lunes, 30 de noviembre de 2009

Porno rousseauniano

La revolución debería empezar en el porno. Sí, porque no hay nada más casposo y machista que el porno que se consume hoy en día.
Necesitamos mujeres directoras. Se buscan Icíares Bollaínes, Isabeles Coixetes, Gracias Querejetas para dirigir películas porno aptas para todos los géneros.
Adolecemos de estrellas femeninas con carisma, que busquen con aplomo su destino, a lo John Wayne y no que se dejen llevar por él como cagallón por acequia, a lo Loretta Young.

En general detesto eso que llaman visión femenina o universo femenino en las manifestaciones culturales pero estoy harta de las pelis sólo aptas para supermachotes, de la supeditación del deseo femenino al masculino, de que nosotras seamos siempre las actrices secundarias, nunca las protagonistas del placer.
Que a pesar de tener una sonora excitación sostenida en pantalla, el climax no nos llegue nunca. De ser meros objetos y no sujetos.
En definitiva, de que el porno sea tan tremendamente rousseauniano.

Sucede como en los inicios del cine, cuando los papeles de negro los interpretaban actores blancos pintados con betún y hablando con el acento de la Mami: “zeñorita E´carlata”. También las mujeres son meras caricaturas de sí mismas en el porno.

Es ficción, lo sé, pero qué importante es la ficción en el imaginario colectivo, cómo modela nuestra realidad, y condiciona a su vez nuestras nuevas fantasías.

No hace falta ser mujer para crear productos verosímiles, que no realistas, para poner los ojos del deseo también en nosotras y no sobre nosotras. Bastaría con dejar de repetir ciertos clichés, dejar de querer ser siempre el delantero chupón y pasar el balón para que juguemos todos.

Gracias al Google (busques lo que busques en el Google siempre alguien llegó antes) descubro que algunas como
Erika Lust ya marcan goles en primera división.

martes, 24 de noviembre de 2009

Magia potable

Fantasía animada surgida de la cabeza de Muy señores míos, con permiso (tácito) de Parkeharrison

A menudo me siento como una impostora que realiza actividades fraudulentas con las palabras como moneda de cambio, una contrabandista que trata de pasar por la aduana de la realidad sus falsificaciones chinas de productos de marca. Una maga de tres al cuarto actuando en un tugurio de mala muerte.

Decía Naipaul que escribir es como practicar la prestidigitación. “Si te limitas a mencionar una silla, evocas un concepto vago. Si dices que está manchada de azafrán, de pronto la silla aparece, se vuelve visible”.

Hacer aparecer y desaparecer los objetos con la varita mágica de las palabras. Parece fácil, en eso consiste la magia, en que parezca fácil pero…

“A la larga me di cuenta de dónde estaba el problema: en lo que se ha llamado la invención de los rasgos circunstanciales, es decir, los datos precisos del lugar, la hora, los personajes, la ropa, los gestos, la puesta en escena propiamente dicha. Empezó a parecerme ridículo, infantil, ese detallismo de la fantasía, esas informaciones de cosas que en realidad no existen. Y sin rasgos circunstanciales no hay novela, o la hay abstracta y descarnada y no vale la pena”, seguía Naipaul.
A mí me ha dado vergüenza durante mucho tiempo. Porque todas esas cosas no existen. Porque te estoy engañando. He escrito pidiendo perdón desde las copas de mis árboles inventados, desde los picos inventados de los pájaros inventados, posados sobre las copas de esos árboles inventados, desde todas las épocas posibles, inventadas todas, incluida la actual, desde los nombres sonrojantes de mis personajes (eso es lo más vergonzoso, poner nombre a los personajes, hacer que tengan una afición desmedida por la sodomía, eso no…).

No recuerdo qué escritor ocultaba a sus hijos y a su entorno próximo que era escritor. Se escondía de ocho a cinco en un oscuro sótano alquilado para perfeccionar sus mentiras y se inventaba otra profesión, del tipo contable, porque le avergonzaba decir que era escritor.
Es difícil alcanzar la madurez suficiente como para entregarse a esos actos infantiles con total desvergüenza. Dedicarse a jugar con disciplina, como una forma responsable de ganarse la vida.

Ya hice un elogio de
la mentira y otro de la fantasía. Ahora me doy cuenta lo importante que son esos detalles aparentemente anodinos. Porque ellos conectan la mentira con la fantasía, situándolas en la misma longitud de onda.

Yo trabajé como ayudante de mago y bailarina de cabaret y mis jefes siempre me reñían: sonríe en el escenario, sonríe, la gente quiere ver alegría (y poca ropa, por descontado) y no esa cara de estreñida que pones. Pero a mí no me salía la sonrisa, cuando lo intentaba sólo germinaba una mueca falsa y gratuita, la mentira en estado puro. No entendía que de eso se trataba, que el público quería ser engañado.
Ahora soy capaz de decir la verdad mintiendo.

Mi hijo dice que hace magia potable (lo de magia potagia se ve que no tiene sentido para él, ¿acaso lo tiene para alguien?). Me encantó la frase y se la robé. Ahora, cuando escribo, intento hacer magia potable, espolvoreo mis polvos mágicos para hacer que aparezcan los objetos. Y sigo buscando alguna verdad en lo oscuro de una chistera, en el doble fondo de esa caja de ahí. Esa, la de color púrpura y cantos metálicos, ésa… no me hagas echarle azafrán…

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Dame sangre

Escribir pezón con miles de píxeles, escribir semen acuarelable, escribir Ipod, escribir menstruación con punta biselada, pulverizar sílabas moradas con spray grafitero sobre el espejo, violar la sintaxis, forzarla, como un juego sucio y excitante, placentero; hacer que se retuerza, las muñecas atadas con chicle Cheiw de fresa ácida, pasarle la lengua por la cara, que note tu barba de dos días que raspa como un adjetivo agudo, huérfano de sustantivo. Y salpicarlo todo de puntos, de movimientos entrecortados de violador convulso.
No me sale.
Esperar siempre en la última parada, ser post-postmoderno, postpoético en fin, creer en la física pop, tararear un fotograma de serie B, bailar filosofía figurativa, estar a la vez en los suburbios de las afueras y sentado en el váter de casa, correr en un videojuego futurista y al mismo tiempo esperar inmóvil en una sala de hospital.
A mí no me sale.
Me sabe a impostura, claro que el azúcar de Benedetti también. Todo movimiento hacia el exterior es impostura. Busco aquí dentro, entre el vacío tumultuoso… Y aunque nadie responde, sé que hay vida inteligente.
...
Dice Rosa Montero “Cuando una mujer escribe una novela protagonizada por una mujer, todo el mundo considera que está hablando sobre mujeres; mientras que cuando un hombre escribe una novela protagonizada por un hombre, todo el mundo considera que está hablando del género humano”. Pues sí. Hay evidencias que por sencillas que parezcan no dejan de ser clarividencias.
Y continúa: “Ya va siendo hora de que los lectores hombres se identifiquen con las protagonistas mujeres de la misma manera que nosotras nos hemos identificado durante siglos con los protagonistas masculinos que eran los únicos modelos literarios”.
Y dice más: “Un ejemplo: la menstruación. Resulta que las mujeres sangramos de modo aparatoso y a veces con dolor todos los meses, y resulta que esa función corporal tan espectacular y vociferante está directamente relacionada con la vida y con la muerte, con el paso del tiempo, con el misterio más impenetrable de la existencia. Pero esa realidad cotidiana, tan cargada de ingredientes simbólicos es sin embargo silenciada y olímpicamente ignorada en nuestra cultura. Si los hombres tuvieran el mes, la literatura universal estaría llena de metáforas de la sangre”.

martes, 10 de noviembre de 2009

Costumbre de quererte


Frente al vicio de olvidar que te quiero
la costumbre de quererte
que rebusco entre los pliegues dorados
de mi rutina ensombrecida
tras las transidas huellas del adolescente
que escapó al bombardeo del patio interior
que huyó hacia remotas ciudades dormidas,
de rosas blancas y distancias azules.

Busco esa costumbre antigua de quererte
en tus detalles, en tu suma
para volver a armarte distinto
siempre distinto
equidistante a ti
me alejo del deseo venenoso
que me crece dentro
impulsándome a escapar de mí
y de todo en lo que yo soy yo: tú.

Tras el vicio de olvidar que te quiero
una sola ciudad, un solo nombre
en el horizonte antiguo.

viernes, 6 de noviembre de 2009

La censura de Reig o cómo ningunear al público



A veces pensamos que hemos llegado a la cumbre de la montaña sólo porque tenemos unos prismáticos y la observamos desde la falda. A mí me pasa, me basta con apuntarme al gimnasio para creer que mis carnes ya se están poniendo duras como el acero cromado.
Con la censura sucede lo mismo, uno cree que ya se ha superado y sin embargo…
Han echado a Reig de Público, con sutileza eso sí. Le han indicado la puerta de salida, a mano derecha pasando por cultura, si antes quieres tomarte un café… no, gracias, ha respondido él, ya me lo tomo en algún sitio donde pueda opinar si lo quiero solo, cortado, con azúcar, con sacarina o con un chorrito de ron Cacique. El jefe de opinión ha arqueado la ceja izquierda con suspicacia al oír lo de Cacique pero no se ha atrevido a replicar por miedo a que Reig permaneciera ni un minuto más en la redacción.
Rafael Reig tiene lo que se dice tirón popular y era sin duda un reclamo del periódico.
Pero no ha servido de nada. A menudo nos creemos los lectores que somos importantes, que los periódicos se dirigen a nosotros, que con nuestra fidelidad podemos otorgar inmunidad a una firma, como la poción mágica a Astérix o la alianza de las civilizaciones a Zapatero.
Y un jamón. De nuevo ha quedado patente que hoy el público es visto como una masa fofa de la que sólo cabe una respuesta pasiva y despersonalizada. A pesar de que se ha sustituido la noción de “servicio público” por la muy tramposa del “interés general”.
Hoy las empresas periodísticas se creen empresas cualesquiera regidas por las leyes del libre mercado, y los empresarios consideran los medios como una propiedad exclusivamente suya, y la información como una mercancía más, como si vendieran muñecas hinchables o escobillas para el váter.
Se equivocan, claro. Es verdad que son empresas privadas pero comercian con un bien al que todo ciudadano tiene derecho (el art. 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce el derecho a la información que tiene todo persona) y eso las hace especiales. Pese a su privacidad tienen una responsabilidad social, se deben regir por unos principios que las guíen y que se comprometan a seguir.
Público acaba de pisotear estos principios como se pisotea un periódico atrasado que se usó para envolver un bocata de sardinas aceitosas. Un diario que aludía justamente al público, llenándosele la boca desde el título, se ha pasado a ese público por el forro.
Se defiende diciendo que es una empresa privada y que tiene derecho a tomar las decisiones que quiera. Le ha faltado decir, parafraseando a Groucho, que tiene unos principios y que si no nos gustan, tiene otros.
Triste, no por inusual desgraciadamente.
Pero en esta historia el mayor agraviado no es Reig sino su público. Y lo peor es que aún puede haber más. Puede que el escritor en su próxima columna en otro periódico (que la habrá) se sienta coaccionado por la experiencia sufrida y se lo piense dos veces antes de dejar fluir libremente su pensamiento. Espero que no sea así porque esa sería sin duda la peor de las censuras: la autocensura, la mordaza interna. El golpe definitivo.
Decía Sergio Pitol que un novelista es un escritor que oye voces, lo cual lo asemeja con un demente.
Queremos que ese maravilloso demente que es Reig siga oyendo voces dentro de su cabeza y que nos las siga trasmitiendo con toda fidelidad. Sin censura.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Querida Blancanieves



Querida Blancanieves,
Qué sorpresa encontrarte en el facebook. Estás igual, el mismo rubor en las mejillas, más guapa si cabe. El bosque sin embargo ha cambiado tanto desde que te fuiste, las madereras trajeron la alopecia a nuestras tierras, los bosques se llenaron de calvas, los árboles no cesan de caer, como cabellos tras una sesión de quimioterapia. Por no hablar de los pirómanos. El último resultó ser el yerno del alcalde que quería recalificar unos terrenos. Y el río, ese río en el que tantas veces admiraste tu belleza cristalina, baja hoy recubierto de una espuma de color óxido. Completamente mate. Es la espuma de los días que nos han tocado vivir, una doble metáfora del tiempo.
Todo parece más pequeño, será por el recuerdo que todo lo magnifica, será porque hemos crecido, también los enanos, será por el circo que hay aquí montado.
La mina la explota ahora una conocida empresa energética que hace unos anuncios preciosos donde aparecen ríos translúcidos y cascadas de plata y bosques con todas las gamas del verde. La misma que vierte a nuestro río su espuma marrón.
Los enanos se jubilaron anticipadamente. Primero decían que si tan pequeños y trabajando tantas horas evocaban las oscuras épocas de explotación infantil. Luego les empezaron a multar por todo, por no cumplir con la ley de prevención de riesgos laborales, por contravenir la normativa europea sobre espacios ambientales protegidos, por no llevar los libros de contabilidad al día.
Ahora trabajan subsaharianos y rumanos, contratados por una ETT, contratada por la conocida empresa a la que no parecen afectarle estas leyes, y que les paga una miseria y les obliga a hacer jornadas maratonianas.
Los enanos se apuntaron a talleres ocupacionales a distancia, (se negaban a abandonar su casita en el bosque) pero como los de la administración son como son, han mandado el material de tamaño estándar y no pueden usarlo.
A veces paso a verlos y recordamos los viejos tiempos. Y hablamos de ti.
Nosotras, las pocas que quedamos, nos reunimos una vez al año para nuestro famoso aquelarre, pero ya nada es igual, nos hemos convertido en personajes simpáticos, como los gremlins, más desde que se instauró en nuestro país esa fiesta americana llamada Halloween. Y es que hoy por hoy, cualquier banquero, sin necesidad de recurrir a oscuros productos financieros, con un préstamo normalito, asusta cien veces más que nosotras y nuestras manzanas envenenadas.
Me haría ilusión saber de ti. Espero que no me guardes rencor por lo de la manzana.
Un fuerte abrazo,
La Bruja.

Querida Bruja,
Qué ilusión cuando leí tu mensaje en el FACE! claro que no te guardo rencor por aquella manzana. Gracias a ti, conocí a mi marido, que es delegado de marketing de una importante multinacional, y tiene coche de empresa, 3 pagas extra, y un viaje a las Sheychelles todos los años por incentivos, y al que puede llevar a toda la familia.
Tenemos dos niños: un niño y una niña. Cruzados: el niño tiene mi belleza y su ambición, la niña su nariz y mi constancia.
Me cuido mucho. Por las mañanas hago body pump, aquagym, aerobox y spinning. También hago sesiones de talasoterapia y acupuntura. Y aunque la belleza, bien lo sabes, es efímera, hoy por hoy puedo decir que soy la más bella del barrio. Mañana …mañana con un nuevo lifting, también. Pasado, dios dirá. Jajajaj.
Dale muchos recuerdos a los enanitos de mi parte, y a ver si puedo acercarme pronto por el bosque a veros porque yo también os echo de menos.
Besos,
Sra de Charmant (ya casi nadie me llama Blancanieves, como vivimos en Miami, lo de la nieve quedaba raro…)