jueves, 11 de febrero de 2010

Mi rumbita pa tu boquita

Hace unas semanas, en la cafetería donde habitualmente desayuno, me llegó un mensaje por bluetooth y sin querer le dí a la tecla de aceptar. Estaba cotorreando con dos madres, que si a los niños hay que ponerles límites, que si es importante que aprendan a dormir solos, que si desea aceptar. Sí, acepto. Apareció un pene tamaño XXL en mi pantalla. “Mi rumbita pa tu boquita” se titulaba el mensaje. Con cierta culpabilidad por aceptar así a la ligera pollas extrañas, se lo enseñé a mis contertulias. Asombradas, nos reímos, y miramos alrededor, mientras yo borraba rauda el mensaje, con la puntita del pulgar, no fuera a manchar mi libreta de direcciones, a eyacular sobre gente tan respetable como algún exjefe, o algún insigne profesor del CEU (lástima que lo borré porque si no hubiera colgado la foto para ilustrar la entrada).
Pensé en este marketing agresivo con el que a diario nos emulsionan. ¿Realmente funciona con alguien? Me vinieron a la cabeza mensajes politiciarios: el acontecimiento del milenio va a suceder a ambos lados del Atlántico, (versión actualizada pero igual de etílica de: el mileniarismo va a llegarrrllll, de Arrabal) o aquella niña, aquella niña triste y azul de Rajoy. Pensé en afirmaciones del tipo: hay muchos extranjeros cobrando el paro mientras los españoles se ven obligados a buscar trabajo fuera.
Mensajes que vienen a ser mi rumbita pa tu boquita. Eslóganes burdos, campañas agresivas y zafias, obscenos genitales que quieren introducir en nuestras bocas.
El caso es que sólo había un par de tipos en la cafetería y a ninguno parecía cuadrarle el subtítulo de mi rumbita pa tu boquita. Ninguno de los dos observaba nuestra reacción, ninguno parecía tener el perfil de quiero compartir con el mundo los pasitos guaracheros de mi cipote. Pero yo sospeché, porque la sospecha es la base de la imaginación, del de gafas y perilla que estaba excesivamente concentrado en su café con leche, y ni siquiera había alzado la vista.
Ahí quedó todo.

Hoy tomaba de nuevo café cuando lo he visto pasar a través de la cristalera. Él ha detectado nuestra presencia por el rabillo del ojo, y de pronto ha variado su rumbo rumbero y ha entrado en la cafetería. Nuestras miradas se han cruzado un instante y me he dicho, regocijada: ajá, te cacé, a ti y a tu rumbita. El cazador cazado, he pensado. Luego he recapacitado. Una de las reglas publicitarias es que la publicidad creativa no tiene por qué ser efectiva, y viceversa, un anuncio cutre puede ser tremendamente efectivo. A veces sucede que el mensaje canibaliza la marca, el anuncio es tan bueno que nadie recuerda la marca porque acaba devorada. Y otras, justamente al revés. En este caso, la marca estaba ya estampada por todo el local. Y él sabía que yo sabía que se trataba de su marca.
Ya no me he atrevido a apartar los ojos de mi compañera, convencida de que el anunciado mileniarismo había llegado.

19 comentarios:

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Jajajajaja..... me afeitaré la perilla y usaré lentillas.

Un beso, imaginativa criatura.

Martí dijo...

Ya sabes que no hay que fiarse de las apariencias, mira que le ha sucedido al embajador árabe, al levantar el velo se encontró con la mujer barbuda y ha decidido anular la boda. Donde menos lo esperas salta la liebre (o una novelista)

Vicent dijo...

Al tema, la rumbita era "bailable" o no? :.)

Pedro Herrero dijo...

Supongo que no podemos oponernos al progreso. El lenguaje de los pañuelos y los abanicos, entre las damas y los caballeros del siglo XIX, podía parecer cursi pero era discreto y elegante. Hoy en día nos invaden los spam y los bluetooth, cuya peor cualidad no es la ordinariez sino el anonimato. Y tal vez en el futuro lleguemos a comunicarnos mentalmente, a base de ondas cerebrales, sin instrumentos extraños ni códigos secretos. Será entonces cuando se te acercará alguien y te dirá: encantado de conocerte. Y tú le podrás responder: sí, ya me he dado cuenta, pero no te hagas ilusiones, so memo. Un abrazo, Bárbara.

Jaht dijo...

Yo también me pregunto si esas campañas acosadoras son efectivas. Supongo que sí porque de no ser así, ni las mantendrían, ni repetirían constantemente el modelo.
Eso habla bastante del pobre concepto que tienen de nosotros los vendedores, y a mí eso me molesta.
Si cuando vamos a comprar dejáramos claro que esas marcas que se publicitan, dándonos a cualquier hora y de cualquier forma la castaña, no nos interesan lo más mínimo; que aborrecemos a quienes nos quieren taladrar el cerebro; que aparecer en anuncios televisivos es sinónimo de falta de interés por el producto; dejarían de meterse con nosotros.

Y respecto a lo del índice con pelotas, está claro que desde Cyrano para acá se ha empobrecido muchísimo la lírica amatoria.
Saludos

El Dios vitaminado dijo...

Alguien dijo en su día que el 50% del presupuesto que destinaba a publicidad era rentable pero que no sabía qué parte de ese 50% lo era.

El problema no es la comunicación, no es el 'aceptar' de tu bluetooth, sino dar con el 'target' que sí está dispuesto a "rumbear en tu boquita".

El tipo de gafas y perilla sólo quería saber qué parte de su inversión era la buena. Tú has sabido cuál no era. ;)

Al fin y al cabo, todo es cuestión de necesidades. De que alguien venda lo que tú quieres comprar. De que alguien diga lo que tú quieres oír.

Yo me he comprado unos buenos tapones, de esos tan profundos que casi te aislan hasta de tu propia voz. Así acabo con el 'ruido' aunque, también, con el que lleva mi nombre y apellido. Y es que no se puede tener todo.

Saludos vitaminados.

Josep Vilaplana dijo...

Llevaba cinco días merodeando por los alrededores del bar. Dos carajillos de anís, una tila y medio bocadillo de calamares necesité para armarme del valor suficiente para decidirme a entrar. Era ella y ese era el momento. Justo cuando cruzaba la calle vi entrar al de la perilla (ya hablaremos Muy Señores Nuestros…) y supe, de esa forma en que se saben las cosas que ignoramos, que todo estaba perdido. Antes de hundirme en un desespero XXL, aun pude ver el destello de unas risas (el problema no es lo que te quieren vender, el verdadero problema es la alitosis de los casi infinitos vendedores azotando nuestras sufridas narices; y es que no es la polla, pobre polla, la que nos invade, nos incordia, nos engaña y nos ensucia la agenda, es el idiota que está detrás de la polla, el que anda pegado a ella como si de la sexta maravilla se tratase.

Casilda dijo...

Buenisimo, me gustaria saber que pasa por la cabecita del de la perilla, o eta muy solo o esta muy tonto.
La foto que pones es genial ¡¡que miedo esas boquitas , tenias que habersela mandado como respuesta .
Un abrazo

mi nombre es alma dijo...

Y es que la publicidad, en un sentido o en otro, siempre engaña, y en un sentido o en otro, siempre somos engañados.

Un abrazo

jesus vera dijo...

.. Hola Bárbara .. como siempre tus aventuras surgen hasta en el lugar menos pensado ,, y como siempre ,, tu les das buen cauce ..

.. nunca se imaginaría el tipo de las gafas ,, que lo incluirías en una de tus famosas entradas ... Saludos.

Raúl dijo...

¿Tan, tan grande era su rumbita? Sonrío. Dime de que presumes y...

NáN dijo...

¡Qué bueno! Juegas con una anécdota, que no pasaría de ser una zafiedad de un exhibicionista (hay tratados gordísimos sobre el tema y sus motivaciones; además de una cadena infinita de chistes poco graciosos) y lo conviertes en un disparo a uno de los centros de esta bola que es el Sistema. Y que se caracteriza porque el centro no está en ninguna parte.

Siempre he pensado que cada grupo de los que sirven al Sistema y, a cambio, se llevan una parte jugosa de la tarta, cumple dos misiones. La propia del gremio y la autónoma. Todo agente del sistema financiero, por ejemplo, y tenga el grado que tenga en la larga escalera jerárquica, actúa en el asunto de mover el dinero, que es lo propio: pero su misión autónoma, aunque no lo reonozca, es ser un propagandista del neoliberalismo y la no regulación de los mercados.

Los publicistas, esto se ve muy bien en la serie Mad Men, hacen lo que les es propio: vender productos, ideas, etc. Y luego, todos ellos, lo sepan o no lo sepan, trabajan para la misión autónoma: reconvertirnos a todos en gilipollas, a base de acostumbrar el cerebro a pequeños mensajes. Que no tienen nada donde rascar, a diferencia de los aforismos (he hecho esta comparación por la brevedad del mensaje).

Comparados con ellos, tu exhibicionista tímido, que no puede ni siquiera abrir la gabardina del Bluetooth, me parece el más inocente, por patético, de esta historia. Tan bien contada, por cierto.

strongboli dijo...

Qué virguero, hacerse la foto de su cimbel allí mismo, sin que nadie se entere... Es normal, cuando uno está orgulloso de algo propio tiene que mostrarlo al mundo.
P-toons.

Bárbara dijo...

Otro beso, rumbero ;) Me alegra hacerte sonreír, MUYSEÑORESMÍOS.

MARTÍ, lo bueno es que aquí, no había mucho que levantar, estaba todo a la vista y bien levantado. Y que no te den gato por liebre, miau, digo ays.

Nada bailable, VICENT, parecía tener aptitudes físicas, no lo niego, pero no tenía ritmo ni ná.

Jaja, PEDRO, espero que no llegue ese momento porque yo a veces pienso cosas horribles de los desconocidos que me cruzo. El impúdico anonimato es un asco, también en los blogs, en forma de troll, pero tiene cosas positivas, permite atisbar por el agujerito del alma humana (y saciar el morbo). Otro abrazo para ti.

Malos tiempos para la lírica, amatoria y de cualquier tipo. Yo observo, JATH, que hay una cierta mediocridad en la elección del producto, una desconfianza hacia aquello demasiado bueno o demasiado malo. Triunfa lo mediocre. La rumbita pa tu boquita podría ser como el Axe en publicidad, tan zafio, tan evidente que hasta tiene su gracia.

Bárbara dijo...

Es lo que tienen los tapones, DIOS VITAMINADO, que nos aislan hasta de nosotros mismos. Por otra parte, nada como desaparecer para empezar a ser, así es que no hay de qué preocuparse.
Lo gracioso de este caso es que la publicidad se lanzaba al aire (igual que la convencional) que lo mismo me mandaba el mensaje a mí como podía mandárselo a una señora de setenta años o a un tiarrón de metro ochenta. Tal vez parte del morbo lo encontraba ahí. Por cierto, ¿cuándo me vas a lanzar una campaña para que pueda visitar tu blog?

Jeje, JOSEP, los calamares dan un poquito de valor, pero todo el mundo sabe que para conseguir el empuje suficiente, hay que acompañarlos de unas bravas, bien picantes.
Es cierto, son los idiotas escondidos tras la pollas los que dan grima. En este caso además, habría que ver si la polla se correpondía con el idiota, igual era una usurpación de miembro con fines publicitarios, muy habitual en nuestros días. Y sí, definitivamente, tenía alitosis, seguramente por haberse comido las bravas. Un beso, sol.

CASILDA, y se puede estar muy solo y muy tonto, y además no ser capaz de relacionar ambas cosas. La foto mola, es de Diane Airbus. Un abrazo, guapa.

Sí, ALMA, es la base, cierto engaño. Claro que eso bien podría extenderse a las relaciones en general, uno siempre intenta vender la que cree es la mejor imagen de sí mismo. Un abrazo.

Hola, JESÚS, yo también me he regocijado pensando que el tipo ni imagina que sale en mi post, ha sido como contrarrestar su vida paralela con la mía. Besos.

Grande, grande, RAÚL, aunque todo es comparable, claro está. Y supongo que sí pero no me quedé a comprobarlo...

jajaja, NÁN, bueno lo que haces tú, de un post puramente anecdótico sacarte un gran comentario. Qué claridad en la explicación, misión gremial y autónoma, claro que sí, así es mucho más fácil entenderlo todo, más triste pero más fácil.
Te dire que, últimamente, no paro de cruzarme con el exhibicionista tímido (suponiendo que sea él) en la parada de autobús, en la frutería, en todas partes. Y aunque me da mucha vergüenza, tanto autónoma como gremial, lo cierto es que no me cae mal el tipo... tal vez porque mi parte despiadada ya se encarga de despellejarlo por aquí..

No creo, STRONG, que se hiciera la foto allí mismo, junto al mostrador de los cruasanes y las ensaimadas, seguramente la llevaba en el móvil y cuando detectaba algún bluetooth con su periscopio, lanzaba su torpedo.
Petons.

Gemma dijo...

A mí los que me dan la tabarra pero bien dada son los de ¡¡¡Jazztoyaquí!!!!
(En cualquier caso, coincido contigo en que esa estrategia de tabarrear al personal resulta absolutamente disuasoria).
Un beso

Sombras Chinescas dijo...

Doy fe de que el bluetooth puede llegar más lejos que el atrevimiento del dueño.Lo constaté una vez que perdí el móvil. Se me había caído dentro del coche, pero lo veía desde el portátil, situado a más de 50m.

En todo caso, puede que el rumbero estuviera en el piso de arriba, o en la charcutería de al lado, y el pobre tipo de la perilla convencido de que había ligado contigo.

Saludos.

Bárbara dijo...

¿quiénes son esos del Jazztoyaquí, GEMMA? te cambio un rumbita pa mi boquita por un jazztoyaquí, por probar...

Cosas absurdas de la tecnología, SOMBRAS. Es cierto, pero algo me dice que era el de la perilla, intuición femenina. Y no te lo vas a creer pero el negocio que hay al lado de la cafetería es justamnte... una charcutería! ¿lo has visto también desde tu móvil?

Sombras Chinescas dijo...

Lo has adivinado, Bárbara, el móvil es un ojo del Gran Hermano que llevamos a todos lados. Me apropio de la idea para escribir un cuento (lo que no es biografía es plagio).

Saludos.