viernes, 29 de mayo de 2009

Lo raro es vivir

Perpleja ante las avenidas
ante los callejones, ante los campos abiertos
-algo menos ante los campos abiertos-
he galopado a lomos de un deseo desbocado,
atravesado escarpadas dudas,
acariciado monstruos,
buscado cómplices bajo las marionetas
con mis manos de plástico, y este cuerpo vacío,
sin esas otras manos sujetándome por la espalda.

He vivido, en fin,
compartiendo piso con la extrañeza,
tendiéndome cada noche junto a sus preguntas,
muertas en boca antes de nacer,
fingiendo un temor católico al futuro ,
predicando un amor bastardo al presente.

Y no sé si también será raro morir,
morir como mueren las hormigas,
de una sola vez,
con delicada rotundidad,
o acaso la última oportunidad
de volver a entender.

martes, 26 de mayo de 2009

Inextricables caminos


Un camino no siempre es un indicio del destino que nos espera al final del trayecto.
Sucede con algunos poemas, que te acarician suavemente durante el recorrido y, sólo al final, notas cómo la daga se ha hendido en el espacio intercostal, hiriéndote mortalmente.
Y también con algunas infancias: nunca adivinarías que desembocarían en semejantes adulteces.
Entro en Google analytics y me sorprenden los inextricables caminos que llevaron a este blog. Francamente, es un misterio que determinadas palabras formaran un sendero que condujera hasta aquí. Mira si no.

Las hay de sexo:

- que hace a una mujer arder en deseo (que un hombre se preocupe por su placer y lo busque en el Google, sin duda)
- dame una puta (sencillo y eficaz al tiempo, si el Google fuera una lámpara mágica, claro)
- mujeres mal centadas mostrando el chocho (aquí se observa el típico exceso de celo del que trata de evitar el seseo)
- soy mujer dame por el chiquito.com (aquí, la multiculturalidad. En sexo, no existen barreras)
- Hombres trajeados con pene marcado (no me importaría encontrarlos en mi blog…)

Y también curiosidades varias:

- hombre que se cuelga un bote de los testículos (jamás hablé de nada parecido, lo juro… pensarlo con alguno de los que aparecen habitualmente en los periódicos, puede…)
- Que enfermedad tiene mi tortuga si se escucha que llora gratis (esto viene por nuestra querida Tortu, claro. Lo de que llora gratis me parece considerado en los tiempos que corren, el diagnóstico, eso sí, que lo pague su dueño)
- es idiota que un hombre planche (sin comentarios)

Los hay que formulan la pregunta del millón:

- donde se implanto los injertos bono (de esto sí recuerdo que hablé y aunque parezca evidente, hay tantos rincones en los que un presidente del congreso puede realizarse un injerto…)
- la mujer de lot se convirtio en sal verdad o mito (verdad, verdad, como lo de los panes y los peces)

Hay búsquedas más surrealistas que los textos más surrealistas de Vian:

- Mafia de ratas resecadas (¿?)
- Que es el parrafo y dame un ejemplo de cómo ser responsable (que viene a ser como qué es la coherencia y dame un merengue de nata)
- dame un cunto con su subjenero (marchando…)

Los hay que le preguntan a Google como si fuera un oráculo, un confesionario en el que expiar sus pecados o una canasta celestial en la que encestar sus deseos:

- tal vez no sea perfecto pero se que sere mejor
- traicionar es mentir y yo no he mentido
- casarse con una chica espanola q cree en dios se puede (claro que sí, ánimo)
- deseo quiero tener memorice en mi casa por favor que mi deseo se cumpla (¿alguien sabe dónde está la tecla de la varita mágica?)
- rosa ramita de romero dame la suerte
- dame la facultad de no rezar jamás (¿puede considerarse oración?)
En fin, que no creo que ninguna de estas personas haya encontrado respuestas satisfactorias en mi blog pero me han hecho sonreir.

P.D: Help! Me comentan que al abrir mi página saltan, cual sapos verdosos, ventanas de publicidad. Por favor si alguien sabe a qué es debido y sobre todo cómo solucionarlo, si es cosa de mi blog, si hay alguna forma de “limpiarlo”, que lo diga. Que lo diga en lenguaje de Benedetti, del normalizado y no en el de Gamoneda.

jueves, 21 de mayo de 2009

Y la hierba fue roja


Y LA HIERBA FUE ROJA

Lo vi en el andén. Chaqueta de tweed, zapatos brillantes, un estuche que parecía contener algún instrumento, una trompeta tal vez. Una colilla mal apagada, media suela de cuero, un vistazo al panel y había desaparecido.
De un salto, estaba en el asiento de enfrente y leía. A ratos, entrecerraba el libro que sostenía entre las manos, entrecerraba también los ojos y los volvía a abrir para mirar fijamente el paisaje, como si hubiera hecho acopio del oxígeno suficiente para sumergirse en el mundo real.
- ¿Le molesta?
Entonces, aún se fumaba en los trenes, aún se fumaba en todas partes, pero siendo él irremisiblemente francés, pidió permiso antes de encender el pitillo.
Moví la cabeza negativamente y el humo bosquejó la silueta del Sacré Coeur parisino.
- ¿Le gusta a usted el campo?
Me encogí de hombros.
- Supongo. Soy de pueblo, para mí el campo es algo que siempre está ahí, el escenario habitual.
- En tanto que exista un lugar donde haya aire, sol y hierba, debe uno lamentarse de no estar allí- dijo, haciendo vibrar las erres.
Sonreí. Unos árboles nos saludaron con las ramas, con cierta urgencia. No fuimos capaces de corresponder a tiempo.
- ¿No le parece raro que la hierba sea roja?
Miró la hierba, roja, como un tapiz de claveles desangrados.
- No más que la mujer sentada tres asientos detrás de usted.
Giré la cabeza y observé por la rendija que dejaban los dos asientos. Efectivamente, la mujer era extraña. Su rostro rubicundo sonreía sin motivo. Sostenía un pollo muerto en el regazo. Antes de volver la mirada al frente, mis ojos tropezaron con un hombre que tenía la cara cubierta de pelo y una fiereza brillante, ancestral, en las pupilas.
Al encarar de nuevo a mi acompañante, me pareció que los ojos iban a salírsele de las órbitas y caer sobre el libro con un ruido sordo de canica. Se me antojó aún más extraño que la mujer, el hombre y la hierba juntos. Y de pronto, ese rostro se tornó apacible, como si una suave ola hubiera difuminado sus rasgos, puliéndolos como a la arena húmeda.
- El tren es sin duda la mejor máquina inventada para borrar el pasado, ¿no cree? Va devorando el tiempo, dejando sólo la espuma de los días a su paso. Eso que parece niebla no es sino la espuma. Tal vez escriba algo sobre ello.
- ¿Es usted escritor?
- Nada de eso. Soy músico pero a veces, no encuentro papel pautado y escribo sobre folios en blanco.
- Interesante.
- ¿Le interesa la patafísica, mademoiselle?
- eh… no sé bien a qué se refiere. Apenas tengo tiempo para leer.
- El tiempo perdido es tiempo durante el cual estamos a merced de los demás. Pero lleva usted bonitos zapatos.
Miré mis zapatos rojos de charol. A estas alturas, no entendía la mitad de lo que él decía, pero me hipnotizaba su prosódico hablar, el misterio armónico que resbalaba de sus palabras, desde el pulido tobogán de su boca.
El tren se paró en una estación pero nadie subió ni bajó.
Y de pronto, él se puso a tararear una canción en francés:
- Cha cha cha, cha cha cha, non tu n’existais pas encore, cha cha cha, cha cha cha, le Brésil n’en était pas là, cha cha cha, cha cha cha, ce gai refrain qui nous enivre, cha cha cha, cha cha cha, et qui jamais ne finira.
- Parece que ya salimos de la estación, murmuré.
- Una salida no es más que una entrada que cogemos en el otro sentido. ¿Es usted feliz, piensa en la muerte?
- No sé. Supongo que sí. Quiero decir que no pienso mucho, aún soy joven
- Son los jóvenes los que recuerdan, los viejos lo olvidan todo.
Él parecía no tener edad. No era ni joven ni viejo. Pero era más alto que bajo.
- Lo que me interesa no es la felicidad de todos los hombres sino la de cada uno de ellos, afirmó.
Intenté mostrarme livianamente feliz, y crucé las piernas con desenvoltura. El dejó resbalar su mirada por el muslo que asomó tímidamente por la orilla de la falda. Avisté rastros de una educada lascivia y enrojecí, porque yo soy de pueblo, de un pueblo de Cuenca, rodeado de campo por los cuatro costados y él fumaba a la francesa y decía ser músico y me miraba las piernas. Nuestras pupilas se encontraron en el centro de la pista, en el momento cumbre del baile, para partir luego por parejas, cada una por su lado. La suya regresó al paisaje, con graciosos pasos.
- Amar sexualmente, es decir, con el alma- empezó a decir.
- Haga el favor de poner su maletín en el lugar destinado para el equipaje, señor.
El revisor, de severa cara de hastío, nos pidió los billetes, mientras se marcaba un zapateado que trituró toda la magia a nuestros pies.
- La gente sin imaginación tiene necesidad de que los otros lleven una vida regular- dijo él, mientras la espalda del revisor desaparecía por el pasillo.
A estas alturas, ya sólo me atrevía a asentir.
- Claro que siempre es mejor decepcionarse que esperar en el vacío.
Un silencio incómodo se coló entre nosotros. Me pareció que debía espantarlo como a un molesto abejorro.
- Yo voy hasta Nancy. ¿Y usted?
Me di cuenta de que mi pregunta era obscenamente real, de una vulgaridad vital.
- Yo me bajo en la próxima- respondió. Mi trayecto es corto, apenas una chanson, un solo de trompeta improvisado. Nunca una ópera completa- dijo con alegre resignación.
El tren comenzó a reducir la marcha, y la espuma se fue aclarando.
- Algún día existirá otra cosa que el día- añadió-, justo de antes de levantarse, abrir su maletín, en el que me pareció ver un libro en forma de trompeta, y sacar unos jacintos azules que me tendió.
Sólo con que él lo hubiera insinuado, yo le habría seguido con los ojos cerrados, me habría lanzado a perseguir hormigas sobre la hierba roja, a arrancar los corazones de las margaritas para después arrojarlos sobre el plancton, hubiera ido hasta Pekín, ya fuera otoño, invierno, primavera o verano.
Se fue. Y con su partida, el vacío y el aburrimiento se hicieron densos, muy densos, como el aire dulzón que no acaba de licuarse en tormenta.
Hasta la noche, no alcanzaría mi destino. Sin él, la única forma que se me ocurrió de pasar eso que aún llamaban día fue dormir. Dormí, mecida por la máquina devoradora de tiempo y soñé con una música extraña que no tenía notas sino flores de colores que crecían al revés.
Cuando desperté, él seguía sin estar allí pero me pareció ver unas notas corretear por su asiento y, en el centro, una letra azul que brotaba, no pude distinguir si una B o una D. Al poco, subió una mujer con una pequeña maleta y un enorme culo y se sentó cómodamente encima de las mullidas notas, encima de aquella letra.
Al mirar por la ventanilla, la hierba volvía a ser verde.

lunes, 18 de mayo de 2009

Eurovisión, Marilyn y Antonio Vega


Antonio Vega y Marilyn se parecen. En su personalidad adictiva, en que a ambos les chorreaba el talento, en que sabían hacer muchas cosas bien, muchas pero no una: vivir. En que sus entierros fueron multitudinarios, y sus muertes sentidas en voz alta por todo un país. En que ambas muertes producen un cierto alivio. Porque los dos fueron capaces tanto de cautivar al mundo entero como de incomodar a los que tenían cerca, de enamorar en la distancia larga, como de desesperar en la corta, y ser amados profundamente en ambas.
Porque ese suspenso constante en materia de vida nos hacía a todos culpables, y hacía inevitable huir de ellos en vida, como hace inevitable acercarse a ellos una vez muertos. Supongo que ésa es la cualidad de los mitos. Ésa y sentir que de alguna forma nos pertenecen, tal vez porque ellos renunciaron a sí mismos.

Marilyn dijo que era consciente de pertenecer al público, no por su físico ni por su belleza, sino porque nunca antes había pertenecido a nadie.

Vi el festival de Eurovsisión. Sólo un trozo que tampoco estoy tan loca. Supongo que por aquella reminiscencia de infancia, irrecuperable, que se descuelga de un: Royaume Uni, huit points, United Kingdom, eight points. Y como siempre, me volvió a asaltar la sensación de irrealidad, de experimentar una futurista alucinación lisérgica.
Yo sostengo la cabal teoría de que los presentadores de la gala, el público, los encargados de dar las puntuaciones de cada país son seres robóticos venidos de otro planeta. No son exactamente humanos, aunque lo parecen sino que provienen de El mundo feliz de Huxley. Eso es, y sólo desembarcan una vez al año en nuestro planeta, para el festival.
Y no es que en su mundo no haya gordos, ni viejos, ni feos sino que todos, absolutamente todos, parecen ser felices, asépticamente felices, limpiamente felices.
No tienen defectos, salvo ese toque kitsch y hortera, marca de fábrica, calculado al milímetro para enternecer lo justo y evitar el molesto disturbio de las envidias.
Un mundo de Alfas, Betas, Gammas, Deltas y Epsilones, políglotas todos, vestidos de gala, con sonrisa profident y ningún rastro de vergüenza, ese sentimiento tan revolucionario según Marx. Un mundo en que las canciones son, por decreto-ley, insulsas, ligeras y pegadizas y la felicidad un impuesto que hay necesariamente que pagar.
Un planeta en el que nunca habitarían ni Antonio ni Marilyn.

jueves, 14 de mayo de 2009

Ombligueando

Ma jeunesse ne fut qu’un ténébreux orage,
traversé çá et là par de brillants soleils…
(Mi juventud no fue más que una tenebrosa tormenta,
atravesada aquí y allá por soles brillantes…)
Porque el tiempo pasa
acumulando desechos en las afueras
y si tuviste belleza se esfuma
batiendo irónicamente las alas
hacia otros rostros, otras latitudes
el mismo misterio.

Y las distorsiones encajan
con un clic seco y placentero
mientras el sol te clava en su vertical.

Quedan las letras
amontonadas en el surco de una arruga
verdades, por orden alfabético
almacenadas en las bolsas de los ojos.

Gira el pasado. Gira y gira
como un tango de vinilo
y tú quedas
por fin quedas.
Y aunque fuerzas las lágrimas,
no te salen, pendeja.

Por fin esta pendeja descubrió cómo funciona el escaner y rescató esquirlas planas del pasado. ¿23 años tal vez? Hace una eternidad. Angustiada, sí, pero ¿a que está chula la foto?
Y Antonio sigue cantando en mi cabeza: Deja de engañar, no quieras ocultar, que has pasado sin tropezar…

lunes, 11 de mayo de 2009

Lo que la música une que no lo separe el lenguaje

Escribo un artículo sobre Boris Vian (tarde y de forma apresurada, pero shhh, no se lo digas a nadie) centrándome en su faceta de músico y escritor. Mejor dicho, centrándome -o intentándolo- en la influencia de su música en su escritura. Y también al revés. Y puede que viceversa. Bocabajo incluso.
Y pienso en las diferencias entre música y literatura. Más bien pienso en las convergencias y me fijo en esos flecos que sobresalen por ambos lados y que tras pasarles la cuchilla, hacen que todo quede al ras.
Un maridaje el de música y literatura que no siempre funciona pero que en el caso de Boris Vian lo hizo. Una de sus múltiples neuronas, vestida de cura, debió de sellar así la unión en su cerebro: - Lo que la música une que no lo separe el lenguaje.


Un matrimonio bien avenido que duró lo que la breve vida del creador francés. Porque Boris Vian murió pronto, de un ataque al corazón mientras proyectaban, en pase privado, la adaptación al cine de su novela Escupiré sobre vuestra tumba. ¿A que es imposible no ver una metáfora en ello? Yo veo varias: desaparecer en la oscuridad de una sala de cine, mientras en las últimas filas se magrean realidad y ficción. Ser por fin la nada allí donde confluyen todas las artes.
O también: la muerte antes que venderse vilmente a la industria. Renunciar a presenciar la adaptación de una novela que él siempre consideró una broma, una apuesta que daría para un curso completo de CCC: cómo escribir un bestseller en 20 días, y que le reportó fama, dinero y disgustos. Una adaptación cinematográfica en que le ataron de pies y manos mientras torturaban su texto original. Y luego le mostraron el monstruo resultante que decían era hijo suyo pero que él no reconocía. Demasiado para un corazón ya tocado.
También puede verse como una forma de escupir sobre el futuro, de adelante a atrás, porque él fue sin duda un hombre adelantado a su tiempo.

Pero volvamos a las convergencias y divergencias entre música y literatura. Leo en algún sitio que la melodía y la armonía se localizan en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que la percepción del ritmo se localiza en el izquierdo. También las diferentes características del lenguaje: la semántica, la prosodia, la identificación de fonemas se distribuyen tanto a la derecha como a la izquierda del cerebro.
Según explica F. J. Rubia, el sustrato neurológico del lenguaje y de la música se solapan.

La principal diferencia entre ellas es que la música hace blanco en esa parte sensible, generando impulsos eléctricos así por las bravas, sin necesidad de referencias, sin utilizar símbolos ni zarandajas por el estilo, como hace el lenguaje. Esa parte inaprensible, misteriosa es la que le otorga su grandeza, y la que lleva a veces a desconfiar de ella, como se desconfía de un olor de infancia que nos asalta al girar una esquina, dejándonos sin piedad a merced del recuerdo, en manos de una nostalgia de arma blanca.
Por el contrario, los símbolos, nuestras queridas letras, construyen pequeñas barreras, quitamiedos, que nos impiden caer directamente al vacío, ya sea para planear cual águilas rapaces sobre los verdes parajes, ya sea para precipitarnos a lo más negro del abismo.
Y es que según dicen, de todas las artes, la música es la que es capaz de modificar la consciencia de manera más poderosa.

Boris Vian habitó con valentía entre la música y la literatura, dejando encendidas todas las luces de su cerebro, conviviendo con los sombríos indicios que a diario va dejando la muerte, la colilla de un cigarrillo, los rastros de barro en la alfombrilla de la entrada.
Intuyó que no había tiempo que perder y se dedicó a arrancarle capas a la cebolla con naturalidad, sin lágrimas visibles. Fue directo a la emoción, a través de los puentes que su oficio de ingeniero le permitió diseñar. Sabiendo que la emoción es el lecho, el subsuelo de la racionalidad, el colchón de hojas que conforma su sustrato y la alimenta.
Y lo hizo quitándole dramatismo al asunto -me refiero al asunto de la literatura y al de la vida- riéndose de los intelectuales de la época que se tomaban a sí mismos y a sus escritos tan en serio. Haciendo gala de un extraordinario sentido del humor, humor que según él no era sino la cara civilizada de la desesperación. Qué raro- le confesó a su mujer tras sufrir el rechazo a su novela “El arrancacorazones”- cuando escribo en broma les parezco sincero y cuando escribo de verdad, creen que bromeo…

Yo leí casi todas sus obras cuando era joven, muy joven digo, novelas frenéticas escritas en dos patadas, novelas con alma negra y ritmo de jazz trepidante. Y otras más líricas, donde la hierba era roja, el tiempo a su paso dejaba espuma y el otoño tenía los ojos rasgados.
Hoy me parece que Vian combina bien con la adolescencia, allí donde las fronteras se diluyen, y la búsqueda de la originalidad se convierte casi en necesidad.
Hoy me asusta volver a abrir esas páginas, no vaya a ser que me salte a un ojo una nota sin control.
No en vano él decía: j´ai toujours songé à la musique, de près ou de loin... Siempre he pensado en la música, de lejos o de cerca…

Y ahora me voy a seguir con el artículo que aún está verde, verde perejil. Mientras, me encantaría saber tu opinión para fagocitarla sin permiso…

miércoles, 6 de mayo de 2009

Si todo vuelve a comenzar


Quiero decirlo ahora
porque si no después las cosas se complican.
Soy peor todavía de lo que muchos creen.
Me gusta justamente el plato que otro come
aburro una tras otra mis camisas
me encantan los entierros y odio los recitales
duermo como una bestia
deseo que los muebles estén más de mil años
en el mismo lugar
y aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes
no quiero que te peines con mi peine
soy fuerte como un roble
pero me ando muriendo a cada rato
comprendo las cuestiones más difíciles y
no sé resolver lo que en verdad me importa.
Así puedo seguir hasta morirme:
ya ves soy lo que llaman
el clásico maníaco depresivo.
Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso acuérdate.

Siempre me gustó este poema de Goytisolo. Supongo que porque me identifico con él. Porque yo también soy peor de lo que muchos creen, soy esa persona horrible que a menudo barre y amontona los desprecios bajo la alfombra de su sonrisa, porque mi voz interior tiene el síndrome de Tourette y sufre de coprolalia. Porque soy vaga y sin embargo perfeccionista. Porque solo gasto alegremente el dinero que no es mío.
Porque tras la fe inquebrantable en la vida, siempre acecha agazapada, presta a saltar, la ironía más amarga. Porque me canso sin motivo. Porque soy rencorosa, y me gusta reabrir la herida con la lengua, y sentir el regusto metálico de la sangre para no olvidar, porque no hay tema interesante si no me remite a mí, si no conecta esa fuerza centrípeta que describe círculos concéntricos hacia mi ombligo. Porque tengo el vicio de olvidar que te quiero, y se me resiste la costumbre de quererte. Porque aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes, no me gusta que te peines con mi peine.
Así es que si todo vuelve a comenzar, quiero que lo tengas en cuenta y no me lo tengas en cuenta.

viernes, 1 de mayo de 2009

Tal vez sea mejor arder


Viendo a la Bruni, que a mí particularmente me fascina, no sé si por la socarronería con la que se enfunda su ajustado traje de mujer-florero y se presta a participar en el circo protocolario, con ese culillo respondón, o por las connotaciones que se descuelgan de su apellido, me pregunto qué potente atracción ejerce el éxito social que hace que muy pocos se resistan a su llamada. Aunque sea un éxito consorte, aunque implique renunciar al éxito propio y de calidad como el conseguido por la italiana a golpe de melódicos susurros de gata en celo o de largas zancadas de gacela por la selva de las pasarelas.
Aunque se trate de un éxito con tintes machistas porque ¿alguien se imagina por ejemplo a la Merkel acudiendo en visita de estado, con su consorte dos pasos tras ella, luciendo traje chaqueta y sonrisa ajustados? Seguro que no. Y es que no en vano el marido de la alemana, que hasta la investidura de su mujer la siguió por televisión, es conocido, no sin cierta guasa, como el fantasma de la ópera.
Pero seamos sinceros ¿quién se resiste a ese tipo de éxito, aunque provenga del mismísimo coño? ¿Quién renunciaría a vengarse de todos los mediocres que le han dado por culo a lo largo de la vida? ¿o a ayudar a quien cree que lo merece impartiendo una suerte de justicia divina?
Claro que tiene su parte negativa hacer de momia embalsamada Leticia o de muñeca sobreactuada Bruni. Por supuesto que tiene que ser un rollo aguantar los discursos del rey sin dar cabezazos, o no poder expresar la opinión sino en calidad de.
Pero debe de tener grandes ventajas porque muy pocos se resisten a su brillo, a su poderosa llama aunque sepan que ese poder consume, que es un fuego fatuo en el que arden todos sus deseos.
No sé. Como dijo Kurt Cobain justo antes de prenderse fuego, tal vez sea mejor arder que apagarse lentamente.