Observemos por ejemplo la envidia. Si es pequeña y de cualquier tono comprendido en la gama del verde oliva, no reviste peligro. Pero si es de color verde vejiga, conviene tratarla con fungicidas ya que, aunque nosotros no presentemos síntomas, podemos contagiarla a otros. Los grupos de riesgo -intelectuales, misses o cocineros con estrella Michelín- deben extremar las precauciones.
La compasión, siempre que sea de color carne y de perímetro estable, es del todo inocua. Pero si crece de forma desmedida, debe ser tratada ya que a la larga produce osteoporosis.
El rencor, normalmente de tono violáceo puede desarrollar unas pústulas amarillentas con el tiempo. Ya no se aconseja extirparlo a la primera de cambio ya que sus células B producen anticuerpos que nos protegen de enfermedades conocidas. Se recomienda hacer al menos una rencorografía al año ya que tiende a enquistarse.
La soberbia, si presenta un color amarillo intenso, atrofia los testículos y puede producir eyaculación precoz.
Observemos ahora el sentimiento navideño, ese humor rojo brillante, camuflado entre la sangre, que produce unos difusos deseos de paz para el mundo y de felicidad para los seres queridos y que circula por el organismo en determinados días del año.
Sus síntomas son notorios -ganas de pegarse atracones, de comprar compulsivamente y de enviar toneladas de sms de felicitación- pero, según un estudio patrocinado por la fundación Telefónica, no revisten gravedad alguna.
Es metabolizado por los riñones y el hígado, y se elimina de forma natural por la orina y las heces, junto con los restos de turrón, de pavo relleno, de gambas, de carabineros y de cava Freixenet.
¡Feliz navidad a todos!
¡Feliz navidad a todos!


