viernes, 15 de enero de 2010

Preguntas

Mi amigo Sergi hace estas cosas. Un beso, Sergi!

¿Estoy trabajando en mi novela cuando huyo de ella, cuando corro todo lo que puedo para escapar a ese vacío que trata de absorberme para perder su nombre? ¿Cuando antepongo cualquier tarea insignificante a la que bautizo de urgente?
¿Cuando el remordimiento me cosquillea las puntas de los pies mientras me ronronea al oído su conocida letanía y yo me limito a bailar al son del aburrimiento, de forma sincopada para colmo? ¿Cuando me siento culpable, y ya no sólo por costumbre?

¿Pienso aunque sea de forma oblicua en mis personajes cuando amontono desprecios en los suburbios del ventrículo, cuando disecciono sonrisas, cuando archivo temperamentos por orden alfabético, siguiendo el sistema de clasificación decimal universal?
¿Cuando me asomo por el blogomundi a devorar unas cuantas letras, y comparo, comparo, comparo, comparo, hasta que nada quiere decir nada?
¿Estoy trabajando en mi historia, como una espía infiltrada en la mantequillosa realidad?

¿Es capaz el tiempo por sí mismo de ordenar capítulos, de buscar soluciones narrativas y hasta estilísticas por su cuenta y riesgo, y sólo en el ultimo momento, chivármelas al oído para que yo simplemente haga de corrido las modificaciones pertinentes, cual secretaria diligente? Me gusta eso: soy la secretaria diligente del tiempo. El Dios tiempo deja resbalar su mirada distraída sobre mis piernas entaconadas mientras me dicta sus cartas desafectadamente. Nunca he tenido buenas piernas. Y, peor aún, de taquigrafía no sé una patata. Claro que la taquigrafía es justamente una forma de burlar al tiempo, de esquivarlo, de atajarlo, de comprimirlo, de aniquilarlo por los bordes. Por lo que se adivina una palpable contradicción en mi profesión de secretaria del tiempo.


Y aun así, creo que todo ese lapso de tiempo desde que se empieza hasta que se acaba una novela cabe dentro de una novela. Aunque no se vea a simple vista, queda impregnado en sus páginas el olor de aquellos calamares que te zampaste en el bar, quedan todos los pedacitos de uñas de pies que fueron creciendo, procaces, y cortaste con saña, toda la sangre derramada con indolencia y puntualidad mes a mes, toda la baba caída de cada siesta, todos los vídeos bajados del youtube, todos los sueños arañados al subconsciente, todos los trocitos de sesos crudos esparcidos por sus páginas. El Fuera de campo existe. El fuera de campo se ve. Todas las veces que huiste y caíste por ese agujero a donde van a parar todas las cosas inservibles. Llámalo novela.

P.D. La vaga ésta de los cojones ya está buscándose nuevas y rocambolescas excusas para seguir ejerciendo su actividad favorita: perrear. Por favor, no le riáis las gracias, ni la animéis en estos estúpidos posts, o no vamos a acabar nunca.

25 comentarios:

especies dijo...

Me da la sensación de que sí, que lo que se hace durante el tiempo que se está escribiendo la novela acaba cayendo dentro de ella, más o menos disimulado.

Araceli Esteves dijo...

Junot Díaz, autor de La maravillosa vida breve de Oscar Wao, premio Pulitzer 2008, dice en una entrevista en El Cultural: “Me llevó once años luchar contra el maldito libro, y cada día tenía ganas de rendirme. Pero no te das cuenta de que eres un artista porque hagas algo realmente bien. Lo haces porque cuando fracasas tienes algo dentro de ti –fortaleza, fe o quizá sólo locura– que logra que te recuperes. La mayoría de los artistas que conozco jamás, afortunadamente para ellos, se han enfrentado a un agujero de once años. Luchar contra ello durante ese período de tiempo es más duro de lo que parece. Y creo que si no hubiera sido por esa estúpida tenacidad de inmigrante caribeño que mi madre me inculcó, ¡Dios mío!, estoy seguro de que no hubiera sobrevivido.”

Es sólo un ejemplo, querida Bárbara, de que hay partos tan o más largos que el tuyo.La tenacidad es la clave.
Estás muy guapa en la foto.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Nada, no hago caso a tu recomendación del final, porque, de la misma manera que sé que nada que no se lleve dentro pueda aflorar, tambiém sé de esos miedos que llevan al miedo más inútil.

Lo que llevas, que es mucho y en competencia con el contenedor -eso por la foto- saldrá vaguees o no. Además, ¿no sabes aquello del "pensat y fet"? Pues no es ninguna broma.

No te preocupes por menudencias, que Bárbara es bárbara y yo un ramplón de tercera regional.

Besos.

BB dijo...

Y yo te digo: lánzate, no importa
cuan hondo sea ese agujero, lánzate, que será la única forma de vencerte.
Un beso, Bárbara, que créeme, lo eres.
BB

Gemma dijo...

Ay, Bárbara. Me encantó lo de la mantequillosa realidad. Una metáfora de lo más certera. Desesperarse forma parte del juego. Y que huyas, y que finjas regresar, y hasta que te desahogues aquí como haces.
Todo todito -como bien dices- es un estar preparándose para dar lo mejor de sí. Que seguro que será.
Un beso
PS: Tus amigos te sacan siempre fresca como una flor... ¿Qué más quieres? ;-)

Elvira dijo...

Uauuu!! Enhorabuena al fotógrafo y a la modelo. Fantástica composición.

Sí, todo eso forma parte de la novela, seguro.

Y un saludo al Pepito Grillo que escribe la postdata, jaja!

Cesar dijo...

Un placer tu visita. La fotografía es el castillo de Monterrey..¿te dice algo..?
Seguiré por aquí, si no te importa..

Canalla dijo...

¿Se puede escribir de otra forma? Lo de la cabaña impregnada del aroma de esencias resinosas déjalo para otros menos ocupados. Coquetea correteando tras la huella del aire. Y apuesta a un solo golpe de inspiración todo el parné. Un día, sin que la busques te andará buscando y, entonces sí, pare lo que lleve a exclamar: "¡vaya tía, tan dispersa que parecía!". Un beso.

NáN dijo...

Sí, mujer, por tu cara bonita te vamos a decir lo que quieres que te digamos.

Un libro exige mucha vagancia, tiempo propio, ¿alguien sabe lo que es el tiempo propio?, así que no me vengas con pamemas.

Prometo volver a darte un poco de jabón, porque la cosa promete. (estoy por firmar como Prometeo).

HellForger dijo...

Pues dicen que toda novela es "en cierta forma autobiográfica" así que bien puede ser cierto que todo eso que se hace durante la escritura termine allí aunque sea como semilla muy pequeña y la verdad no creo que se pueda escribir una novela solo por inspiración supongo que hay mucho trabajo y fuerza de voluntad aún aunque esos tiempos de "vagancia" tengan su propósito.

Isabel dijo...

Pues, a veces, perreando es como surgen las ideas o se aclaran.

El Rappel de Móstoles sur dijo...

Pronto una palmaria bisectriz, te va a ionizar, nuevas eras

Miguel Baquero dijo...

Siempre he oído que es un error de principiante, y yo lo he cometido, ay, muchas veces en mis intentos de escribir, querer meter "todo" en una novela. Siempre he oído que hay que saber discenir lo que verdaderamente importa al asunto novelístico, los materiales para construir una realidad paralela, y dejar a un lado todo aquello que puede parecernos precioso, pero que en realidad no interesa. Siempre he oído, y yo asi lo creo, que una novela no es un macuto donde quepa todo, y aunque es posible que, de algún modo, se impregné del olor de lo que ha sucedido en torno mientras se creaba, no hay que engolosinarse con ello y hay que dejarlos, como tú dices, fuera del campo.

Y es verdad que muchas veces cuesta muchísimo "ceñirse" al espacio delimitado por la ficción.

Y lo que también he oído es que hay que perseverar. Siempre. Volver atrás si se falla, intentar nuevos caminos, tomarse un tiempo para respirar si se está agobiando, pero siempre con la vista puesta en concluir. Un creador no es el que, de pronto, idea o el que inventa personajes o al que se le ocurren argumentos sobre la marcha; un creador es el que "hace" una obra, el que la concluye. Todo el mundo tiene ideas geniales, pero sólo unos pocos las "ponen por obra".

El caminante dijo...

ja ja
me ha hecho reír mucho tu perfil. Sobre todo tu última frase...
Las bolitas de los pies?...
Saludos desde Mérida, Yucatán. Y sigue produciendo.

NáN dijo...

Las mejores ideas se le ocurren al pensamiento inconsciente... de aquel que en estado consciente ha sabido centrarse, concentrarse, sacar fuera de su centro lo que no le pertenece.

No creo que sea necesario estar todo el tiempo con el raca-raca de la novela. (Quizás eso sea al principio, cuando la novela es una atmósfera de la que hay que impregnarse). Lo necesario es estar con ella el tiempo que se ha decidido estar con ella. Y ahí, en ese centro, los calamares se comen distraídamente, sin saber siquiera que se están comiendo calamares.

La fase del trabajo duro, mientras dura, no hay manera de ablandarla.

Digo, yo, que no sé nada. Por jorobiar un poco, vamos.

Vicent dijo...

Aquel que conozco algo más maravilloso que perrear que levante la manita...

Jaht dijo...

Yo no estoy por la historia del sufrimiento y los partos dolorosos. Cuando empieza a doler, en el tema de la creación artística, transmuta uno en masoquista, ¡y a disfrutar!.

Anónimo dijo...

Sólo a nivel cotilleo, estás muy guapa en la foto, pero no ¿estás bastante más delgada?

Abrazo

Josep Vilaplana dijo...

Hasta hace poco tenía un amigo de esos que llamamos de toda la vida; fue él y sólo él, como si de un Dante post bancario se tratase, el que me precipitó al infierno en el que me hallo por pura lascivia literaria (y gracias a Carlos, también por un poco de la otra, la de toda la vida). Una mala noche, por curiosidad y cansancio, pase del “Humor mío” al “Dame una tregua” y ese fue el principio del fin. Un respetable conductor de autobuses, de costumbres tranquilas, paciente y aparentemente equilibrado, envuelto en una convulsa nube en la que se mezclan la admiración con la envidia, la adicción con el placer, el cabreo con las nuevas tecnologías que nos infligen estas lejanas proximidades, con el agradecimiento a las nuevas tecnologías que nos permiten estas proximidades lejanas. En fin, que aquí me tienes Bárbara, a mi edad y con la cara sembrada de acné; a un paso del poema arrebatado y con mi querido escepticismo por los jodidos suelos. Con lo bien que me caía Pere Herrero.
Por cierto, la novela que intuyo, la que está escrita y espera en ese lugar que no es lugar alguno, esa precisa y diáfana novela, esa amalgama de luz, risas y miedo, no me cabe la menor duda que come pipas a la velocidad de un hámster

Bárbara dijo...

Espero que más disimulado que menos, ESPECIES, porque al final, el autor debería desaparecer, debe desaparecer.

Me encantó la maravillosa vida breve de Óscar Wao, ARACELI. Ese desagüe por donde se escurre todo resulta ser más bien un lugar estanco a donde va a parar todo ese tiempo perdido, como si preserváramos así nuestra memoria. (y diéramos el coñazo a los allegados de paso). Lo malo es que el esfuerzo no está directamente relacionado con la calidad. Haremos lo que podamos. Un abrazo, guapa.

Ramplón de tercera regional... si te doy un balonazo ahí donde más duele, MUYSEÑORESMÍOS. Todos llevamos grandes novelas en la cabeza, lo cansado es extirparlas. Yo me conformo con poder vomitar algo de cierta consistencia, manteniendo la dignidad. Besos.

Tienes razón, BB, al final la batalla se resume en eso, la lucha contra uno mismo. Lo difícil es ser vencedor y vencido al mismo tiempo, como en aquella película. Otro beso enorme para ti.

Cómo sufrimos GEMMA, y lo que nos gusta sufrir... Lo de lo mejor, ejem, ya veremos, en cualquier caso formará parte del proceso. Lo de los amigos es verdad, como es verdad que sólo mostramos lo bueno, las fotos horrorosas van directamente a la carpeta del cuarto oscuro. Besito.

Jeje, ELVIRA, Pepito Grillo se pone a sus pies. Transmitiré la enhorabuena al fotógrafo. Un abrazo.

Creo que ha habido un error, CÉSAR, porque no te había visitado. Pero ya lo hecho y ya he visto el castillo de Monterrey de paso. Saludos!

Como la encuentre yo a la inspiración esa, se va a enterar, CANALLA. Claro que siempre me pareció un poco casquivana, veleta y tan poco de fiar. Prefiero un matrimonio estable con la disciplina, aunque de vez en cuando ¿quién se resiste a echar una canita al aire con ella?
Dispersa, ahí me has dado. Beso.

Bárbara dijo...

NÁN, exige vagancia en el vivir pero no sé si en el escribir, que no deja de ser el reverso de vivir. Cuando veo a esos autores tan prolíficos, me digo: maldita sea, ¿cómo lo harán los muy...?
así que por jorobiar... Ahí está la cuestión: dejarse llevar o luchar por sujetar las pasiones, tener control sin perder la espontaneidad, trabajar la creatividad con horario de oficina. Cuanta contradicción, mecachis!

HELLFORGER, yo tampoco sé mucho de estas cosas, pero sí, supongo que hay que saber rentabilizar esa vagancia. No recuerdo qué poeta era el que estaba dejándose acariciar por el sol de su jardín cuando pasó un vecno y le dijo: ¿qué, don fulano, descansando? y el poeta respondió: no, trabajando. ¿Cómo se contabiliza el tiempo que uno dedica a pensar?

ISABEL, ya lo decía Chiquilicuatre, ese bastión espiritual: perrea, perrea. ¿pero no has oido a Pepito grillo? No la animes a perrear. Lo que sí la anima son tus visitas, sin duda.

RAPPEL, crecí con el superratón, así es que no tengo problemas con lo de ionizarme.

Ay, MIGUEL, ojalá uno sólo dudara de las fronteras y viera claro el territorio, ese espacio delimitado por la ficción al que ceñirse al que te refieres. Aunque he de decirte que yo peco más por defecto que por exceso, a mí me acojona más esa nada tan blanca y tan extensa sobre la que construir, me hago chiquita por momentos. Tú que tienes experiencia en esto, ¿es grave que llegue el momento en que uno ya sólo piensa en acabar, en escapar sea como sea y pasar a otra cosa?

Me alegra, CAMINANTE. Lo de la composición de las bolitas de los dedos de los pies es un pequeño misterio, supongo que es un compuesto de roña, de sudor (aunque una se lava, eh?), de la lanilla que sueltan los calcetines y de alguna materia misteriosa que les da esa consistencia de plastelina. En fin, siento lo escatológico. Un abrazo transoceánico.

VICENT, lo malo de perrear es hacerlo con culpa (qué tontería acabo de poner, siempre se perrea con culpa, sino ¿dónde está la gracia?. Lo otro es simplemente descansar. )

Es cierto, JATH, somos unos pervertidos. Mira que una rehuye de esa retorcida cultura católica para al final acabar flagelándose y hallando placer (innegable) en ello. Ay. ;)

Bueno, ANÓNIMO, las fotos son del otro día, así es que es cosa de la verticalidad y del fotógrafo que hace milagros. Ya colgaré otras en que es más patente mi horizontal carnosidad.

Me ha emocionado tu comentario, JOSEP, lascivia, adicción, envidia, es el fin, mmmmm, cómo me gusta.
Sólo las personas equilibradas son capaces de caer en estas cosas con elegancia y sin miedo, y además seguir conduciendo un autobús con mano firme. Tendré que agradecerle la conjunción a Pedro, sin duda.

Miguel Baquero dijo...

Gracias por responder a mi comentario.
No, yo no tengo mucha experiencia, pero tengo amigos que sí la tienen y a los que me gusta escuchar. A lo que me cuentas sólo se me ocurre decir que o bien te tomes un descanso sin remordimientos y vuelvas luego o bien le des de alguna manera un giro a lo que escribes para que te vuelva a parecer apasionante.

Ya sé que es un consejo obvio, pero comoquiera que sea no dejes que lo que has escrito languidezca y se apague

Bárbara dijo...

Gracias por responder???? no será al revés... Apostaré más por el giro porque lo del abandono aunque sea momentáneo es un lujo que no me quiero permitir. Un beso, Miguel.

Raúl dijo...

De acuerdo. No te reiré las gracias. Prometo sonreír solamente.

mi nombre es alma dijo...

¿Si no hicieras estas cosas, como podrías escribirla?.

Un abrazo