda para reirse uno mismo, como lo del griego. Al revés, mosquea. Menos mal que mi amiga no es rencorosa. ¿Saludos? Ya te encargaré unos kilos.

Bárbara dijo...

ISABEL, de salud, por ahora bien, siempre y cuando no me regalen la paliza por encargo que me ando buscando.
Otro abrazo "tronca".

Pues no creas, CASILDA, que mi cuñado es sordomudo y es el que más grita, por no hablar de los líos en que se mete. Besitos.

Es verdad, LUCÍA, la tierra siempre se abre cuando y por donde no debe. Besote.

Jajaja, NÁN, pobre L. Yo tengo una de mi madrina: estaba hablando con una conocida en la calle cuando de lejos ve venir a una vecina del barrio y le comenta a la otra: háblame, háblame, que por ahí viene una loca superpesada. La otra se gira y le dice: es mi hermana y tiene esquizofrenia. Lo peor es que mi madrina se tiraba de los pelos porque así juntas, dice que eran como dos gotas de agua.

Sí, STRONG, no sé por qué pero te imagino muy así. Con la mejor de las intenciones, claro. Petons.

Olvidé cargar unos besos en el barco, BB.

Desde luego que no serviría para diplomática, JAHT. Supongo que lo de acertar a veces entra dentro de la estadística. Un abrazo.

Jesse Custer dijo...

Hey Bárbara, vecinos por completo.

Josep dijo...

Mete la pata el cerezo, floreciendo alegremente a cuatro grados bajo cero –ayer mismo-; mete afortunadamente la pata el poeta cuando dice mesa y quería decir tristeza; mete la pata nuestro Ministro del Interior (en un país tan pequeño casi todo es interior; nuestro Ministerio de Exteriores debería llamarse de Alrededores); cuando habla de delincuencia juvenil -hace un par de días-; mete la pata el perro cuando se caga debajo de mi zapato; meto la pata yo al llegar tarde a nuestra cita en esta esquinita.com.blog.es….
Un beso Bárbara.

Bárbara dijo...

Vecinos de Valencia, como concursantes del 1,2,3, JESSE.

JOSEP, tú nunca llegas tarde, tonto. un besito.

Jesse Custer dijo...

Lo del 1,2,3 me pilló muy jóven, inconvenientes de la generación x