jueves, 29 de enero de 2009

Anacleto, agente secreto


Otra de espías. Pero no a lo James Bond sino más castiza, a lo Anacleto, agente secreto. Con carajillos de coñac tocados, no manchados, en lugar de martinis movidos, no agitados.
Resulta cansino esto de los espías. Y entonces ¿por qué escribes sobre ello? Pues porque no se me ocurre nada sobre lo que escribir, y porque hay días en que asomarme al balcón de mí misma es asomarme a un gran vacío que ni siquiera devuelve el eco.

Digo que me cansa lo de los espías. En general, me cansa cualquier noticia escandalosa que tenga que ver con la política y que se supone debiera hacer que nos rasgáramos las vestiduras en ademán histriónico. Pues no, oiga, mis vestiduras hace tiempo que están rasgadas y remendadas por cien sitios distintos.
Ahora resulta que es un escándalo esto de que se espíe, como si el instinto voyeur no tuviera residencia fija en el ser humano, como si no fuera un acto habitual en toda organización que se precie. Si no te espían no eres nadie.
Lo que no me gusta es el papel que me han asignado en esta película. No me gusta que me utilicen como a un león de circo, al que le tiran la carnaza al centro del ruedo, esperando que salte, jaleado por su instinto.
No me gusta engrosar lo que ellos entienden como opinión pública, es decir el mismo monstruo deficiente y bobo de siempre, con ansias de sangre.
Claro que se espía, yo espío, tú espías, ellos espían, en el facebook, a nuestra pareja por el rabillo del ojo, a nuestros hijos por los barrotes del colegio. Hasta a nosotros mismos, siguiendo las pistas aún frescas de nuestros sueños.
La pregunta es ¿por qué se ha sacado a la luz que se espía?, ¿qué interesado, o despechado, o con mal de amores anda detrás de todo esto?
Yo, claro, no tengo ni idea. Pero es divertido observar las reacciones.
Hay silencios elocuentes, como el de Rajoy o el de Aguirre, pertrechados el uno en el gesto de tranquilo pasmo, la otra en una sonrisa más falsa que el Coloso de Goya.
Y también hay senilidades elocuentes, como la de Fraga: “En mis tiempos si alguien espiaba, yo le cascaba”. “Políticamente” añade, consciente de que, por su pasado, se hace necesaria la puntualización.
En sus tiempos, dice Fraga, y yo me pregunto, ¿cuáles son sus tiempos? ¿qué delimita los suyos de los otros?, ¿la edad, el poder? Su historia, como una parte de LA HISTORIA en mayúsculas, tan dilatada en el tiempo, puede no obstante resumirse en un microrrelato: cuando despertó, el dinosaurio seguía allí.

Pero a lo que íbamos, que asistimos con la nariz tapada, al trasiego de las bolsas de ropa sucia, sin saber qué contienen exactamente.
Y es divertido ver el nerviosismo de algunos, ver la cautela con que se cuidan de estirar de la manta, no vaya a ser que aparezcan unos calzoncillos sucios, olvidados en una cama por la que nunca debió pasar. O unos calcetines que combinan perfectamente con una faldita y unos tacones.

Los espías con falsa identidad también han llegado al facebook donde se ha creado un perfil de Mariano Rajoy que tiene ya 10.000 amiguitos. Pero es falso. Así es que desde el pepé, en su gran cruzada por la transparencia, se plantean ahora lanzar un nuevo perfil de Mariano, esta vez auténtico (creado por sus asesores, claro, pero el auténtico).
Y es que parece que las lindes de lo falso y lo auténtico pierden sus contornos en política, y a menudo es la prensa la que juega a ser frontera, la prensa o el fino hilo que les une a esa entelequia llamada opinión pública. Y quien dice opinión pública, dice caladero donde llenar las redes de votos.

domingo, 25 de enero de 2009

Cadáver palabra


Te diría una palabra al oído,
despacio,
como bajan del autobús las ancianas,
una palabra húmeda, arenosa,
entusiasta,
cuyas ondas apretasen el eco
hasta morir
entre mi boca y tu oreja,
sólo nuestro pequeño cadáver palabra,
su vida aún resonando
entre nosotros.
Su muerte sería nuestro secreto.


jueves, 22 de enero de 2009

Soraya, la fantasía y la realidad

Rasgó el sobre del Ministerio de la Realidad y Asuntos Obvios, con una cierta inquietud prendida en sus uñas esmaltadas.
- Le comunicamos que hemos detectado que la fantasía nº 32 excede claramente los límites regulados por el artículo 5 de la ley 2/74, adentrándose de forma explícita en terreno propiedad de la realidad. Por ello se le impone una multa de 200 euros, a pagar en el plazo de 10 días y la prohibición de asomarse durante los próximos dos meses a cualquier fantasía comprendida entre los artículos 23 y 47, so pena de una sanción mayor.



Soraya quedó pensativa. La bruma que había flotado en su cabeza durante la mañana se espesó de pronto formando un negro nubarrón sobre sus pensamientos. La 32… la 32….
Fue a buscar el primer tomo de la ley de contravenciones de la realidad aunque sabía perfectamente a qué se refería todo este asunto.
Llamó a su abogado:
- Los del Ministerio de la Realidad me han puesto una multa por aquella… foto.
La palabra foto salió escupida de su boca dibujando la bisectriz exacta entre la vergüenza y el asco.
- vaya.
- Si fueron ellos los que decían que yo era la portavoz más sexy, ellos los que me animaron a explotar mi parte femenina. Yo simplemente dejé que el ojo público atisbara un instante la fantasía. Pero la fantasía no era mía, y por supuesto nunca quise que fuera portada, todo el mundo sabe que Pedrojota me la ha jugado.
- Sí, tienes razón. Déjame que lo consulte pero, seguramente, habrá que pagar. La ley es bastante clara al respecto.
-Además ellas lo hicieron antes en el Vogue, añadió Soraya, ya sin convicción.
- Déjame que lo mire y te digo algo.
A pesar del tono tranquilizador, le pareció que el abogado estaba moralmente de acuerdo con la multa, un eco lejano de censura le llegó a través de la línea telefónica.

Cuando colgó, una ligera náusea se había expandido desde la boca del estómago.
Pensó que lo mejor era hacer una tortilla.
Pelaba patatas cuando oyó la puerta y, poco después, unos brazos la rodearon desde atrás y un cuerpo con una ligera protuberancia en su centro se ciñó al suyo.
- Ahora no, cariño.
Las manos de su marido alcanzaron sus pechos por encima del delantal. Todo el día había fantaseado con ese escote, con esas piernas, con su nariz respingona y sus ojos entreabiertos, rememorando esa fotografía íntima que le pertenecía sólo a él, tendido sobre ella, dentro de ella.
- He dicho que ahora no.

El chillido histérico de Soraya rebotó en el alicatado de la pared. El palmetazo sobre el banco de la cocina alcanzó a un tenedor que dio tres vueltas completas antes de caer al suelo.
- Tengo que llamar a Bibi, tengo que hablar con alguien.
Esperó varios tonos hasta que saltó el contestador.
Tiró el teléfono al suelo, se desnudó con rabia, se metió en la cama y se tapó la cabeza con las mantas, queriendo dejar tras de sí de un portazo la realidad. Pero al juntar los párpados se dio cuenta de que, por dentro, estaban teñidos de la misma sustancia opaca, de color indefinido. Ni siquiera pensó en llorar.

lunes, 19 de enero de 2009

Fantasías


Las fantasías son tan necesarias como el comer. Aunque no sé para qué. No sé qué cuerpo alimentan, a quién engordan. Quién sabe si a la realidad.
Dicen que el cuerpo eterno del hombre es la imaginación.
Yo no creo en nada eterno pero sí en las fantasías. ¿Quién no tiene fantasías, quién no trata de aderezar la realidad, de aliñarla a su gusto, echándole una pizquita de sal y de pimienta allí donde la lengua la adivina sosa? ¿Quién no se pone a cocinar ensaladas imaginarias, perfectamente lubricadas, a partir de una mirada sostenida, de una frase inteligente?
Pero no sólo de fantasías ígneas se alimenta la imaginación, ¿quién no saca el minipimer mental para preparar una exquisita crema fría de venganza? ¿quién?
En la fantasía no existe la hipertensión, ni el colesterol ni los triglicéridos. La fantasía siempre goza de buen apetito.

Dice un proverbio que nada se nos parece tanto como nuestras fantasías.

Fantasear no es llevar una vida paralela (ni síntoma de una vida mediocre), para eso ya está la propia vida que despliega sus múltiples vidas paralelas, bajo el goteo incesante de la realidad, sin interrupciones, que le confiere a todo un toque psicodélico, y va dejando a su paso un rastro de lo que fuimos, un reguero de vidas extinguidas.
No. Las fantasías viven en la realidad, se alimentan de ella, son su voz interior, aunque permanezcan encapsuladas, cobijadas bajo su sombra.
Y es bueno que permanezcan encapsuladas, que su contenido sólo se disuelva en el interior del propio estómago. Porque no sé si lo sabes, pero la mayoría de las fantasías no sobrevive a la luz directa del sol. Es un hecho conocido: no hay forma más rápida de matar una fantasía que escribirla en nuestra biografía.

Schiller lo dijo así:
"Sólo la fantasía permanece joven; lo que no ha ocurrido jamás, nunca envejece."

La fantasía bien pudiera ser una memoria hacia delante (esto se me ha ocurrido a mí).
Puede que la literatura sea eso, hacer fantasía la fantasía, completar el resto de la historia en la imaginación. Proyectarla hacia delante.

Me gusta la concepción del tiempo de Proust, me gusta que pensara que el presente no es el único estado posible de las cosas. O que el amor es el espacio y el tiempo medidos por el corazón.

Y es que me gusta que se entremezclen realidad y fantasía, que flirteen, que retocen a su ire, pero no que se confundan. Me gusta que al caer la noche, cada una tome su camino de regreso a casa.

viernes, 16 de enero de 2009

Delphine

video
Una de las cosas maravillosas que tiene esta descomunal telaraña, de pegajosos hilos atrapersonas llamados feisbu o UNYK , es que consigue crear la ilusión de que el mundo se estrecha en sus redes, consigue que se virtualice, como un holograma reflejado, la absurda idea de que este mundo es un lugar abarcable, transitable, aprehensible.
Vamos, que he encontrado a Delphine!!! Después de años de búsqueda, gracias a un atrapapersonas francés, attrapepersonnes, ayer reencontré a mi amiga Delphine. Y estoy muy contenta, très ravie.
Ella fue la adolescencia, la rebeldía, la locura, la complicidad, la amistad por encima de todas las cosas, aun cuando ni siquiera existía la palabra amistad, antes de que se inventaran los conceptos.
Compartimos mirada, que no es poco. Y fue una mirada limpia a pesar del polvo levantado a nuestro alrededor.
Nunca recuperaremos eso. Afortunadamente. Pero siempre añoraré de alguna forma la adolescencia, allí donde se junta el final de los tiempos, con sus confines brumosos, y el inicio de esta realidad vallada, de césped cortado.

Un tiempo en el que se sorteaba el paraíso, como dice la canción.

A Delphine le brillaban los ojos como carbones encendidos. Nunca he visto nada igual. Era muy hermosa, toda una sex-symbol, y tenía un acento tan dulce que conseguía que pasaran todas las espinas de las erres que a uno se le habían ido atravesando con los años en la garganta.
Juntas mordimos ese universo nuevo que nos picaba en la lengua, hicimos locuras que no se cuentan, probamos hasta dónde ceden algunas costuras.
Y salimos intactas a pesar del granizo, puede que porque las nubes también estaban dentro.
Delphine.
Vi una película francesa hace años que me recordó a lo que compartimos, se llamaba El té en el harén de Arquímedes. No recuerdo su director pero aún puedo tararear su melodía.
Hay espirales que es un placer atrapar en un círculo.

martes, 13 de enero de 2009

Historia de una batalla


Cansada de huir de tu vida a través de tu vida,
hoy revisas la historia de una batalla,
pasando lista a los vivos,
bajo el atronador silencio de los muertos,
en esta tarde detenida en que la ventana
penetra en la casa y no puede escapar la vista.
Dios también es silencio,
te susurra.

Basta ya.
Tienes los pies fríos
de tanto soñar con nieves
vírgenes como infancias,
sin las negras pisadas de los días,
de vagar como espectro sin ancla
en un cuerpo desheredado de estima
que a la deriva amaneció,
en el punto exacto de salida.

Y sabes que si de algo carece esta vida
es de piedad ajena,
si algo desprecias en esta vida
es tu piedad reflejada en el espejo.
Aún así te preguntas
-sólo por curiosidad-
en qué día de la semana morirás,
mientras el cielo gris de la ventana se torna blanco
y Dios por fin hace sus deberes
y calla.

sábado, 10 de enero de 2009

Lavado de imagen


Acabáramos. Ahora resulta que Urdaci ha sido contratado por el Pocero para lavar su imagen. Urdaci. Recórcholis: U.R.D.A.C.I. ¿Y a quién va a contratar Bush para que lave la suya, al monstruo de Amstetten? ¿Y Aznar?, ¿al Dioni?
Es noticia: Urdaci deja su gran carrera como humorista televisivo y escritor de biografías desautorizadas para dedicarse a labores tintoreras, a lavar más blanco que C.O.L.O.N.
Su nuevo jefe será El pocero, que se llama así porque con 14 años, por 120 pesetas al mes, se metía en las alcantarillas de la glorieta de Quevedo y su olor se le quedaba impregnado durante meses, asegura. Tan impregnado que se le adhirió al nombre y lo fue devorando hasta acabar siendo conocido por El Pocero a secas.
Ahora parece que ese mismo tufillo, tan familiar, ha alcanzado su imagen.
El pocero no sabe escribir y confiesa no haber leído un libro en su vida. Pero eso no le impidió ser el hombre que casi inventó una ciudad, a golpe de talonario para recalificar terrenos, eso sí. Hoy se declara estancado: "nadie me recalifica ni un tiesto”, dice con amargo sentido del humor.
Para recuperar liquidez, ha tenido que vender gran parte de sus preciadas joyas, sus jets privados, el periódico La Voz de La Sagra y su yate Clarena I, más grande que el de Florentino Pérez, más grande que el del mismísimo rey. (sí, los hombres poderosos son como los de a pie, les gusta medirse la… eslora).
En fin, otro más que, como Maddof, ha hecho crack. Pero a la española, es decir, cataplán. Porque el pocero es típicamente español, inexportable, intraducible como una película de Torrente.
Lo malo es que está atacado del virus aznariano de la testarudez amarilla y no achaca su caída a la crisis, al reventón de la burbuja inmobiliaria, sino a la mala imagen que ha difundido de él IU (léase Izquierda Unida), al frente del consistorio del que dependía su ciudad imaginaria.
Y ahí es donde entra en acción Superurdaci, haciendo de causa ajena, su causa, desplegando sus superpoderes limpiadores, cual Misterproper de la comunicación.

Vivimos tiempos en que lo que no es de usar y tirar (al contenedor adecuado, eso sí), es de usar y lavar. Hasta la propia imagen, hasta la conciencia, que es su pareja indivisible. Lo malo es que, al hacer la colada, a menudo sucede que aparece un solo calcetín desparejado.

miércoles, 7 de enero de 2009

La bondad

Debo de haber sido buena este año porque los reyes me han traído muchas cosas.
Claro que los niños de esa escuela de Gaza, a los que les han traído bombas, no pueden haber sido tan malos. Igual es que hay mucho hijoputa suelto que se hace pasar por rey. Igual es que los reyes no son un termómetro fiable para medir la temperatura de la bondad, por mucho que en sus discursos públicos dediquen unas palabritas a condenar la masacre.


La bondad. Esa idea esquiva y siempre comparable.
Normalmente reservo la física cuántica para la cocina, y la filosofía para la barra del bar, tras el segundo gin-tonic, pero…
A veces pienso en la bondad y se me hace difícil despojarla de su aura cristiana, de ese tonto de Jesucristo siempre con su mejilla de recambio a punto, de su insano gozo masoquista, de esa dulce evasión de la responsabilidad con la que se entregó sin medida a una voluntad superior.
La bondad no siempre está donde dicen, en la bobaliconería, en la neutralidad, en la renuncia a luchar. No está en la entrega total y sin condiciones, en la esperanza ciega de que la maldad caerá por sí misma rendida a los pies de la bondad, consciente de la superioridad moral de ésta.
Por supuesto no está en la conferencia episcopal. Aunque resulta difícil desligarla de una idea de trascendencia, de deber moral. Y eso se parece mucho a lo que predican las religiones.

Hace tiempo que me ronda la idea de que la inteligencia, la verdadera inteligencia, no se esconde tras una vasta cultura o una prodigiosa memoria, sino que se halla tras la bondad. Sí, la inteligencia en grado máximo equivale a bondad. El hombre verdaderamente inteligente es bueno. El hombre verdaderamente bueno es inteligente.
Una bondad que no está exenta de su dosis de maldad, justa y consciente, nunca una maldad gratuita, por interés o por ignorancia.

Decía Freud, resumiendo la filosofía de Platón: “los buenos son los que se contentan con soñar aquello que los malos hacen realidad”.

No existe la bondad pura.

El filósofo Marina también hace un alegato a favor de ella, toda una temeridad en los tiempos que corren: “Me parece importante reivindicar la bondad, recuperar su perfil creador y valeroso, el que conocían los antiguos griegos, para quienes la excelencia de la vida era la belleza y el bien. Bondad era la excelencia humana. Ahora, en cambio, ser bondadoso despierta una imagen confortable y blanda, de perro de San Bernardo”.

Yo diría más: ser bueno hoy en día resulta sospechoso, sospechoso de atentar contra los cimientos del sistema. Ser tomado por un doberman enloquecido más que por un San Bernardo, además de ser condenado a vivir en el extrarradio de la realidad.

Estoy con Marina, creo que hay que reivindicar más que nunca una idea de bondad distinta, una bondad inteligente, como una fuerza ancestral que viene haciendo girar el mundo desde tiempos inmemoriales.

Ya decía Unamuno que todo acto de bondad es una demostración de poderío.
Seamos poderosos pues.

sábado, 3 de enero de 2009

Mañana


Mañana,
cuando me deshaga de todas esas voces
que persiguen mis palabras
y deje por fin salir mi voz secuestrada
voz desamparada, de pies sucios
y chicles pegados a las mangas,
quiero que sigas ahí
como una brújula ancestral señalando
un norte detenido
en el horizonte de los tiempos,
aun cuando ya no sepa si es a ti
a quien amo
o sólo al hermoso nombre,
vacío,
que quedó tras de ti.